In Memoriam Diane Keaton: ¡Que Películas, que Actriz!

Parece inevitable considerar que la figura artística de Diane Keaton -recientemente fallecida- no ha sido correctamente calibrada. Por lo menos en Chile, donde el declive de la crítica de cine y, digámoslo de paso, de la crítica literaria, es abrumadora.

Síntoma inequívoco de lo anterior es ver como la falta de recursos críticos tiende a ser reemplazado por chismes de alcoba. Otra manifestación de la crisis de la crítica es el confinamiento de la producción de arte al encuadre reduccionista de la “crítica cultural”, en sus múltiples e inoperantes variaciones, como la antropología, la teoría de género, etc.

Más que hacer un inventario de su carrera quisiera detenerme en algunos momentos muy específicos de ella.

La irrupción de Keaton ante el gran público se produjo con El padrino (1972) donde puso talento y discreción en el papel de Kate, la prometida y luego esposa de Michael Corleone (Al Pacino).

En la década de los setenta se había hecho notoria la “moda nostalgia” en el cine norteamericano. Ello significó que el pasado inmediato -el imaginario del pasado que el cine mismo configuró, desde “los locos años veinte”- se convirtió en un objeto de evocación sentimental.

Bonnie and Clay, de Arthur Penn (1967), Chinatown (1974), de Roman Polanski, y El padrino, de Francis Coppola, formaron parte de dicho contexto de recreaciones históricas. Marcando, eso sí, una diferencia capital en la forma de abordar -o confrontar- el pasado.

Por ejemplo, en El padrino, la estructura de carácter coral resulta funcional a su indagación respecto a la naturaleza del poder – y de la familia como poder-. Así es como, el personaje de Keaton, parece representar la fragilidad (aparente) frente a tal orden, y su implícita o explicita violencia.

Las necrológicas han ponderado la actuación de Keaton en Annie Hall (1977), de Woody Allen, como una especie de cumbre. Sí bien Annie Hall es una película divertida e ingeniosa, se encuentra lejos de ser una obra maestra. Probablemente ha sido sobrevalorada en virtud de su carácter eminentemente “epocal”.

Es una película de “pareja”, con la cual las clases medias urbanas de la década de los setenta podían identificarse con facilidad. Una sorpresiva y grata escena es aquella donde canta Seems like old times, y I Had to be you. Muchos años después, en 1987, aparecerá en otra película de Allen, Días de radio, cantando una canción de Cole Porter, You so be nice nice.

Es decir, de lo más selecto del cancionero popular estadounidense. No es casual.

In Memoriam Diane Keaton: ¡Que Películas, que Actriz!

A su belleza clásica (nada voluptuosa, alta y delgada, como Gene Tierney, Lauren Bacall, y otros mitos femeninos de la edad de oro de Hollywood) Keaton supo agregar suficientes dosis de ironía y neurosis contemporánea. Para ser justos señalemos que su colaboración con Allen tuvo tres logros memorables. La trágica Interiores (1978); la agridulce Manhattan (1979); y la divertidísima Misterioso asesinato en Manhattan (1993).

Keaton no fue la única actriz de su generación -aunque a veces lo creyéramos así- capaz de sintetizar con tanto esplendor la presencia física y el magnetismo. Jill Clayburg (Una mujer sin marido, La luna) también lo hizo, pero los caprichos de la industria cinematográfica fueron menos benévolos con ella.

El paso de los años es imperdonable en la industria del cine, sobre todo para las actrices.

El bienintencionado Warren Beatty dirigió a Keaton en Reds, (1981), una libre -demasiado libre- Biopic sobre John Reed, el autor de Diez días que estremecieron al mundo, uno de los testimonios fundamentales sobre la revolución bolchevique.

Lamentablemente la revolución termina siendo sólo un telón de fondo para las desventuras amorosa de Reed y la escritora Louise Bryant en la república de los soviets. Esta fue la principal crítica que se hizo a la película -sobre todo desde sectores de izquierda-.

Sin embargo, visto a la distancia, el coraje de Beatty para hacer esta película -en el clímax del neoconservadurismo de Reagan- no fue una cosa menor.

Muchísimo menos conocida que todas las películas mencionadas es Shoot the Moon, de 1982 (en Chile se dio con el nombre de Después del amor). Es una película “de pareja”, pero, a diferencia de Annie Hall, se trata de un matrimonio adulto y de cuatro hijas -detalle no menor- que deben enfrentar las consecuencias del divorcio y la fractura familiar.

Kramer versus Kramer, (1979), Alicia ya no vive aquí (1974) y Una mujer sin marido (1978), tratan, tangencial o directamente el mismo tema, aunque con resultados muy disimiles.
Este tipo de películas dependen -más que otros géneros- de la solidez del guion y de sus actuaciones. En estos dos niveles, Shoot the Moon está muy por sobre la media. Albert Finney y Keaton están insuperables y el guion de Bob Goldman se cuida de no caer en excesos verbales (lo cual era una tentación natural, si pensamos que el personaje de Finney es escritor).

Alan Parker controló como nunca su propensión a la megalomanía.

Que época aquella. Que películas. Que actriz.

(*) Sociólogo y escritor.