Hablemos de la Tele: Festín

Quienes representan al periodismo en varios canales de televisión -muchos de los cuales no son profesionales de la información- se hacen un festín con «noticias», comentarios, opiniones destempladas y se permiten pasar desde el proceso constituyente, a las actividades del gobierno, por la crisis económica, la delincuencia, la violencia, el conflicto mapuche y la inmigración, como si fueran inocuos temas de diversión o farándula.

Los matinales dedican gran parte de los espacios banalizando el malestar ciudadano, la carestía de la vida, escándalos de abusos de todo tipo, dramáticos casos sociales o de salud, como si fueran materiales para la entretención y el ocio de la teleaudiencia deseosa de escuchar soluciones a sus acuciantes problemas.

Las «fakes news» son parte incorporada desde las redes sociales a todas las plataformas digitales, incluidos los canales de televisión enfrentados entre sí por la publicidad, el rating y el mercado sin ninguna consideración por los televidentes que, en el pasado, se mal acostumbraron a la perversa idea de que «si lo dijo la televisión, es cierto».

Los montajes policiales, los modus operandi de la delincuencia, las «disputas» entre parlamentarios de distintos signos políticos, aparecen naturalizados y comentados con la mayor seriedad y si un mínimo margen de cuestionamiento ético.

El proceso constituyente que vivimos es de máxima trascendencia pero lamentablemente, a causa de los medios de comunicación, se ha convertido en una fatuidad, confundiendo las propuestas con los debates en las comisiones, dando por aprobadas cuestiones que ni siquiera quedaron en el primer borrador y, de paso, intentando desprestigiar, difundir desconfianza, vulgarizando la discusión reglamentada en la primera convención constitucional de la historia de Chile que, además, es modelo para otras naciones.

El gobierno de Gabriel Boric -el presidente más votado en la historia de Chile- también es maltratado con malas artes comunicacionales, por la inexperiencia de algunas autoridades pero, sobre todo, por la voluntad política del gran empresariado, de las transnacionales, la oligarquía y los propietarios de los principales medios de comunicación del país que se oponen ciega e insensatamente a los cambios de fondo indispensables en nuestra sociedad.

La crisis económica, con inflación, desaceleración, colusiones de precios y estancamiento internacional de la producción y el comercio global aparecen en las pizarras ad hoc colocadas en los sets de televisión como humoradas, especulaciones de un «señor Bolsillo» (Alejandro Guzmán), Roberto Saa, Nicolás Paut, Andrés o Nicolás Vial o Cristián Pino.

Lamentablemente estos «expertos» comparten con los animadores de matinales de igual a igual, con pésimos resultados comunicacionales.

La inseguridad, la delincuencia y otras lacras sociales terminan en manos de personajes como «tío Emilio» Sutherland -triste heredero de Pablo Honorato- y otros próceres de la dictadura, entre expertos criminalísticos, abogados, carabineros retirados y ex PDI.

Tratan -por ejemplo- de empatar las muertes de un comunero mapuche con un carabinero y otras atrocidades.

Para tratar estos y otros problemas de la actualidad nacional, los productores de programas de televisión recurren a las opiniones -entre otras y otros- de Karla Rubilar, Katherine Martorell, Jaime Mañalich, Jaime Bellolio y hasta de Juan Francisco Galli y Máximo Pavez, tristemente célebres ex personeros del gobierno de Piñera.

Incluso se ha convocado a personajes como Jorge Burgos, Mariana Aylwin, Cristian Warknen, Soledad Alvear, José Antonio Viera-Gallo, Jorge Correa Sutil y otros entusiastas promotores del Rechazo a la nueva Constitución para el 5 de septiembre próximo.

Afortunadamente el conflicto mapuche y la inmigración no cuentan con «especialistas», pero está en las manos de nuestros conocidos «rostros» televisivos que se permiten cualquier tipo de conjeturas o tesis para tratar vanamente de encontrar «soluciones» (?) para esta delicada crisis histórica, social, económica y cultural.

¿Por que no convocan a expertos como José Bengoa, Pedro Cayuqueo y otros académicos de renombre?

El «festín» periodístico se refiere a la superficialidad con que algunos comunicadores tratan estos temas en cámara como si se tratara de mera farándula.

Todo sea por el rating.

(*) Periodista

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