martes, junio 16, 2026
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La Pregunta por «los Pies»

De moda se ha puesto la discusión acerca de “los dos pies”: si en uno o en dos lugares. Esto, claramente, en alusión a la exigencia formulada preferentemente desde la derecha, aunque también desde otros sectores y personeros políticos, de que el Partido Comunista defina si está “en La Moneda o en la calle”. Por “la calle”, se entiende los movimientos sociales. Y esto requiere o al menos sugiere algunas consideraciones, o precisiones.

 

Cuando se dice y escribe “la calle”, debemos oír y leer: los trabajadores y sus organizaciones sindicales, los estudiantes y sus centros de alumnos y federaciones; los abusados consumidores, particularmente de las frecuentemente coludidas grandes empresas; los afectados por un sistema de salud en crisis agónica; los sin casa, sin techo, víctimas de inmobiliarias sin ética o simplemente en condición de allegados por un déficit crónico; los sufridos usuarios de un transporte público mal diseñado y peor administrado; los damnificados por el abuso medioambiental orquestado por grandes intereses privados; los damnificados por discriminaciones de género, de pertenencia sexual o étnica; los estafados por un sistema de previsión social inmoral y delictual.

Hasta allí, un breve conteo de lo que se esconde tras la categoría “la calle”. Y, entonces, ¿dónde estaría el delito de tener “un pie en la calle”?

Es claro, distinto sería si ese pie estuviera… en la junta directiva de un conglomerado financiero, en el directorio de alguna AFP, en las redes de alguna oficina de corretaje de la Bolsa… Aunque, entonces no habría tal preocupación.

Y todo ello, sin olvidar que sin “la calle”, no habría gobierno ni gozarían de su banca ciertos senadores y diputados.

Pero, se dice, es incompatible estar, a la vez, en La Moneda y en “la calle”. ¿Por qué? ¿Es que los elegidos, desde la primera mandataria a todos los otros que se sometieron al veredicto popular, hicieron esa suerte de “voto de castidad” consistente en no mirar el mundo real ni escuchar sus clamores y su reclamo de coherencia y cumplimiento de un contrato conscientemente suscrito?

Olvidan quienes así critican “los dos pies”, que no son ellos sino “mandatarios” –representantes, quienes “han recibido un mandato”- del pueblo, único soberano. Y por ello, hacen mal en atrincherarse -en este caso, en “La Moneda”- pues si bien en nuestras actuales circunstancias no es posible revocarlos, siempre quedará el recurso de la denuncia y la repulsa pública cuando vuelvan a pedir los votos de los ciudadanos.

Se dice que “hay que ponerse en el lugar del otro”, pero ¿cómo hacerlo sin moverse de su sitio? Una vieja aspiración del hombre, como la de volar, es estar simultáneamente en más de un lugar. O, aun más, estar en todas partes, hasta el extremo de predicar de la ubicuidad que es “uno de los atributos de la divinidad”.

Es claro, no se trata de tanto… pero ¿no sería un extremo de ateísmo el condenarse a la absoluta inmovilidad: o aquí… o aquí? Por mientras, y aunque sea en formato “privado”, preguntémonos lo que sería nuestra convivencia si cada uno se encastillara en la exigüidad de su espacio y no se mirara sino la punta de su único pie…

(*)  Escritor. Director del semanario El Siglo. Ex Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile.

Fuente: El Quinto Poder

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