Lenín Moreno: Crónica de un Desastre

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por Jorge Molina.

En 2019 el presidente traidor del Ecuador, Lenín Moreno, apoyaba sin ambages a los grandes grupos económicos. Los exoneró de una morosidad impositiva de 4.500 millones de dólares, pero al mismo tiempo suscribió un acuerdo por 4.200 millones de la misma divisa con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para sostener las arcas fiscales.

Lo anterior es del todo insólito.

Aquel acuerdo con el FMI es claramente antipopular: aumento del IVA, privatización de los sectores estratégicos, flexibilización laboral y la reducción del tamaño del Estado, con despidos de funcionarios públicos, eliminación de subsidios a los combustibles, reducción del 20 % de los contratos ocasionales, recorte de vacaciones al sector público.

Lo anterior generó en 2019 una ola de masivas protestas, Moreno decretó el estado de excepción nacional y trasladó la sede del gobierno a Guayaquil, pero al final, debido a la presión popular de una ciudadanía maltratada, se vio en la obligación de derogar el Decreto Ejecutivo 883 causante del malestar social.

El saldo final por la represión fue de 11 personas asesinadas, 1.240 heridos (11 perdieron la visión de un ojo) y 1.192 fueron detenidos.

Es demasiado evidente que las decisiones adoptadas por Moreno apuntan a proteger los intereses del mundo rico, especulador y empresarial y obliga a los pobres, humildes y más desposeídos a cargar con el yugo de políticas que a ellos los excluye.

Aconsejado por banqueros, dueños de medios de comunicación corporativos, por el líder socialcristiano Jaime Nebot y el padrino de la corruptela Abdalá Bucaram, desconoció las políticas que generaron estabilidad y crecimiento económico durante el gobierno de Rafael Correa.

Para mayor abundamiento, Moreno estableció nuevas normativas que permiten modificar las condiciones económicas de la relación laboral, tras común acuerdo entre los trabajadores y empleadores, contrato especial emergente de solo media jornada laboral y las horas distribuirlas en seis días de la semana.

Además, reducción de un 50 % de la jornada laboral y disminución de un 45 % de los salarios, es decir, para quien perciba un sueldo mínimo de 400 dólares, su remuneración será de 220 dólares y se rebajará el aporte de la empresa a la seguridad social del empleado. Se implementa, además, que el empleador decidirá, de manera unilateral, el cronograma de vacaciones del trabajador.

Antes de la aprobación de estas leyes, el gobierno había decretado recortes por más de US$98.200.000 a los presupuestos de 32 universidades y escuelas politécnicas.

Fiel a su política neoliberal, Moreno decretó la eliminación de 10 empresas públicas entre las que aparecen la aerolínea TAME, Ferrocarriles, Siembra, Medios Públicos, Crear, Ecuador Estratégico, Correos del Ecuador y la Unidad Nacional de Almacenamiento. Se prescinde de la Secretaría Anticorrupción de la Presidencia; se cierran las embajadas en Malasia, Irán, Nicaragua y las oficinas ante la OASI y la Secretaría del Parlamento Andino; se retirarán 10 embajadores y clausurarán seis consulados.

Moreno renunció a los diez años de política internacional soberana que caracterizó al gobierno del presidente Correa. Las tenazas del FMI se han aferrado al Ecuador. A la par de las ataduras con el FMI, las relaciones con el gobierno de Estados Unidos se incrementaban en grado superlativo.

A principios de 2019 visitaban Quito, Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos; David Hale, viceministro para Asuntos Políticos, y Mike Pence, vicepresidente del país.

Le siguió, en julio de ese año, el secretario de Estado, Mike Pompeo, y todo se coronó con la visita de Lenín Moreno a Washington en febrero de 2019 donde fue recibido por el presidente Donald Trump.

Durante su estadía en la Casa Blanca, se pactó la creación en Ecuador del Centro de Inteligencia Criminal con asesoramiento directo de Estados Unidos y que Washington brindará tecnología y capacitación para una protección general en temas de ciberseguridad.

Los acuerdos que suscribió con Estados Unidos incluyen la negociación de un Tratado de Libre Comercio y también la exigencia para que se desestime la sentencia de las cortes ecuatorianas contra la empresa Chevron, por el daño medioambiental causado en la Amazonía ecuatoriana. A ello se agrega la decisión que anunció la salida del Ecuador de UNASUR y su incorporación al PROSUR (marzo de 2019).

Respecto de Venezuela, Moreno adoptó la misma línea que la del gobierno estadounidense, sumándose a los países que reconocen como “presidente interino” a Juan Guaidó. Finalmente, y quizás lo más grave, ha sido la entrega de Julian Assange a las autoridades británicas. Con esta lamentable decisión Moreno respondió a los intereses del Reino Unido y, sobre todo, Estados Unidos, el que persigue a Assange por haber difundido, a través de WikiLeaks, información que revela las violaciones a los derechos humanos cometidas por ese país.

Todo esto sucede cuando la nación padece una grave crisis sanitaria por la desatención del gobierno ante la pandemia de coronavirus y los casos de corrupción que han estallado en los que están envueltos el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), hospitales públicos de varias provincias y el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias (SNGRE).

Al 7 de septiembre del presente año se registran 110.092 casos confirmados de Covid-19 y 10.576 fallecidos, pero organizaciones gremiales aseguran que la cifra de fallecidos podría ser aún más superlativa porque los informes médicos han sido adulterados.

Recordemos que durante el pretérito mayo solo en Guayaquil los servicios sanitarios y las funerarias colapsaron, las personas morían por las calles o en sus casas y después no tenían donde ser inhumadas.

Suele decirse que en una sociedad democrática la única traición es el silencio; el pueblo ecuatoriano sabe que un hombre, merced a su camaleónico actuar, se aprovechó de la confianza, el incansable trabajo y reputación de hombres como el presidente Rafael Correa y del vicepresidente constitucional Jorge Glas, para obtener la primera magistratura del país.

Tanto Correa como Glas posicionaron con brillantez, en el altar de la estabilidad, innovación, soberanía y desarrollo económico, el nombre del Ecuador.

Pues bien, es hora que el ciudadano de a pie saque la voz y que en las próximas elecciones de gobierno vote por la esperanza de retornar a la senda del crecimiento y desarrollo, y dejar atrás unos paupérrimos años donde este país hermano volvió, gracias al actuar de Moreno, a perder su renombre y a ser uno más del montón.

Fuente: Pressenza

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