Piñera por Dos: Las Cagadas del Presidente

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Con el telón de fondo de la estridente reactivación de multitudinarias manifestaciones de protesta, Piñera debutó en marzo con dos pasos en falso, con unas horas de diferencia.

Calculado el primero; el segundo, producto de su proverbial incontinencia.

El debut del programa Estado Nacional en horario prime, de Televisión Nacional, el domingo 1 de marzo, fue el escenario escogido por el equipo político de Piñera, para desplegar las dos o tres ideas centrales de la estrategia de encastillamiento en el poder institucional, con la que espera atraer a nerviosos sectores medios y arrinconar a no menos alterados representantes de la casta política; quienes deben legislar, en segundo trámite, los proyectos de la agenda de seguridad del gobierno.

En rigor, más que un paso en falso, es una apuesta en el extremo que, de perderla, queda sin espacio de maniobra, ni plan b, ni opción alternativa.

El esquema de Piñera descansa en la simplicidad de lo clásico, en clave lo más maniquea posible.

En uno de los lados de la ecuación, define al enemigo poderoso, implacable, que «no respeta ni dios ni ley; dispuesto a quemarlo, saquearlo y destruirlo todo; no solo las estaciones del metro, también los hospitales, los edificios públicos, las iglesias, todo».

Un «adversario muy difícil de enfrentar», admite.

En el otro extremo, los demócratas pacíficos, los que quieren vivir en paz y en estado de derecho; es decir, la mayoría de los chilenos.

En función de ese esquema estereotipado, también admitió que, en la primera parte de la eclosión social que se desencadenó el 18 de octubre, Carabineros fue sobrepasado.

Carabineros estaba muy debilitado por caso el caso Catrillanca y la Operación Huracán, reconoció.

En una contorsión asombrosa, sin aportar datos que lo sustenten; y sin que los complacientes entrevistadores contra-preguntaran, agregó:

«Hoy tenemos mas Carabineros, mejor preparados, mejor inteligencia, mas tecnología, equipamiento, mas carros lanza agua, mucho más».

Eso, entre el 12 de noviembre, y ahora.

Cabe preguntarse: ¿son gastos aprobados por el Congreso, e, incluso, conocidos?; ¿mediante qué partidas del presupuesto se potenció de esa manera a Carabineros, en un ambiente de elevado cuestionamiento a su preparación profesional y a sus tan masivas como ostensibles violaciones a los derechos humanos?; ¿cómo se concilian esos gastos en el presupuesto de 2020?.

En tres ocasiones en la entrevista , se refirió al potenciamiento de Carabineros, con más funcionarios en la calle, mas vehículos con tecnología, más drones y cámaras.

Y en las mismas tres, emplazó al centro político, que en ciertas materias llega hasta el partido socialista y algunos sectores del ex frente amplio, a definirse respecto de la agenda de seguridad del gobierno, consistente en la ley que moderniza Carabineros, la ley que crea un nuevo sistema de inteligencia, la ley que permite el resguardo de las FF AA a la infraestructura crítica y l a ley antiencapuchados.

Siempre en el esquema de trilogías que suele utilizar Piñera cuando se siente dueño de la pelota, por tres veces invocó el conjuro de la violencia.

«La violencia es un enemigo de la gente, de la paz; destruye trabajo, destruye vidas, destruye patrimonios, destruye la cultura, atenta contra nuestros heroes nacionales». dijo.

«La línea divisoria no es entre gobierno y oposicion. Es entre quienes queremos vivir en paz, en democracia y en un estado de derecho, y los que quieren destruir esa democracia y destruir ese estado de derecho por cualquier medio», dijo en otra parte de la entrevista».

Y luego, por tercera vez:

«Como gobierno estamos haciendo todo lo que esta a nuestro alcance para impedir que un grupo de delincuentes, que utilizan la violencia sin dios no ley siga imponiendo sus términos».

Con la misma regularidad en triadas, emplaza a Pedro, Juan y Diego a unirse contra la violencia:

«Sectores políticos no han condenado con claridad la violencia, y a los que justifican la violencia».

En otro pasaje, metió la cuña entre las dos oposiciones:

«Necesitamos unirnos contra la violencia; si seguimos respaldando, avalando, amparando, y hay una parte de la izquierda que no es democratica, que no condena la violencia que nos esta causando un grave daño, la otra parte de la oposición ha sido mucho mas dialogante y colaboradora, tenemos que unirnos todos».

La moneda de cambio del acuerdo es la cantidad precisa de votos del centro político, para aprobar la liberticida y antidemocrática agenda de seguridad de Piñera, consistente en los proyectos de ley antiencapuchados; el que «moderniza» y crea un nuevo sistema de inteligencia del Estado, y el que permite el despliegue de las Fuerzas Armadas en el resguardo del amplio y vago concepto de «infraestructura crítica», todos en segundo trámite constitucional, invocada, por cierto, en las consabidas tres ocasiones; habiendo conseguido ya la aprobación de la ley anti-saqueos y barricadas.

Confesó sentir «mucho dolor, mucha pena», por las multitudinarias manifestaciones en espectáculos públicos, artísticos, culturales o deportivos, que lo llaman asesino igual que Pinochet. La encuentra una acusación injusta:

«Si hay algo que ha caracterizado mi vida, es un compromiso permanente, siempre, con la democracia y el respeto a los derechos humanos, algo que viene de mis padres, y por tanto es una acusación muy injusta. Como presidente tengo claro que el respeto a los derechos humanos, el respeto a la vida, es algo sagrado, en todo tiempo en todo lugar en toda circunstancia».

Eso no obsta para que en otro pasaje, redujera la violación de los derechos humanos perpetrada por agentes del Estado desde el 18 de octubre pasado, a una colección individual de «excesos», de «uso excesivo de la fuerza», «descriterios, abusos y atropellos»; todos los cuales, por cierto, se están investigando, «correspondiendo que con esos antecedentes, la justicia haga su trabajo».

Agregó, en relación a las violaciones a derechos humanos por parte de funcionarios de Carabineros:

«Fueron algunos los que no han seguido los protocolos, pero también hay manifestantes que se enfrentan a los uniformados para matarlos».

“Cuando uno comete un error, no podemos condenar a la institución entera”, añadió Piñera, quien defendió a la institución frente a diversas situaciones de orden público que se han registrado durante los últimos cuatro meses.

Luego, volvió al cuadro dantesco:

«Teníamos a Carabineros muy debilitados, con poco equipamiento y poco personal, no teníamos las leyes que se requerían, porque en el congreso no se habían aprobado, no teníamos la inteligencia para saber por dónde nos iban a golpear».

Y también a la promesa de seguridad, a cambio del compromiso:

«Todo eso ha ido mejorando. Ahora tenemos Carabineros mejor preparados, mejor inteligencia, espero mayor colaboración en el Congreso para sacar adelante las leyes, y lentamente la ciudadanía ha ido evolucionando en condenar la violencia».

Como típico exponente de la auto-referencia, exclama en tramos finales:

«Mi única preocupación es mejorar la calidad de vida de los chilenos».

Y ya sobre el cierre, perpetró el desliz que absorbió todo el foco, y que lo obligó a dar confusas explicaciones posteriores:

«Si yo estimara que nuevamente es necesario establecer un estado de emergencia para proteger el orden público, para proteger a mis compatriotas, lo vamos a hacer».

“Como Presidente, tengo decenas de querellas presentadas por organizaciones de izquierda en los distintos tribunales, así que si alguien cree que yo tengo un complejo o que no quiero utilizar la fuerza, dentro de la ley y el Estado de derecho, está profundamente equivocado. Lo voy a hacer todas las veces que sea necesario“, añadió desafiante.

Y concluyó:

«El desenlace del 18 de octubre no está escrito. Si caemos en la violencia vamos a condenar a nuestro país a décadas de sufrimiento y dolor. Y si, por el contrario, nos unimos contra la violencia y logramos acuerdos para lograr tener menos abusos, vamos a tener un país mejor y yo estoy luchando para que el desenlace del 18 de octubre sea este último».

Desenlace incierto

En efecto, no lo está.

Pero el problema de Piñera radica en que a esta altura, lo que diga carece de credibilidad; incluso, o más bien, en este caso, cuando los antecedentes aconsejan tomar en serio sus apenas veladas amenazas.

Peor aún, como ha sucedido casi invariablemente en estos casi cuatro y medio meses de sublevación popular, el despliegue de la estrategia de Piñera ha galvanizado el cumplimiento de la profecía del marzo caliente.

El giro autoritario del discurso de Piñera es un fracaso de la política y un retroceso hacia prácticas propias de la Doctrina de Seguridad Nacional, pero enteramente explicable en un conflicto de clase, como el actual.

Dado el cuadro de descomposición de la clase política binominal, no es improbable que logre aprobar el saldo de su agenda de seguridad.

Pero eso no quiere decir que sea eficaz en el actual contexto, caracterizado por un gobierno debilitado, pero extremadamente dogmático y reactivo, dispuesto a apostar su capital político en la tómbola de la intervención militar, a pretexto del restablecimiento del orden público; aún a contrapelo de la opinión mayoritaria de las propias fuerzas armadas; en medio de una agitación social que no remite, y que progresivamente lo transforma en «el» problema.

Escenario en el cual la masividad de la protesta de principios de marzo desborda la estrategia de Piñera, enfocada a la antigua usanza, en organizaciones pequeñas, verticales, altamente estructuradas y susceptibles de infiltrar.

Pero inútil ante, por ejemplo, la determinación y disciplina de miles de ciclistas, que recorrieron el barrio alto sin el menor incidente, y la insistente ocupación de la Plaza de la Dignidad.

Claro, pueden seguir disparando, pero eso no aplaca la protesta; la estimula; en la conocida dinámica de si me lo dejan me mata, si me lo quitan, me muero.

Si no es capaz de dar la orden de disparar contra la primera línea, está derrotado; y si lo hace, probablemente también.

Piñera abrió su juego: no hay espacio para la negociación política; solo endurecimiento de las penas y fortalecimiento policial, con la complicidad y el respaldo de la casta política binominal.

El problema consiste en que, al mismo ritmo, reduce el abanico de sus opciones.

De seguir la escalada, no está lejano el momento en que deba ordenar abrir fuego contra la primera línea.

Pero por lo visto, eso no hará más que exacerbar un conflicto que tiene a la duración como variable emergente.

Un conflicto que discurre paralelo al proceso constituyente, al que puede incordiar y aún interrumpir.

Piñera tiene pocas alternativas, aparte de atrincherarse en el robustecimiento de la institucionalidad represora y el incremento de la capacidad coactiva del Estado.

Sin embargo, si no lo siguen las Fuerzas Armadas y/o el centro político, o si el pueblo movilizado resiste la embestida, quedará expuesto el fracaso de la estrategia de reducir el conflicto al uso de la fuerza, sin proyecto alternativo.

Mismo escenario que describiría un triunfo amplio del apruebo y convención constituyente, en el amañado plebiscito del 26 de abril.

En términos estadísticos, las posibilidades de la estrategia de seguridad de Piñera son escasas.

Dependen de la capacidad a) de quebrar la decisión de lucha del pueblo movilizado o b) de iniciar un proceso de negociación política con el mismo.

La concepción maniquea y fundamentalista del enemigo poderoso e implacable -e incluso, contra toda evidencia- de la intervención internacional, reducen las oportunidades de éxito de la estrategia de Piñera, simplemente porque no da cuenta de un conflicto político, social económico y cultural histórico, secular, irresuelto, multifactorial y multidimensional, que exige, cuanto menos, un nuevo contrato social.

Piñerada no forzada

En ese complejo escenario, dio el segundo paso en falso, probablemente inesperado, y en todo caso, error no forzado, en la promulgación de la Ley Gabriela, que eleva las penas en los delitos de violencia de género.

“A veces no es solo la voluntad de los hombres de abusar, sino también la posición de las mujeres de ser abusadas. Tenemos que corregir al que abusa y también decirle a la persona abusada que no puede permitir que eso ocurra”.

La frase de Piñera desencadenó una fenomenal polémica, pues va en la línea de culpabilizar a las víctimas, tesis enérgicamente cuestionada por el movimiento feminista.

La indignación cundió no solo por una nueva afirmación atrabiliaria de la principal autoridad del país, a contrapelo del cambio cultural instalado en el país, sino también porque pronunció esos comentarios en la firma de una ley emblemática para las mujeres, como lo es la norma que amplía la tipificación del delito de femicidio.

Además, sus dichos elevan presión en una semana clave para el movimiento feminista, que se propone una masiva conmemoración el domingo del 8-M, del Día Internacional de la Mujer Trabajadora y la Huelga Feminista.

Ante la magnitud de esos desatinos, cabe preguntarse ¿qué pretende Piñera?; ¿se trata de un tributo a su incontinencia basal o un mensaje político deliberado?; ¿es una provocación planeada por su equipo político o una salida de libreto?

Como sea, el tenor de las reacciones denota que se trató de un grueso error político.

Desde la derecha más recalcitrante, el líder del Partido Republicano José Antonio Kast lo criticó acerbamente:

“Presidente: la culpa no es de las mujeres sino de aquellos que las matan, violan, golpean o abusan de ellas. Nuevamente, una declaración inaceptable”.

En la oposición, la condena fue unánime.

«Plantear a las mujeres como culpables de ser abusadas es un nuevo llamado abierto al conflicto para justificar la represión. Esa es su estrategia y no caeremos en la trampa. ‘El Estado opresor es un macho violador’”, escribió en Twitter la senadora DC Yasna Provoste.

“Ahora la culpa es de las víctimas. Piñera se supera a sÍ mismo cada día”, dijo la misma plataforma el diputado RD, Giorgio Jackson.

Karol Cariola, una de las autoras del la ley, comentó en la misma red social:

«Queda claro que si hoy tenemos Ley Gabriela no es precisamente por la mentalidad avanzada del Presidente, todo lo contrario, su frase nos demuestra uno de los aspectos más profundos y terribles del machismo y la misoginia: exculpar a los victimarios y culpar a las víctimas».

La diputada Camila Vallejo cuestionó la ignorancia del mandatario:
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“El mensaje de miles de mujeres iniciado por las Tesis en Chile y en el mundo ha sido sumamente claro: la violencia machista no tiene justificación, las mujeres no son culpables ni responsables de que las terminen asesinando”.

Maya Fernández (PS), quien había celebrado la promulgación de la ley, señaló:

«Hoy se promulgó la #LeyGabriela, proyecto que fue impulsado por la familia de Gabriela Alcaíno especialmente por su papá. Todo mi reconocimiento a la familia de Gabriela que trabajó y lucho día a día por sacar la ley (…). No puedo creerlo, es una vergüenza que (el Presidente) diga esto, ahora la culpa es de nosotras las mujeres”.

Fabián Alcaíno, padre de la joven asesinada, lamentó los dichos de Piñera:

“Son palabras desafortunadas, porque es no escuchar, es no entender que acá la culpa no es de la mujer. Desafortunadamente, los hombres que abusan tienen una mezcla súper letal de inteligencia y habilidad para envolver y disminuir a una mujer, pero la culpa nunca va a ser de la mujer en estos casos.

Consciente del revuelo, Piñera intentó corregir sus dichos:

“Hoy promulgamos la Ley Gabriela que permite fortalecer la capacidad de la sociedad para proteger a las mujeres contra todos abusos o violencia que puedan sufrir, y además permite castigar con mayor severidad a los agresores. Quiero ser muy claro: la posición de nuestro Gobierno es tolerancia cero contra todo tipo de violencia o abusos contra mujeres. Por eso llamo a todas las mujeres de Chile a denunciar de inmediato cualquier riesgo o amenaza contra su integridad o contra su vida para que puedan recibir de inmediato en forma oportuna y eficaz la protección del Estado, esa es la posición de nuestro Gobierno y porque creemos que las mujeres y los hombres tenemos absolutamente igualdad de derechos, de oportunidades y dignidad”.

La ministra de la Mujer, Isabel Plá, trató lo mismo, con menos éxito:

“El Presidente lo que ha querido decir no tiene que ver nunca con responsabilizar a la mujer, el Presidente lo que ha dicho ‘sepan las mujeres, sepan las mujeres de nuestro país que, cuando ustedes denuncian, van a contar con el apoyo de la sociedad, con el apoyo de las instituciones y con el apoyo de todos los poderes de Estado’, eso es lo que ha querido decir».

Piñera luce un nutrido historial de declaraciones misóginas.

En 2011, en una Cumbre de Jefes de Estado en México, contó el siguiente chiste frente a sus pares:

“¿Sabe usted cuál es la diferencia entre un político y una dama? Cuando el político dice que ‘sí’, quiere decir ‘tal vez’, cuando dice ‘tal vez’ quiere decir que ‘no’ y cuando dice que ‘no’, no es político… Cuando una dama dice que ‘no’, quiere decir ‘tal vez’, cuando dice ‘tal vez’ quiere decir que ‘sí’, cuando dice que ‘sí’, no es una dama”…

En 2017, siendo candidato, durante una actividad de campaña en Linares, dijo a sus simpatizantes:

“Bueno, muchachos, me acaban de sugerir un juego muy entretenido. Todas las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y nosotros, los hombres nos tiramos encima y nos hacemos los vivos. ¿Qué les parece?”.

Al año siguiente, ya como Presidente, luego de su discurso de la cuenta pública en el Congreso de Valparaíso, le dijo a la entonces presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández:

«Usted tan linda que se ve y tan dura que es».

El gen machista de generaciones.

A título de escopeta, se echó encima a un empoderado movimiento feminista; que inevitablemente, sumará esa cuenta por cobrar, en un período de activa participación social.

¿Qué puede ganar Piñera con estos desplantes inconducentes?

Lo que sea, menor que el rechazo del movimiento feminista.

En consecuencia, un error político de magnitud comparable a la pretensión de domesticar el levantamiento popular con arreglo a la represión.

Entretanto, se le vino marzo con todo.

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