Comuna de París: La Sangrienta Aurora de la Revolución Obrera

La Comuna de París fue un movimiento insurreccional que del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, gobernó brevemente la ciudad de París, instaurando el primer gobierno de la clase obrera del mundo cuya bandera era el socialismo autogestionario.

La Comuna (commune designaba entonces y aún designa al ayuntamiento en francés) gobernó durante 60 días durante los cuales promulgó una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas.

Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada por causa de la guerra.

Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza.

El costo del alzamiento popular fue atroz.

Se estima un número de entre entre 20.000 y 30.000 comuneros/as muertos/as en los combates o ejecutados entre el 3 de abril y el 31 de mayo, y muchos más heridos, sin ninguna atención médica.

El Ejército fusiló a prisioneros rendidos, y las ejecuciones múltiples convirtieron en algo común.

El balance incluyó el destrozo e incendio de más de 200 edificios y monumentos históricos; la deportación de unos 40.000 arrestados, a campos inhóspitos en Nueva Caledonia, o a remotos penales, en condiciones infrahumanas, en infernales islas tropicales. Los consejos de guerra señalaron 13.450 sentencias, entre ellos 157 mujeres y 80 niños. Thiers ordenó que se exhibieran sus cadáveres para dar una «lección» a los rebeldes.

Según Lissagaray y otros testigos de la época los ejecutados durante las dos semanas sangrientas que siguieron a la toma de París fueron 50.000, sin hacer distinción de edad o sexo,: «los burgueses fusilaron a cientos de niños y miles de mujeres. Varios centenares de obreras parisienses, conocidas como «petroleras», fueron también fusiladas en los muros del cementerio de Père Lachaise.

París estuvo sometido a la ley marcial durante los siguientes cinco años.

Es difícil de explicar el odio sin precedentes que la Comuna despertó en las clases medias y altas de la sociedad. Odio sin justificación contra un gobierno que además de ser eminentemente pluralista, no tomó nunca medidas enérgicas contra sus enemigos.

Escribió Lissagaray:

«Mientras la Comuna estaba de fiesta y celebrando sus moderadas reformas, Versalles sólo pensaba en «…desangrar a París».

La Primera Revolución Obrera de la Historia: La Comuna De París

por Iván Ljubetic V. (*)

Comuna de París: La Sangrienta Aurora de la Revolución Obrera

Antecedentes

Hacia mediados de 1870, en Francia el Segundo Imperio vivía una aguda crisis. El emperador Napoleón III creyó que superaría la crisis interna lanzándose a un conflicto bélico. El 19 de julio de 1870 le declaró la guerra a Prusia. El ejército francés fue derrotado. Napoleón perdió su Imperio.

Al conocerse el desastre, París fue estremecido por una explosión popular. Se formó un Gobierno Provisional, controlado por republicanos burgueses y algunos elementos monárquicos. Fue el “Gobierno de la Defensa Nacional”, hostil al pueblo.
Se logró organizar la lucha contra los prusianos.

Pero el “Gobierno de la Defensa Nacional” jugó el rol de “Gobierno de la Traición Nacional”. El 27 de octubre de 1870, se produjo la vergonzosa capitulación de Metz, contando los franceses con un ejército de 173.000 efectivos.

El 28 de enero de 1871 el Gobierno francés concertó un armisticio con los prusianos.

En febrero de 1871 se constituyó un gobierno reaccionario en Francia. A su cabeza fue designado el monarquista Adolfo Thiers, que eligió como su sede la ciudad de Versalles.

La revolución

Comuna de París: La Sangrienta Aurora de la Revolución Obrera

Ese mismo mes de febrero de 1871, se organizó en París el Comité Central de la Guardia Nacional, que agrupó a los batallones de obreros y artesanos, que ya habían surgido en las luchas contra el Segundo Imperio de Napoleón III.

En el amanecer del 18 de marzo de 1871,Thiers envió tropas sobre París para desarmar a los batallones populares. Éstas llegaron a las colinas de Montmartre, al norte de París, con la intención de arrebatar los cañones allí emplazados por la Guardia Nacional. Al conocerse la noticia se hicieron presentes decenas de milicianos de los batallones obreros. Ante esta resistencia popular, los soldados de Thiers en vez de disparar confraternizaron con los revolucionarios.

Al anochecer de ese 18 de marzo de 1871, todas las dependencias del Estado fueron ocupadas por destacamentos de la Guardia Nacional. Por todas partes de la capital francesa flameaban rojas banderas.

Se había llevado a cabo la primera revolución obrera de la historia. Era el 18 de marzo de 1871.

La Comuna de París

Comuna de París: La Sangrienta Aurora de la Revolución Obrera

El 26 de marzo tuvieron lugar las elecciones para designar los miembros del Consejo de la Comuna. Concurrieron a las urnas 300 mil ciudadanos.

El 28 de marzo de 1871 fue proclamada la Comuna de París. Por primera vez la clase obrera había conquistado el poder. La plaza de la Municipalidad y las calles adyacentes estaban colmadas de público y de tropas de la Guardia Nacional. En el escenario, levantado al efecto, se ubicó el Comité Central de la Guardia Nacional y los miembros electos del Consejo de la Comuna.

Un dirigente proclamó la Comuna. Al nombrar a los miembros del Consejo, un grito ensordecedor se elevó desde el corazón mismo de París: ¡Viva la Comuna!

No se pronuncian discursos. Sólo exclamaciones de ¡Viva la Comuna! Las bandas atacan los acordes de la Marsellesa y del Canto de la Partida. Millares de voces le hacen coro.

Las obras de la Comuna

Durante casi tres meses pudo implementar una serie de decretos como:

-todos los miembros del gobierno tendrían un sueldo similar a un obrero;
-la disolución del Ejército regular sustituyéndolo por la Guardia Nacional democrática;
-la concesión de pensiones para las viudas de los miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio, así también como para sus hijos;
-la devolución gratuita de todas las herramientas de los trabajadores, a través de las casas de empeño estatales;
-se pospusieron las obligaciones de deudas y se abolieron los intereses en las deudas;
-se crearon guarderías para cuidar a los hijos de las trabajadoras;
-se prohibió el trabajo nocturno;
-las fábricas abandonadas por sus dueños fueron entregadas a los trabajadores por medio de cooperativas autogestionadas;
-se separó a la iglesia del Estado; todas las propiedades de la Iglesia pasaron a ser propiedad estatal;
-la educación pasó a ser laica, gratuita y obligatoria;
-los programas de estudios pasaban a ser realizados por los propios profesores, los cuales garantizaban el carácter científico de las disciplinas;
-se dio una atención especial de la educación a la mujer, que habían sido olvidadas hasta entonces; se crearon escuelas para mujeres; se formó una comisión especial, para supervisar el establecimiento de escuelas para chicas.
-en el mundo del arte y cultura aparecen gran cantidad de asociaciones para la promoción del teatro y las bibliotecas.
-la bandera tricolor fue remplazada por la bandera roja como un símbolo de todas las fuerzas comuneras.

Las jornadas de mayo de 1871

Comuna de París: La Sangrienta Aurora de la Revolución Obrera

París, la capital francesa, estaba cercada por los ejércitos enemigos, por los versalleses y los prusianos. Los comuneros se defendían heroicamente.

El 21 de mayo de 1871, las tropas de Thiers, con apoyo de los invasores prusianos, lanzaron el asalto general. Un traidor les había revelado el punto débil de la defensa. Por ahí irrumpieron.

Una lucha encarnizada, terrible, se libró en las calles de París. Ese episodio pasó a la historia como la Semana de Mayo.

Luisa Michelle, una profesora parisina, militante ardorosa de la Asociación por los Derechos de la Mujer, luchadora incansable, se unió, como muchas otras mujeres, a los obreros defendiendo la Comuna de París, ese poder obrero que se alzaba por vez primera sobre la faz de la tierra.

Luisa Michelle, fusil en mano, encabezó un batallón de mujeres. En las barricadas tomaron parte cerca de diez mil mujeres obreras, socorriendo a los heridos, levantando trincheras y luchando en ellas.

Los últimos combates

Se combatía contra fuerzas muy superiores. Los comuneros defendían cada barrio proletario, cada casa.

En sus memorias Luisa Michelle relató los últimos combates que libraron 200 comuneros en el Cementerio Père Lachaise:

“Un puñado de valientes en el cementerio contra un ejército entero. Se combate entre las tumbas, en las zanjas y en el interior de las bóvedas; se combate cuerpo a cuerpo, con sables, con bayonetas, a culatazos; muchísimo más numerosos, mejor armados, con sus fuerzas frescas reservadas para la presión en París, los versalleses masacran implacablemente a los valientes… Al caer la noche, un grupo de sobrevivientes de los heroicos defensores de París fue cercado y fusilado junto a los muros del cementerio”.

(Ese muro, llamado “Muro de los Federados” es un lugar donde culminan las marchas de los trabajadores de París. Incluso, durante la ocupación nazi, a pesar de la estricta vigilancia ejercida por los soldados alemanes, cada mayo aparecían flores rojas en ese lugar. Fue un símbolo de la resistencia).

Derrota y masacre

Comuna de París: La Sangrienta Aurora de la Revolución Obrera

El 28 de mayo de 1871 cayó la última barricada levantada en el barrio proletario, en la calle de Ramponeau. La contrarrevolución había triunfado.

Lo del 28 de mayo fue sólo el inicio de la feroz matanza de los obreros parisinos. Treinta y seis mil comuneros fueron masacrados, Más de cuarenta mil arrojados a prisión y deportadas a lejanas colonias, condenados a trabajos forzados. Entre estos últimos estaba Luisa Michelle.

La reacción aplastó en un terrible baño de sangre a aquellos que pretendieron tomar el cielo por asalto, a los combatientes por la libertad.

Carlos Marx y la Comuna de París

Comuna de París: La Sangrienta Aurora de la Revolución Obrera

En abril- mayo de 1871, Carlos Marx escribió su obra ”La Guerra Civil en Francia”, donde aborda el tema de la Comuna de París. Citamos algunos de sus planteamientos:

“Al alborear el 18 de marzo de 1871, París despertó entre un clamor de gritos de ‘Vive la Commune!’ ¿Qué es la Comuna, esa esfinge que tanto atormenta los espíritus burgueses?

“Los proletarios de París -decía el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos… Han comprendido que es un deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos tomando el poder”
Pero la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado y tal como está y servirse de ella para sus propios fines”. (Ibidem, página 295)

“La gloriosa revolución obrera del 18 de marzo (de 1871) se adueñó indiscutiblemente de París. El Comité Central (de la Guardia Nacional) era su Gobierno Provisional”. (página 290)

“Y si París pudo resistir fue únicamente porque, a consecuencia del asedio, se había deshecho del ejército, sustituyéndolo por una Guardia Nacional, cuyo principal contingente lo formaban los obreros. Ahora se trataba de convertir este hecho en una institución duradera. Por eso, el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado” (Ibidem. Página 298)

“Una vez suprimidos el ejército y la policía, que eran los elementos del poder material del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el ‘poder de los curas’, decretando la separación del Iglesia del Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras. Los curas fueron devueltos a la vida privada, a vivir de las limosnas de los fieles, como sus antecesores, los apósteles”. (Ibidem. Página 298)

“Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos con salarios de obreros” (Ibidem. Página 298)

“La verdad es que la Comuna no pretendía tener el don de la infalibilidad, que se atribuían sin excepción todos los gobiernos del viejo tipo. Publicaba sus hechos y sus dichos y daba a conocer al público todas sus imperfecciones” (Ibidem. Página 306)

“Maravilloso en verdad fue el cambio operado por la Comuna en París. De aquel París prostituido del Segundo Imperio no quedaba nada. París ya no era el lugar de cita de terratenientes ingleses, absentistas irlandeses, ex esclavistas y restacueros norteamericanos, expropietarios rusos de siervos y boyardos de Valaquia. Ya no había cadáveres en el depósito, ni asaltos nocturnos, ni apenas hurtos; por primera vez des los días de febrero de 1848, se podía transitar seguro por las calles de París y eso que no había policía de ninguna clase”. (Ibidem. Página 307)

“…Era ésta la primera revolución en que la clase obrera fue abiertamente reconocida como la única capaz de iniciativa social incluso por la gran masa de la clase media parisina -tenderos, artesanos, comerciantes-, con la sola excepción de los capitalistas ricos”. (Ibidem. Página 303)

“Desde el 18 de marzo hasta la entrada de las tropas versalleses en París, la revolución proletaria estuvo tan exento de esos actos de violencia en que tanto abundan las revoluciones, y más todavía las contrarrevoluciones de las ‘clases superiores’, que sus adversarios no pudieron denunciar más hechos que la ejecución de los generales Lecomte y Clément Thomas y lo ocurrido en la plaza Vendome. (Ibidem. Página 291)
El general Lecomte fue ejecutado por sus propios soldados. (Ver Ibidem. Página 291)

“La supuesta matanza de ciudadanos inermes en la plaza de Vendome es un mito de Thiers” (Ibidem. Página 292)

“He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un Gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo.
Sin esta última condición, el régimen de la Comuna habría sido una imposibilidad y una impostura. La dominación política de los productores es incompatible con la perpetuación de su esclavitud social”. (Ibidem. Página 301)

“Pero, al mismo tiempo, como Gobierno obrero y como campeón intrépido de la emancipación del trabajo, era un Gobierno internacional en el pleno sentido de la palabra”. (Ibidem. Página 304)

“En su repugnancia a aceptar la guerra civil iniciada por el asalto nocturno que Thiers realizó contra Montmartre, el Comité Central se hizo responsable esta vez de un error decisivo: no marchar inmediatamente sobre Versalles, entonces completamente indefenso, acabando así con los manejos conspirativos de Thiers y sus ‘rurales’. En vez de hacerse esto, volvió a permitirse que el partido del orden probase sus fuerzas en las urnas el 26 de marzo, día en que se celebraron las elecciones a la Comuna”. (Ibidem, Página 293)

“El heroísmo abnegado con que la población de París -hombres, mujeres y niños- luchó por espacio de ocho días después de la entrada de los versalleses en la ciudad, reflejan la grandeza de su causa, como las hazañas infernales de la soldadesca reflejan el espíritu innato de esa civilización de la que es el brazo vengador y mercenario” (Ibidem. Página 315)
“El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla.
London, 30 de mayo de 1871”. (Ibidem. Página 319)

(Carlos Marx: “La Guerra Civil en Francia”, en Marx – Engels Obras Escogidas en un tomo. Editorial Progreso, Moscú)

Federico Engels y la Comuna

Veinte años después, Federico Engels escribió la Introducción en la edición de 1891 a “La Guerra Civil en Francia” de Carlos Marx. En ella señaló:

“Los miembros de la Comuna estaban divididos en una mayoría integrada por los blanquistas, que habían predominado también el Comité Central de la Guardia Nacional, una minoría compuesta por afiliados a la Asociación Internacional de los Trabajadores, entre los que prevalecían los adeptos a la escuela socialista de Proudhon.

En aquel tiempo, la gran mayoría de los blanquistas sólo eran socialistas por instinto revolucionario y proletario; sólo unos pocos habían alcanzado una mayor claridad de principios, gracias a Vaillant, que conocía el Socialismo Científico alemán. Así se explica que la Comuna dejase de hacer, en el terreno económico muchas cosas que, dese nuestro punto de vista actual, debió realizar. Lo más difícil de comprender es indudablemente el santo temor con que aquellos hombres se detuvieron respetuosamente en los umbrales del Banco de Francia. Fue éste además un error político muy grave. El Banco de Francia en manos de la Comuna hubiera valido más que diez mil rehenes”. (Federico Engels: Introducción en la edición de 1891 a “La Guerra Civil en Francia” de Carlos Marx, en Marx – Engels, Obras Escogidas en un tomo. Página 264)

“Últimamente, las palabras ‘dictadura del proletariado’ han vuelto a asumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber que faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: he ahí la dictadura del proletariado.

Federico Engels, Londres en el vigésimo aniversario de la Comuna de París, 18 de marzo de 1891” (Ibidem. Página 267)

Lenin: “las enseñanzas de la Comuna de París”

El 18 de marzo de 1908, Lenin en un acto realizado en Ginebra señaló:

“A pesar de que el proletariado socialista estaba dividido en numerosas sectas, la comuna fue un ejemplo brillante de como el proletariado sabe cumplir unánime las tareas democráticas, que la burguesía solo sabia proclamar.

Sin ninguna legislación complicada, con toda sencillez, el proletariado, que había conquistado el poder, llevo a cabo la democratización del régimen social, suprimió la burocracia y estableció la elección de los funcionarios por el pueblo.
Pero dos errores malograron los frutos de la brillante victoria.

El proletariado se detuvo a mitad del camino: en lugar de proceder a la “expropiación de los expropiadores”, se puso a soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unido por una tarea común a toda la nación; no se apodero de instituciones como, por ejemplo, el banco; las teorías de los proudhonistas del “justo cambio”, etc., dominaban aun entre los socialistas.

El segundo error consistió en la excesiva magnanimidad del proletariado : en lugar de exterminar a sus enemigos, que era lo que debía haber hecho , trato de influir moralmente sobre ellos, desprecio la importancia que en la guerra civil tienen las acciones puramente militares y , en vez de coronar su victoria en Paris con una ofensiva resuelta sobre Versalles, dio largas al tiempo y permitió que el gobierno versallés reuniese las fuerzas tenebrosas y se preparase para la semana sangrienta de mayo.

Mas, pese a todos sus errores, la Comuna constituye un magno ejemplo del más importante movimiento proletario del siglo XIX.

Marx concedió un gran valor al alcance histórico de la Comuna: si cuando la pandilla de Versalles efectuó s traicionera incursión para apoderarse de las armas del proletariado parisiense, los obreros se las hubiesen dejado arrebatar sin lucha, la funesta desmoralización que semejante debilidad hubiera sembrado en las filas del movimiento proletario habría sido muchísimo más grave que el daño ocasionado por las pérdidas que sufrió la clase obrera al luchar en defensa de sus armas.

Por grandes que hayan sido las pérdidas de la Comuna, la significación de esta para la lucha general del proletariado las ha compensado: la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostró la fuerza de la guerra civil, disipo las ilusiones patrióticas y acabo con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía. La Comuna enseñó al proletariado europeo a plantear en forma concreta las taras de la revolución socialista.

El proletariado no olvidara la lección recibida. La clase obrera la aprovechara, como ya la ha aprovechado en Rusia durante la insurrección de diciembre…
La socialdemocracia supo acabar con los errores “nacionales” y “patrióticos” del joven proletariado y cuando se logró arrancar al zar el manifiesto del 17 de octubre, en lo que ella participo directamente, el proletariado comenzó a prepararse enérgicamente para la siguiente e inevitable etapa de la revolución: la insurrección armada.
Libre de las ilusiones “nacionales”, fue concentrando sus fuerzas de clase en sus organizaciones de masa: los Soviets de diputados obreros y soldados, etc.
Y pese a la gran diferencia que había entre los objetivos y las tareas de la revolución rusa y los de la francesa de 1871, el proletariado ruso hubo de recurrir al mismo método de lucha que la Comuna de Paris había sido la primera en utilizar: la guerra civil.

Teniendo presente sus enseñanzas, sabía que el proletariado no debe despreciar los medos pacíficos de lucha, que sirven a sus intereses corrientes de cada día y son indispensables en el periodo preparatorio de las revoluciones.

Pero el proletariado jamás debe olvidar que, en determinadas condiciones, la lucha de clases adopta la forma de lucha armada y de guerra civil; hay momentos en que los intereses del proletariado exigen un exterminio implacable de los enemigos en combates a campo abierto.

El proletariado francés lo demostró por primera vez en la Comuna y el proletariado ruso le dio una brillante confirmación en el alzamiento de diciembre.
No importa que estas dos sublevaciones de la clase obrera hayan sido aplastadas. Vendrá una nueva sublevación ante la cual serán las fuerzas de los enemigos del proletariado las que resultarán débiles. Ella dará la victoria completa al proletariado socialista”. (Lenin: Informe en homenaje a los 25 años de la muerte de Marx, 60 años de la revolución de marzo de 1848 y 39 años de la Comuna de París. Ginebra, 18 de marzo de 1908, en Zagranichnaya Gaceta (“Gaceta Extranjera”) (núm. 2, del 23 de marzo de 1908)

Recabarren y la Comuna De París

Comuna de París: La Sangrienta Aurora de la Revolución Obrera

El periódico chileno, “El Proletario”, de Tocopilla, fundado por Recabarren, publicó con fecha 24 de enero de 1905 un homenaje a Luisa Michelle, con motivo de su fallecimiento ocurrido el 10 de enero de 1905. Allí se decía:

“Luisa Michelle, profesora parisina, militante ardorosa de la Asociación por los Derechos de la Mujer, se une, como muchas otras mujeres, a los obreros que luchan contra la dictadura militar del Segundo Imperio. Combate en defensa de la Comuna de París en 1871. Derrotada la Comuna, es condenada a 15 años de trabajos forzados en Nueva Caledonia. Amnistiada al cabo de 9 años, regresa a París ya convertida en socialista convencida. Escribe y defiende los derechos del socialismo y de la mujer, lo que le reporta varias condenas y prisión”.

En este mismo periódico, en su edición del 18 de marzo de 1905, Luis Emilio Recabarren escribió sobre la Comuna de París. En parte señalaba:

“Los sublevados de París que al grito de la ‘Comunne’ (Comuna) quisieron derribar la opresión burguesa, cayeron asesinados por millares en este día sangriento de la historia proletaria. Ellos buscaban la libertad de los pueblos…

La ‘Comunne’ proclamaba lo que llevamos como un programa en nuestros corazones los que nos llamados hombres libres; proclamaba el trabajo para todos como una necesidad para la salud física, la producción y el consumo en común y el libre cambio por la acción libre de los hombres.

“La guardia nacional que constituía el pueblo de París armado, secundó la acción del pueblo, que aprovechando el desbarajuste producido con la derrota impuesta por Alemania.

“Pero como los gobiernos se amparan todos, el gobierno alemán puso en libertad al ejército francés prisionero y vencido, con el cual el gobierno francés fusiló al pueblo matando a más de 35 mil trabajadores y destrozando así la primera revolución comunista que proclamaba la vida libre.

“El fracaso de este movimiento se debió más a la poca orientación de los revolucionarios que no tuvieron las suficientes energías para imprimir la verdadera marcha a este acto libertador.

“Pero este fracaso que en todo caso marca la primera jornada hacia la vida real, recordará en nuestra mente la necesidad de una reparación pronta y nos servirá la lección a los revolucionarios de todos los pueblos, para cuando llegue la segunda jornada no vacilar ni detenernos un instante en la marcha vigorosa de la revolución, que ha concluir con las iniquidades presentes, para alzar el trono de la justicia a donde nadie pueda destruirlo.

“¡La ’Comunne’ fue el primer grito de los sublevados del mundo lanzado por el pueblo de Francia! Quiera nuestra suerte que la segunda acción sea también la final…
“No quisiéramos pensar nunca en los hechos sangrientos y violentos para realizar los ideales puros d reformar el mundo malo de hoy, para tornarlo bueno y feliz. Mas la valla poderosa que nos coloca el egoísmo y la soberbia burguesa nos indica que sólo la fuerza es lo único capaz de vencer.

“Ya hemos rogado y suplicado mucho, nuestras lágrimas y nuestras quejas no han sido suficientes para ablandar el corazón burgués.

“¡Se necesita de un océano de sangre caliente!
“Nuestros hermanos de la Francia nos señalaron el camino, gritemos con ellos: ¡Gloria a la ‘Comunne’ y a sus mártires!

Luis E. Recabarren S.”

(*) Historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

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