Al terminar la relajada temporada de verano en la que los chilenos incluso contaron masivamente con permisos de vacaciones, el Gobierno impuso su decisión a favor de la vuelta a clases, pese a las reiteradas opiniones en contra tanto del Colegio Médico como del de los Profesores.

Por cierto que las actividades económicas se sostuvieron a un ritmo intenso y la sensación general en el país fue que -mientras la campaña de vacunación avanzaba veloz y exitosamente- poco a poco el virus comenzaba a desaparecer.

De hecho, se miraba la amenaza de las mutaciones como el nuevo tema del que ocuparse.

Pero ya a mediados de marzo, comenzó el aumento de casos desencadenando nuevas medidas de confinamiento que están restringiendo la circulación de casi 14 millones de personas que no pueden salir de sus hogares.

Al día de hoy el 43,9% de la población, equivalente a 6.668.300 personas han recibido la primera dosis de la vacuna, mientras que 3.513.361 que corresponden al 23,1% de la población, tiene ya las inoculaciones de ambas dosis contra el covid-19.

Pese a estos grandes números -de los 18 millones de habitantes- que han sido vacunados, el aumento de los contagios ha dejado a las unidades de cuidados intensivos operando con pocas camas de sobra y el sistema de salud en un punto límite.

Incluso, en el principal hospital de Valparaíso, llegó un momento en que no hubo más espacio para disponer los cadáveres y hubo que recurrir al adosamiento de un conteiner para usarlo como morgue.

Y funcionarios de salud identificaron casos de las nuevas variantes detectadas en el Reino Unido y en Brasil.

Sin embargo, la gravedad de la crisis es tal que el Presidente ha debido solicitar al Congreso la postergación de las elecciones que debían tener lugar el 10 y 11 de abril, y que serán aplazadas al 15 y 16 de mayo, para elegir a los Constituyentes, gobernadores, alcaldes y concejales.

«Aunque aplazamos las elecciones, el tema más urgente a resolver -junto al de la salud- es la crisis económica que sufren la gran mayoría de las familias chilenas», sostuvo ayer Tomás Hirsch en una conversación con Pressenza. «Estamos impulsando la propuesta de una Renta Básica Universal de emergencia», señaló, «y la idea ha sido tomada por varios de los parlamentarios sensibles ante esta tremenda situación».

Si bien no puede dudarse de que el proceso de vacunación ha sido un éxito, solo comparable a aquellos de Israel, Emiratos Árabes Unidos y Seychelles que han vacunado a una proporción mayor de su población, los chilenos sintieron con ello una ilusoria sensación de seguridad, que contribuyó a un fuerte aumento de nuevas infecciones y muertes que son las que ahora sobrecargan el sistema de salud y encuentran al personal médico estresado, agotado, incluso muchos con problemas de salud mental y casi un 30% con licencias porque no aguantan más el exceso de carga de trabajo.

Sin duda que las políticas del gobierno han sido un error tras otro: abrir las fronteras, permisos de vacaciones dentro y fuera del país, regreso a clases desde el 1 de marzo, apertura de gimnasios y centros comerciales, disminución de las restricciones a los negocios, apertura de las iglesias, casinos y restaurantes, sin implementar un sistema adecuado para la trazabilidad. El único acierto destacable es el de la campaña de vacunación que tanto ufanaba al Presidente.

Ese triunfalismo le pasa la cuenta actualmente y el país sufre la pandemia como nunca antes, en un pick de contagios, enfermos graves y muertes que supera los máximos alcanzados durante el año pasado.

Chile: con el 43% de la población vacunada, la pandemia sigue avanzando velozmente

(*) Co-Directora de Pressenza, humanista de larga trayectoria, autora de varias monografías y libros.

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