Nunca deja de sorprender la resiliencia del periodismo deportivo criollo, en la dudosamente noble tarea de manipular el imaginario colectivo mediante la manida secuencia del patrioterismo chovinista, la ilusión sin fundamento y la crítica despiadada, ex post, en el mayoritario caso de la derrota.

El séptimo lugar obtenido por la selección chilena de fútbol en el torneo clasificatorio para el Mundial Qatar 2022, sólo por encima de Paraguay, Bolivia y Venezuela, es un fracaso por donde se lo mire, por más que ululantes relatores y comentaristas desencajados se hayan percatado de ello no antes del primer gol de Uruguay, cuando Perú y Colombia ya ganaban sus compromisos, de modo que la segunda eliminación consecutiva de un torneo mundial, era un hecho consumado e irrevocable, y la derrota de local ante Uruguay oficiaba de apropiado crespón al fin de un ciclo, sin perspectivas a la vista.

A esta altura, profundizar en las responsabilidades en el nivel directivo, en el cuerpo técnico o en el plantel de jugadores carece de importancia, en la medida en que, desde la abrupta y escandalosa salida de Jorge Sampaoli, en enero de 2016, el proceso de selección del futbol chileno ha venido de tumbo en tumbo, en trayectoria descendente.

La estadística comparada evidencia que el ciclo 2010-2016, con clasificaciones seguidas a los mundiales Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, en ambos casos con acceso a octavos de final; y dos títulos sudamericanos, en 2015 y 2016, correspondió a una coyuntura excepcional, en la que confluyeron una notable generación de jugadores, una experimentada dirección de la ANFP, antes de Sergio Jadue, y un estilo de juego dinámico y moderno, impulsado por los técnicos José Sulantay, en divisiones menores, y Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli, en la selección mayor, ambos argentinos; que el estamento dirigente no supo consolidar ni proyectar, piñerada mediante.

Si bien el técnico con que el seleccionado de Chile obtuvo la Copa Sudamericana Centenario en 2016, fue el argentino José Antonio Pizzi, más que pertenecer al ciclo, marcó el inicio de su fin, toda vez que con el mismo plantel de jugadores, fue eliminado en el torneo clasificatorio para el Mundial Rusia 2018; al igual que ahora, tras haber cedido valiosos puntos por desaplicaciones y errores no forzados, a menudo en los minutos finales; síntoma característico de equipos mal trabajados.

Lo mismo aplica a sus sucesores, el hierático colombiano Reinaldo Rueda -eliminado con Colombia- y el sufrido uruguayo Martín Lasarte, ambos con rendimientos correlativamente deficientes.

Mientras la experiencia muestra que, tras ese breve paréntesis, el fútbol de la selección de Chile retrocedió a su tradicional estilo de posesión intrascendente con exceso de traslado lateral, carente de vértigo y repentización, dependiente en gran medida de la inspiración individual de los jugadores, y con escasas variantes, una vez que lo sacan de libreto; la estadística demuestra que la eliminación de Chile de dos torneos mundiales seguidos, no es la excepción, sino la regla.

En efecto, de 21 torneos mundiales de Fútbol convocados por la FIFA, la selección chilena de fútbol ha concurrido a nueve, es decir, el 42,8% de participación.

Sin embargo, si se descuentan el Mundial de 1930, al que concurrió por invitación, y el Mundial de 1962, en el que jugó por derecho propio, en su condición de anfitrión, se desprende que la selección de Chile ha participado en siete ocasiones, cuando ha ganado el cupo en virtud de alguno de los sucesivos sistemas de clasificación, caso en el cual el porcentaje de participación se reduce al 33,3%.

La perspectiva histórica es invalorable para comprender el lugar dónde se está. Además del hecho de que, en promedio, Chile ha participado en uno de cada tres mundiales, el rendimiento en aquellos donde lo ha hecho, lo presenta como una potencia de segundo o tercer orden, en el contexto sudamericano y global.

El período cuasi profesional

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia la Condena
Mundial Uruguay 1930. Chile 1 Francia 0

El valor del Mundial Uruguay 1930 es más simbólico que representativo, por ser el primero en su género.

Participaron 13 equipos invitados, entre ellos cuatro de Europa (Bélgica, Francia, Rumania y Yugoeslavia, únicas federaciones que no acataron el boicot), divididos en cuatro grupos; donde pasaba uno por grupo.

Chile ganó a México 3-0 y a Francia 1-0, pero perdió con Argentina 1-3.

Con dos victorias, el equipo semi profesional de Chile, entrenado por el húngaro György Orth, quedó en el quinto lugar de la tabla general con 4 puntos, dos partidos ganados, uno perdido, 5 goles a favor, 3 en contra y un aceptable rendimiento del 66,5%.

En los mundiales de Italia 1934, segundo torneo mundial de la FIFA y Francia 1938, tercero, Chile aunque fue invitado se negó a participar. En el primer caso en solidaridad con Uruguay, quién devolvió la mano por el boicot europeo al mundial de 1930, mientras que en el segundo, adhirió al boicot sudamericano por haberse elegido por segunda vez una sede europea, en lugar de Argentina, a la que consideraban con mejor derecho.

Tas la sombría pausa de la segunda guerra mundial, la FIFA pagó esa deuda, adjudicándole el cuarto mundial a Brasil, en 1950; el primero con torneos clasificatorios previos, por continente.

Chile integró el grupo clasificatorio con Argentina y Bolivia. Sin embargo, el retiro de Argentina y la declinación de Colombia, les permitió la clasificación sin jugar.

Al mando del técnico Alberto Buccicardi, integró el grupo B. Debutó con una derrota 0-2 ante Inglaterra; perdió por el mismo marcador con España, o cual lo dejó eliminado, no obstante lo cual ganó por 5-2 a Estados Unidos, el score más abultado de Chile en un mundial.

Al final del día, quedó en la novena posición entre trece, con 2 puntos, una victoria, dos derrotas, 5 goles a favor, 6 en contra y un rendimiento del 33,3%.

Sin embargo, jugadores carismáticos, como Sergio Livingstone, Jorge Robledo, Fernando Riera y Atilio Cremaschi, empezaron ser reconocidos como ídolos de una creciente hinchada.

Otra cosa es por los puntos

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia l0 Condena
Clasificatorias Suiza 1954. Chile 1 Paraguay 3

Para el Mundial Suiza 1954, Chile jugó la ronda clasificatoria contra Brasil y Paraguay, en partidos de ida y vuelta. El resultado fue un desastre. Perdió con ambos, en los dos partidos. Cosechó 1 gol a favor y 10 en contra, y un rendimiento del 0%. El técnico fue Luis Tirado.

A pesar de segundo lugar en el Sudamericano de 1956, en Montevideo, donde ganó a Brasil 4-1, el resultado del torneo clasificatorio sudamericano para el Mundial de Suecia 1958, fue casi tan malo como cuatro años antes.

Nueve equipos sudamericanos compitieron por tres cupos, divididos en tres grupos, con partidos de ida y vuelta. El seleccionado de Chile, bajo la dirección técnica del húngaro Ladislao Pakozdi, integró grupo con Argentina y Bolivia. Ganó 2-1 a Bolivia como local y perdió 0-3 como visita. Argentina lo derrotó en ambos encuentros: 0-2 como local y 0-4 como visita. En suma logró dos puntos, con lo que quedó último en el grupo, producto de una victoria y tres derrotas, con 2 goles a favor, 10 en contra y un paupérrimo rendimiento del 25%.

El Mundial Suecia 1958 tuvo la virtud de iniciar el formato de torneo vigente hasta Francia 1998: 16 equipos divididos en cuatro grupos, donde pasan dos a la fase siguiente, formándose cuatro parejas en cuartos de final. Los cuatro ganadores clasificaban a semi finales, y los ganadores de cada llave, a la final.

En Francia 98 la FIFA elevó la participación a 32 selecciones, en ocho grupos de a cuatro, todos contra todos, iniciándose la fase de eliminación directa en octavos de final. El Mundial Canadá/Estados Unidos/México 2026, el primero en tres sedes, aumentará a 48 participantes, divididos en 16 grupos de tres, y eliminatorias directas a partir de dieciseisavos de final. La CONMEBOL ​subirá de 4,5 a 6 participantes, es decir, del 45 al 60% de sus asociados, lo cual naturalmente mejora las posibilidades de cada uno.

El resultado del proceso Rueda/Lasarte fue tan deplorable, que aún en ese propicio escenario clasificatorio, Chile no habría entrado.

El fracaso en el torneo clasificatorio para el Mundial Suecia 1958 generó una saludable sacudida, reacción enérgica en los tres estamentos que componen el fútbol profesional; a saber, dirigentes, técnicos y jugadores. No era para menos, pues en el Congreso de la FIFA de Lisboa, 1956, el entonces presidente de la Asociación Central de Fútbol, Carlos Dittborn, comandó la hazaña de lograr que, para sorpresa general, la FIFA le asignara a Chile, y no a Argentina, la séptima Copa Jules Rimet, como se llamaba entonces, en 1962; sin duda el mayor logro del fútbol chileno de todos los tiempos, por más que no se haya jugado en la cancha, o tal vez por lo mismo.

El Mundial del 62 y el ciclo de Fernando Riera

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia l0 Condena
Mundial Chile 1962. Cuartos de final: Chile 2-Rusia 1; 10/06/62, Arica. Segundo gol de Chile, Leonel Sánchez de tiro libre.

El caso fue que, bajo la presidencia de Eugenio Velasco, la Asociación Central de Fútbol contrató para un proceso de cinco años, inédito hasta entonces, a un destacado ex jugador, y técnico formado en Francia, Fernando Riera Bauzá, hombre que dio vuelta una página en la historia del fútbol chileno. No solo por resultados, sino porque estos llegaron como consecuencia de una concepción y planificación integral, que por primera vez llegaba a estas costas, con el mérito adicional de provenir de un chileno.

El artículo Fernando Riera, el maestro que revolucionó al fútbol chileno, , rescata algunas de sus opiniones, que retratan su filosofía:

«No se trata solo de entrenar un equipo a cinco años plazo. Se me ha contratado para hacer muchas cosas, muy interesantes, al estilo europeo. Preparar no solo un contingente internacional, sino crear un clima, reestructurar unos cimientos, hacer penetrar un estilo que se avenga con las características del jugador nuestro. No vamos a trabajar solamente un determinado número de jugadores y yo. Tengo la pretensión de interesar en esta amplia labor a todos los resortes que forman el engranaje de la máquina futbolística del país; provocar un acuerdo, una conciencia colectiva uniforme. Que haya mucha gente que piense igual y que esté dispuesta a trabajar por el fútbol chileno y porque éste salga bien de su gran responsabilidad».

Impuso la disciplina; estableció la concentración previa a los partidos; mejoró los estándares técnicos del adiestramiento, incluyendo giras internacionales, con rivales de primer nivel; requirió dedicación exclusiva y exigió condiciones para que esto pudiera ser posible; en otras palabras, estableció las bases de la profesionalización del fútbol chileno.

Era tal el nivel de confianza en su proyecto, que soportó con estoicismo las críticas por el hecho de que, habiendo sido contratado en 1957, solo a principios de 1959 dirigió el primer partido de la selección adulta. Sucede que durante esos dos primeros años, se dedicó a armar la base del plantel que eclosionó, en lo mejor de su curva de rendimiento, en el Mundial de 1962, con una hornada de jugadores jóvenes preparados por Riera, como Luis Eyzaguirre, Jorge Toro, Humberto Cruz, Honorino Landa, Alberto Fouilloux y Mario Lepe, que alternaron con jugadores experimentados, tales como el arquero, Misael Escuti, los defensas centrales Raúl Sánchez y Carlos Contreras, el volante central Eladio Rojas, y los delanteros Jaime Ramírez, Carlos Campos y Leonel Sánchez.

Los resultados le dieron la razón a Riera. A Chile le tocó el denominado «grupo de la muerte», con Alemania, Italia -ambos excampeones del mundo- y Suiza.

En el debut, perforó el cerrojo suizo por 3-1, y luego abatió a Italia 2-0, en la denominada «batalla de Santiago», uno de los partidos más violentos en la historia de los mundiales.

Perdió 1-3 con Alemania, resultado que lo dejó segundo en el grupo.

Ganó 2-1 a Rusia en cuartos de final, y perdió 2-4 con Brasil, en semi-finales.

Derrotó 1-0 a Yugoeslavia en partido por el tercer puesto.

Cuatro victorias y dos derrotas, 10 goles a favor y 8 en contra y un rendimiento del 66,7%; el éxito deportivo más importante en la historia del fútbol chileno, no igualado hasta hoy, única vez que jugó el escalafón completo de seis partidos en un mundial. Nada tan impresionante, si se considera que Brasil lo ha hecho en cinco ocasiones, todas ellas con el título, además, y que Argentina lo ha hecho en cuatro ocasiones, dos de ellas con el título.

Sin embargo, el Mundial del 62 hizo más. Instaló al fútbol en lo más hondo de la cultura popular y lo convirtió, por lejos, en la principal actividad de masas del país, con ventaja sobre cualquier categoría sociológica con que se le compare, incluyendo la religión y la política.

Tal como ocurriría 56 años después, el fútbol chileno no fue capaz de consolidar y proyectar el avance representado por el Mundial del 62.

En primer lugar, porque Riera regresó desde donde había venido, es decir, al fútbol europeo, puntualmente, el Benfica de Lisboa, club con el que conquistó la Copa de Europa, en 1962, y el título de Portugal, un año más tarde. Enseguida, porque su reemplazante, Luis Alamos, a pesar de los éxitos de Universidad de Chile, en la época del «ballet azul», y de que era un hábil estratega, carecía de la concepción multidimensional de Riera, y porque, además, el directorio de la Asociación Central de Fútbol, presidida entonces por Antonio Labán, no consideró necesario mantener un proceso exhaustivo a nivel de selección, como el que encabezó Riera.

Naufragio en aguas de Su Majestad

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia l0 Condena
Mundial Inglaterra 1966. El saludo de los capitanes, Pak Seung-zin de Corea del Norte y Leonel Sánchez, de Chile.

En el torneo clasificatorio para el Mundial Inglaterra 1966, que ofrecía cuatro cupos para nueve aspirantes, Chile hizo parte del grupo 2, con Colombia y Ecuador. Con Colombia, ganó 7-2 de local y perdió de visita 0-2. Empató con Ecuador 2-2 de visita y ganó 3-1 de local. Con puntaje igualado con Ecuador, fueron a un partido de desempate, en Lima, donde obtuvo la tercera plaza, al ganar 2-1.

Chile entró por primera vez a un Mundial superando la fase de clasificatoria, toda vez que en sus tres presentaciones previas, lo había hecho por invitación, derecho de organizador, y deserción de rivales, respectivamente.

En el Mundial, Chile integró el grupo D, con Unión Soviética, Italia y Corea del Norte.

Las expectativas eran elevadas por el antecedente del tercer lugar de 1962; porque parte importante de ese plantel -seis de once titulares, cuatro de ellos de Universidad e Chile- formaba la base del actual, a la que se sumó talento emergente, como Elías Figueroa, Rubén Marcos y Francisco Valdés; proceso comandado por el sucesor natural de Riera, el experimentado y astuto Luis «Zorro» Alamos.

En el debut, Italia tomó desquite de la batalla de Santiago, con un inapelable 2-0. El segundo partido, con Corea del Norte, resultó en un deslucido empate 1-1, amargo por llegar en el último minuto. Unión Soviética le colocó la lápida al ciclo, con victoria 2-1.

Chile quedó en la última posición del grupo con un empate, dos derrotas, 2 goles a favor, 5 en contra y un inesperado 16,6% de rendimiento.

El siguiente Mundial, México 1970, Chile lo vio por televisión, toda vez que en el grupo clasificatorio llegó segundo, tras Uruguay. Empató 0-0 en Santiago, y perdió 0-2 en Montevideo. Ganó 4-1 a Ecuador, y empató 1-1 en Guayaquil. En la estadística, quedó en sexto lugar entre diez competidores, con una victoria, una derrota y dos empates, 5 goles a favor, 4 en contra y un discreto 44,4% de rendimiento.

La dirección técnica estuvo a cargo del argentino Salvador Nocetti. De los once titulares, cinco provenían de Universidad de Chile, tres de Universidad Católica, y uno de Audax Italiano, Colo-Colo y Santiago Morning.

En el confuso período que sucedió a ese fracaso, cinco entrenadores desfilaron por la banca de la selección chilena: Francisco Hormazábal, Fernando Riera, Luis Vera, Raúl Pino y Rudolf Gutendorf, antes de que, in extremis, en un asombroso caso de hommo resurrectus, irrumpiera por los palos Luis Alamos, a caballo del impetuoso Colo-Colo 1973, vice-campeón de la Copa Libertadores de América, para asumir el mando en el torneo clasificatorio al Mundial Alemania 1974.

En el primer caso, la descalificación de Venezuela, de lo que resultó un play off de eliminación directa entre Chile y Perú. En el partido de ida, Chile cayó 0-2 en Lima, idéntico marcador que devolvió de local. En el desempate, en Montevideo, Chile timbró pasajes al repechaje con Unión Soviética, con victoria 2-1.

En el segundo, por la negativa de Unión Soviética de jugar en el Estadio Nacional, recinto donde hasta días antes, se había matado y torturado, sin otro propósito que infundir terror, técnica aprendida en escuelas yanquis de entrenamiento, con arreglo lóbrega y paranoica Doctrina de la Seguridad Nacional. menor justificación.

La FIFA se negó a trasladar el partido a una cancha neutral. Es más, organizó una macabra charada televisada, donde, en un estadio semi vacío, cuatro jugadores chilenos avanzan sin oposición, pasándose el balón, hasta que el capitán, Francisco ‘Chamaco’ Valdés, anota a portería desierta. Telón, la farsa termina. Nadie celebró.

El Mundial de Don Otto

Una vez más, el ciclo de la sobredimensión de las expectativas operado por los medios, se estrelló contra la correosa realidad de la competencia internacional. Más aún, cuando en el mismo grupo cohabitaban las dos Alemania, y una desconocida pero cerril Australia.

En el Grupo A, Chile empató 1-1 con Alemania Democrática, 0-0 con Australia, y cayó por 0-1 ante Alemania Federal.

Llegó tercero entre cuatro en el grupo, y en la tabla general, undécimo entre dieciséis, con 2 partidos empatados y 1 perdido, con 1 gol a favor y 1 en contra, y un pobre rendimiento del 33,3%.

Carlos Caszely, goleador de la Copa Libertadores 1973, tuvo del dudoso honor de ser el primer expulsado directamente con tarjeta roja en la historia de los Mundiales, en el encuentro con Alemania Federal.

En el torneo clasificatorio para Argentina 1978, Perú devolvió gentilezas, toda vez que clasificó primero en el grupo, C que integró con Chile y Ecuador. Ganó 2-0 en Lima y empató 1-1 en Santiago.

Chile ganó a Ecuador 1-0 en Guayaquil, y 3-0 en Santiago; quedó segundo, con 5 puntos, producto de dos victorias, una derrota y un empate, 5 goles a favor, 3 en contra y un rendimiento del 62,5%. El equipo, formado en su mayoría por figuras consagradas, pero ya en declinación, fue dirigido por Caupolicán Peña.

Hablar es gratis

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia l0 Condena
Mundial España 82. El fiasco de Luis Santibáñez.

En el mundial España 82, la FIFA aumentó los participantes a 24, con 4 plazas para Sudamérica; en rigor 3, al descontar Argentina, vigente campeón.

Chile clasificó al ganar invicto el grupo 3, con Ecuador y Paraguay. Empató 0-0 con Ecuador de visita y lo derrotó 2-0 en el Estado Nacional. A Paraguay lo venció en ambas ocasiones: 1-0 de visita, y
3-0 de local. Quedó en segundo lugar de la tabla general, con tres victorias y un empate; 6 goles a favor, 0 en contra y un rendimiento del 87,5%.

El inusual éxito en el torneo clasificatorio envaneció al cuerpo técnico, dirigido a la sazón por Luis Santibáñez, quién llegó a farolear con la meta del campeonato, y a los jugadores, quienes perdieron valioso tiempo participando en programas de farándula y entrevistas en televisión.

Así les fue. La dureza de la competencia internacional demostró a) que hablar es gratis y b) que la competencia local se alejaba cada vez más de ese nivel.

Se hicieron cambios en el sistema de competición: seis grupos de a cuatro; los dos ganadores de cada grupo configuraban un cuadro de cuatro bloques, de tres participantes, bajo el mismo sistema.

Los ganadores de grupo pasaban a eliminación directa, con semifinales y final, esquema que solo sería utilizado en esa edición. El Mundial España 1982 fue la primera en contar con representantes de todos los continentes.​

Chile integró el grupo 2, en las ciudades de Gijón y Oviedo, con Alemania Federal, Austria y Argelia.

Perdió los tres partidos en línea: 0-1 con Austria, 1-4 con Alemania y 2-3 con el debutante Argelia; tres goles a favor, ocho en contra y un rendimiento de 0%. Uno de los fracasos más estruendosos en la escasamente gloriosa historia del fútbol chileno en los mundiales; corroborado por el hecho de que la mayoría de la gente recuerda un ramalazo negativo: el penal que falló Caszely, por un metro a la derecha de la estirada del arquero de Austria, Friedrich Koncilia, que pudo cambiar el desenlace del partido.

En la décimo tercera Copa del Mundo, en 1986, le tocó repetir a México, 16 años después, ante la declinación de Colombia, por imposibilidad de cumplir el cuaderno de cargos exigido por la FIFA.

Las diez selecciones de la CONMEBOL fueron derivadas en tres grupos, con encuentros a ida y vuelta, uno de los grupos con cuatro participantes y los otros dos grupos con tres. El primero de cada grupo clasificaba a la Copa Mundial de Fútbol de 1986, mientras que el segundo y el tercer puesto del grupo 1, enfrentaban un play-off de ida y vuelta con semifinales y una final para designar al cuarto participante.

Chile empató 1-1 con Ecuador de visita, y ganó 6-2 de local. Ganó 2-0 a Uruguay en Santiago, y perdió 1-2 en Montevideo, pero como Uruguay ganó de visita a Ecuador, obtuvo el cupo directo. Chile debió ir a un repechaje con Perú, mientras por su parte, se eliminaban Colombia y Paraguay.

Chile derrotó a Perú 4-2 de ida y 1-0 de vuelta, mientras Paraguay clasificó por diferencia de gol.

En la definición, Paraguay clasificó con victoria 3-0 en Asunción y empate 2-2 en Santiago.

Chile quedo quinto entre diez, con 5 puntos, consecuencia de dos triunfos, 1 derrota y un empate, 10 goles a favor y 5 en contra, y un 62,5% de rendimiento. Otra frustración en la puerta del horno.

El condoro del cóndor

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia l0 Condena
Clasificatorias Mundial Italia 1990. La imagen demuestra que la bengala cayó a más de un metro de Roberto Rojas.

En la siguiente parada del tour, el torneo clasificatorio para el Mundial Italia 1990, el fútbol chileno experimentó el mayor bochorno en la historia de los mundiales, inédito e insólito por donde se lo mire.

Nueve selecciones disputaban 2,5 cupos. Chile integró el grupo 3, con Brasil y Venezuela. Venció a Venezuela 3-1 de visita y 5-0 de local; y empató 1-1 como local ante Brasil. El grupo se definía el 3 de septiembre de 1989, en el Maracaná. Igualados en puntaje, Brasil tenía mejor diferencia de gol, de modo que le bastaba el empate. A Chile no le servía otra que la victoria.

El técnico chileno, Orlando Aravena, encendió el ambiente con declaraciones odiosas e innecesarias, al estilo Santibáñez, en la peculiar teoría de que el fútbol se gana en los pasillos de las catedrales, las antesalas de los corruptos, los arbitrajes en venta y las portadas de diarios o programas de televisión.

Pero en el fútbol mandan, antes que nada, los hechos. Así, a los 49 minutos, Careca anotó un gol que sentenciaba la ilusión de Chile.

En el minuto 67, una bengala, disparada por una mujer desde la tribuna local, cae cerca del arquero, Roberto Rojas, quién cayó al suelo como alcanzado por un rayo, con abundante sangre inundándole el rostro.

En medio de una batahola de nunca entender, Chile se replegó al camarín, y tras breve conciliábulo entre el capitán del plantel, Fernando Astengo, y el presidente de la ANFP, Sergio Stoppel, Chile decidió no volver al campo de juego, por falta de garantías.

En Santiago, una turba enfurecida apedreó la embajada de Brasil. La prensa desencadenó una airada campaña chovinista. Los seleccionados fueron recibidos como héroes, Rojas en particular.

Para verdades, el tiempo. Una foto del reportero gráfico argentino, Ricardo Alfieri, que cubría el evento por cuenta de revista El Gráfico, mostró que la bengala no cayó sobre Rojas, sino a más de un metro de distancia. Sumado a ello, la herida no mostraba signos de quemaduras ni rastros de pólvora, compatibles con una bengala, sino un corte fino y parejo, característico de un objeto muy afilado.

Forzado por la evidencia, y seguro que también por la consciencia, a lo Raskólnikov, Rojas confesó haberse cortado el rostro con una hoja de afeitar oculta en su guante, para simular un ataque de los hinchas brasileños; plan orientado a conseguir la programación de un nuevo partido definitorio en cancha neutral.

Descubierta la verdad, el 10 de septiembre, la FIFA resolvió dar el partido por ganado 2-0 a Brasil, multar a la federación brasileña por el incidente y pasar los antecedentes al Comité de Disciplina para esclarecer los hechos.

Las sanciones fueron drásticas. Rojas, el técnico Orlando Aravena, el médico Daniel Rodríguez y el dirigente Sergio Stoppel fueron suspendidos a perpetuidad, si bien serían luego indultados. El defensa Fernando Astengo recibió cuatro años de castigo como responsable del retiro del equipo. La selección chilena de fútbol quedó suspendidas para las clasificatorias de Estados Unidos 1994.

Za-Sa Goleadores & Cía. Ltda.

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia l0 Condena
Mundial Francia 1998. La dupla Za Sa: garantía de gol.

El fútbol chileno volvió al ruedo del fútbol mayor en el torneo clasificatorio para el mundial Francia 1998, el primero en disputarse en modalidad todos contra todos, en partidos de ida y vuelta, con un nuevo sistema de tres puntos al ganador y uno al empate; sin duda la competencia futbolística más desgastadora y ruda del mundo.

El proceso lo inició el vasco Xabier Azkargorta, quién nunca logró convencer al hincha y la prensa deportiva, a pesar de un palmarés de 9 victorias, 5 derrotas y 4 empates. Renunció por la críticas recibida ante el empate 1-1 obtenido en Ecuador, y fue sucedido por el uruguayo nacionalizado Nelson Acosta, que aprovechó oportunistamente la ocasión. Disponía de un equipo experimentado y competitivo, donde destacaban Iván Zamorano y Marcelo Salas, dos goleadores de fuste, como nunca había tenido Chile.

Luego de la extenuante competencia, Chile obtuvo la cuarta plaza clasificatoria con 25 puntos, derivados de siete triunfos, cuatro empates y cinco derrotas, con 32 goles a favor, 18 goles en contra y un rendimiento del 52%.

En el Mundial, Chile integró el grupo B, con Italia, Austria y Camerún, donde enhebró tres empates al hilo: 2-2 con Italia, 1-1 con Austria y 1-1 con Camerún. Por primera vez desde el Mundial del 62, pasó de la fase de grupos, enfrentando a Brasil en octavos de final, que lo goleó 4-1.

Así como el Mundial España 82 se recuerda por el penal perdido por Caszely, el de Francia 98, por el que cobró el árbitro nigeriano Lucien Bouchardeau, por supuesta mano en el área de Ronald Fuentes, en el minuto 83 del partido contra Italia, que Roberto Baggio convirtió en gol para decretar el empate final. El hincha piensa que sin ese penal, Chile habría ganado el grupo, y por tanto no hubiera enfrentado a Brasil. Evidente, solo que si el el gallo pusiera huevos, sería la gallina.

Sin embargo, un nuevo rasgo alteró la estructura de la selección chilena de fútbol.

En el Mundial Francia 98, cuatro de los 22 jugadores de la nómina, provenían de clubes del extranjeros, un 18,1%; proporción que subió a diez, un 45,4%, en la clasificatoria para Alemania 2006; dieciséis, 72,7% en la clasificatoria para Sudáfrica 2010; dieciocho en Brasil 2014, 81,8%, y veinte en la clasificatoria para Qatar 2022, 90,9%.

Así, ¿cómo se puede tener una competente selección nacional, si el problema se reduce a llamar a los mejores que juegan en el exterior?

Ultimo, arreando el piño

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia l0 Condena
Clasificatorias Mundial Corea-Japón 2002. Inédita derrota 0-2 con Venezuela en el Estadio Nacional.

En el torneo clasificatorio para el Mundial Corea-Japón 2002, Chile experimentó uno de los mayores fracasos deportivos de su discreta historia mundialera. El proceso empezó con Nelson Acosta, pues se consideró un éxito haber pasado a octavos de final el mundial pasado.

Sin embargo, desde el 1-4 en Argentina, el equipo nunca engranó. Solo en las fechas sexta y séptima, con victorias 2-0 sobre Venezuela como visita, y 3-0 sobre Brasil, como local, ocupó la sexta colocación en la tabla. En el resto de la competencia, osciló entre la octava y décima ubicación.

Después del 0-2 ante Argentina en Santiago, el directorio de la ANFP reemplazó a Acosta por Pedro García; quién no hizo sino proseguir la pendiente negativa: de 5 partidos, empató uno y perdió cuatro.

Luego de la inédita derrota 0-2 con Venezuela, en el Estadio Nacional, ante una atónita concurrencia, García fue reemplazado por Jorge Garcés, que siguió cuesta abajo en la rodada: de tres partidos, empató uno y perdió dos.

Raya para la suma, Chile remató en décima posición entre diez, con 12 puntos, corolario de tres victorias, tres empates y doce derrotas, con 15 goles a favor y 27 en contra, y un rendimiento del 22,2%. Un desastre.

En clave similar, con tonalidad de frustración apenas más discreta, resultó la siguiente parada del tren mundialista, el torneo clasificatorio sudamericano para el Mundial Alemania 2006.

El proceso encabezado por Juvenal Olmos, un joven técnico formado en casa, se recuerda por haber utilizado 56 jugadores para no haber ido a parte alguna. La derrota 1-2 en Asunción, a falta de cinco partidos, gatilló su salida, con un «record» de tres victorias, cinco empates y cinco derrotas.

De emergencia, la ANFP rescató desde la sombra a Nelson Acosta, que con dos victorias, una derrota y un empate, no pudo modificar una eliminación tempranamente sentenciada. En el balance, Chile quedó séptimo entre diez, con 22 puntos, consecuencia de cinco victorias, siete empates y seis derrotas, 18 goles a favor, 22 en contra y un rendimiento del 40,7%.

Bielsa y la generación dorada

Chile en los Mundiales de Fútbol : La Historia l0 Condena
Mundial Sudáfrica 2010: Marcelo Bielsa y Arturo Vidal, exponentes de un ciclo exitoso.

Como no ocurría desde 1957, inicio del ciclo de Riera, los tres factores del fútbol se alinearon en una conjunción exitosa, y tratándose de Chile, por ende, excepcional.

Después del autoritario y opaco sexenio de Reinaldo Sánchez, titular de la ANFP durante los dos últimos descalabros, y del breve interinato de José José Abdalah, asumió la presidencia el administrador público, periodista y funcionario de la FIFA, Harold Mayne-Nicholls, quién utilizó su influencia para convencer al prestigiado director técnico argentino, Marcelo Bielsa, de iniciar un plan de largo plazo, con todas las atribuciones para lograr un cambio en el fútbol chileno, a partir de una generación de jóvenes jugadores formados por José Sulantay en la mentalidad de fútbol dinámico, entre ellos, Arturo Vidal, Alexis Sánchez, Claudio Bravo, Gary Medel, Matías Fernández, Mauricio Isla, y Jorge Valdivia, por mencionar los más representativos.

Lo mejor que puede decirse de Bielsa, es que deja una huella imperecedera en los jugadores que dirige, a quienes exige dar lo mejor de sí, no solo dentro de la cancha, porque, al igual que Riera es un formador integral, preocupado hasta el más mínimo detalle para mejorar el rendimiento, sin olvidar que el fútbol es un deporte, y por tanto, comporta valores que no compatibilizan con la victoria a todo evento, si no es por medios legítimos, limpios y transparentes.

En el extenuante torneo clasificatorio sudamericano para el Mundial de Sudáfrica, la selección de Bielsa, luego de un vacilante comienzo, impuso un estilo de juego colectivo, dinámico, de presión alta, transición breve y generoso despliegue, que le dio espléndidos dividendos.

En la octava fecha logró el cuarto lugar, cota de clasificación, y de ahí en más siguió subiendo hasta rematar en segundo lugar, detrás de Brasil, con 33 puntos, provenientes de diez victorias, tres empates y cinco derrotas, 32 goles a favor, 22 en contra y 61,1% de rendimiento.

En la fase final, Chile integró el grupo H, junto a España, Suiza y Honduras. Ganó 1-0 a Honduras, mismo marcador con Suiza, y perdió 1-2 con España.

La victoria sobre Honduras, el 16 de junio de 2010, en el estadio Mbombela, de Nelspruit, fue la primera en un mundial desde desde el 16 de junio de 1962, ocasión en que Chile obtuvo el tercer lugar de la Copa del Mundo, al vencer 1-0 a Yugoeslavia, 48 años antes.

Así de módica es la historia del fútbol chileno en los mundiales. Chile remató segundo en el grupo, y por una especie de maldición que se repite una y otra vez, le tocó eliminarse con Brasil en octavos de final, el cual le propinó la dosis habitual: 3-0.

Piñera devuelve la mano

Bielsa quería seguir; de hecho permaneció a cargo de la selección hasta el 23 de enero de 2011. Pero en uno de los mayores yerros en el nivel del directorio en la historia del fútbol chileno, se cambió, a precio de ocasión, lo probado por lo probable, lo bueno por lo pasable, la velocidad por el trote y el éxito por el conformismo.

Una conspiración dirigida desde La Moneda, en complicidad con los clubes «grandes», torpedeó reelección de Mayne-Nicholls en la ANFP, para impulsar la fallida candidatura del español Jorge Segovia, impugnada por motivos legales.

Piñera sabía que sin Mayne-Nicholls, Bielsa difícilmente aceptaría seguir, y por tanto, soltó sus operadores para lograrlo. Nunca le perdonó haberlo dejado con la mano tendida, en una recepción en La Moneda, el 1 de julio de 2010, a la llegada de Sudáfrica; entre otras cosas, porque Bielsa consideraba que octavos de final no daba para una invitación presidencial, y por tanto, se trataba de una de las típicas avivadas de Piñera, para sacar réditos políticos de corta distancia. .

En una nueva elección, se impuso el esperpéntico Sergio Jadue, hoy prófugo de la justicia, gozando de la extraña protección del sistema jurídico norteamericano; cuya primera medida consistió en designar a Segovia en la vicepresidencia. Ese mismo día renunció Bielsa, quién había anticipado que con Segovia no trabajaría.

En su lugar, asumió Claudio Borghi, también argentino, un técnico de corte convencional, cuyo principal mérito consistía en conocer bien al fútbol chileno, en el que había jugado por, y entrenado a, Colo Colo. En sintonía con este registro, el desempeño del seleccionado bajo la conducción técnica de Borghi, fue mediocre, partiendo con la Copa América de 2011.

Es cierto que clasificó a cuartos de final, en virtud de dos victorias, 2-1 a México y 1-0 a Perú, y un empate 1-1 con Uruguay; pero también lo es que en en esa fase fue aliminado por Venezuela, 1-2, que por primera vez en su historia accedió a semifinales. En la tabla general, quedó en quinta posición, con dos victorias, un empate y una derrota; 5 goles a favor, 4 en contra y un rendimiento del 38,8%.

De la misma talla fue su comportamiento en el torneo clasificatorio sudamericano para el Mundial Brasil 2014. Inició parejo, ganando lo que tenía que ganar, 4-2 a Perú y 2-0 a Paraguay, de local, y perdiendo con los que tenía que perder, 1-4 Argentina y 0-4Uruguay, de visita. Insinuó una remontada, con victorias de visita, 2-0 en Bolivia, y 2-0 a Paraguay, pero una racha de tres derrotas consecutivas, dos de ellas de local, 1-3 con Colombia y 1-2 con Argentina, y otra de visita, 0-3, con Ecuador, que lo dejó en quinto lugar, en zona de eliminación, acabó con más pena que gloria, el ciclo de Borghi, no tanto por los resultados, sino por retroceso en identidad futbolística y estilo de juego.

La fugaz reactivación de Sampaoli

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Mundial Brasil 2014: Sampaoli retorna al fútbol dinámico.

En la emergencia, el directorio de Jadue sacó el as bajo la manga de Jorge Sampaoli, que venía precedido de éxitos como en Emelec, donde obtuvo la designación de mejor equipo del mes del mundo en junio de 2010 según la IFFHS, y cuatro títulos consecutivos con Universidad de Chile: Apertura 2011, Clausura 2011, Apertura 2012 y Copa Sudamericana 2011, esta de manera invicta, marca inédita en el fútbol chileno.

La apuesta dio resultado, y en cierto sentido, representó un retorno al carril anterior, si bien solo en el campo de juego.

Sampaoli se caracteriza por una atención obsesiva al detalle, y un estilo de juego dinámico, con rotación de jugadores, presión sobre la pelota, movimientos coordinados y ocupación del espacio con y sin pelota, y llegada al gol como consecuencia de lo anterior, atributos propios de una academia de sólidos fundamentos, como la de Bielsa. ​

En su debut en la banca de Chile, perdió 0-1 con Perú. Pero de ahí en adelante, se abrió paso con autoridad en el torneo clasificatorio más difícil del mundo: en 11 partidos, ganó 7, empató 1 y perdió 2. Chile quedó en tercer lugar, con 28 puntos, sumados nueve triunfos, un empate y seis derrotas, 29 goles a favor, 25 en contra y un rendimiento del 58,3%.

En la fase de grupos, Chile jugó con Países Bajos, ex-Holanda. España y Australia; nada de coser y cantar, como se ve. Ganó 3-1 a Australia, y 2-0 a España. Al perder 0-2 con Países Bajos, remató segundo en el grupo, lo cual supuso eliminación con…Brasil.

En esta oportunidad, las cosas serían distintas en resultado, pero iguales en consecuencias: Brasil a cuartos de final.

Empatado 1-1 el partido, con neto dominio chileno en el tramo final, en el minuto 119 del alargue, el centro delantero Mauricio Pinilla, en posición frontal, a la entrada del área, estrelló un derechazo en el travesaño del arco defendido por Julio César.

La definición por penales fue ganada por Brasil 3-2, en virtud de un remate de Gonzalo Jara, que también sacudió un poste.

El palo de Pinilla se integró a las melancólicas letanías de comentaristas profesionales, oficiosos o de ocasión, acerca de lo cerca que estuvo el objetivo, seguidas de la filosofía de lo que pudo ser y no fue, rematadas con la inevitable asociación con el penal que perdió Caszely, o el que inventó Bouchardeau. Faroleos de una cultura entre chovinista y mediocre, ávida de blasones tan vagos como huidizos, espoleados por mercaderes de ilusiones y agentes de desinformación.

El ciclo de Sampaoli incluyó la cuadragésima cuarta edición de la Copa América 2015, en Santiago, coincidente con la mejor curva de rendimiento de la generación dorada. Participaron las diez selecciones de Sudamérica, más México y Jamaica, invitados.

En su grupo, Chile ganó 5-0 a Bolivia, 2-0 a Ecuador, y empató 3-3 con México. En cuartos de final, eliminó a Uruguay 1-0, y en semi-finales, a Perú 2-1. En la final, empató 0-0 con Argentina en 120 minutos, y ganó la definición a penales 4-1. Salió campeón por primera vez en su historia, con 14 puntos, determinados por cuatro partidos ganados y dos empatados, 13 goles a favor, 4 en contra, y 77.78% de rendimiento.

En octubre de 2015, inició el torneo sudamericano clasificatorio para Rusia 2018, con tranco firme: victorias 2-0 de local, sobre Brasil, y 4-3 con Perú de visita. perdió 0-3 en Uruguay, el 17 de noviembre de 2015, último partido de Jorge Sampaoli como técnico de la selección chilena de fútbol.

Sucedió que ese mismo día, salió casi escondido de Chile, rumbo a a Estados Unidos, Sergio Jadue, con el propósito de negociar su entrega a la justicia a cambio de información, en la mega investigación contra la corrupción en la FIFA, que no dejó títere con cabeza, empezando por el Presidente, Joseph Blatter, siguiendo por el Presidente de la CONMEBOL, Nicolás Leoz y el propio Jadue, entre muchos, hasta manchar la gloria deportiva de ídolos indiscutibles, como Franz Beckenbauer y Michel Platini.

Así como Bielsa no aceptó seguir sin Mayne-Nicholls; Sampaoli tampoco sobrevivió al derrumbe de Jadue.

Pero Mayne-Nicholls no es Jadue, ni Bielsa Sampaoli.

Si Bielsa se fue en rechazo de una artera maniobra política, Sampaoli lo hizo cuando se hicieron públicas las millonarias y enrevesadas cifras de su contrato. De hecho, se atrincheró en Pinto Durán hasta rescindir la cláusula que le exigía un importante desembolso, en caso de renuncia anticipada; numerito que posteriormente repitió, en su salida de Argentina.

Solo por características de juego se puede asociar a Bielsa con Sampaoli. Mientras que a Bielsa la hinchada lo recuerda con cariño; de Sampaoli, tras la paletada, nadie ha dicho mucho.

El canto del cisne

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Juan Antonio Pizzi y Copa América Centenario 2016: un éxito prestado.

Así como el reemplazo de Borghi por Bielsa representó un retroceso, lo propio ocurrió con Juan Antonio Pizzi respecto a Sampaoli.

La Copa América Centenario 2016 fue un espejismo. No constituyó la proyección de la generación dorada, sino su ocaso. La ganó más que nada por inercia; diríase fue como su canto del cisne.

En su grupo, Chile quedó segundo, en virtud de dos victorias, 2-1 sobre Bolivia y 4-2 a Panamá, y una derrota, 1-2 con Argentina. En cuartos de final eliminó a México 7-0 y en semi-finales a Colombia 2-0.
En la final, le volvió a tocar con Argentina, volvieron a empatar sin goles al cabo de 120 minutos, y Chile volvió a vencer por penales, esta vez por 4-2.

En el torneo clasificatorio sudamericano para Rusia 2018, el seleccionado conducido Pizzi debutó con una derrota 1-2 con Argentina de local. Al final del día, en la tabla general, Chile quedó en sexto lugar, con 26 puntos, ocho partidos ganados, dos empatados y ocho perdidos, 26 goles a favor, 27 en contra y 48,1% de rendimiento.

La debacle llegó en las últimas dos fechas clasificatorias. En la penúltima, agosto y septiembre de 2017, Chile cayó 0-3 con Paraguay en Santiago, y 0-1 de visita con Bolivia.

En la última, el 5 de octubre, ganó 2-1 a Ecuador en Santiago y para tener opción de clasificar necesitaba al menos rescatar un punto en Brasil de visita, el 10 de ese mes, y que ganaran o Perú o Colombia, en Lima.

En un final digno de sainete, la selección de Pizzi fue goleada 3-0 en Brasil; mientras que Perú y Colombia concertaron un empate 1-1, que los clasificó a ambos. Pobrísimo, para esa pléyade de jugadores conocida como generación dorada.

Lasarte murió en la Rueda

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Reinaldo Rueda y Martín Lasarte: el último apaga la luz.

Nunca nadie supo mucho acerca de lo que hizo el colombiano Reinaldo Rueda en Chile, no solo por ser un hombre parco en palabras, sino fundamentalmente porque los resultados tampoco hablaron por él.

En la Copa América 2019 ganó dos partidos, empató uno y perdió dos. En su grupo, ganó 4-0 a Japón y 2-1 a Ecuador, y perdió 0-1 con Uruguay. Eliminó a Colombia por penales en cuartos de final, y perdió 0-3 con Perú, en semi-finales. Poco para el bi-campeón de América 2015-16.

En el inicio del torneo clasificatorio sudamericano para el Mundial Qatar2022, el equipo dirigido por Rueda perdió importantes puntos en los últimos minutos; caso del segundo gol de Uruguay en Montevideo o del segundo de Colombia, que le dio el empate en Santiago; cuatro puntos que penaron hasta el final.

En definitiva, bajo su mandato, Chile jugó cuatro partidos en la serie clasificatoria, con una victoria, un empate y dos derrotas. Se fue no porque lo echaran sino por aceptar una oferta de la federación de su país, a la que también defraudó, por la eliminación de Colombia de Qatar 2002.

En la emergencia, fue reemplazado por el técnico uruguayo Martín Lasarte, cuyos méritos consistían en estar disponible, conocer el fútbol chileno, donde dirigió a Santiago Morning, Universidad Católica y Universidad de Chile, y módicas pretensiones económicas, ajustadas a resultados.

El paso de Lazarte, fue incluso peor que el de Rueda: de 14 partidos clasificatorios, Chile ganó cuatro, empató tres y perdió siete. Después de perder con Argentina de local, y ganar a Bolivia de visita, Chile necesitaba rescatar al menos un punto de los últimos seis en disputa, para llegar con alguna posibilidad a disputar el repechaje. Sin embargo, perdió los seis: 0-4 ante Brasil de visita y 0-2 con Uruguay, de local. Y aunque hubiera ganado, igual se habría clasificado Perú, con su victoria 2-0 sobre Paraguay, en Lima, donde la victoria fue más dulce, por la nueva humillación de su encarnizado e histórico rival.

Considerados los resultados de ambos técnicos, Chile remató en la séptima colocación, con 19 puntos, cinco partidos ganados, cuatro empates y nueve derrotas, 19 goles a favor, 26 en contra, y un escuálido 31,5% de rendimiento; en la banda de abajo de esta historia.

La selección de Chile, aún con el residuo de la generación dorada, no merecía clasificar, y si por azar lo hubiera hecho, no tenía nada que decir ni mostrar en la próxima cumbre mundialista. Evidentemente, la responsabilidad última no recae en técnicos como Rueda y Lasarte, que se limitan a planificar partido a partido con lo que les deja a mano la competencia internacional, y dejar que al final, en la cancha, gane el «más mejol», sino en los que toman la decisión de contratarlos, sin una política deportiva que sostenga el andamiaje, ni objetivos definidos.

Es preocupante es el ahora qué, puesto que no se perciben perspectivas, como no sean, en palabras de Pablo Milad, esperar que la próxima directiva decida.

El fútbol de un país dado es proporcional a la competitividad de su campeonato, la solidez de sus clubes, la producción de jugadores y la calidad del espectáculo.

El fútbol chileno es deficitario en todos esos aspectos.

La competencia local luce al ritmo del trote, en comparación a las ligas europeas.

Desde 1990, el conjunto de clubes chilenos en Copa Libertadores ha ganado un título (Colo-Colo 1991), un subcampeonato (Universidad Católica (1993); ha disputado dos semi finales (Universidad de Chile 1996) y Colo-Colo 1997) y ha alcanzado tres veces la fase de cuartos de final (Unión Española 1994, Universidad Católica 1997 y Colo-Colo 2018).

El balance en la Copa Sudamericana, que se juega desde 2002, es igual de paupérrimo: un título (Universidad de Chile 2011), un subtítulo (Colo-Colo 2006), tres semi finales (Universidad Católica 2005 y 2012 y Coquimbo Unido 2020) y tres cuartos de final (Wanderers 2002, Universidad de Chile 2012 y Palestino 2016).

Esa es la realidad del fútbol chileno, y no el espejismo de una selección conformada casi exclusivamente por jugadores que se desempeñan en equipos extranjeros, principalmente de Europa.

Alguien anotará, no sin razón, que el hecho de que la selección se arme sobre la base de jugadores que provienen del extranjeros, demuestra una interesante capacidad de formar jugadores de primer nivel, en el medio local. Eso es sin duda cierto, pero se compensa y aun queda en déficit por la cantidad de jugadores extranjeros, algunos en el final de sus carreras, y muchos de discreto nivel, que obtura el tiraje en la discreta competencia nacional, fenómeno espoleado por la voracidad del resultado a corto plazo.

En cuanto a los clubes, al menos los principales, en lugar de arraigar en instituciones sociales, con sentido de comunidad, arrancaron hacia el otro lado, el fatídico modelo de sociedades anónimas deportivas, que incluso cotizan en bolsa, el cual, en el mejor de los casos, termina en la competencia desigual, donde unos pocos equipos poderosos se reparten la parte del león, el resto los acompaña en calidad de comparsa y el espíritu deportivo desaparece, como una rémora innecesaria. .

En otras palabras, no se ve por dónde empezar a mejorar los factores estructurales. Sin embargo, del análisis de la evolución de esta historia, fluye la única solución posible: en un rapto de clarividencia, el estamento dirigente podría imitar lo que se hizo en los ciclos 1957-1962 y 2007-2011; vale decir, contratar un director técnico de capacidad probada y de ascendiente tanto sobre dirigentes sobre dirigentes como jugadores, tales como Fernando Riera y Marcelo Bielsa, con un proyecto apoyado por todos los estamentos del fútbol, que se proponga no sólo clasificar a la competencia internacional, sino, fundamentalmente, desarrollar el fútbol chileno, con estilo e identidad propia, y que en lo posible, se difunda a través del trabajo en divisiones inferiores.

Un candidato idóneo, que reúne esas características, es Manuel Pellegrini. Cumple con la importante condición de ser chileno, imprime a sus equipos estilo e identidad, y ha dirigido clubes de elite mundial, como Real Madrid y Manchester City.

Ha dicho que tiene contrato vigente con el Real Betis de Sevilla hasta 2015, y que acostumbra cumplirlos, pero también ha sostenido que sería un orgullo dirigir la selección, a condición de que se trate de un proyecto ambicioso, de largo plazo, iniciado desde las categoría inferiores.

Si se da la combinación, Chile podría iniciar un nuevo ciclo virtuoso, tal como los que encabezaron en su momento Fernando Riera y Marcelo Bielsa.

Y si no se da, no pasa tanto. Chile seguirá yendo a una Copa Mundial de cada tres, sin que al mundo le impresione demasiado. El fútbol será, como dice Valdano, lo más importante de lo menos importante, pero es preciso reconocer que la eliminación de Chile de un mundial hasta constituye un descanso en lo tocante a comentaristas hinchas y relatores desgañitados, que permite asistir al mejor espectáculo deportivo del planeta, con el respaldo de la información entregada por relatores y comentaristas de corte profesional.

Por lo demás, en dos años más, el circuito empieza de nuevo y, periodismo deportivo chileno mediante, lo último que se pierde es la ilusión.

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