El negocio del fútbol, en la mira de los fondos de inversión

¿Qué dinero mueve el mundo del fútbol? ¿De dónde viene este dinero? ¿Por qué se están interesando los fondos de inversión en este negocio?

En las últimas semanas se ha anunciado que el fondo de inversión británico CVC se ha hecho con una gran parte de La Liga, la sociedad que gestiona la primera división del fútbol español.

Una noticia que causó revuelo, pues muchos equipos, entre ellos el Real Madrid C.F., se opusieron a este suceso.

Sin lugar a duda, esta noticia que nos ocupa vuelve a confirmar una tendencia que, desde hace años, venimos observando en el mundo del fútbol. Un deporte por el que, a la luz del éxito que lo avala, este tipo de firmas han ido demostrando un fuerte interés.

Si bien se trata de un tema no exento de polémica, lo cierto es que la inversión en el negocio del fútbol ya es una realidad. Además, no es un caso particular, pues se extiende por países tan distintos como España, Inglaterra o México.

Y es que el capital que circula en el mundo del fútbol tiene muchos orígenes, observándose la presencia de numerosas nacionalidades en las distintas directivas de los equipos que conforman el fútbol, en especial, el europeo.

¿Qué es lo que despierta tanto interés entre los inversores?

El fútbol: Un negocio global

Al día de hoy caben pocas dudas de que el fútbol es, al menos en lo que al número de espectadores se refiere, el deporte rey.

No solo porque su práctica se ha extendido entre niños y adultos en todo el planeta, sino porque, además, sus competiciones acaparan la atención de millones de aficionados.

Todo ello por no hablar de la huella que algunos equipos históricos han dejado en la cultura de algunos países, cuyas formas de vida, seguramente, serían muy distintas si no hubieran tenido contacto con este deporte.

Algunos ejemplos de esto último que comentamos podríamos verlo en países como Brasil o Argentina.

Pero, además, como es natural, una actividad que mueve a tantos millones de personas en todo el mundo, de la misma forma, tiene un fuerte impacto sobre la economía.

Esta masificación del deporte (acompañada de su profesionalización) es lo que ha convertido lo que en su día fue un pasatiempo de la aristocracia inglesa en un negocio global que, a día de hoy, ya genera, aproximadamente, unos 200.000 millones de dólares al año, según declaraciones del propio presidente de la FIFA.

Teniendo en cuenta el impacto directo del fútbol en la economía española, por ejemplo, el fútbol profesional genera el 1,37% del PIB en el país, así como cerca de 185.000 empleos.

En Inglaterra ocurre algo similar, pues la Premier League británica, además de sumar al PIB más de 9.000 millones de euros anuales, genera más de 100.000 empleos en el país.

Por lo tanto, el fútbol se ha presentado así, en muchas ocasiones, como una gran oportunidad de negocio para, prácticamente, toda clase de inversores.

Y decimos «toda clase» porque el perfil de los inversores varía enormemente; considerándose inversor al dueño del bar que compra las camisetas a un equipo amateur para anunciarse en ellas, y al fondo que invierte millones en un club de la Premier League.

Este fenómeno nos lleva a preguntarnos, ¿qué hace al fútbol tan atractivo? ¿Cómo es capaz de mover tanto dinero en países ricos y pobres?

¿De dónde viene el dinero del mundo del fútbol?

Si vamos a los orígenes de este deporte, donde la mayoría de los equipos aún no eran ni profesionales, los pocos ingresos que recibían los clubes solían venir de las cuotas que pagaban sus afiliados o sus socios.

Con el tiempo, esta fuente de ingresos se ha mantenido e incluso se ha desarrollado (con distintas clases de socios, derechos de entrada al estadio, etc.), pero su importancia relativa se ha visto, en parte, eclipsada por la irrupción de nuevas fuentes.

Algo similar ha ocurrido con otra fuente tradicional: la venta de entradas para asistir a los partidos.

Al igual que en el caso anterior, si bien podemos observar un claro desarrollo (especialmente por la construcción de grandes estadios, lo cual ha permitido ampliar los aforos), lo cierto es que su importancia relativa también ha decaído sustancialmente.

De hecho, una típica señal de identidad de un equipo humilde suele ser la preponderancia de estas dos vías con respecto a la diversificación de recursos que presentan los equipos más poderosos.

Hablamos de actividades como la venta de merchandising, la cual genera millones en todo el mundo, pero beneficia especialmente a los equipos que tienen más capacidad para ganar aficionados; incluso más allá de las fronteras de su país.

Tampoco debemos olvidar los ingresos por publicidad, dado que son muchas las empresas que están dispuestas a pagar millones con tal de que su logo aparezca en algún rincón del estadio o en la camiseta de un equipo muy seguido.

Precisamente esta afluencia de sponsors es, también, lo que permite vender derechos de transmisión.

Derechos que, en algunos casos, llegan a venderse a precios astronómicos, como sabemos.

A diferencia de la publicidad directa que comentábamos en el párrafo anterior, en este caso se trata de emisoras que compran los derechos para retransmitir y televisar los partidos.

Partidos en los que, posteriormente, se venden espacios publicitarios para que las empresas interesadas puedan anunciarse.

Uno de los casos más paradigmáticos quizás sea el de la Premier League inglesa, cuyos derechos entre 2016 y 2019 se vendieron por 5.100 millones de libras para el mercado doméstico, a las que hay que sumar otros 3.000 millones para el mercado exterior.

Por último, a todos estos factores hay que añadir la venta de futbolistas, cuyos volúmenes de negociación han crecido exponencialmente en las últimas décadas.

Un claro ejemplo lo encontramos en el fichaje de Dembelé por el FC Barcelona. Pues, si bien el Dortmund pagó 15 millones por el jugador, un año más tarde lo vendería al FC Barcelona por 105 millones más variables. Una revalorización del jugador superior al 1.000%.

Pero recordemos que se trata de una actividad que no solamente beneficia a los equipos más importantes, sino también a multitud de clubes pequeños en países pobres.

Países para los que la exportación a Europa de un jugador constituye una verdadera tabla de salvación.

Las cifras del top 10

Como podemos observar en las dos gráficas que se muestran a continuación de este párrafo, la combinación de todos los factores mencionados permite que algunos clubes ingresen cientos de millones de dólares al año, además de capitalizarse hasta superar en valor de mercado a muchas empresas que cotizan en bolsa.

Lo interesante es que en ambas variables podemos encontrar un claro predominio de los dos grandes de la liga española (Real Madrid y Barcelona) y de los equipos ingleses (Manchester City y Manchester United), más allá de la aparición de «campeones nacionales» como el PSG en Francia o el Bayern Munich en Alemania.

El negocio del fútbol, en la mira de los fondos de inversión

El negocio del fútbol, en la mira de los fondos de inversión

Ahora bien, ¿a qué se deben estas tendencias?

Es evidente que en el caso de los dos equipos españoles ha sido decisivo tener en sus alineaciones a estrellas como Lionel Messi o Cristiano Ronaldo, en la medida en que esto les ha permitido ganar espectadores en todo el mundo y, con ellos, más ingresos por merchandising, publicidad y derechos de televisación.

En el caso de los clubes ingleses, el hecho de contar con buenas plantillas ha permitido que la Premier League sea una de las competiciones más vistas en el mundo, a lo que hay que sumar los ingentes ingresos de inversores externos. Pudiendo destacar en este caso al Manchester City, quien recibió una importante inyección de un jeque familiar de la familia gobernante de Abu Dabi.

En el caso de equipos como el PSG, al igual que el City, hablamos de una inyección sumamente importante, así como la adquisición del club por parte del emir de Qatar. Otro fondo de inversión que, como el británico o el de la familia real de Abu Dabi, se interesó e invirtió una cantidad importantísima de recursos en el mundo del fútbol.

El papel de los fondos de inversión

Y es que en los últimos años hemos presenciado cómo los clubes de fútbol se convertían en el blanco de grandes inversores, especialmente en Inglaterra.

En este sentido podemos encontrar numerosos ejemplos de equipos que han sido sacados a la venta y comprados en los últimos años: Chelsea y Manchester United en 2003, Manchester City en 2008, Liverpool en 2010, etc.

La última gran operación, en este sentido, ha sido la adquisición del Burnley FC por parte de un fondo de capital riesgo, ALK Capital.

En España, los fondos de inversión no juegan un rol tan protagónico en el accionariado de los clubes, pero su participación en el mundo futbolístico ha dado un importante paso adelante con la compra de parte de LaLiga por parte del fondo CVC.

Un acuerdo que supondría la entrada de unos 2.700 millones de euros, los cuales podrían ayudar a sanear la maltrecha economía de algunos clubes. No obstante, dado que hablamos de un negocio, La Liga cede una parte de los beneficios generados por la competición al nuevo inversor.

El fenómeno de la inversión en clubes de fútbol tampoco es exclusivo de Europa.

En México, por ejemplo, clubes como el Santos Laguna, el Atlas o el Atlético San Luis también son propiedad de inversores privados.

También en Estados Unidos o en Australia, donde encontramos equipos como el New York City o el Melbourne City que también son propiedad de grandes fondos de inversión.

En cualquier caso, este fenómeno global nos sigue despertando una pregunta de fondo: ¿por qué hay personas dispuestas a gastar tanto dinero en una actividad que, a priori, puede parecer tan poco segura como una competición deportiva? ¿Qué puede decirnos la teoría económica al respecto?

La importancia del valor futuro

Para entender la dinámica de la inversión en el mundo del deporte, es necesario previamente recordar el concepto de valor futuro. Es decir, el valor que generará una inversión a lo largo del tiempo bajo un determinado escenario previsto por el inversor.

En el caso del fútbol, podemos decir que casi todo el valor adquirido es futuro. De hecho, en las operaciones de compra de clubes son muy pocos los activos que tienen un valor de venta inmediato, como pueden ser las instalaciones deportivas o los activos financieros.

Más bien al contrario, lo que más valor suele tener es la propia marca del equipo y su capacidad para seguir atrayendo aficionados que comprarán camisetas, pagarán entradas y seguirán los partidos por televisión.

En las operaciones de compraventa de jugadores también rige el mismo razonamiento. Cuando un equipo gasta dinero en fichar a un jugador, lo hace porque tiene la previsión de que su incorporación generará, a lo largo del tiempo, unos rendimientos superiores al coste de la inversión inicial.

Estos beneficios pueden generarse por diferentes vías (reventa del jugador a otros clubes, mejora del resultado deportivo, más venta de merchandising, mayor cotización de la publicidad del club, etc.), pero el criterio sigue siendo el mismo.

Podemos decir, por tanto, que el valor que el mercado estima para un jugador siempre se basa en una previsión futura del rendimiento que este pueda generar, y no en un criterio de consumo presente como ocurre con otros bienes y servicios.

Lo mismo podemos decir de los clubes, cuyo valor futuro es, como hemos visto, su activo más importante.

Esto nos puede ayudar a entender que, si los fondos de inversión están teniendo un papel más activo en el mundo del fútbol, es porque ven en él un sector con un gran potencial para seguir generando beneficios. Más allá de la caída de la actividad a causa de la pandemia, lo cierto es que la capacidad del deporte rey para continuar su senda de crecimiento parece mantenerse intacta, o al menos este es el análisis que hacen los nuevos inversores que entran en este mundo; al que no entrarían si no vieran negocio.

Un negocio incierto pero rentable

El marco teórico del valor futuro, por tanto, puede ayudarnos a entender por qué una actividad basada en resultados deportivos (los cuales son siempre inciertos por naturaleza) puede atraer tantas inversiones, incluso más que otros activos que, a priori, puedan parecer más seguros.

Y, también, puede explicarnos (al menos en parte) la racionalidad de pagar contratos millonarios a empleados que se dedican a una actividad aparentemente tan trivial como dar patadas a un balón.

Dejando de lado el debate ético sobre la remuneración de las estrellas del fútbol, podemos quedarnos con esta enseñanza acerca del valor futuro en el mundo del deporte, donde los resultados nunca están asegurados y dependen de factores ajenos a la economía como la técnica, el sacrificio o la disciplina de los protagonistas.

Lo cierto es que, más allá de esas consideraciones, es la estimación de los ingresos futuros generados por ese esfuerzo lo que sigue despertando el interés de grandes y pequeños inversores en todo el mundo.

Por eso, si nos preguntamos por qué cobran tanto dinero algunos futbolistas, o qué sentido puede tener que fondos soberanos se lancen a comprar clubes, recordemos que seremos nosotros mismos, cuando compremos una camiseta, veamos un partido por televisión o vayamos al estadio, los que estaremos contribuyendo a ello.

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