La Historia Calienta Motores: La “República Socialista” de 1932

Junio de 1932. El reaccionario gobierno de Juan Esteban Montero, iniciado el 3 de diciembre de 1931, no cesaba la represión contra los comunistas. Elías Lafertte, uno de sus dirigentes, perseguido por agentes policiales, logró refugiarse en su casa.

«Los momentos –relata en “Vida de un Comunista”- eran de un enorme interés político, como para dejarme relegar así no más».

Pidió ayuda al Partido. Sus compañeros le mandaron a decir que a las 15, 30 lo rescatarían.

A la hora señalada, avanzó por la calle Andrés Bello una bulliciosa manifestación.

«Eran unos quinientos -añade Lafertte- pero metían un ruido fenomenal, al que se sumaba el ruido de los aviones rebeldes que volaban haciendo vibrar los vidrios de las casas de Santiago. Cuando el grupo pasaba frente a mi casa, salí y me mezclé a los compañeros».

Un líder llamado Marmaduke

En verdad, se vivía entonces una histórica situación en Chile. En el último tiempo habían aparecido varios grupos políticos que se proclamaban socialistas: Nueva Acción Pública (NAP), Acción Revolucionaria Socialista, Partido Socialista Marxista, Orden Socialista Unificado y otras.

Según escribe el historiador soviético J. Lavretski en su libro “Salvador Allende”, publicado en 1978:

“Este hecho fue tomado en cuenta por la Internacional Comunista, que en el XII Pleno de su Comité Ejecutivo señaló: «Hace algún tiempo, en Chile no había ni un solo partido socialista; ahora hay cerca de diez».

Figura descollante era el coronel Marmaduke Grove, «Don Marma», que desde hacía diez años tenía una actitud progresista. Por ello, durante la dictadura de Ibáñez fue desterrado a la Isla de Pascua. Caído el dictador, regresó. Fue reincorporado al ejército, nombrado Comodoro del Aire y designado Jefe de la Base Aérea Militar de El Bosque.

Luego, ingresó a la Nueva Acción Pública y se declaró, abiertamente, socialista. Rápidamente se transformó en figura central de la oposición al gobierno de Montero. Este, a través de su Ministro de Guerra, decretó la destitución de Grove de su cargo de jefe de El Bosque, el 3 de junio.

El Coronel no acató esa orden y se declaró en rebeldía.

Junta exige gobierno socialista

16 de junio 1932. Primera Junta de Gobierno de la República Socialista: Carlos Dávila, Nolasco Cárdenas y Alberto Cavero

Se constituyó una Junta Ejecutiva, formada por el general en retiro A. Puga; el periodista Carlos Dávila, ex Embajador de Washington de la dictadura ibañista; Eugenio Matte Hurtado, líder de la NAP y Gran Maestro de la masonería, y el propio Grove. Esta Junta exigió la renuncia de Montero y llamó a la formación de un gobierno socialista. Recibió el apoyo de la aviación militar y de una parte de las unidades terrestres de la capital.

El Presidente Montero, asustado por el cariz que habían tomado los acontecimientos, solicitó a Arturo Alessandri que se entrevistara con Grove y lo convenciera que depusiera las armas y acatara la orden del gobierno.

Sin embargo, el emisario hizo todo lo contrario. Le dio el respaldo al sublevado y le dijo una frase que ha recogido la historia: «No afloje, mi coronel», incitándole a derrocar a Montero.

Una insólita invitación

Ese 3 de junio, un avión sobrevoló Santiago a baja altura y lanzó volantes, que eran ávidamente leídos por miles de personas. Era una invitación a participar en “una gran revolución que tendrá lugar hoy 3 de junio a las 5 de la tarde”.

Este insólito acto, quizás único en el mundo, resultó una invitación frustrada. Ese día no ocurrió revolución alguna. Pero, a la mañana siguiente, aviones militares aumentaron la tensión y la expectación de los santiaguinos con su ruidoso volar.

Así estaban las cosas, cuando marcharon esos quinientos comunistas por las calles de Santiago y salvaron de la policía al Secretario General de la FOCH.

Este recuerda:

«En la noche (del 4 de junio. Nota del autor) cuando la toma del poder por Grove estaba consumada, abandoné el refugio y me dirigí a la Universidad…».

Nace la “República Socialista”

La Historia Calienta Motores: La “República Socialista”  de 1932
Insólito: primera revolución en el mundo anunciada por volanteo aéreo.

Con un día de atraso tuvo lugar el golpe de Estado anunciado en el volante lanzado por el avión rebelde. Unidades militares, que se habían pasado al lado de Grove, rodearon La Moneda.

Los líderes del movimiento se presentaron ante Montero y le exigieron que se marchara del Palacio Presidencial.

Éste obedeció sin la menor objeción.

A las 20 horas del 4 de junio de 1932, se extendió en La Moneda la partida de nacimiento de la República Socialista.

Se instauró una Junta de Gobierno formada por el general ® Arturo Puga Osorio, el periodista Carlos Dávila y el líder de la NAP Eugenio Hurtado. Marmaduke Grove ocupó la cartera de Ministro de Guerra. En el Gabinete lo acompañaron Luis Barriga Errázuriz, Alfredo Lagarrigue, Pedro Fajardo, Eugenio González Rojas, Víctor Manuel Navarrete, Carlos Alberto Martínez, Nolasco Cárdenas, Ramón Alvarez Javalquinto, Oscar Cifuentes Solar y Rolando Merino Reyes.

Programa de reformas

Se proclamó la República Socialista y se dio a conocer un Programa de reformas económico-sociales inaplazable, que entre otras medidas planteaba:

  • Establecer el control sobre la distribución de los alimentos;
  • confiscar las tierras no cultivadas y entregarlas a los campesinos pobres;
  • crear industrias estatales del petróleo, el tabaco, el azúcar y otras;
  • socializar los bancos;
  • defender la salud y bienestar de los trabajadores;
  • asegurar a todos los chilenos el derecho al trabajo;
  • impedir la paralización de las actividades productivas;
  • establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética;
  • introducir la propiedad colectiva, junto a la privada, de los medios de producción;
  • amnistiar a los marineros encarcelados.

De inmediato, la Junta ordenó suspender los lanzamientos de las personas, cuyos arriendos eran inferiores a 200 pesos mensuales. Al mismo tiempo, ordenó la devolución de herramientas de trabajo, enseres domésticos, ropa de vestir, dejadas en prenda en la Caja de Crédito Popular, sin el pago del dinero prestado.

Las masas apoyan la república

El gremio de los gondoleros o buses, realiza una demostración en apoyo de la República Socialista.

Relata José Vega Díaz en su trabajo inédito “La República Socialista”: El 5 de junio, multitudes desfilaron frente a La Moneda avivando a Grove. Aviones lanzaban volantes donde se decía:

«… la instauración de la República Socialista alentada por un alto espíritu de nacionalismo constructivo asegura a todos los chilenos el derecho a la vida por medio del trabajo productor. El hambre y el desempleo que actualmente sumen en la desesperación a grandes masas de trabajadores, serán subsanados.

«Un clamor unánime de justicia resuena a lo largo del territorio nacional, empobrecido por la negligencia culpable de sus dirigentes y el egoísmo de los privilegiados».

Llega un dirigente de la Internacional

Cuando la prensa del 5 de junio informaba sobre la proclamación de la República Socialista por Marmaduke Grove, llegó a Chile -en calidad de turista- el dirigente de la Internacional Comunista, Federico Glaubauf.

Había realizado un largo viaje en ferrocarril desde Buenos Aires hacia el sur. Luego, en viejos buses hasta llegar a Bariloche. En barco por un lago. En autobús hasta el lago de Todos los Santos. En barco nuevamente y atravesar a caballo, por peligrosos senderos, la cordillera. Entró a Chile, con la idea de conocer un poco el país para luego contactar, clandestinamente con el Partido Comunista.

El periódico austriaco «Volksstime» (Voz del Pueblo), en su edición correspondiente al 18-20 de noviembre de 1988, publicó un artículo titulado “Emisario del Soviet en Chile”, donde señalaba:

«La tarea de Fritzk Glaubauf consistió entonces en ayudar al Partido Comunista de Chile a su reorganización después de la persecución bajo la dictadura de Ibáñez».

Por su parte Orlando Millas, refiriéndose a ese período, en un artículo titulado “El estudio de Hernán Ramírez sobre el origen del Partido Comunista de Chile”, escribió:

«Y no hay por qué silenciar tampoco, las expresiones en esos años, del internacionalismo proletario que acompañaron y ayudaron en su dura labor a los comunistas chilenos».

Un programa progresista

La Historia Calienta Motores: La “República Socialista”  de 1932

El Programa de la República Socialista, sin mencionar el término imperialismo, se refería a él, cuando planteaba que “la economía chilena estaba controlada por empresas extranjeras, que obtienen enormes ganancias explotando las riquezas naturales del país”.

Además, exigía la liberación de Chile del capital extranjero.

De acuerdo con su Programa, la Junta dictó varios decretos. Uno de ellos, el número 520, reconocía el derecho del Gobierno a requisar las empresas que producían artículos de primera necesidad o de importancia estratégica, si sus propietarios las paralizaran.

Ninguno de estos decretos alcanzó a ser utilizado por la breve República Socialista. Pero tampoco fueron anulados con posteridad al derrocamiento de ésta. (El Decreto o Ley Excepcional Nº 520 fue utilizado por el Gobierno Popular de Salvador Allende para asumir el control de algunos monopolios industriales, especialmente del sector textil)

Otras medidas en favor del pueblo

Entre las obras realizadas por la Junta hay algunas, además de las ya señaladas, cuya importancia no se puede desconocer.

Uno de sus grandes logros -como testimonia José Vega Díaz en su obra inédita “La República Socialista de Grove”- fue haber dado “satisfacción a un mínimo de necesidades de la población que no tenía trabajo, ni comida, ni vivienda… Los cesantes tuvieron dos comidas diarias y pan».

Con plena razón, este exparlamentario comunista concluía que antes de esa República, «en un cuarto de siglo, gobierno alguno realizó tal política a favor de los pobres».
La Junta, además, prohibió la intervención de la fuerza pública en las universidades; dictó amnistía para todos los presos por causas políticas, lo que permitió la salida de las cárceles de los marineros participantes en el alzamiento de comienzos de septiembre de 1931 y el regreso de los revolucionarios confinados en la Isla Mocha; disolvió el Congreso Termal, designado por Ibáñez, cerrándole el camino al dictador que pretendía retomar el poder.

Se gana el apoyo popular

Estas y otras obras le ganaron a la República de Grove el cariño y el apoyo de amplios sectores populares, de la mayor parte de la clase trabajadora.

El escritor González Vera narra en “Cuando Era Muchacho”, publicada en 1951:

«La republiquita atraía. Llegaban al centro a caballo, en carretas, en vehículos inverosímiles adornados con guirnaldas de papel. Los rostros no eran habituales. Estos hombres parecían la reencarnación de aquellos que crearon la Comuna de París. Algunos daban miedo. Era el pueblo de los barrios lejanos. En la expresión de esos chilenos, que se dejaban ver tan poco y que son tan escépticos, brillaba la fe. Sentíase algo nuevo y promisor”.

Días agitados

Los días que corrían eran agitados, tensos, de enorme conmoción; de un permanente ajetreo en las calles, interminables concentraciones, desfiles, mítines en cada esquina. Las masas se habían transformado en bullicioso actor.

El socialismo estaba de moda. Amplios sectores exigían socializar empresas: los ferrocarriles, la educación.

Incluso «El Mercurio», cuyo director era Agustín Edwards Mac Clure, informaba de la “voluntaria socialización de la empresa de acuerdo a la doctrina de la nueva República, dando cabida en su consejo a dos representantes de los obreros y empleados”.

El PC seguía actuando en el medio obrero, pero había cobrado también fuerza entre estudiantes y profesores.

Influía decisivamente en el Grupo Avance y en la Federación de Maestros. Planteaba la Revolución Social.

El PC y la República Socialista

Los comunistas desconfiaban de la Junta, porque «estaba dirigida por jefes militares como Grove; por el Gran Maestro de la Masonería, Eugenio Matte; y por Carlos Dávila, un servidor de Ibáñez, que se jactaba de ser hombre de Washington».

No creía en su socialismo.

Por eso al acercarse el amanecer del 5 de junio, el Grupo Avance se tomó la Casa Central de la Universidad de Chile.

Colocó allí un lienzo convocando a constituir los «Soviets de Obreros, Campesinos, Mineros, Soldados y Marinos».

En Declaración Pública, el PC demandaba: subsidio de cesantía, aumento de sueldos y salarios, disolución de la policía política, entrega de armas al proletariado, formar el ejército del pueblo.

El soviet funciona en la universidad

«La Universidad -relata Elías Lafertte en “Vida de un Comunista”- era en esos momentos un hervidero humano, una especie de Smolny (un Instituto para señoritas de la aristocracia de Petrogrado, en donde funcionó el Comité Revolucionario Bolchevique en noviembre de 1917) en miniatura…. Los estudiantes iban y venían , llegaban los socialistas, la radio llamaba al pueblo constantemente y las prensas llegaban a echar chispas imprimiendo propaganda revolucionaria.

Constituimos ahí el CROC o Comité Revolucionario de Obreros y Campesinos, al cual se incorporaron estudiantes y trabajadores. También llegaron socialistas y anarquistas, pero luego se retiraron disgustados porque el Presidente del CROC era yo…

Las sesiones se realizaban en el Salón de Honor de la Universidad, mientras la radio, manejada por Chamúdez, explicaba los planteamientos de nuestro organismo, cuyo objetivo era enderezar los rumbos del gobierno que se había instalado en La Moneda.

Puesto que se decía ‘República Socialista’, era necesario que escuchara a la clase obrera y que marchara realmente por un camino revolucionario. En las prensas universitarias, nuestro periódico ‘Bandera Roja’, clausurado por el gobierno de Montero, se imprimía en papel couché, porque no encontramos otro de menor calidad…”

Con la línea del frente único proletario

«El sentimiento revolucionario crecía, añade Lafertte. Algunos compañeros demasiado optimistas habían instalado en La Legua un ‘soviet’ de obreros y cesantes… Las calles, permanentemente estaban llenas de manifestantes que pedían a gritos que el gobierno ‘socialista’ cumpliera como tal. Nuestra gente participaba en todos los mítines, planteaban las resoluciones del CROC, que había acordado apoyar al gobierno, pero exigirle que realmente ayudara al pueblo, mediante realizaciones útiles y populares».

(Recuerdo que cuando escribía “Don Reca”, el compañero Américo Zorrilla me acompañó a conversar en varias ocasiones con el camarada José Vega Díaz. En una de esas oportunidades, concretamente el 9 de abril de 1992, les pregunté sobre el Soviet de Santiago.

«En 1932, unos compañeros -afirmó José Vega Díaz- cometieron la locura de formar un soviet en la Universidad de Chile».

«Yo participé en ese soviet -respondió Américo Zorrilla- pero, posteriormente reconocí en una reunión del Comité Central del Partido, que había sido un error esa acción»).

El PC vivía en ese tiempo la etapa del «Frente Único Proletario», según orientación emanada de la Internacional Comunista. Ello, unido a la falta de un efectivo conocimiento de la realidad nacional, lo hizo caer en errores. No tenía claridad sobre el carácter y los objetivos inmediatos de la revolución en Chile, ni cuál era la etapa que se transitaba en ese tiempo.
Por esos años, opina Luis Corvalán:

«Se planteaba lisa y llanamente como objetivo inmediato la implantación del socialismo. Concretamente, se propició entonces la implantación de los soviets y, bajo ese nombre, se crearon algunos organismos del Frente Único que presumieron de ser órganos de un nuevo poder, del poder revolucionario de los obreros y los campesinos. Estos errores separaban al Partido de las grandes masas y no ayudaban a conducir los acontecimientos hacia adelante».

Entrevista con Grove

El Comité Revolucionario de Obreros y Campesinos acordó sostener una entrevista con Marmaduke Grove, con el fin de darle a conocer sus puntos de vista. Se designaron unos treinta delegados: representantes de los estudiantes, de los mineros de Sewell, del Partido Comunista, de la Federación de Maestros y de otros organismos.

Se designó Presidente de la delegación a Elías Lafertte y a Carlos Contreras Labarca para informar a Grove los puntos de vista del CROC.

La delegación ingresó a La Moneda por Morandé 80. No se encontraba allí Grove. Un joven secretario les propuso que se entrevistaran con otro miembro de la Junta o algún Ministro. Lafertte señaló: «Venimos a ver al Compañero Grove, y si él no está, nos vamos».

Luego de alguna espera, apareció el Ministro de Guerra; los treinta delegados entraron con él al Salón Rojo, donde se llevó a cabo la entrevista.

«Contreras Labarca -recuerda Lafertte- expuso los planteamientos del CROC: había que defender el movimiento, en primer término, armando a los obreros, pero no a tontas y a locas, sino organizadamente, hasta constituir una fuerza mixta de soldados, obreros y campesinos; los sindicatos debían participar en un gran organismo destinado a poner en práctica medidas inmediatas para reducir el costo de la vida y dar impulso a las industrias; era preciso dar subsidio a los cesantes, mientras se les iba enrolando en las nuevas obras públicas o en las nuevas industrias; era preciso ocupar de inmediato las tierras inactivas y dar a los campesinos créditos, semillas y herramientas.

Un diálogo de sordos

«Grove escuchaba con aire escéptico, agrega Lafertte.

«-Esas cosas no se pueden hacer, Compañero, dijo finalmente. Yo les pido a ustedes apoyo incondicional para el gobierno socialista, que está muy bien inspirado… Además les pido que abandonen la Universidad…»

Fue un diálogo de sordos. Grove insistiendo en que su gobierno era socialista, pero rechazando medidas que correspondían a una República democrática avanzada. Los comunistas pidiéndole peras al olmo. Pretendiendo llevar a la práctica una revolución socialista, lo que en 1932 era imposible, pues no existían las condiciones objetivas, menos las subjetivas para ella. Ni el PC., tampoco la Junta de Grove, estaban en condiciones de encabezar un proceso de ese tipo.

Grove tenía una actitud reformista. Los comunistas, un infantilismo revolucionario.

Lo positivo era que éstos, a pesar de las discrepancias con la política de la República Socialista, la apoyaban.

El 11 de junio participaron en la constitución de la Alianza Revolucionaria de Trabajadores, en que junto a los profesores, sindicatos industriales, el Partido Socialista Marxista, la Confederación Nacional de Cooperativas, obreros de la construcción y choferes, se unieron en un intento de defender y respaldar al sector más consecuente y decidido de la Junta.

La República de Grove, con sus defectos y vacilaciones, fue una experiencia de la cual es necesario extraer valiosas lecciones. No es posible subestimar sus aspectos positivos.

Los enemigos de la República Socialista

El imperialismo estadounidense, la oligarquía y las jerarquías militares se alzaron como los enemigos del Gobierno liderado por Marmaduke Grove.

Carlos Maldonado en “Las milicias republicanas. Historia de un ejército civil en Chile. 1932-1936”, sostiene:

«… las medidas populistas a favor de las masas trabajadoras que efectuó la República Socialista, sumadas al establecimiento de relaciones con la Unión Soviética, provocó el pánico de la oligarquía chilena y la inquietud de los Estados Unidos, por posibles nacionalizaciones».

José Vega Díaz, actor y testigo de esos acontecimientos, afirma en “La República Socialista de Grove” que la experiencia socialista «produjo pánico en los círculos financieros en Estados Unidos».

Y cita un mensaje transmitido por el Embajador yanqui en Santiago, Mr. Culberston, a Washington:

«En la Junta dominan los extremistas; graves peligros se ciernen sobre el país».

El Gobierno chileno, intentando desvirtuar las aseveraciones de ser un instrumento de la URSS, emite una Declaración en que expresaba:

«El régimen oligárquico ha sido depuesto, el nuevo Gobierno lejos de las influencias de cualquier imperialismo, sea éste de la banca extranjera o del sovietismo ruso».

Clara posición internacional que, aunque colocaba en un mismo plano a los países capitalistas y a la Unión Soviética, planteaba la independencia de Chile en el aspecto internacional, definiéndose antiimperialista.

Así lo entendieron las principales potencias burguesas: Estados Unidos e Inglaterra no reconocieron a la Junta y, más aún, le amenazaron con todo tipo de sanciones.

Las colonias extranjeras

En consonancia con las actitudes de sus respectivos gobiernos, las colonias extranjeras, que en septiembre de 1931 constituyeron piquetes de autodefensa con motivo de la insurrección de la marinería, ahora -en junio de 1932- realizaron lo mismo.

Posteriormente, el Consulado de Estados Unidos en Santiago informará:

«… las emociones de las clases bajas se estaban encendiendo y era posible esperar estallidos de violencia. La comunidad americana (es decir, los residentes estadounidenses en Chile) tenía depósitos de alimentos en el ‘Santiago College’ y había tomado medidas para la autodefensa en caso que las autoridades perdieran el control de la situación».

Las milicias republicanas

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La respuesta de la burguesía: las milicias republicanas, que sobrevivieron hasta 1936,

Por su parte, la reacción chilena no permaneció neutral.

Desde antes del 4 de junio y, comprendiendo el peligro que para sus intereses representaba el movimiento encabezado por Grove, creó las Milicias Republicanas, organizadas en base a las Guardias Cívicas.

Un miembro de esas milicias, Víctor Robles, en “Sobre la Milicia Republicana. Reflexiones”, recuerda:

«… en los días (finales) del gobierno del señor Juan Esteban Montero se vio la necesidad de un organismo que defendiera el gobierno constitucional: los sucesos del 4 de junio son su prueba. La guardia blanca manifestación de buena voluntad de los ciudadanos, no pudo armarse, como eran los deseos del gobierno en ese día negro».

Tartufismo de El Mercurio

La oligarquía, por un lado conspiraba contra la República Socialista; por el otro intentaba aparecer apoyándola. Era el caso de «El Mercurio», su principal vocero.

Con fecha 9 de junio de 1932, este diario publicó en su edición santiaguina, un artículo digno de una antología del cinismo. Escribió:

«En los primeros momentos del golpe de Estado (del 4 de junio de 1932. Nota del autor) que ha traído el cambio de gobierno, no hemos querido perturbar el ambiente. La Avanzada ha cambiado de nombre, pero su naturaleza es la misma.

Este diario no es oligarca ni demagogo, no representa ni pretende defender otros intereses que los de la colectividad, seguirá con solicitud serena y patriótica la evolución del momento; no le tememos a los cambios, porque los socialistas de hoy son los radicales de ayer y los liberales de anteayer.

Orden, prudencia y patriotismo; así y no de otra manera alcanzaremos el progreso de la República al cual aspiramos todos».

Las antiguas jerarquías de las FF AA

Las jerarquías militares, desplazadas del poder, calificaban a Grove de «comunista» y repudiaban la experiencia «socialista».

El capitán de ejército Mario Bravo Lavín, refleja el pensamiento que entonces tenía la alta oficialidad. Escribe, en Chile frente al socialismo y al comunismo”, publicado en 1934:

«El 5 de junio, la Universidad del Estado (se refiere a la Casa Central de la Universidad de Chile. Nota del autor) se transforma en cuartel general comunista y el pueblo desfila por las calles de Santiago, agitando la bandera roja. Se vive un período de amenaza inminente de desbordes populares, se forma el ‘Consejo de Obreros y Campesinos’…

Marca la República Socialista el período de mayor descrédito de Chile en Sudamérica y en el mundo, de mayor desconfianza, desconcierto y ruina en el interior».

Fin de una valiosa experiencia

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El golpista Carlos Dávila terminó con la República Socalista. Fue derrocado tres meses después.

Todas estas presiones repercutieron en el seno de la Junta, donde no tardaron en surgir serias contradicciones. El periodista Carlos Dávila, el hombre de los Estados Unidos en ella, mostró posiciones cada vez más de derecha, oponiéndose a medidas que podían afectar los intereses del imperialismo o de la oligarquía.

Conspiró contra Grove y Matte Hurtado y terminó por abandonar el gobierno el 12 de junio.

El 16 de junio, tuvo lugar frente a La Moneda una masiva manifestación en apoyo a la República Socialista. Más de cien mil personas avivaron hasta enronquecer a los líderes de ella, especialmente a Marmaduke Grove.

A esa misma hora de la tarde, se puso en marcha el golpe de Estado, encabezado por Carlos Dávila.

Unidades de la guarnición de Santiago, que le apoyaban, tomaron la Base Aérea de El Bosque y el edificio del Ministerio de Guerra.

Cuando recién los últimos manifestantes se habían retirado, soldados rodearon La Moneda. Al darse cuenta de la acción, Grove se abrió paso pistola en mano.

En un pasillo del Palacio Presidencial, tropezó con el general golpista Agustín Moreno, acompañado por el coronel Pedro Lagos y Merino Benítez, quienes lo obligaron a rendirse.
De allí lo condujeron al regimiento Dragones, en calidad de preso.

Posteriormente, junto a Eugenio Matte Hurtado, fueron desterrados a la lejana Isla de Pascua.

Así finalizó la breve República Socialista, que tuvo una existencia de sólo doce días.

A pesar de ello, esta República tuvo -como afirma el historiador soviético José Lavretski- una importante consecuencia para las futuras batallas sociales en Chile: generó el Partido Socialista, cuyo líder fue Grove».

(*) Historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER.

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