Allende: Latinoamericano, Antimperialista y Solidario

El legado universal de Salvador Allende ha cristalizado en variados ámbitos. Uno de ellos son las manifestaciones que abren las grandes alamedas del continente.

Gente que lucha por recuperar la dignidad destruida por el neoliberalismo, potenciando objetivos que requieren ampliar una conciencia de masas antimperialista, nutriéndose del internacionalismo del “compañero Presidente”.

Más aun cuando la oligarquía continental y los laboratorios de la ideología dominante intensifican su feroz campaña anticomunista, demonizan y agreden como hicieron con Allende, a los gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua u organismos como el Foro de Sao Paulo y cualquier expresión de soberanía.

Contra ellos, despliegan la intoxicación mediática, que manipulan con desparpajo lo que históricamente han atropellado, los derechos humanos, haciendo vacilar incluso a “izquierdistas” que abrumados por el poder comunicacional sucumben y optan por el cálculo de “lo políticamente correcto”, acoplándose a la tendencia de opinión impuesta o, se inhiben, especialmente en periodos electorales.

Salvador Allende en su trayectoria y aun en complejas coyunturas mantuvo consecuentemente sus concepciones internacionalistas resaltando el valor de la solidaridad con otros pueblos y la importancia de hermanar la lucha liberadora de Chile con los países del mundo potenciando así fuerzas frente al inmenso poder del imperialismo.

Antes de llegar a la presidencia del país, desde el Senado, foros internacionales o en mítines populares practicó su internacionalismo, condenó la dictadura de Pérez Jiménez, e incluso viajó a Caracas trasladando los restos del luchador venezolano Valmore Rodríguez, fallecido en Chile.

Apoyó al Movimiento de Liberación Dominicano contra la tiranía de Leónidas Trujillo y al ser invadida Republica Dominicana por los marines derrocando el gobierno de Juan Bosch; demandó a Lyndon Johnson el retiro de las tropas y exigió respeto por su autodeterminación y soberanía.

Gestionó con el general Lázaro Cárdenas, de México, la conformación de la Primera Conferencia Latinoamericana por la Soberanía, como un ente continental antimperialista.

Idéntica actitud asume al ser derrocado Joao Goulart en Brasil: emplazó al gobierno norteamericano por su apoyo al dictador Castello Branco; denunció el derribamiento del Gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala y develó el maniqueo uso del “peligro comunista” para encubrir el objetivo de mantener la expoliación de las riquezas del continente.

Al caer el Che en Bolivia, calificó el hecho como un holocausto que conmueve la conciencia revolucionaria. Exaltando su perfil humanista, demandó el traslado los restos del Che a Chile, no lo amilanó la furiosa campaña de la derecha y El Mercurio y logró trasladar a Tahití a Pombo, Urbano y Benigno, compañeros sobrevivientes del Che, para que llegaran a Cuba.

A sus detractores respondió:

“Para un militante de la revolución latinoamericana es un deber legítimo y honroso prestar solidaridad- humana e ideológica-a los compañeros militantes de la misma revolución. Eso es algo que todo revolucionario entiende y acepta; eso es algo que ningún lacayo y mercenario comprenderá nunca. [2]

Denunció el fracaso del panamericanismo y el servilismo e inoperancia de OEA, e instó a la creación de un organismo de integración, independiente y soberano. Condenó sin vacilar el bloqueo contra Cuba, que persiste hasta hoy y se extendió a Venezuela:

“El bloqueo internacional, el cierre del comercio, la actitud asumida por Estados Unidos frente a Cuba, están señalando el propósito irrevocable de aquel país de impedir los movimientos emancipadores de América Latina conquisten el poder para cristalizar sus ideales”.[3]

En el mismo periodo concurrió a la Conferencia Tricontinental de la Habana, donde patrocinó la creación de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, OLAS, iniciativa por la cual la derecha y El Mercurio demandaron su desafuero y renuncia a la presidencia del Senado, propósito que no lograron. logran concretar.

Viajó a la Unión Soviética, Asia, Corea del Norte, Laos, Camboya, y Vietnam, donde solidarizó con la lucha liberadora. Conoció a Ho Chi Minh de quien dijo:

“En mi vida había tenido instantes de emoción como cuando fui abrazado por el Presidente Ho Chi Minh. Créanme que hubo un instante, un momento largo en que no fui capaz de articular palabra. Pienso que nunca había estado más elocuente que en esa ocasión en que no fui capaz de hablar”.[4]

Verificó su lucha antimperialista previa a su gestión presidencial, al rechazar, en octubre de 1966 la realización de la Operación UNITAS VII CHILE.

El golpe fascista de 1973 se concretó bajo la cobertura de la Operación UNITAS XIV. Los oficiales de la Office of Naval Intelligence, desde los buques de la Armada gringa en las afueras de Valparaíso, digitaron al Almirante Merino, encumbrado de facto en el mando.

En aquella oportunidad, señaló ante el Senado :

“Hemos nacido a la vida política de este país, para luchar, esencialmente, contra la penetración imperialista norteamericana, porque sabemos que ello constituye el obstáculo más fuerte y poderoso que impide nuestro desarrollo económico, social y cultural. Hemos nacido para luchar por la independencia económica de Chile, que hoy no existe, porque somos un país estrujado por el imperialismo norteamericano, dueño de nuestra riqueza fundamental”.[5]

Y refuerza:

“Por eso decimos que en los países en vías de desarrollo, subdesarrollados, sumergidos o como quiera llamárselos, no puede haber revolución liberadora si ella no es antimperialista”.[6]

Con el mismo objetivo denunció el contenido del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR), los Tratados de Ayuda Militar entre Chile y Estados Unidos; la encubierta maniobra de la Alianza para el Progreso, que imponía una brutal influencia financiera; el bloqueo a Cuba y la agresión bélica contra Viet Na. Coincidió en la lucha por la Paz con la Unión Soviética, y en el rechazo a la imposición de las fronteras ideológicas funcionales a la hegemonía de dominación imperialista.

Su liderazgo concita unidad entre fuerzas con diferentes matrices ideológicas hacia la soberanía plena, la recuperación de las riquezas en manos foráneas y la construcción de pueblo-continente en América Latina, tarea de honor por la que debemos continuar luchando.

«El imperialismo es una realidad. No es una ficción. No es una consigna política.

El imperialismo existe y para subsistir necesita que también existan y perduren las estructuras del subdesarrollo.

La situación del subdesarrollo no confiere a nuestros países una originalidad propia en materia económica y política.

Se encuentran ligados dialécticamente a los países avanzados por lazos de explotación y de dependencia que fluyen de la esencia misma del imperialismo».

Salvador Allende, Conferencia, Universidad de la República de Montevideo, 13 abril 1967.[1]

(*) Coordinador COMBOL CHILE

Notas:

[1] Archivo Salvador Allende, América Latina un Pueblo Continente, pag 87, Universidad Autónoma de México

[2] Allende, La biografía, pag. 222 Mario Amorós

[3] Archivo Salvador Allende América Latina un Pueblo Continente pag. 125 Universidad Autónoma de México

[4] Allende La Biografía, pag, 227 Mario Amorós

[5] Archivo Salvador Allende América Latina un Pueblo Continente pag. 130 Universidad Autónoma de México

[6] Archivo Salvador Allende América Latina un Pueblo Continente pag. 130 Universidad Autónoma de México

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