Chile Entre la Revuelta Social y el Covid-19

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por Carlos A. Torres.

La bendita violencia que flagela a Chile tiene sus orígenes, conocido por todos, en la profunda y extensa brecha cultural, económico-social, que cruza al país desde la Colonia.

Siempre han existido dos países, uno que se asemeja a Bélgica o uno similar, y otro más cercano a Haití y aunque la analogía es imperfecta expresa al menos los dos hemisferios socio-culturales y económicos que nos separan.

Es necesario entonces entender aspectos claves para comprender la violencia y poder explicar sus revolucionarios o contrarrevolucionarios impactos. Aunque parezca majadero debemos reconocer que vivimos en el capitalismo real y sus bondades –las menos– y sus defectos –los más–, definen lo que somos y lo que hacemos social y políticamente.

Por ende el marco de referencia que debe sustentar cualquier reflexión está dado por esa máxima. Para procesar la violencia real y la aplicada en sus diversas formas podemos apelar a la larga historia de masacres y asesinatos viles ejecutados por las fuerzas armadas y las de orden y seguridad en defensa del capital.

Actos criminales anclados en la lucha de clases impuesta por las elites dominantes del sistema capitalista; esto no fue un invento de Marx o Lenin, de los comunistas o los revolucionarios.

Llegamos al estado actual de las violencias ejercidas por el pueblo porque en Chile simplemente el pueblo se hartó, despertó y emputeció al corroborar que en los salarios, pensiones, salud, educación y medio ambiente, a lo largo de la dictadura y la mentada transición, le habían metido la mano en todos sus bolsillos.

Y todas las movilizaciones sectoriales de cientos de miles o millones de hombres y mujeres por todas las causas reivindicativas habían caído en el vacío, haciendo el neoliberalismo y sus representantes caso omiso al clamor del pueblo por justicia social.

No era mucho más lo que se pedía, incluso desde los años funestos de la dictadura.

Los partidos de la elite en el poder, tanto los que manejaban la economía como la burocracia estatal estilo “petite bourgeoisie d’etat” (1) y que trashumaban entre los poderes privados y públicos, convirtieron al sistema político y al modelo económico de Chile en un Régimen Neoliberal (este concepto se desarrolla en los próximos párrafos).

El consenso de los de arriba profundizó las reformas neoliberales edificando un aparato estatal a la medida de las recetas de los economistas de Chicago. Imponiendo al mismo tiempo por la vía autoritaria un sentido común afín a sus intereses a los cuales sectores mayoritarios del país se subordinó y otros lo adoptaron conscientemente porque según ellos no había “Otra Alternativa” (2)

Sin piedad ni respeto por la ciudadanía, todas y todos, los adherentes al modelo hicieron caso omiso a las peticiones, casi suplicas de la población golpeada por el sistema. Las reformitas paliativas aunque laxas impulsadas por el gobierno de Michelle Bachelet provocaron la reacción –clásica– de la elite económica y política de derecha bloqueando en el parlamento y a través de sus medios de comunicación los intentos por suavizar los privilegios, abusos y humillaciones ejercidas en nombre de la macroeconomía.

El régimen fue capaz, incluso, vía eufemismos (3), de aquietar a sectores de la población integrándolos marginalmente al sistema al compás de deudas y extracción práctica de una doble plusvalía, tanto en el trabajo cotidiano como en los aspectos financieros dado los abusivos intereses del crédito.

Los préstamos para consumo fueron doblegando a vastos sectores sociales, pero todo, incluida la sumisión tiene su tiempo, al menos así lo señala la historia.

El trabajo como argumenta Harvey (4), devino un lugar de esclavitud moderna y la vida se trasformó en un ir y devenir lacerante para el mundo del trabajo.

Los hombres y mujeres de Chile se convirtieron en un número de cliente o usuario como consumidores de la vorágine de “productos” que ofrece el mercado en cada metro cuadrado de la existencia humana.

Todo se vende y todo se transa en el paraíso neoliberal, ¿recuerdan la célebre frase sobre la educación del impopular inquilino de La Moneda? (5).

El Régimen Neoliberal (6)

El culto neoliberal existente en Chile hasta octubre 2019 se fue consolidando en todas las actividades y dimensiones del quehacer, su varita convertía todo lo que tocaba en un valor monetario tangible o intangible.

Sembraron un nivel de violencia y segregación social solo comparable al régimen del apartheid en Sudáfrica.

Barrios, educación, salud, pensiones, viviendas y una larga lista de estratificación social diferenciada estipulaba que había un Chile para los de arriba y otro Chile para los de abajo.

La violencia encubierta ha permitido asesinatos (impunes) en el Wall Mapu, asesinatos subrepticios de luchadores y luchadoras sociales y ambientales, muertes en hospitales públicos u hogares de limitados recursos y el abandono de personas indigentes hasta su defunción.

El crimen está inexorablemente asociado al neoliberalismo; desde los delitos de cuello y corbata, la represión mutiladora y asesinato de hombres y mujeres que se movilizan por construir una sociedad superior a lo que ha ofrecido hasta ahora el capitalismo.

Los neoliberales en sus diversas vertientes expresan inequívocamente su opción por el mercado por sobre el Estado y la sociedad y por extensión, la vida del capital, y la muerte de quienes lo producen.

¿Por qué es necesario abordar la pandemia neoliberal?

Las políticas neoliberales se irradiaron por la fuerza o la razón a escala global para sortear la crisis de acumulación del capitalismo originada los años sesenta y que con más o menos violencia estructural y/o represiva invadió las sociedades hacia fines de los setenta y ochenta.

Y, tal cual epidemia fue destruyendo el tejido social, los programas sociales, la creación de empleo y la distribución de la riqueza previamente existente. No se trata de exaltar al viejo Estado de bienestar pues a pesar de sus limitaciones permitió mantener formas de justicia social en ascenso continuo debido a las extraordinarias luchas populares por sus reivindicaciones y derechos.

El neoliberalismo fue infectando y socavando todos los mecanismos de defensa de las organizaciones populares y los partidos políticos de la izquierda clásica, debilitando las fuerzas del cuerpo político-social que luchaban por construir una sociedad pos capitalista.

La idea del proyecto socialista como sistema de emancipación popular y justicia social se fue transformando en un buen recuerdo, pero recuerdo al fin y al cabo.

El contagio individualista promovido desde los centros de pensamiento del neoliberalismo y difundido por los medios de comunicación logró minar los centros ideológicos del socialismo y de los proyectos revolucionarios necesarios de transformación social en diversos lugares del mundo logrando el repliegue de las fuerzas del cambio en Chile.

El tratamiento de schock (Klein, 2007) implementado por el aparato estatal al servicio del capital pulverizó todos los mecanismos de defensa social de los estados debilitando los sentimientos, los pensamientos solidarios y fraternales que la izquierda había construido y defendido por décadas.

El contrabando ideológico gestado en Europa desde las diversas vertientes comunista y socialista marcaron el inicio del camino hacia la “renovación” de las ideas socialistas y revolucionarias que, precipitado por el derrumbe de la URRS, llevó al despeñadero a los proyectos impulsados en el siglo XX por dichos sectores.

La izquierda revolucionaria por su parte, aunque resiste la debacle hasta entrado el siglo XXI, tampoco logra vertebrar el proyecto emancipador pendiente en la misma medida que la hecatombe ideológica demolía el socialismo del siglo XX, se disgregaba la vertiente refrescante de la izquierda revolucionaria.

La orfandad ideológica envolvía con un manto de espesa niebla los proyectos emancipadores.

La imposición del pensamiento único neoliberal en Chile debilitó transitoriamente las defensas sociales del pueblo, una transitoriedad lamentablemente muy extendida en el tiempo histórico, no obstante la inagotable e incansable resistencia al régimen neoliberal –en sus dos expresiones criollas– facilitó las condiciones para la revuelta social iniciada en octubre.

Contra la Bacteria y el Virus (7)

La plaga neoliberal al igual que el Covid 19 infectó a la sociedad con el virus individualista, egoísta y mezquino provocando una calamidad de la cual será muy difícil recuperarse, después de más de treinta años aun no descubrimos la vacuna para poner fin a tal peste.

Lamentablemente el Covid 19 arribó para darle un poco de aire a un gobierno sofocado, y a una oposición parlamentaria también arrinconada desde octubre por la movilización popular.

Fue la normalidad supuesta la que creó este presente crítico y de crisis actual, no podemos por ende regresar a una “normalidad” distorsionada de la vida humana, un “sentido común” favorable al sector económico-social que desvirtuó el desarrollo humano en función del desarrollo material destructivo del capitalismo.

Hablamos mucho del neoliberalismo y sus orígenes en Hayek, Friedman y los Chicago Boys y lo cuestionamos en términos macro económicos y sus efectos mercantiles. Pero en palabras simples y concretas, ¿cuál es su función en nuestro país, como nos afecta cotidianamente?

El Neoliberalismo es un acumulado histórico de reformas económicas inicialmente, que data de la II posguerra, que apunta a despojar al Estado de su rol histórico. Su objetivo es liberar al capital del control gubernamental y del trabajo en todas las áreas de la actividad productiva y económica.

Se transformó en doctrina en la medida que las reformas trastocaron todos los espacios de la vida de la ciudadanía. Dejando de ese modo al arbitrio del mercado servicios y bienes públicos, fomentando la acumulación privada del capital y eliminando las trabas estatales en todos los sectores de la economía apropiándose del ingreso y el comercio en su conjunto (8).

La pandemia neoliberal y el Covid 19 se articulan por esas fatalidades imprevistas en la historia, el neoliberalismo se hallaba en una profunda crisis de legitimidad que se profundiza en Chile a partir de octubre del 2019.

El rol del Estado en la economía y en la seguridad social, suprimida en la era pinochetista, era reclamado por amplios sectores de la población. Cuando todo apuntaba al fortalecimiento de la movilización social por los cambios aflora el virus en cuestión trastocando la normalidad ya cuestionada por la acción en la calle del pueblo movilizado.

Evidentemente el rol devastador del virus no es producto de una conspiración orquestada por el capital, sin embargo ha permitido la recuperación transitoria del gobierno, que hace esfuerzos denodados por mantener la égida del modelo entrando el mismo tiempo en contradicción con sus bases fundamentales.

La más sustancial es que el mercado no resuelve ni es capaz de confrontar las limitaciones de sus políticas ni menos enfrentar la crisis sanitaria y la peligrosa crisis socio-económica en curso, en tanto toda actividad de la vida cotidiana es controlada por el mercado.

La bacteria neoliberal acoplada con el Covid 19 ha producido una calamidad impensada para la sociedad chilena.

Ambas pestes –la sanitaria y la sistémica– descargan su furia fúnebre contra las trabajadoras y trabajadores chilenos.

Son, innegablemente, los sectores empobrecidos por el capital los que más sufren los efectos de esta tragedia tempranamente anunciada.

La Ley del Garrote (otra vez)

Sumado a los estragos que causa el Covid 19 debemos añadir la violencia delictual que ejerce el aparato represivo del régimen neoliberal encabezado por Sebastián Piñera.

Una tormenta perfecta para imponer la cuarentena sanitaria y simultáneamente la cuarentena político-social, en este caso contra los movimientos populares y las organizaciones sociales que desde el 18 de octubre incrementaron las movilizaciones por conquistar sus derechos largamente postergados.

El 1º de Mayo pasado las fuerzas represivas del régimen, reprimieron a los trabajadores y trabajadoras, quienes manteniendo el cuidado y la prudencia sanitaria manifestaron su rechazo a un gobierno sin legitimidad; y que a pesar de ello impone enfoques esencialmente mercantiles (neoliberales) para superar la crisis.

En Santiago en las inmediaciones del local de la CUT (Central Unitaria de Trabajadores) y la ANEF (Asociación de Empleados Fiscales) después de la realización de un reducido acto al intentar manifestarse en la Alameda las y los participantes fueron golpeados y detenidos; en su mayoría fueron dirigentes sindicales, periodistas y comunicadores sociales.

Igualmente, en la “Plaza de la Dignidad” lo mismo acontecía ante la convocatoria de Centrales Clasistas de trabajadoras y trabajadores: los manifestantes fueron golpeados sin piedad por el aparato represivo de carabineros, utilizando todos los nuevos recursos adquiridos luego del 18-O, que les ha brindado el gobierno patronal.

Esto deja en evidencia que hay dinero para la represión y los negocios empresariales pero no para proteger la vida y la salud de los sectores más vulnerables originados por las políticas neoliberales.

En Valparaíso la fuerza policial expresó toda su crueldad golpeando y deteniendo a dirigentes y dirigentas sociales de organizaciones locales, de la ANEF, SUTE, CONFUSAM y Coordinadora NO + AFP. Más de 22 personas fueron detenidas, según informan funcionarios y organismos de Derechos Humanos.

Del mismo modo las acciones represivas se extendieron hasta la Plaza Aníbal Pinto afectando a los hogares del barrio tal como ocurre desde las jornadas de octubre.

La bestialidad del modelo se manifiesta con violencia y terrorismo estatal sobre quienes disienten y resisten sus políticas sociales y sanitarias. En su afán por aferrarse al poder y salvar la calamidad neoliberal, el gobierno de Piñera está dispuesto, como lo hace desde el 18 Octubre, a descargar la barbarie represiva que caracteriza históricamente a la derecha de este país.

Esta es la nueva disciplina y el apego a los “derechos humanos” y la “cultura del diálogo” que falazmente postula el gobierno y el generalato de Carabineros para después acusar a la movilización popular y a las organizaciones sociales de generar la violencia.

En días recientes la fuerza brutal de la represión se descargó nuevamente contra pobladores, hombres y mujeres que reclaman del Estado, regido por el actual gobierno, al iniciarse en los barrios populares y la comuna de El Bosque la protesta contra el hambre (9).

Simultáneamente las poblaciones de Villa Francia, la Granja, Barrancas, Peñalolén por mencionar algunas, salieron a la calle para protestar contra un gobierno inútil, indolente e insensible a las necesidades básicas de la ciudadanía.

En este contexto, signado por ambas pandemias observamos con indignación como la casta política y económica se equilibra en la delgada cuerda de la crisis social y sanitaria sin exhibir interés por promover políticas públicas que ataquen los efectos reales de ambas calamidades producidas esencialmente por el neoliberalismo.

Vivimos en un mundo marcado por la industrialización ilimitada de la producción de cultivos vegetales transgénicos y la producción de animales (prácticamente manufacturados) en el proceso acelerado de acumulación financiera de capital, como afirma Silvia Ribeiro( 10).

Enfrentamos la doble contaminación ambiental y alimentaria producto del desarrollo industrial distorsionado del capitalismo. El resultado se despliega en el desastroso estado de salud de la población mundial, por extensión la salud devino otro nicho de acumulación de capital.

¡Cuidado Sebastián!

La revuelta de octubre no ha concluido su tarea y por despiadado y funesto que sea el Covid 19, el pueblo está aprendiendo a cuidarse y a protegerse para retomar las calles y la Plaza11 para deshacerse también de la plaga neoliberal, hasta que la dignidad se haga costumbre.

Apegados globalmente al credo neoliberal asistimos a la debacle de los sistemas de salud comercializados en manos del sector privado, todas las gestiones para enfrentar la crisis sanitaria se impulsan desde la visión de la supremacía el mercado.

El monumento a la idiotez y pertinacia de los centros de poder político y económico por aferrarse a su credo está causando contagios y muertes (virtuales asesinatos) de los segmentos más vulnerables y empobrecidos por el sistema capitalista mundial.

Así los negros y latinos representan las cifras más altas de muertes en la cuna de la salud privada sumando más muertes que los soldados que Estados Unidos perdió en Vietnam.
En Italia la población envejecida cuenta por millares la inanición de vidas; en Canadá mientras tanto alrededor del 70% de los fallecidos se encontraban en hogares de ancianos.

En Brasil algo similar acontece con el émulo de Trump, y el contagio y la muerte colocan a ambos países y sabidamente a los sectores más empobrecidos, en la cúspide fatídica de la crisis sanitaria.

Definitivamente el capitalismo en sus versiones más reaccionarias es incapaz de lidiar con esta y otras crisis (12).

En cambio en países como Cuba y Venezuela que han combatido la invasión neoliberal y la agresión imperialista las cifras de decesos y contagios del Covid 19 son los más bajos de la región.

Queda en evidencia que finalmente el Estado juega un rol crucial en resguardar el derecho a la vida y la salud, cuestión que es también aplicable a la mayoría de los países escandinavos.

A medida que avanza la pandemia y por extensión la crisis social se va confirmando la necesidad imperiosa de masificar el debate al torno al papel del Estado en todos los ámbitos estratégicos de la economía, la seguridad social, la educación y salud. Cobra vigencia la máxima de que “necesitamos el Estado en todo lo que sea necesario y el mercado en lo que sea posible” (13).

Es por ello imprescindible combatir y derrotar al neoliberalismo en el terreno de las ideas en todos los espacios de la vida pública y privada como asimismo en los espacios de la movilización social y territorial.

Las pandemias no son un negocio, no obstante los empresarios del sector privado persisten en mercantilizar la vida aun en medio de la crisis.

El escenario que se avecina será apocalíptico solo en la medida que prevalezca el lucro sobre la vida, y esa batalla es también parte de la lucha por los cambios profundos que venía exigiendo el pueblo de Chile.

No nos engañemos, ni el gobierno ni la oposición parlamentaria (régimen neoliberal) propone algo distinto al statu quo.

Acá no hay tiempo para el mestizaje ideológico que propone desde la antigua Concertación/Nueva Mayoría, Felipe Harboe entre otros.

¿Y el Estado dónde está?

El desplazamiento del Estado y la idea de la reducción de las necesidades que obligatoriamente debía cubrir tuvo como consecuencia una notoria privación de bienes y de falta de cobertura de necesidades para todos los que, no pocos, estaban impedidos de cumplir los requisitos del mercado.

Hoy, en general, la exacerbación privatizadora es fuertemente cuestionada por las organizaciones sociales y movimientos populares, sindicales, mujeres, jóvenes, y ambientalistas, entre otros.

No obstante lo que sigue vigente es la necesidad del reconocer e identificar las necesidades y derechos que el Estado debe salvaguardar.

Se hace imperativo impugnar al Estado neoliberal y debatir sobre el rol que debe jugar. Se debe asegurar la construcción de un Estado democrático que garantice en primer lugar un salario digno que honre el trabajo de hombres y mujeres y que cubra efectivamente las necesidades básicas de la población y terminar con los bonos, cajas de mercaderías y la dádiva clientelar.

El trabajo debe recuperar su valor real y decente perdido a causa de la brutal represión desde los años vejatorios de la dictadura (14).

El futuro es incierto, la certidumbre de ayer debe ser reformulada, la verdad sin rodeos, es que el capitalismo, tanto en su fase fordista como neoliberal, ha llevado al planeta a un camino sin salida si es que continuamos por este rumbo. También es adecuado y oportuno afirmar que el socialismo industrial del este europeo, la otra cara del modelo de desarrollo occidental tiene responsabilidad compartida en la actual debacle humana.

El capital como fuerza dinamizadora de la economía y el capitalismo como movimiento de ideas ya no son capaces de avizorar un camino de rectificación a sus diversas y gastadas construcciones sociales; estado de bienestar, capitalismo escandinavo, neoliberalismo central o periférico.

En otras palabras el capitalismo ya no es capaz de ofrecer ni garantizar servicios ni programas sociales básicos, ni menos oportunidades para toda la población.

La crisis actual del capitalismo puede devenir en oportunidad para profundizarla, ello es posible si bloqueamos las fronteras de expansión del capital y si cuestionamos desde las alternativas populares, actualmente en construcción la perversión del modelo.

La crisis que enfrentamos y sus resultados más dañinos no son de mera casualidad; la falta de salvaguardas que provee históricamente el Estado fue desmantelada por la naturaleza del credo neoliberal sin importar la debacle social, económica y ambiental inherente a sus políticas.

A pesar de ello es el sistema de salud público y el personal de la salud el que está en la primera línea de la lucha contra la pandemia.

Del desastre al que nos condujo el régimen neoliberal no saldremos con facilidad ni prontamente, sin embargo ambas pandemias destructoras del bien común serán superadas. Han creado una brecha socio-económica que divide y antagoniza a una cómoda sociedad chilena que tolera las abominables injusticas causadas por más de treinta años de abusos, injusticias y humillaciones.

Si no iniciamos el camino de salida al pernicioso modelo neoliberal tendremos que cargar con el juicio de una historia que no termina de escribirse.

Desarmar las políticas neoliberales encontrará la resistencia de las clases dominantes y sus representantes pues son muchos los intereses en juego, mientras que para el pueblo es una cuestión de necesidad perentoria y sobrevivencia.

Del hambre que se observa en los barrios populares emprendemos el tránsito hacia la hambruna que no puede ser saciada con una caja de alimentos no perecibles que de manera clientelar empieza a distribuir el gobierno, municipios y parlamentarios mercachifles.

La crisis sanitaria causada por el Covid 19 está profundizando la desigualdad económica y social, existen culpables política e ideológicamente identificados y también existen cómplices en las esferas de poder de Chile que no deben quedar impunes.

El gobierno y el régimen parecen olvidar que su incapacidad de gestión social y desdén ante las necesidades causadas por la pandemia y sus políticas sociales se sumarán a las causas pendientes que los vienen persiguiendo desde el año recién pasado.

El pueblo ciudadano se reencontró con la historia de más de un siglo de luchas por la emancipación social, lleva en sus hombros muchas batallas y en su memoria, la fuerza de la justicia social, la democracia y los anhelos de una sociedad justa y mejor, refrendada a partir de la luminosa revuelta social desencadenada a partir del 18 de octubre de 2019.

Fuente: Alainet

Notas:

(1) La pequeña burguesía adquirió en Chile un posicionamiento que le permite oscilar entre el aparato del Estado en sus diversos niveles y las empresas privadas logrando mantener y flotar entre los conflictos de clase. Su papel pendular le permite administrar una cuota de poder aunque no posea medios de producción económicos. No obstante tienen un definido perfil y ambición controlada por el poder. Sus intereses los coloca por lo general en el bando del régimen neoliberal y su menguado “rostro humano” los acerca ocasionalmente al mundo del trabajo.

(2) Este autoengaño fue llegando a tal grado que empezó incluso a cambiar el lenguaje respecto de eventos políticos fundamentales. Así la dictadura dejó de serla para el gobierno y el liderazgo concertacionista, (etc.). Felipe Portales. Chile: Una Democracia Tutelada, 2000. Página 434.

(3) Un eufemismo es una palabra o expresión menos ofensiva que sustituye a otra de mal gusto que puede ofender o sugerir algo no placentero o peyorativo al oyente. Así define la RAE este concepto. Una expresión menos ofensiva. No somos despedidos del trabajo, somos desvinculados, no somos indigentes sino personas en situación de calle, no somos pobres, somos vulnerables. Y ahora, nueva normalidad, retorno seguro y un largo etc.

(4) La acumulación por desposesión, concepto acuñado por el geógrafo David Harvey (2009), tiene por objetivo mantener el sistema actual, repercutiendo en los sectores empobrecidos la crisis de sobreacumulación del capital, mercantilizando ámbitos hasta entonces cerrados al mercado.

http://www.nocierreslosojos.com/david-harvey-acumulacion-por-desposesion/

(5) https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2011/08/11/pinera-sobre-educaci…

(6) “Se denomina régimen político al conjunto de instituciones que regulan la lucha por el poder y su ejercicio, y de los valores que sustentan esas instituciones. Es la estructura organizadora del poder, que establece los criterios de selección de los integrantes de la clase dirigente y asigna los roles en ella. También es el conjunto de normas y procedimientos para el acceso y el manejo del poder. Teóricamente, es la voluntad política del pueblo quien erige al régimen político, pero también es cierto que la estructura del régimen condiciona la formación de la voluntad política”. (http://www.eumed.net/diccionario/definicion.php?dic=3&def=461)

(7) Virus. Microorganismo compuesto de material genético protegido por un envoltorio proteico, que causa diversas enfermedades introduciéndose como parásito en una célula para reproducirse en ella, “el virus del sida; los virus tienen formas y tamaños muy diversos”.

Bacteria. Organismo microscópico unicelular, carente de núcleo, que se multiplica por división celular sencilla o por esporas. “Las bacterias son los agentes causantes de numerosas enfermedades; las bacterias son los principales componentes del reino de las móneras; según su forma, las bacterias reciben un nombre distinto (cocos, bacilos, espiroquetas, vibriones, etc.).

(8) La estructura económica de Chile mutó cualitativamente con la contrarrevolución neoliberal. La vieja burguesía industrial (los Fantuzzi, Yarur, Sumar, Cousiños, etc…), que producía riqueza material fue reemplazada por la actual burguesía parasitaria, (Grupo Penta, Ponce Lerou, Piñera, familias Solari, Cueto, Angelini, Luksic) financiera y papelera que tiene mucho más poder y riquezas que la primera, al punto que transformó a su representación política, la derecha chilena, en una suerte de mendicante brazo legislativo (“el raspadito de la olla”).

http://piensachile.com/2015/03/que-es-y-como-se-formo-la-casta-politica-…

(9) https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52717413

https://www.eldesconcierto.cl/2020/05/19/medios-internacionales-destacan…

(1) Hay tres causas concomitantes y complementarias que han producido todos los virus infecciosos que se han extendido globalmente en las últimas décadas, como la gripe aviar, la gripe porcina, las cepas infecciosas de coronavirus y otras. La principal es la cría industrial y masiva de animales, especialmente pollos, pavos, cerdos y vacas.

A ésta se le suma el contexto general de la agricultura industrial y química, en la que 75 por ciento de la tierra agrícola de todo el planeta se usa para la cría masiva de animales, principalmente para sembrar forrajes con ese destino. La tercera es el crecimiento descontrolado de la mancha urbana y las industrias que la alimentan y por ella subsisten. https://www.nodal.am/2020/04/los-hacendados-de-la-pandemia-por-silvia-ri…

(11) La antigua Plaza Baquedano o Italia devino por decisión popular, y está escrito con sangre derramada, vidas ofrendadas y masivas mutilaciones oculares, en “Plaza de la Dignidad”.

(12) https://www.elespectador.com/coronavirus/los-negacionistas-de-la-catastr…

(13) Una formulación en la plataforma de la democracia cristiana alemana de los 70 decía “todo el Estado que sea necesario y todo el mercado que sea posible”. Pero la previa es definir que es necesario.

Esa es una primera definición que, como toda primera, es una que parte las aguas. Esa partición define el consenso social implícito acerca de la asignación de roles. El papel del Estado y el papel del mercado.

El Estado y el mercado

(14) Como en otros planos, la experiencia de la dictadura militar en Chile tras el golpe de 1973 es muy elocuente, pues se trata de un caso de liquidación de todas las bases democráticas para allanar el camino al aumento de la explotación mediante la desvalorización de la fuerza de trabajo. Es decir, se anulan todos los derechos y garantías laborales, impidiéndose asimismo su defensa debido a la negación de las libertades democráticas. Capitalismo y Economía Mundial. Xabier Arrizabalo Montoro. 2016. Página 477.

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