El inicio de septiembre trae a la memoria de la izquierda y el progresismo, para el mismo día una buena y una mala.
El 4 de septiembre 1970: gana la elección presidencial con poco más del 36% de la votación obteniendo la primera mayoría relativa el entonces Senador Salvador Allende.
Le ganó al candidato de la derecha económica y política Jorge Alessandri y al demócrata cristiano y progresista Radomiro Tomic.
Este resultado y lo que sucedió los siguientes tres años, mantuvieron a Chile, su pueblo, a Salvador Allende y a la Unidad Popular, como foco de una experiencia inédita de la construcción de una nueva sociedad, profundizando la democracia existente a través de la participación social con una perspectiva socialista. Conservando el amplio sitema pluriupartidista y generando una economía considerando tres áreas de propiedad: Estatal, Privada y Mixta.
Las y los trabajadores y el pueblo, nucleados junto a los partidos de la izquierda, los socialistas y somunistas, además de otros sectores, concluyen con un triunfo, un período de construcción de una nueva fuerza política y social, después de la categorica derrota de seis años antes, a manos del demoacristiano Frei Montalva .
La noche del triunfo hace 55 años, con discurso del Compañero Presidente incluido, desde el desvencijado balcón de la FECH, frente a la Biblioteca Nacional, en la Alameda es para mi, entre muchos, uno del los momentos de mayor alegría popular y expresión de una renovada esperanza de que, al fin, los desposeídos y marginados cambiarían su suerte.
El 4 septiembre 2022: se pierde de manera estrepitosa el plebiscito por una nueva Constitución, que derogaba la de 1980, impuesta a sangre y fuego por el dictador.
La constitución que permitió el plebiscito del 88 y que sostuvo la transición pactada tan larga y con poca enjundia, pato de la Boda y moneda de cambio para superar las consecuencias políticas,sociales post revuelta octubre 2019.
Como decíamos cuando muchachos: bailamos el mismo día con la linda, y después con la fea, con 52 años de diferencia.
Alegría eufórica y pena desolada
Que nos queda: la convicción que es posible para la izquierda y el progresismo construir mayorías de unidad política y social para avanzar en cambios estructurales. Esos cambios deben considerar la mejora inmediata y real del mejor vivir de esos sectores.
Que la mantención de la UNIDAD es esencial para alcanzar lo comprometido
Que la unidad se expresa en cuestiones tangibles, materiales.
Y que esa unidad se respete.
(*) Licenciado en economía y administración. Ex dirigente Pyme




