Las fuerzas armadas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Estados Unidos culminaron sus operaciones militares en Afganistán tras permanecer 13 años en ese país. «Estamos terminando nuestra misión y abrimos una nueva página en la historia de las relaciones con la República Islámica. Ahora las funciones de garantizar la seguridad en el país se trasladan a los 350.000 soldados y policías afganos», dijo el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg mediante un comunicado. El fin de las operaciones de la OTAN fue conmemorada este domingo con una ceremonia solemne en Kabul, capital de Afganistán.
Sin embargo, la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), liderada por Estados Unidos, continuará su presencia en el país afgano con 15 mil efectivos, que el próximo 1 de enero se reducirá a 13 mil, según informó el General John F. Campbell, comandante de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN.
El contingente de 13 mil miembros está formado en su mayoría por soldados estadounidenses.
Contexto
El pasado 22 de noviembre el presidente estadounidense, Barack Obama, firmó una orden secreta que autoriza la ampliación de la misión militar de Estados Unidos en Afganistán durante 2015, según publicó el diario The New York Times.
La orden autoriza ataques aéreos estadounidenses con bombarderos y aviones no tripulados (drones), con el propósito de apoyar las operaciones militares afganas e incursiones con unidades terrestres en operaciones contra los talibanes.
El 27 de noviembre el Senado afgano aprobó un acuerdo de seguridad con Estados Unidos (EE.UU.) que prolonga la presencia de tropas de ese país en Afganistán hasta 2024. El convenio iba acompañado de un Acuerdo sobre el Estatus de las Fuerzas de Seguridad (SOFA por su sigla en inglés) por el que entre tres y cuatro mil militares de otros países de la OTAN podrán seguir en Afganistán a partir de 2015, aunque no en operaciones de combate.
También el pasado 6 de diciembre, el secretario de Defensa de Estados Unidos (EE.UU.), Chuck Hagel informó desde Afganistán que mil soldados estadounidenses adicionales se quedarían en ese país el próximo año.
El presidente norteamericano Barack Obama aprobó esta medida a pesar de un plan precedente destinado a limitar las fuerzas estadounidenses en este país a un máximo de nueve mil 800 efectivos en 2015.
La retirada formal de los ocupantes extranjeros deja tras de si un país desolado y profundamente dividido. Luego de 13 años de la invasión del país centroasiático la realidad habla por si sola.
La producción de cereales ha disminuido, según estudios internacionales, en un 43% poniendo en grave riesgo de hambruna a los 6,4 millones de afganos.
Al mismo tiempo la invasión, supuestamente para combatir el terrorismo, ha acentuado la guerra perpetua, las luchas tribales, la corrupción y la desarticulación social.
Luego de la invasión los cultivos de amapola han aumentado y con ello el tráfico de heroína hacia occidente. Tres palabras resumen la situación afgana: hambre, guerra y droga.
¿Cómo queda Afganistán tras la marcha de la OTAN?
La OTAN ha llevado a cabo una ceremonia en Kabul para marcar oficialmente el fin de su misión en Afganistán, comunican los medios. Pero tanto la hora como el lugar de celebración del evento se han mantenido en secreto para evitar un posible atentado por parte del movimiento talibán. El acto llega después de más de una década de supuesta lucha antiterrorista en el país.
La Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, la misión de la OTAN en Afganistán presidida por EE.UU., ha existido durante 13 años. Costó más de un billón de dólares solo al presupuesto de EE.UU. y se llevó las vidas de 3.485 militares (más de 2.300 de efectivos estadounidenses). ¿Qué es lo que realmente deja detrás de sí ahora, al retirarse?
Bajas civiles de la guerra
El pueblo afgano al que «se sacó de la desesperación» perdió a hasta 20.000 civiles, víctimas de fuego cruzado y ataques dirigidos equivocados, tanto terrestres como aéreos. Afganistán es el país donde más bombardeos se han lanzado contra civiles: en total, solo entre 2009 y 2013, EE.UU. fue responsable de al menos 18.274 bombardeos, algunos de los cuales realizados con drones, enfatiza el periodista Phillip Butler en ‘Op Edge’ de RT.
En un Afganistán «más seguro», no solo la OTAN se ve obligada a organizar eventos solemnes en secreto por temor a un atentado, sino que los ciudadanos de a pie tampoco pueden dejar de temer por su vida cada vez que salen de sus casas: en 2013, más de 3.000 personas murieron en ataques terroristas. Solo durante la primera mitad de 2014, 1.208 civiles afganos cayeron víctimas de los insurgentes, según la cifra de la UNAMA (Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán).
Los esfuerzos de las tropas estadounidenses en el país no lograron ni reprimir a los talibanes ni acabar con Al Qaeda. Es más: a pesar del asesinato de Bin Laden en Pakistán en 2010, las ramas de Al Qaeda lograron penetrar en Siria e Irak bajo la forma del Estado Islámico, una ‘exfilial’ de Al Qaeda con la que los talibanes habían formado una alianza.
Según la cifra de la UNHCR, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, el número de afganos desplazados debido a la situación de inseguridad en su país alcanza a finales de este año las 765.000 personas. El organismo calcula que dentro de un año la cifra aumentará en un 25% y llegará a 900.000 personas.
Droga
«La estancia de EE.UU. en Afganistán convirtió al país en el primer productor de opio del mundo: la producción de droga en Afganistán se multiplicó por 40», insiste el director del Centro de Análisis del Comercio Internacional de Armas (Rusia), Ígor Korotchenko.
El director del también ruso Servicio Federal de Control de Drogas, Víktor Ivánov, da unas cifras más precisas: «En 2014, calculamos que el territorio donde se cultiva el opio habrá aumentado hasta 250.000 hectáreas». Según detalla, anualmente Afganistán produce hasta 150.000 millones dosis de heroína, una cifra 21 veces superior a la población de la Tierra.
«La misión de la OTAN en Afganistán falló», concluye Nikolái Bordiuzha, secretario general de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una alianza político-militar entre varios Estados del espacio postsoviético, Rusia incluida. El motivo de este fracaso es que intentaron resolver todos los problemas «con métodos militares», acentuó. «No se puede asesinar a centenares, a miles de civiles. No se puede atacar a los periodistas, a los niños. No se puede matar a las mujeres y bombardear bodas con drones», insistió en una entrevista a la agencia TASS.