por Iván Ljubetic Vargas (*).

Fue el domingo 31 de marzo de 1985.

Estábamos en Moscú. Ya había terminado el Encuentro de dirigentes comunistas chilenos en Europa, en el cual participé en mi calidad de secretario del Coordinador en la entonces República Federal Alemana.

La mayoría de los compañeros ya habían salido de regreso para sus respectivos países. Sólo quedábamos en la capital de la URSS, aquellos cuyos pasajes de retorno tenían fecha posterior.

De pronto fuimos llamados de manera urgente al local que el Partido tenía en Moscú.

Allí nos esperaba el compañero Volodia Teitelboim, encargado de la Dirección Exterior del Partido.

Estaba desencajado.

Camaradas –nos dijo- hemos recibido una terrible noticia. Han sido asesinados nuestros compañeros Parada, Nattino y Guerrero. Es urgente emitir un comunicado.

Compañero Iván, señaló dirigiéndose a mí e intentando romper la dolorosa atmósfera que reinaba en la sala, como ya no tiene que trabajar en Don Reca, ¿podría redactar una breve reseña sobre Manuel Guerrero?

Luego entregó a otros compañeros las reseñas sobre José Manuel Parada y Santiago Nattino, haciéndose cargo él de la redacción final del comunicado de la Dirección Exterior del Comité Central del Partido Comunista de Chile, denunciando el nuevo y atroz crimen perpetrado por la dictadura fascista.

Después nos fuimos imponiendo de los detalles del degollamiento de nuestros compañeros.

Las detenciones

El 28 de marzo de 1985, Santiago Nattino, publicista, fue secuestrado en plena vía pública en el sector alto de la capital.

El 29 de marzo, a tempranas horas de la mañana, fue detenido, en momentos en que llevaba su hija al Colegio Latinoamericano de Integración, José Manuel Parada Maluenda, quien se desempeñaba como Jefe del Departamento de Análisis de la Vicaría de la Solidaridad. En esa misma oportunidad fue secuestrado Manuel Leonidas Guerrero Ceballos, profesor e inspector del mismo colegio y dirigente de la AGECH (Asociación Gremial de Educadores de Chile)

Familiares y compañeros de los detenidos se movilizaron. Interpusieron un recurso de amparo. Incluso indicaron el lugar en que podrían estar detenidos: el cuartel de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros, DICOMCAR, ubicada en calle Dieciocho (donde se comprobó posteriormente habían estado). ¡La justicia nada hizo!

El horroroso crimen

Los autos con los tres detenidos se trasladaron hasta una zona de Quilicura cercana al aeropuerto. Se estacionaron en la berma, en las cercanías del fundo El Retiro. «El Fanta», Zamora y González Betancourt se quedaron en su vehículo.

Guerrero fue el primero en ser bajado. De rodillas, esposado y vendado en una especia de hondonada junto al camino, el sargento Fuentes le tomó la cabeza por atrás y le cortó el cuello con un corvo.

El vehículo se movió unos 30 metros al norte. Bajaron a Nattino, también esposado y con la vista vendada. Usando la misma arma, el cabo Sáez repitió la ejecución.

El auto volvió a avanzar algunos metros, donde fue bajado Parada. Tendido de espaldas, esposado y vendado, el cabo Salazar tomó el corvo y le dio un profundo corte en el abdomen.

La víctima se resistió y gritó de dolor, lo que aterró a su verdugo. Un tercer agente bajó del coche y lo degolló.

A los tres cuerpos les retiraron las vendas y esposas.

Consumados los crímenes, el grupo se trasladó hasta su cuartel, en la calle 18.

Los encontraron degollados

Pasado el mediodía del sábado 30 de marzo de 1985, en el camino que une Quilicura con el Aeropuerto de Pudahuel, dos hermanos campesinos encontraron los tres cadáveres.
Estaban horriblemente degollados.

Siete horas más tarde, fueron trasladados al Instituto Médico Legal, donde familiares y amigos esperaban conocer la identidad de los cuerpos.

Pinochet, militares y civiles participantes en la dictadura negaron su participación en ese monstruoso crimen.

El Informe Rettig señaló:

“De los antecedentes narrados y los reunidos en la investigación judicial, la Comisión ha llegado a la convicción de que Manuel Guerrero, José Parada y Santiago Nattino fueron ejecutados por agentes estatales en razón de su militancia y las actividades que realizaban, en violación de sus derechos humanos”.

¿Por qué se les asesinó en forma tan bárbara?

Por la razón (o la sinrazón) de pensar en forma distinta al dictador. Por entonces, mucha gente en todo el mundo, al conocer el terrible crimen perpetrado a fines de marzo de 1985 en Chile por los agentes de la tiranía, unieron sus voces “para que nunca más”.

El valor de un padre comunista

El sábado 30 de marzo de 1985, la compañía de teatro ICTUS presentaba “Primavera con una Esquina Rota”, adaptación colectiva de la novela homónima de Mario Benedetti que cuenta la historia de un padre exiliado que tenía un hijo preso por razones políticas en medio de la dictadura uruguaya.

Llevaban nueve meses de funciones, cuando los miembros de la compañía ICTUS fueron sacudidos por un hecho político de macabras características: el secuestro y posterior asesinato por degollamiento de tres militantes comunistas a manos de un grupo de carabineros, conocido como el “caso Degollados”.

Una de las víctimas era el joven sociólogo José Manuel Parada, de 36 años, hijo del veterano actor Roberto Parada, uno de los protagonistas de pieza teatral del ICTUS.

Roberto Parada se entera de la muerte de su hijo durante el intermedio de la obra, y pese a ello y a la insistencia de sus compañeros actores, que intentaron convencerlo de suspender la función, Roberto decidió salir a escena y, como relatan sus colegas, actuó magníficamente.

Pese al dolor, Parada decidió seguir adelante con la función y ofreció un estremecedor acto donde, de forma casi inverosímil, las líneas calzaban de forma exacta con lo que él mismo vivía en ese momento.

La sala del ICTUS estaba llena, pero conforme fue avanzando la obra, la sala se fue atiborrando de gente; amigos y cercanos que, tras correrse la voz de la muerte de José Manuel, decidieron salir de sus casas e ir a acompañar a Roberto.

Una situación única e irrepetible, donde ficción y realidad se cruzaron de manera sorprendente.

Un hito emocionante que entrega un testimonio de coraje y compromiso de un actor con su arte y describe claramente un momento trágico de nuestra historia.(Ver: Red Digital: 4/4/2019)

Así informó la prensa fascista

No podemos olvidarlos

Recordemos las palabras de Pablo Neruda:

“No renunciéis al día que os entregan
los muertos que lucharon. Cada espiga
nace de un grano entregado a la tierra,
y como el trigo, el pueblo innumerable
junta raíces acumula espigas,
y en la tormenta desencadenada
sube a la claridad del universo”

( Pablo Neruda “Canto General. Bruguera. Barcelona, 1980, p. 151)

(*) Historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER
Título de la redacción.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here