Refundación de Carabineros. una exigencia democrática

La parada de carros del Gobierno a la ministra de Desarrollo Social, Karla Rubilar, quién en entrevista radial se refirió a la necesidad de la refundación de Carabineros, muestra un mundo al revés: en la institución policial radica el poder, y el poder político es el que está subordinado.

De hecho, no es exagerada afirmar que sin la brutal represión policial, el peor gobierno de la historia estaría allí: en el basurero de la misma. Por tanto, apenas la ministra Rubilar mencionó la necesidad de refundar Carabineros, su general director salió a cobrar la factura

“Soy una convencida de que Carabineros es una institución fundamental , pero también creo que es necesario, y es una prioridad del Gobierno de Sebastián Piñera, que deberíamos concretar una reforma y una reestructuración profunda”.

Agregó:

«Es vital tratar de tener una reformulación, una suerte de refundación de Carabineros, sobre todo en materia de orden público”.

En evidente infracción al principio de la no deliberación y subordinación al poder civil, el director general de Carabineros, Ricardo Yáñez, llamó personalmente al ministro del Interior, para manifestarle la “incomodidad” del Alto Mando por los dichos de la ministra.

Si alguien pensó que la autoridad civil de la que depende Carabineros, le iba a representar al general la incomodidad del gobierno frente este acto de deliberación, y la impertinencia de su formulación, estaba completamente equivocado.

En lugar de eso, el ministro del Interior se prosternó dócilmente ante el jefe policial, y le dijo que «no se preocupara», porque los dichos de la ministra no representan la posición de La Moneda, y que el presidente no considera “algún tipo de refundación”.

Doble servilismo: el del ministro del Interior frente a una autoridad teóricamente subordinada, y el de la ministra Rubilar, que no presentó su renuncia inmediata ante la brutal desautorización de su colega de gabinete.

La conclusión es inequívoca: Carabineros es la guardia pretoriana militarizada de la clase propietaria, autónoma, independiente, fuera de control y sobre todo, profundamente antidemocrática.

No hay espacio para una «reforma» como pretende el gobierno, sino para una refundación, sobre bases enteramente distintas.

Es lo que plantea el analista de inteligencia criminal chileno canadiense, F.J. Newman, con 20 años de trabajo en la policía canadiense, en entrevista con el director del periódico electrónico El Soberano.

Analista de inteligencia criminal canadiense: «Carabineros es una policía descontrolada y su destino no es otro que desaparecer»

Refundación de Carabineros Exigencia Democrática: Terminar con la República Independiente de Carabineros

por Roberto Bruna

Lo que viene es un diagnóstico por parte de un profesional chileno que integró una de las policías más prestigiosas del mundo, quien da cuenta de las falencias que presenta Carabineros. Asimismo, este ciudadano chileno-canadiense aporta una serie de recomendaciones para conformar una policía nueva, proba, eficiente, competente y respetada por la ciudadanía.

El fin al doble escalafón, la creación de un consejo de administración policial independiente que integre a las organizaciones sociales y la creación de la unidad de relacionamiento comunitario asoman como tres acciones indispensables en tal empeño.

Sintió curiosidad cuando vio a funcionarios de Carabineros repartiendo palos a diestra y siniestra en las protestas suscitadas a raíz del estallido social. La obsesión por las bombas lacrimógenas y esa enfermiza inclinación por el apaleo de personas desarmadas le demostraron que la policía uniformada chilena había cambiado poco desde los años ’70, cuando se marchó del país siendo todavía un joven.

«Básicamente demostró ser la misma policía de la dictadura, y eso es grave», sostiene.

«¿Sabías que en la ciudad donde yo trabajaba, una de las más grandes de Norteamérica, sólo una vez se uso una bomba lacrimógena? Una sola vez. Y fue una sola. ¡Y la policía advirtió del lanzamiento a través de megáfonos!», señala.

Esa curiosidad inicial derivó en sorpresa cuando supo del uso indiscriminado de escopetas antimotines, cuyo uso está terminantemente prohibido en manifestaciones callejeras en el país donde le tocó ser policía. La sorpresa mutó en espanto cuando se enteró de los casos de Fabiola Campillay y Gustavo Gatica, o del caso de un joven que fue aplastado por dos zorrillos.

Ni hablar de la atroz paliza que dejó casi en estado vegetal a un joven de Maipú en el marco de la rebelión popular. Todo el estupor que le acompañó durante la pandemia evolucionó a franca indignación cuando vio a un efectivo de Fuerzas Especiales lanzando al lecho del río Mapocho a un adolescente.

La cosa se puso peor en otro contexto, cuando presenció por televisión cómo dos carabineros y un guardia municipal se ocasionaban heridas de diversa gravedad debido a sus propias chambonadas, todo esto en medio de un procedimiento para detener a un «motochorro» en Providencia («fue algo de Los Tres Chiflados, hay que decirlo», sostiene al pasar). Entonces empezó a sentirse invadido por un extraño sentimiento de tristeza.

Y la pertinencia del adjetivo «extraño» se debe a que, si bien el cuadro invita a la amargura y la preocupación, a la larga sintió ganas de reír, que es más o menos lo que sentimos cada vez que nos toca asistir un espectáculo patético, desopilante, en extremo ridículo, «como fue esa conferencia de prensa en la que una generala dijo que los efectivos de Fuerzas Especiales utilizan mentolatum».

«Es increíble la falta de pudor en tiempos de transparencia propiciada por las redes sociales. Cosas como agarrar a balazos a niños de un hogar de menores es algo que yo no había visto antes. Quedé pasmado», asegura el analista de inteligencia policial.

«En el marco del estallido vimos cosas terribles, pero también muchas cosas confusas, muy misteriosas, acciones que tendrían que haber sido investigadas y esclarecidas. Pero nada de eso ocurre porque se nota que nadie tiene control sobre Carabineros. Al revés: el gobierno está tan debilitado que parece deberle a Carabineros de Chile su permanencia en el poder«, sostiene FJ. Newman, quien tiene en su curriculum más de 20 años de experiencia en la unidad de análisis de información criminal de una de las fuerzas policiales más importantes de Canadá.

La policía uniformada de Chile debe desaparecer

Los últimos acontecimientos lo terminaron de convencer:

«La policía uniformada de Chile simplemente debe desaparecer porque ya está muerta, y debe dar paso a una policía distinta, que tenga otro uniforme. Pero más importante aún: necesita que sus efectivos aprendan valores democráticos de una sociedad del siglo XXI».

«Lo que urge es asumir que esta policía está en una bancarrota moral a ojos de la ciudadanía, una ciudadanía que la asume como enemiga y como parte del problema. Es evidente que Carabineros es percibida como una institución que forma parte del viejo Chile, ese Chile del que no quieren volver a saber. No hay policía exitosa y eficiente cuando sufre el rechazo de las personas. Por eso digo que no queda otra opción que crear un nuevo cuerpo policial en un plazo de cinco años«, sostiene.

Y agrega:

«En una primera etapa ambas van a coexistir. Habrá una policía emergente y otra que se va a ir apagando conforme la nueva policía aumenta de dotación. Esa dotación debe ser entrenada de una manera muy diferente, de manera más profesional, con un enfoque distinto respecto de lo que significa la democracia y la protesta social. Algo que parece muy raro en un país tan autoritario y oligárquico como Chile».

– Es decir, hay que enseñarles lo que significa vivir en democracia. Partiendo por ahí…

«Exacto. Tal cual, porque está claro que no lo entienden, y eso queda claro cuando uno ve el maltrato a las personas en el marco de la protesta social. Basta que recordemos esas imágenes de Valparaíso donde funcionarios de Carabineros apalean a personas que bajan al plan para ejercer su legítimo derecho a la protesta. Hay que hacerles entender que ellos están para proteger a los ciudadanos incluso cuando estos deciden salir a la calle a protestar. En Canadá es así: la policía protege a los manifestantes, cuida que nadie los ataque, que no los atropellen. A los nuevos agentes policiales hay que enseñarles que manifestarse no es malo y que, por el contrario, es parte de la democracia, y de una democracia saludable. En Canadá incluso preferimos que quemen patrullas para que puedan canalizar ahí su enorme indignación. Es mejor eso a que incendien el transporte público, ¿o no? Ahí está uno de los problemas de Carabineros: su formación militar».

– ¿Los militares riñen con el concepto de democracia?

«Desde luego. Es un problema grave porque los militares tienden a creer que las sociedades deben funcionar como un regimiento, y la sociedad no es un regimiento: hay civiles, personas de distintos credos, con distintas visiones de mundo, ideológica y culturalmente diversas, de distintas edades, con miradas muy distintas entre sí, con gustos e inquietudes divergentes y muchas veces contrapuestas; algunos son del Colo y otros de la Chile… Carabineros es, en ese sentido, una policía anticuada e inconveniente en una sociedad que se dice democrática y liberal. A menos, claro, que de frentón nos declaremos como una dictadura o una plutocracia. En ese caso sí; Carabineros es la institución adecuada para mantener un orden dictatorial».

– En España ocurrió lo que me cuentas: con la retorno a la democracia, después de la muerte de Francisco Franco, la Guardia Civil, policía militar muy similar a Carabineros, debió ceder su espacio en las grandes urbes frente a una nueva Policía Nacional y ante otros cuerpos policiales autonómicos tanto en el País Vasco como en Cataluña. Hoy los guardias civiles tienen acotada su función a edificios públicos, carreteras y pequeños poblados…

«Puede ser una fórmula a considerar. Pero hay un problema adicional: no todos los elementos formados en Carabineros podrán ser reciclados en un nuevo cuerpo policial, y la razón es que están formateados en una cultura de abuso e impunidad. Algunos, una minoría dentro de los 60 mil funcionarios con que cuenta la institución, podrán ser parte del nuevo cuerpo, pero serán muy pocos. Lo que ocurre es que hay mucho daño acumulado. En cambio, la Policía de Investigaciones (PDI) realizó esa transformación a tiempo, a comienzos de los años ’90, y se pudo salvar. Se nota que sus elementos están mejor formados y preparados, aunque igual deben ser parte de la reforma porque hay que insistir en el respeto de la civilidad y los derechos humanos que todos tenemos ante el Estado. Sin embargo, el caso de Carabineros es aún más grave. En ese sentido sería bueno que se homologuen los procesos de entrenamiento y formación policial entre la PDI y el nuevo cuerpo.

– ¿Tan devaluada está la marca de Carabineros?

«Total. Mucho se dice que Carabineros es una policía corrupta, abusiva, cruel, poco profesional, ineficiente, incompetente y todo lo demás. Yo prefiero decir que Carabineros es una policía amateur, que está sumida en un descontrol completo y su destino inexorable no es otro que desaparecer por el bien de la democracia y la República. Respecto del asunto puntual del joven malabarista de Panguipulli sólo puedo decir que el caso da para mucho, y que no pocos policías canadienses sumamente profesionales podrían compartir la idea de la legítima defensa que sostiene la defensa del efectivo. Pero, independiente del caso específico, es obvio que una parte importante de la ciudadanía -mayoritaria, diría yo- ya se hartó de Carabineros, de sus abusos y su impunidad, y como tal se cuadra a priori contra la policía apenas se entera de un hecho tan controvertido y lamentable como ese. Ese acto inmediato de condena es síntoma de ese quiebre, y ese quiebre es definitivo. Claro, habrá que esforzarse en rescatar a esos agentes que se desempeñan en grupos altamente especializados, como el GOPE, por ejemplo, cuya formación es costosa y compleja. Aquí llegamos a otro elemento que afecta la eficiencia de la policía uniformada chilena, y eso es algo tan sencillo como su doble escalafón. Es increíble que algo así exista en el mundo de hoy».

Los efectos del doble escalafón

– Lo que ocurre también en las Fuerzas Armadas…

«Es una locura. Es inconcebible a estas alturas. Lo primero es que esta división odiosa entre oficiales y suboficiales atenta contra el principio meritocrático con el que tantas gárgaras hacen los políticos y los empresarios de Chile. Pero en segundo lugar, y más importante aún, es que este sistema perverso reserva los espacios de conducción a quienes tienen capacidad de pago, que son los que van a ir a formarse en la Escuela de Oficiales de Carabineros. En el fondo, y bajo una mirada de clase, le estamos diciendo a toda la sociedad que quienes dirigen la institución son aquellos cuyos padres tienen dinero y contactos. ¿Y qué sucede entonces? Pues sucede que la institución reproduce la mirada oligárquica de quienes la conducen, y esa mirada permea a toda la tropa. El cuerpo policial se vuelve una guardia pretoriana de quienes nacen con el privilegio de cuna. Si Carabineros se muestra torpe e incompetente es porque no la dirigen quienes tienen mejores ideas o están más capacitados. Por eso es que en Norteamérica no existe tal cosa del doble escalafón. Eso hay que terminarlo ahora porque resulta dañino». .

– Los sectores más conservadores defenderán ese doble escalafón en la Convención Constituyente.

«Seguro que sí, pero es entendible desde la defensa natural del privilegio. Es importante aclarar que esta incompetencia, estos abusos, esta mirada clasista de Carabineros, no es una cosa casual, sino que es producto de un diseño deliberado de las élites tendiente a crear una policía que, en los hechos, está orientada a protegerlas a ellas mismas por la vía de ordenar el territorio. Los políticos en el poder y los empresarios tienen una policía para ellos y sólo para ellos.

– ¿Cómo así?

!Claro. ¿Cómo dice el lema de Carabineros? «Orden y Patria». Claro, el orden se entiende como el control del espacio público frente a esos chilenos que son menos chilenos que aquellos que forman parte de los sectores más acomodados de Chile. Ordena el territorio para decirle al cabro de aspecto humilde que no debe caminar por Las Condes y Vitacura. Ordena el territorio negándoselo a quienes protestan demandando la acción del Estado. Muchas veces la policía determina qué crímenes se cometen y cuáles no, ante cuáles hace la vista gorda y ante cuáles no. Es increíble ver cómo muchos elementos de Carabineros se sienten parte de los privilegiados por el solo hecho de hacer aquello que protege a estos últimos. Muchos se deben sentir importantes haciendo su despliegue de poder. Hay una cuestión de reconocimiento involucrada en todo este asunto».

– ¿Esto explica entonces el que un carabinero lance por un puente a un manifestante?

«Me llama mucho la atención la defensa que se hace de ese agente policial en orden a que se nubló, que se puso nervioso y todo eso. ¡Un efectivo antimotines no puede descontrolarse en tareas orientadas a controlar desórdenes callejeros! ¡Para eso se forman y se entrenan! ¡A qué fueron entonces a la academia policial! Entonces, y siendo menos ingenuos, uno inevitablemente llega a concluir que el énfasis no está en apaciguar o restaurar el orden, sino en disciplinar y castigar. Carabineros sólo está para castigar a los pobres y para proteger a los ricos y a los políticos. Nada más. Yo veo las noticias y miro a Fuerzas Especiales tirando lacrimógenas y chorros de agua… ¡Y no saca nada con todo eso! ¡Todo resulta inútil! Para colmo veo denuncias de uso de soda cáustica en el agua de los guanacos. Es obvio que hay algo muy mal en esa institución. Entonces resulta clave otro cambio en lo que respecta a la gobernanza».

¿Quién debe controlar a Carabineros?

«Carabineros no puede estar bajo el control del Ministerio del Interior, ya que la tentación del manejo político de sus cuadros es muy grande. La nueva policía no puede estar bajo control de un ministerio, sino de un consejo integrado por la ciudadanía y las organizaciones sociales, junto con representantes políticos y otros. En Canadá es así. Los ciudadanos y las organizaciones tienen voz y voto en ese consejo. Este consejo es una entidad independiente. ¡Tanto que les gusta hablar de la independencia del Banco Central y esas cosas! Yo no sé si es conveniente o no tal independencia, pero sí te puedo asegurar que la independencia del cuerpo policial debe ser total respecto de las autoridades y del ciclo político. Total».

– En Norteamérica las policías dependen de los municipios.

«Claro, y el presidente del consejo suele ser el comisionado del alcalde, la persona a quien el jefe comunal delega como representante en el consejo. El comisionado es casi siempre un expolicía destacado con enorme conocimiento territorial y operativo, muy profesional, un experto con conocimientos en la materia y de todo cuanto se relacione con la ciudad. Entonces, como tiene un enorme conocimiento técnico, suele ser la figura que encabeza el consejo. Pero hay excepciones a la regla, lo que demuestra que no siempre son expolicías quienes presiden esos consejos de administración. Depende de la calidad del proyecto que presente, que puede ser trienal, quinquenal o con vista a 10 años, y tal mandato es prorrogable o revocable en función de los resultados.

¿Y el manejo de la plata? En Carabineros hay oficiales que se llevaron para la casa más de 28 mil millones de pesos.
-Eso es otra cosa clave: la nueva policía no debe tener ningún poder de decisión ni injerencia en el manejo financiero de la institución. Cero. La policía no debe entrar en contacto con el dinero, sino que debe hacer presente sus necesidades materiales y logísticas para cumplir con su tarea de manera eficiente, justificando con números todas sus exigencias y demandas, pero nada más que eso. Y luego el consejo resolverá. Los jefes de la policía no deben manejar recursos de ningún tipo, ni siquiera entrar en esa discusión. Es un riesgo grande. Otra cosa: la mala conducta policial ha de ser investigada por una entidad independiente de la policía y del consejo. Asimismo, una policía no puede ser eficiente si gasta gran parte de sus recursos en guerras en las que no tiene ninguna posibilidad de ganar.

– ¿Te refieres a la guerra contra las drogas? Gastamos infinidad de recursos en una estrategia prohibicionista sin obtener resultados positivos.

«Está probado que esa estrategia es un fracaso. Yo estudié bien ese tema, y conocí muy bien la guerra contra las drogas que inició Richard Nixon en 1970 con la Ley De Prevención y Control de Drogas y que intensificó (Ronald) Reagan en Estados Unidos con su Ley De Abuso Anti-drogas, que logró disminuir el tráfico a un costo social enorme, pues se dio a costa de perseguir a los pobres y criminalizar a las personas de color, que es la forma que muchos encontraron para impedir que ejercieran su derecho a voto. ¿Qué logró México con la guerra contra el narco que inició Felipe Calderón? Nada, salvo fortalecer a los cárteles y conseguir 300 mil muertos y contando. Poco a poco en Canadá nos fuimos dando cuenta que el problema de las drogas es sanitario y no policial. Lo primero que Chile debe hacer es legalizar el consumo y venta de cannabis».

– La famosa ley 20.000…

-Una tontería. En el fondo es una guerra contra los pobres. El control de identidad es también un dispositivo de control de personas pobres. Todo el resto es verso. Es una acción tremenda ineficaz y peligrosa porque se presta para el abuso. El problema no está en los usuarios ni en los pequeños contrabandistas, sino en las mafias que están «aguas arriba». Chile debería implementar un sistema como el que Canada creó en 1976, el Sistema Automatizado de Información de Inteligencia Criminal, ACIIS, que es una plataforma en línea. Esta base de datos es la Depositaria de la Inteligencia Nacional, para ser usada por todos los miembros de la Inteligencia Criminal, para cooperar en la recolección de información, evaluar y analizar la actividad criminal. En este país no hay nada de esto. Es cosa de ver lo que pasa en la Araucanía, donde nadie sabe quiénes son los que están detrás de la quema de camiones y propiedades.

– Pero dicen que es eficaz para detener delincuentes requeridos por la justicia.

«Otra tontería más. El objetivo de toda policía en el mundo es la prevención del delito. Es decir, que en mi barrio, en mi ciudad y en todo mi país se cometa la menor cantidad posible de delitos. El foco no debe estar en perseguir con eficiencia la responsabilidad de aquellos que cometen delitos, sino prevenir que estos ocurran, y el primer paso es empezar a cerrar las brechas sociales. Debemos entender que la desigualdad es perniciosa porque corrompe a las democracias y atenta contra la paz social, y en ese marco las sociedades no pueden desarrollarse ni prosperar. En este tema tenemos otra necesidad imperativa como país: la nueva policía debe tener sí o sí una división de relacionamiento comunitario. Así como tiene una división antiterrorista y de intervención especial como el GOPE o SWAT, una división antimotines, una prefectura aeropolicial, etc., también debe contar con esta división, que ha de ser tanto o más importante que todas las demás».

– ¿Y cuál es el trabajo de esa división de relacionamiento comunitario en las policías canadienses?

«En cada comisaría existe esta unidad integrada por funcionarios policiales que se relacionan con la ciudadanía, con las organizaciones comunitarias y de base, con juntas de vecinos, con los vecinos mismos, y escuchan sus denuncias, sus problemas, sus angustias… En Chile la gente va a la comisaría y deja una constancia o una denuncia y nunca pasa nada. Es una lesera testimonial. En Canadá no, porque esa división tiene la obligación de procesar ese enorme caudal de datos para guiar su acción preventiva. Para integrar esa división hay que tener características muy especiales y tener estudios. Muchos tienen estudios de postgrado en antropología, sociología, psicología social, etc».

– Pero en Chile hay un problema: la dictadura borró del mapa la dimensión comunitaria de la vida, al punto que las juntas de vecinos son casi inexistentes, y eso impediría crear ese vínculo entre comunidad y cuerpo policial que ayude a prevenir el delito. En otras palabras, no hay tejido social.

«Pero cuidado, que la nueva policía puede ayudar a reconfigurar ese tejido social, y eso puede ocurrir siempre y cuando los ciudadanos noten que es una policía distinta, con nuevos protocolos, con una nueva mirada que sintonice con la idea de una sociedad diversa y compleja. Esto va mucho más allá de un plan cuadrante».

A cada tanto F. J. Newman revisa su teléfono en busca de información y datos que avalen sus opiniones. En la parte final de la entrevista se queda mirando el dispositivo y avisa:
“Mira esto”, al tiempo que enseña la pantalla, donde puede leerse el titular de un medio informativo nacional dando cuenta de la última joya de Carabineros: dos efectivos policiales abandonan a un hombre moribundo en un sitio eriazo de Calama, justo al lado del Servicio Médico Legal. “Siempre se dice que Carabineros no da para más. Pero siempre cae un escalón más abajo”, concluye.

Fuente: El Soberano

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