domingo, junio 16, 2024
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El incidente entre Montserrat Álvarez y Daniel Jadue: Las Dos Caras del Periodismo Chileno

por Sebastián Drago.

Una áspera discusión protagonizaron este miércoles el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, y la conductora de matinal «Contigo en la Mañana» de Chilevisión, Monserrat Álvarez, mientras abordaban el tema de las residencias sanitarias por la crisis del covid-19.

Debemos denunciar que lo que allí se presentó es el resultado de una estrategia comunicacional que tiene por propósito desvirtuar la imagen del alcalde recoletano. Esto muestra, además, un «modus operandi» ya reiterado por parte de la periodista en contra de Jadue en, al menos, otra ocasión anterior.

La afectación de imagen adopta la estrategia del acoso periodístico. Atosigar, interrumpir, repreguntar, evadiendo atender a las respuestas e impidiendo una conversación fluida y razonada, para exhibir al interlocutor como un sujeto molesto, agresivo, desagradable, incapaz, descontrolado, airado, es una vieja técnica de liquidación de imagen pública, conocida y extensamente practicada por medios al servicio de la «verdad» de quienes pagan a sus periodistas como a funcionarios de esa «verdad».

Busca conflictuar el diálogo y centrar la atención en el conflicto, creándolo artificialmente buscando provocar la irascibilidad del entrevistado.

El alcalde Jadue se refirió, en la medida que Álvarez se lo permitió sin interrumpirlo reiteradamente, a cuestiones claves, centrales en el análisis de fondo que ocupa a la sociedad en pleno en esta tragedia, pero, ello a Monserrat Àlvarez no le interesaba destacar ni atender, para ella lo clave era llevarlo a la confrontación pedestre y a la declaración efectista y banal.

Que Daniel Jadue diga que en el actuar de las autoridades a cargo de la pandemia hay mala fe, para la periodista es grave, muy grave, cuando en realidad, lo que de verdad importa desde el periodismo, es que lo verdaderamente grave es que el alcalde pudiera tener la razón y tras esas claves hay que indagar desde lo periodístico.

Es obvio, para cualquiera que conozca algo de comunicación, que las constantes interrupciones interfieren la exposición de ideas y afectan su recepción, dificultando la hilación de argumentos sobre un punto y, peor aún, obstruyendo la atención del auditor y/o televidente al encadenamiento de hechos, datos y afirmaciones.

Es una maniobra para vulgarizar el mensaje. Y reducirlo a una amalgama de efectos comunicacionales de impacto espontáneo pero de efectos disolutivos, manipulados por el/la entrevistador(a). Pero además, tienden a condicionar el ánimo del entrevistado e intentan comprometer su capacidad de reacción.

Es una estrategia ofensiva disimulada de sagacidad y valentía, pero con afanes de configurar una imagen del entrevistado y no de resaltar su mensaje. Es una técnica de disuasión dirigida contra el entrevistado, pero cuyos efectos buscan impactar sobre su imagen y liderazgo, en términos de la credibilidad, simpatía, afabilidad, etc.. que despierta entre el público y/o audiencia.

El alcalde Jadue, a diferencia de otros alcaldes que «tiran cápsulas» o lanzan «tips» como en una venta de ocasión o un instructivo de atención, expone ideas, y lo hace con solidez y consistencia.

La continua interrupción es una estrategia para inducir una dispersión de contenidos en la relación y encadenamiento de las ideas, para desviar el foco de la atención del entrevistado y de los oyentes en los argumentos presentados. Es una tentativa de impedir pensar, de hacerlo tropezar en la continuidad de su discurso en beneficio de la manipulación de los mensajes filtrados por el medio, es congestionar la percepción de las audiencias y desconcentrar el fluir de las ideas y la consideración de los argumentos.

Imposible señalar que Montserrat Álvarez tuvo la «intención» de provocar esto o no la tuvo. Se juzgan los hechos. Y los hechos indican que el hostigamiento con permanentes interrupciones efectivamente ocurrió.

Afortunadamente, J. Ph. Cretton, el co-entrevistador NO se hizo parte de este proceder. Y como resultado de las continuas interrupciones, Jadue se molestó y le reprochó a Álvarez su forma de encarar la entrevista.

Jadue pidió disculpas, dos o tres veces, por si ofendió a Álvarez, con una expresión suya que motivo el enojo y una actitud defensiva de parte de la periodista. Ella jamás hizo ademán alguno de disculparse por su proceder antiético y poco profesional.

Se enfocó en sus propias interpelaciones en una polémica personal con el entrevistado producto de su ofuscación. Y por una cantidad de minutos permaneció taimada, mientras Cretton intentaba con éxito salvar la situación.

Lo decisivo en todo este incidente, no es lo que Jadue dijo o lo que Álvarez respondió merecida o inmerecidamente. Sino:

1. Un formato comunicacional instrumentalizado bajo el auspicio de un Canal Televisivo que banaliza los mensajes, sobreponiendo al contenido de ideas y la hilación de argumentos, con base en datos y cifras, el efecto espontáneo, de rápido impacto pero difuso en su explicitación, y,

2. Una técnica de entrevistar que discrimina la forma de abordar la conversación, dependiendo de quien es el entrevistado, en término de simpatías personales o predisposiciones ideológicas del entrevistador.

Fuente: Tehuelche Noticias

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