Pierina Ferretti (*):

En Chile la protesta estudiantil de 2011 tuvo una cara visible, Camila Vallejo, y otra menos conocida para el resto del mundo: Gabriel Boric. Hoy Boric es el presidente de Chile y Vallejo su vocera.

Las protestas contra el modelo neoliberal de desigualdad a ultranza pero prolijidad en las cuentas empezaron con las estudiantes de secundaria que saltaron el metro –cuando el precio del boleto aumentó a más de un dólar en octubre de 2019– y dieron la vuelta al mundo con el colectivo Lastesis en la performance “Un violador en tu camino”, el himno feminista con el estribillo (inspirado en la lectura de la antropóloga Rita Segato) “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”.

La historia pasa tan rápido en el siglo XXI que parece lejos lo que está tan cerca; pero, básicamente, el cambio social en Chile se originó por y gracias a las mujeres. Sin embargo, el gobierno que le ganó a la ultraderecha está encabezado por un hombre: Boric.

Los feminismos generaron las bases de las grandes protestas y también el activismo para que el país pudiera virar hacia la izquierda y no a la derecha.

Pero, así como Chile es una muestra de que el neoliberalismo no aguanta sus desigualdades con prolijidad sino con una sumisión que estalla por el aire, también es un ejemplo de que la posibilidad de pasar de la protesta a la gestión es real.

La protesta al neoliberalismo prolijo y la posibilidad de pasar de la protesta a la política son dos ejemplos peligrosos para el neoliberalismo y positivos para pensar las democracias del siglo XXI.

También muestra que los feminismos generan una gran base social pero tienen dificultades a la hora de capitalizar los logros para sus protagonistas. Tienen la potencia de generar cambios sociales en sociedades que parecen anestesiadas por la injusticia por el cosquilleo en las jóvenes más despiertas que dormidas.

Pero después pueden dejar encendida una llama en donde otros se atribuyen el poder de fuego.

Las victorias resuenan como una esperanza que da aliento. Eso pasó el 19 de diciembre, cuando Boric obtuvo 55,73% de los votos y José Antonio Kast 44,27% en el balotaje en el que se impuso una nueva izquierda, atravesada por el feminismo, paritaria, moderna, plural, que incluye a los pueblos originarios y que escucha. Esa otra izquierda es posible.

Pero tiene costos. Las sociedades latinoamericanas están polarizadas y esa mínima diferencia con la que se gana es con la que se puede perder por el desgaste innato de ejercer el gobierno con pocas posibilidades de cambio. Ahora Chile enfrenta un momento crucial y complejo.

El 4 de setiembre se realizará un plebiscito para aprobar o rechazar la nueva Constitución. El proceso constituyente fue democrático, paritario y con una fuerte impronta social, ambiental y de género.

El problema es que es atacado por la derecha y con una campaña que augura un mal pronóstico. Ante esta encrucijada, la socióloga chilena Pierina Ferretti subraya:

“No se sale de 50 años de neoliberalismo en cuatro años. Es muy importante caminar en esa dirección y no dar un paso atrás. Por eso, nos jugamos la vida en este momento”.

Ferretti es socióloga e integrante de la Fundación Nodo XXI, centro de pensamiento de la izquierda chilena. Tiene 38 años y vive en Valparaíso. Tiene convicciones firmes, una mirada aguda, prefiere perderse en pueblitos con historias que descansar en playas, escribir que postear en redes y apostar a una transformación social profunda desde el feminismo.

Ella escribió el artículo “Por la democracia y la vida digna. 40 años de luchas feministas en Chile”, junto a Luna Follegati, en donde destaca que el movimiento feminista chileno encarnó las luchas por la vida y la democracia en dos momentos clave del desarrollo del neoliberalismo: en su imposición a fines de los 70 en plena dictadura cívico-militar y en la crisis agudizada tras la revuelta popular de octubre de 2019.

Ella recalca el carácter estratégico del feminismo en las luchas antineoliberales y recupera las claves teórico-políticas que, acumuladas en 40 años de luchas, ofrecen luces para orientar la crisis general del capitalismo financiarizado hacia salidas que profundicen la determinación popular de la política y la sostenibilidad de la vida.

– ¿Cómo es tu evaluación del nuevo proyecto constitucional?

«El trabajo de la Convención Constituyente termina con un texto que significa avances cualitativos enormes en relación al estado actual de las cosas porque propone construir un Estado social, democrático, plurinacional, se hace cargo de la crisis climática y expande los derechos sociales. El texto significa un avance en el largo camino de desmontar el Estado neoliberal».

– ¿Por qué las encuestas marcan que ganaría el rechazo a la nueva Constitución?

«Soy crítica de esos estudios que son utilizados como un arma ideológica para incidir en la opinión pública. Las encuestas que circulan están muy cuestionadas metodológicamente, pero sirvieron para instalar la idea de que hay un ambiente social más proclive al rechazo que al apruebo. De todas maneras, los últimos resultados muestran que el apruebo va subiendo desde que la campaña comenzó, el gobierno está informando y los comandos comenzaron a desplegarse por el territorio».

– ¿Es cierto que la Constitución es un best-seller?

«La Constitución es el libro de no ficción más vendido en las librerías, es un fenómeno editorial, además de toda la venta informal que se hace en la calle».

– ¿Qué pasó desde la victoria de Boric hasta este escenario que pone en jaque la legitimación de los avances sociales?

«En principio, hubo una campaña de descrédito desde que comenzó a funcionar la Convención Constituyente. Ahora lo que dicen es que el texto es malo y que hay que rechazar la Constitución. Hay sectores que votaron que querían una nueva Constitución pero que ahora los convencieron de que esta Constitución es mala. El proyecto constituyente fue difícil de seguir para la ciudadanía y con varios episodios de peleas que permitieron montar la idea de que era otro espacio más de peleas y de la vieja política y que son grupos incapaces de conversar. En realidad, primaron los acuerdos porque cada norma se tenía que aprobar con dos tercios de los convencionales, pero dejaron instaladas en el ambiente las peleas sin sentido. Pero la campaña del rechazo está brutal, con fake news al más puro estilo de campaña de Jair Bolsonaro y Donald Trump».

– ¿Cómo incide la economía en la sensación térmica política en la que se vota la Constitución?

«El momento económico y político es muy importante. Tenemos la inflación más alta desde 1994. Hay generaciones que no conocían niveles inflacionarios como el de ahora. Hay una sensación de cansancio y de desprotección».

– ¿Cómo se llega de la protesta de 2019 a la previa del plebiscito?

«El ciclo se abre en 2019 con un país que se levanta pidiendo una vida digna. Pero ese ciclo se canalizó institucionalmente con la Constituyente y ahora no estamos viviendo mejor. El cansancio afecta la disposición social hacia el apruebo. Sin embargo, ganar el plebiscito es muy importante. No se sale de 50 años de neoliberalismo en cuatro ni en ocho años. Es muy importante caminar en esa dirección y no dar un paso atrás. Por eso, nos jugamos la vida en este momento».

– ¿Cómo se está organizando la campaña por el apruebo?

«El apruebo tiene dos grandes comandos: el de los partidos de izquierda con organizaciones sociales que se llama “Aprueba por Chile”, y por otro lado el comando de los movimientos sociales, liderado por la Coordinadora Feminista 8M y por el Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (Modatima), que es un mundo más autónomo y que son complementarios».

– ¿Qué pasa con la propuesta de aprobar el plebiscito para reformar la Constitución?

«Es una respuesta a la presión de la derecha que dice “rechazar para reformar”. La derecha busca convencer a la población de que la Constitución de Pinochet, de 1980, está muerta políticamente. Ya en un plebiscito se dejó en claro que 78% de los electores están a favor de cambiar la Constitución. Entonces la derecha, que durante 30 años se opuso tenazmente a que sea cambiada, quiere convencernos de que están comprometidísimos con una nueva Constitución. Pero en una carta de la derecha con diez puntos en los que se comprometían a hacer reformas no aparecen los derechos sexuales y reproductivos, ni el derecho a una vida libre de violencias, ni el reconocimiento al trabajo de cuidados, ni la democracia paritaria, que son algunos de los aspectos fundamentales por los que esta Constitución es fundamental para las mujeres y las disidencias sexuales».

– ¿Qué pasa con la idea de que la Constitución es perfectible y que la podrían reformar después de la aprobación que augura Boric?

«Ante la presión de la derecha, hay sectores del progresismo que quieren mostrar que están abiertos a reformar algunos puntos para demostrar que los sectores del apruebo no son intransigentes. El presidente está abierto a reformas. Pero el tema es quién define cuáles son esos puntos a reformar si gana el apruebo. ¿Cuáles son esos puntos y quién los define? ¿La elite o la ciudadanía? ¿Lo que molesta es la plurinacionalidad o quitar el Senado? Las elites políticas tienen un micrófono muy amplificado para imponer sus intereses».

– ¿Qué pasa con la mayoría de la población?

«La mayoría se va a movilizar si ve que esta Constitución va a mejorar sus vidas en salud, educación, pensiones y viviendas».

– ¿Cuánto puede impactar el apoyo de la expresidenta Michelle Bachelet, que citó a Pablo Milanés y dijo: “No es perfecta, mas se acerca a lo que yo simplemente soñé”?

«Bachelet pasó por Chile y volvió a apoyar el apruebo y todo eso ha sumado. Ella es una figura reconocida, respetada y querida por una parte importante de la población. Está en el discurso de que es mejorable pero que es una herramienta valiosa para hacer los cambios que Chile necesita. Es la única expresidenta por el apruebo que escribió una carta con sus razones para aprobar».

– ¿Qué pasa con los derechos de las mujeres?

«Si gana el rechazo, los avances en materia de autonomía, derechos y libertades se van al carajo por un buen rato y va a ser muy difícil que la ley de interrupción voluntaria del embarazo sea aprobada en el Congreso si no queda ratificada en la Constitución. Los derechos de las mujeres y los avances del feminismo se van al carajo si gana el rechazo».

– ¿Cómo irrumpe el feminismo en la izquierda tradicional en Chile, en tu propia experiencia?

«Yo pertenezco a Nodo XXI, que viene ligado al autonomismo, que fue una izquierda que en los 90 trató de levantar una alternativa por fuera de la Concertación y también por fuera de la tradición comunista, con personas que provienen del Movimiento Izquierda Revolucionaria. Era una izquierda que trató de ser renovada en el sentido de hacerse cargo del Chile del siglo XXI pero que el feminismo no le pasó ni por al lado».

– ¿Qué pasa con las movilizaciones pos Ni Una Menos, en Argentina, en 2015, que irrumpen en Chile en 2016?

«Cuando llegan las grandes movilizaciones feministas, a partir de 2016, todavía el feminismo era mirado, en los discursos, como una particularidad, con tintes burgueses, sin vocación de masas, sin vocación popular. Y al interior de las organizaciones de izquierda, con un machismo instaladísimo, como genético, como en todas las organizaciones de izquierda, por decirlo de alguna manera».

– ¿Cómo fue la incidencia del feminismo en 2016? ¿Por qué es clave esta fecha antes del Me Too, que intenta imponerse como un antes y un después en el feminismo mundial?

«La primera manifestación que rompió los números normales de convocatoria fue en 2016, en una marcha contra la violencia de género, que fue inesperada por su magnitud y por la dimensión internacionalista de la movilización. A partir de ahí, se creció y en 2018 estalla el mayo feminista».

– ¿La influencia es latinoamericana o norteamericana?

«Esto no tuvo que ver con el Me Too, tuvo que ver con el Ni Una Menos, con una sensibilidad que ya se venía acumulando, de hastío, y como una sensibilidad mayor frente a la violencia patriarcal. Con el Me Too todo bien, qué bueno que mujeres con mucha visibilidad, de Hollywood, denuncien abusos, pero la genealogía en Chile y en América Latina es distinta porque el feminismo ha tenido una fuerte reivindicación de clase con la aspiración a transformaciones más de fondo y con el ojo puesto en desigualdades estructurales en el área laboral y previsional».

– ¿Qué pasó en 2018?

» En 2018, el mayo feminista, no hubo organización o persona que no se viera atravesada por lo que estaba ocurriendo con la movilización estudiantil contra el acoso sexual. Nos atravesó en lo personal y en lo colectivo. ¿Quién de nosotras no había estado en una situación de abuso de poder o de abuso sexual al interior de espacios militantes, espacios académicos o al interior de la familia? No había mujer en Chile que no se pudiera sentir identificada, tocada y removida por ese movimiento».

– ¿La izquierda se vio interpelada?

«Para las organizaciones políticas fue brutal porque empezaron a aparecer un montón de denuncias de acoso sexual al interior de las organizaciones de izquierda».

– ¿Qué cambió en la organización?

«Había una excesiva masculinización de ese espacio y, con los años, la primera línea de esa fundación somos mujeres, pero costó un puño lograr hacer ese giro».

(*) Socióloga chilena e integrante de la Fundación Nodo XXI, Centro de Pensamiento de la izquierda chilena.

(**) Periodista argentina especializada en género y autora de Sexteame: amor y sexo en la era de las mujeres deseantes (2020), La revolución de las hijas (2019) y Putita golosa, por un feminismo del goce (2018), entre otros libros. Encargada de Las Bravas, nuevo espacio de La Diaria Feminismos que busca amplificar las voces y experiencias de mujeres feministas que están cambiando la historia en América Latina.

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