Nuestro 11 de Septiembre de 1973

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Es bueno saber qué pasó en Chile el día que las Fuerzas Armadas asaltaron el poder legítimamente constituido y dieron un golpe de Estado con muertos, heridos, desaparecidos y torturados.

Comenzando por la de Salvador Allende, el primer presidente socialista en el mundo electo democráticamente, cuya vida llegó a su fin bajo el bombardeo del Palacio de La Moneda.

Bueno, porque el 11 de septiembre es la gran fecha en la memoria de chilenos y chilenas. El día que perdimos lo mejor de nuestra democracia.

Un Once mío y otro ajeno

Memoria Histórica que debemos cuidar, entre otras cosas, para que no nos arrolle aquel otro 11 de septiembre 28 años después: el ataque terrorista islámico a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono en Washington, blancos cruciales – simbólico uno, real el otro – para los enemigos del sistema impuesto por el Imperio de occidente, Estados Unidos.

Antes, el 11 de septiembre el mundo entero lamentaba el fin del gobierno socialista surgido de las urnas y de las largas luchas del pueblo de un pequeño país del fin del mundo como Chile, por lograr un gobierno realmente democrático. Uno que eliminara las desigualdades y pusiera fin a las carencias de la mayoría de los chilenos.

Hoy son dos los “Once”, hay que compartir tragedias y, como siempre, la voz hegemónica apabulla la nuestra.

Han pasado 48 largos años y dos nuevas generaciones, que posiblemente se preguntan qué hay detrás de las conmemoraciones que cada año en septiembre sus abuelos se esmeran en revivir.

Es cierto, no se puede vivir en el pasado. Pero tampoco se puede prescindir de ese pasado que nos llenó de orgullo ante el mundo, y que sufrió con nosotros la gran pérdida de un modelo de sociedad abortado por las armas de los mismos que debieron protegerlo, azuzadas por la derecha nacional y mundial.

Cronistas del ayer

Los periodistas de aquella época, que vivieron y sufrieron los hechos, tienen la palabra en el libro “Mi 11 de septiembre”, del cual acaba de salir a librerías su tercera edición.

Son 25 testimonios de cómo fueron esas horas angustiantes y tensas antes y después del bombardeo de La Moneda. Sergio Campos, Leonardo Cáceres, Fernando Reyes Matta, Gladys Díaz, Federico Gana, Miguel Davagnino, quien escribe y varios más cuentan su historia de ese día.

Muchos de ellos eran periodistas radiales que se habían amanecido cuidando su emisora ante la alerta que hacía rato pronosticaba un golpe militar. Porque entonces había pluralismo en los medios y, por lo tanto, además de la prensa de derecha dominante, había radios que estaban con la Unidad Popular como Corporación, Diego Portales, Magallanes, Técnica del Estado, Luis Emilio Recabarren, Sargento Candelaria, Nacional y Porteña de Viña del Mar. Todas ellas fueron acalladas por el fuego militar y al final, como gran testimonio, sólo quedaban Candelaria y Magallanes, aunque por pocas horas más…

El discurso de Allende

Así, por ejemplo, dos de los protagonistas de esta última, Enrique Contreras y Leonardo Cáceres, editor del libro, narran en sendas crónicas su rescate del último mensaje del Presidente Allende. Cuentan que mientras La Moneda era asaltada y el humo y las llamas se escapaban de sus techos y murallas, su director Guillermo Ravest, su radio controlador Amado Felipe y Cáceres mismo (jefe de prensa entonces) escucharon por el teléfono a magneto, en línea directa con el palacio de gobierno, y lanzaron al aire de inmediato, la voz del Presidente dando instrucciones a los chilenos: que mantuvieran la calma, que no se dejaran avasallar, pero tampoco expusieran sus vidas.

Y luego, pronunciar uno de los más bellos discursos de despedida de que haya memoria por un jefe de Estado. Uno que no tomó el avión para huir del palacio en llamas, y murió con casco y arma de combate. Con esta valiosa grabación se escabulló Cáceres por las calles de Santiago invadidas por uniformados, mientras Ravest y Amado sacaban múltiples copias para difundir al mundo.

Cada uno de estos periodistas – reunidos en la Mesa de Don Camilo – cuenta su interesante historia de ese día. Entre ellos: Verónica Ahumada, periodista de Palacio, de las últimas mujeres que salió de La Moneda el día 11, despedida por el Presidente… Reyes Matta, asesor de prensa del Canciller Clodomiro Almeyda, volvía de una reunión de Países No Alineados en Argelia y ese día entregaba la participación del Canciller a Augusto Olivares, director Televisión Nacional, quien se suicidaría pocas horas después … Alejandro Arellano, subdirector de Clarín, se reintegraba a sus funciones cuando fue detenido a la entrada del diario y llevado al Regimiento Tacna, al Estadio Chile y luego al Estadio Nacional… Sergio Campos y su jefe de prensa Miguel Angel San Martín, abandonaron los estudios de Radio Corporación, vecina a La Moneda, sólo cuando su silenciamiento era inminente … Jorge Andrés Richards, a cargo de prensa en Radio Candelaria, siguió transmitiendo en la última emisora de la cadena “La voz del pueblo” en acallar su voz.

Enrique Martini alcanzó a romper la carilla donde despachaba los sucesos del día para la agencia checa CTK, prohibida poco después, antes de la llegada de uniformados a allanar el lugar … Erasmo López no pudo ingresar a su diario El Siglo, intervenido desde temprano esa mañana, pero siguió reporteando por La Alameda, escondiéndose cada tanto en las excavaciones del metro de Santiago, que se construía por entonces ….

Gladys Díaz, dirigenta de periodistas de izquierda, al no poder llegar a Radio Nacional, ya bombardeada, se refugió en casa del folclorista Desiderio Arenas, junto con Patricio Manns, donde armaron un centro de noticias para el exterior … Marcelo Castillo, dirigente estudiantil, estaba en clases de Química en su Liceo Manuel de Salas y al salir fue sorprendido por militares con tubos de ácido sulfúrico (con que se fabrican bombas molotov) que se llevó de la clase … Yo llegué a mi puesto en la editora nacional Quimantú, desde donde observé cómo dos tanques se instalaban en Plaza Italia, frente a nuestras oficinas de calle Santa María, y nos apuntaban con sus cañones, preparando el allanamiento a un lugar de trabajo sin armas.

Estas y muchas otras historias sobre qué hicimos el día del golpe militar se encuentran en esta nueva edición de “Mi Once de Septiembre”, ya en librerías, que refrescan y enriquecen nuestro recuerdo y que entregamos para conocimiento de los jóvenes de hoy y mañana.

Para que nos ayuden a cultivar la Memoria de una época única.

(*) Periodista.

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