Bolsonaro en su Laberinto: Sin impeachment y Sin Golpe

Bolsonaro se valió de la crisis generada por el cambio de los ministros de Salud y de Relaciones Exteriores, para cambiar el ministro de Defensa y, a la vez, hacer cambios menores, moviendo personas para otros cargos, sin mayor trascendencia. La crisis en Brasil se ha vuelto finalmente una crisis militar.

Bolsonaro ha concedido espacios importantes para el Centrão, reacercándose al Congreso, buscando protegerse así de riesgos de un impeachment, que había vuelto a amenazarlo. La secretaria general de gobierno y el ministerio de Justicia fueron entregados a esas fuerzas, que también sale victoriosa, porque fue quien comandó la ofensiva por la salida del ministro de Relaciones Exteriores.

Por otra parte, Bolsonaro se ve distanciado de las FFAA. Queda claro que el ministro de Defensa fue despedido por no aceptar tomar la posiciones que Bolsonaro exigía, entre ellas, una declaración en contra del Poder Judicial por la decisión que ha favorecido a Lula, así como aceptar la declaración del estado de sitio.

El demitido ministro de Defensa se ha reunido con los comandantes del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina, ha recibido el apoyo de ellos, los cuales han entregado sus cargos al gobierno, en solidaridad con el ministro de Defensa.

La crisis de la salida de los dos ministros civiles ha abierto una crisis del gobierno con las FFAA. Bolsonaro no ha encontrado un militar activo para el ministerio de Defensa, tuvo que nombrar uno de la reserva, que ya estaba en el gobierno: el general Braga Neto. El tendrá, antes de todo, que encontrar militares que acepten asumir las comandancias de las tres armas, en esas condiciones.

Todos los militares que salen del gobierno han reafirmado el rol de las FFAA como instituciones del Estado y no del gobierno, forma de no aceptar las exigencias de Bolsonaro. Jueces del Supremo Tribunal Federal se han pronunciado en contra de cualquier tipo de golpe. Así como el mismo vicepresidente de Bolsonaro, Olimpio Mourao, se pronunció en contra de cualquier tipo de golpe. Asimismo, todas las fuerzas políticas también se pronuncian en contra de cualquier aventura golpista de Bolsonaro.

Las interpretaciones de consenso indican que el gobierno de Bolsonaro fue sorprendido en esta crisis en el momento de menor apoyo y afectado de la reaparición política de Lula, ante quien pierde en todas las encuestas. Se considera que Bolsonaro sale todavía más debilitado de esa crisis y de esos cambios.

Él puede contar con un impeachment cada vez más alejado, pero a la vez, cualquier intento de golpe por parte de Bolsonaro, también está más alejado, por la deterioración de sus relaciones con las FFAA.

Bolsonaro no se ha pronunciado. A la salida del Palacio del Planalto, afirmó que quien mata a las personas es el lockdown y no la pandemia. Es decir, la otra cara del proyecto golpista de Bolsonaro es su negacionismo. El alega que necesita de un estado de alerta para combatir a los lockdowns decretados por los gobernadores de las provincias.

La crisis del gobierno no ha terminado. El gobierno tiene todavía que encontrar militares que acepten asumir la comandancia de las tres armas. El del ejército está decidido a salir.
Los otros dos han manifestado que solo se quedarían sin golpe.

Mientras tanto, el país sigue contando sus muertos, los que mueren en las UCIS de los hospitales y los que mueren en las colas, en sus casas, esperando entrar en los hospitales.
Ninguna palabra de Bolsonaro, ni de sus ministros, civiles o militares. Los gobernadores de provincia, junto a los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, buscan desesperadamente más vacunas y un ritmo más acelerado de la vacunación.

Brasil sigue viviendo el auge de la pandemia, con más de 300 mil muertos, con poco más del 7% de la población vacunada y con los hospitales rebasados. Lo único positivo es que los centros públicos brasileños han comenzado a entregar semanalmente millones de vacunas producidas en el país.

Todo ello se da en la semana en que se cumplen 57 años del golpe militar de 1964 que vuelve a ser un divisor de aguas en la política brasileña.

Cada uno marcará la fecha a su manera.

Emir Sader (*)

Sociólogo y científico político brasileño; coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

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