Aparte de las redes sociales, universo que requiere análisis aparte, debido a la mediación del dinero, la campaña de la derecha por la aprobación de la impresentable propuesta del Consejo Constitucional, ha lucido débil, descoordinada y desligada del país real, que tampoco le había extendido un cheque en blanco, cuando votó por ese consejo.

Es evidente que la derecha tradicional, agrupada en Alianza por Chile, ha desempeñado un apoyo distante, acaso con intención de desmarque.

En cambio, ha sido visible el entusiasta y explícito respaldo de agrupaciones de la neo-derecha, tales como Amarillos, Demócratas y el Partido de la Gente, que no porque se jueguen el todo o nada, representan alguna incidencia.

Por tanto, el centro de poder recae, en esta pasada, en el Partido Republicano, confusa gama de particularismos, tales como racismo y xenofobia, ideologismo extremo,
conservadurismo confesional, neoliberalismo irreductible, machismo patriarcal, nacionalismo chauvinista y antisocialismo cerril, entre otros.

El punto es que a ese partido, ganador de los últimos dos comicios, se le está desgranando el choclo aún antes de que alcance el poder, un error de abecedario, como no tardarán en comprobar.

El sábado 2 de diciembre, a quince días de plebiscito, el senador Rojo Edwards informó su renuncia al Partido Republicano.

«Creemos que el liderazgo republicano dejó de enfocarse en las urgencias sociales para dedicarse de lleno a una discusión constitucional, que simplemente no es lo que a nosotros nos representa», dijo en un punto de prensa.

Edwards había tomado distancia del partido fundado por José Antonio Kast cuando a principios de noviembre anunció su decisión de votar «En contra» de la propuesta constitucionaL

“Estratégicamente creo que nuestro sector ha cometido errores muy graves, como por ejemplo definir que un triunfo del En contra’ es una derrota. Creo que nuestro sector gana con el ‘A favor’ y con el ‘En contra’. Lo que pasa es que es mejor para Chile el ‘En contra’ y por eso nosotros defendemos esa posición”.

Desgranamiento de Choclo: Kaos en el Partido de Kast

Con esa profundidad de análisis, se entiende por qué ese partido esté protagonizando un harakiri político, aún antes de que se tiren los dados.

Suelto de cuerpo, avisó que formará un nuevo partido político:

“Un movimiento de corte libertario, republicano y de defensa de la chilenidad para agrupar a todas aquellas personas que efectivamente creemos que para tener Chile mejor”, reseñó.

Edwards acusó que la agrupación se maneja como una secta.

«José Antonio Kast no permite las diferencias de opinión y que hay mucha gente que ha sido acosada por manifestar su rechazo a la propuesta constitucional».

Otros diputados republicanos ya habían acusado sectarismo por parte de republicanos. La diputada Gloria Naveillán también denunció que el partido Republicano era una secta:

«La secta republicana obliga a sus fieles a seguir ciegamente a su líder, si no, son castigados», dijo.

En suma, la renuncia de Edwards y otros 50 militantes históricos, da cuenta que el proyecto constitucional de la ultraderecha, tremendamente peligroso para la democracia, ni siquiera concita el consenso del sector, por lo que su oferta de estabilidad es imposible.

En el probable caso que gane el rechazo, el liderazgo de Kast, al menos, quedará congelado, en una suerte de stand bye, a la espera que lo rescaten las circunstancias, si la innecesariamente arriesgada estrategia de la ultraderecha consigue sobrevivir.

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