Rodrigo Valdés y el Impuesto a los Súper Ricos

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por Ramón López (*), Gino Sturla (**).

No tenemos esperanza de hacer cambiar los puntos de vista del ex ministro Rodrigo Valdés ni de los otros “técnicos más ideologizados del mundo”, que ahora están continuando con su proverbial campaña del terror contra toda iniciativa que toque los intereses de la élite, como la del impuesto a los súper ricos.

Tampoco creemos que estarán dispuestos a un debate público sobre el tema. Su especialidad es denostar a quienes osan amenazar siquiera con el pétalo de una rosa los colosales intereses económicos, amparándose en los grandes medios de comunicación y think tanks de propiedad de las élites mismas.

Redes Sociales

El ex ministro de Hacienda Rodrigo Valdés nos deja claro que no le acomodan las redes sociales (RRSS) y Twitter en particular. Según él, las RRSS distorsionan, segregan, vociferan y exageran.

¿Los “técnicos” como él, no exageran? ¿No distorsionan ellos mismos a menudo defendiendo ocultos intereses creados, como ocurrió con el 10% de las AFP?

Esta creciente forma de comunicación colectiva le ha quitado, en parte, el monopolio de la información a los medios convencionales que le dan tribuna a los defensores de las élites económicas. Al ex ministro le molesta que los tuits sean la expresión de los sin voz, que no les permiten acceso a los medios convencionales.

En economía neoclásica hay un principio fundamental, necesario para acercarse el tan venerado “mercado perfecto”: se trata de la simetría en la información.

En este sentido, es positiva la función que cumplen las redes sociales y parece extraño que un defensor a ultranza de esta economía aprecie tanto las asimetrías de información. Valdés al parecer no comparte estos principios o simplemente le gusta la competencia solo cuando le favorece.

Impuesto a los súper ricos

Posteriormente, luego de mostrarnos su romance con la actual Constitución, se refiere a cuatro puntos respecto del proyecto hoy en la Cámara Baja.

Denosta a los autores y promotores del proyecto. Los acusa de “amateurismo”. Indica que él no entiende el concepto de activos ni tampoco entiende la distinción entre activos e ingresos. Tal vez podía darse una vuelta a un curso de primer año de finanzas o economía, seguro que los estudiantes se lo explicarán.

No le gusta que el proyecto sea corto y conciso, quiere proyectos de “cientos de páginas”. Se queja que no hay instrucciones al Servicio de Impuestos Internos. Olvida que el proyecto está en su segunda semana de discusión y que es totalmente perfectible y, por cierto, que no sólo se trata de la ley, sino del respectivo reglamento que tendrá muy posiblemente las 100 o más páginas que a él le impresionan.

Arguye que la movilidad del capital ha aumentado, lo que haría casi imposible recaudar.

Primero, no entiende que el proyecto recae sobre el monto mundial de la riqueza, no sólo la que está en Chile, por lo que el problema de la movilidad del capital es en principio cuestionable.

Segundo, no comprende que junto con el aumento de la movilidad del capital también la información financiera local e internacional ha mejorado de una manera tremendamente acelerada.

Tercero, parece ignorar los enormes avances que ha hecho la OCDE en facilitar la información y trasparencia financiera internacional, fuertes sanciones a paraísos fiscales, etc., que prácticamente imposibilitan esconder fortunas detrás de marañas de empresas y sociedades.

Insiste sobre el manoseado argumento de que muchos países los han eliminado, pero ignora estudios que muestran que el problema de relativa baja recaudación ha sido de diseño e implementación, no por problemas inherentes a estos impuestos.

Cuando tenemos experiencias buenas y malas, hay un espacio para el aprendizaje. Falta a la verdad, tal como lo ha hecho el actual ministro de Hacienda, cuando dice que sólo 3 países los tienen. En realidad, son 4 en Europa y 3 en Sudamérica: Colombia, Uruguay y Argentina.

Es majadero en repetir que en periodos difíciles como éste sería “estrambótico” aumentar impuestos.

¿Cuándo no es estrambótico hacerlo?

Cuando los trabajadores y ciudadanos de a pie han sido forzados por este gobierno (que nos imaginamos, en base a sus recientes intervenciones, es ahora suyo también) a pagar con sus exiguos ahorros (Fondos de Pensiones y fondos de sus seguros de cesantía) su sobrevivencia, la mayor parte de los costos de la crisis, mientras los súper ricos, lejos de contribuir a financiar los enormes costos de esta crisis, han continuado aumentando aún más su patrimonio (Oxfam, 2020).

¡Este señor se preocupa de que no se estropee la confianza de los súper ricos!

¿Por qué habría de estropearse su tan preciada confianza cuando tienen un gobierno que es de ellos y cuentan con una banda de “técnicos” que los protegen?

Aquí de nuevo arremete contra los autores del proyecto y los que lo apoyan, aludiendo a la incompetencia técnica, ¿en base a qué? ¿Cuál es su propia competencia en materia de impuestos patrimoniales? ¿Ha hecho estudios al respecto, ha leído la enorme literatura internacional sobre el tema?

Establece que el proyecto “dificultaría aumentar la carga tributaria”. Primero dice que no hay que aumentar la carga tributaria porque afecta la “confianza” y ahora nos dice que quiere aumentar impuestos después de todo. Como decía por ahí un famoso futbolista, “no tengo por qué estar de acuerdo con lo que pienso”.

El ex ministro Valdés arremete nuevamente en contra de las RRSS, diciendo que un proyecto tributario serio no puede ser dejado al debate en RRSSS y que en su lugar debe ser encomendado a un grupo académico “reputado” (donde, al parecer, se autocandidatea).

¡Esta es la guinda de la torta, mostrando en toda su dimensión su clasismo y desprecio por la gente común!

Más de 140 caracteres

Hemos revisado una gran cantidad de estudios, además de preparar nuestro propio trabajo en profundidad sobre este tema. No sabemos si valga la pena planteárselos a Valdés & CIA., ya que aparentemente, como muchos otros “técnicos”, no les interesa leer, prefieren vociferar desde sus sesgos interesados.

No obstante, en beneficio de los lectores, proveemos información de algunos estudios al respecto.

Estudios que muestran que los fracasos de estos impuestos en varios países se debieron fundamentalmente a fallas de diseño, que este proyecto evita en gran medida.

Dos estudios recientes, uno en el American Economic Review y otro en el Quarterly Journal of Economics, muestran que cuando han sido bien diseñados los impuestos patrimoniales recaudan normalmente y pueden ser más efectivos para reducir la desigualdad que los impuestos a la renta (Seim, 2017; Jacobsen et al., 2018).

Estudios que abordan ampliamente los efectos positivos sobre la progresividad de estos impuestos y sus efectos redistributivos, así como los elementos fundamentales para su diseño y, muy importante, las medidas de cumplimiento requeridas (Saez y Zucman, 2019; Benítez y Velayos, 2018).

Un estudio que muestra que estos impuestos contribuyen a reducir la evasión tributaria de los impuestos a la renta (Londoño-Vélez, 2020), que es un problema masivo en Chile.

El único estudio en profundidad aplicado a Chile que entra en detalles de implementación y potencial recaudatorio usando información internacional sobre los súper ricos chilenos y no meras especulaciones demostrando su factibilidad (López y Sturla, 2020).

Así, las bases del impuesto patrimonial (o pacto impositivo) están fundamentadas en bastante más de 140 caracteres. Es una insolencia contra estos intelectuales referirse de esta manera sus cuidadosos estudios.

Economistas contra la democracia

Ciertamente, no tenemos esperanza de hacer cambiar los puntos de vista de este señor ni de los otros “técnicos más ideologizados del mundo” (como los califica el antropólogo Andrés Monares), que ahora están continuando con su proverbial campaña del terror contra toda iniciativa que toque los intereses de la élite.

Tampoco creemos que estarán dispuestos a un debate público sobre el tema. Su especialidad es denostar a quienes osan amenazar siquiera con el pétalo de una rosa los colosales intereses económicos, amparándose en los grandes medios de comunicación y think tanks de propiedad de las élites mismas.

En definitiva, poco esperamos de quienes lisa y llanamente no creen en la ciencia económica moderna ni tampoco aparentemente en la democracia.

La esperanza en Chile, tal como lo ratificó el levantamiento social del año pasado, está situada en la gente común, aquellas y aquellos que buscan espacios para manifestarse, quienes han dejado su vida e integridad física por abrir el camino hacia una sociedad más justa.

Por esas decenas de mártires que cayeron en octubre/noviembre pasado es que debemos seguir luchando por una nueva Constitución que permita hacer las profundas reformas que las chilenas y chilenos se merecen y necesitan tan desesperadamente.

Cerramos con una frase del escritor francés Jacques Sapir en el libro titulado Economistas contra la democracia:

“Las políticas económicas han sido secuestradas por determinadas bandas de tecnócratas que se escudan en supuestas leyes del comercio”.

(*) Doctor en Economía y profesor titular de la Universidad de Chile.
(**) ingeniero hidráulico y economista, investigador de la Universidad de Chile.

Fuente: El Desconcierto

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