por Hugo Farias Moya.

Me he dado el tiempo para escribir sobre los jóvenes de la primera línea. No por dejación ni por indiferencia, sino todo lo contrario, no había encontrado las palabras adecuadas para describir la generosidad y el sacrificio de nuestros jóvenes héroes actuales.

Mi señora Sandra me lo repite siempre y lo hablamos casi todos los días, sobre la valentía y la osadía de los jóvenes de la primera línea. Indudablemente nos han llenado de orgullo en estas grandes jornadas de protesta.

Ya hemos cumplido más de dos meses del estallido social en el “oasis”, cuando los jóvenes, una vez más, salieron a la calle a protestar contra el alza injustificada del pasaje del Metro. Veo las imágenes de las primeras evasiones del tren subterráneo con su grito de combate: “evadir, no pagar, otra forma de luchar” en aquel 18 de octubre y no puedo evitar emocionarme.

La respuesta del hasta hoy gobierno de facto fue la de siempre: la indiferencia primero y después la descalificación y la represión.

“Esta es delincuencia pura y dura”, dijo en esos primeros días el Subsecretario Rodrigo Ubilla.

La vocera de Piñera Cecilia Perez, decía: “esta es una horda de delincuentes”, echándole más leña al fuego que se había prendido.

A dos meses de este estallido social ya van 15 mil detenidos, según cifras del gobierno y 22 mil, según cifras de organismos de DDHH. Más de 300 personas con daño ocular. Vaya eufemismo para describir a quienes han perdido uno de sus ojos y quedaron tuertos por causa de los balines disparados por los Carabineros.

Además, un joven y una dueña de casa han quedado ciegos por balines y bombas lacrimógenas disparados a muy corta distancia directamente al cuerpo.

Vuelvo con nuestros jóvenes héroes de la primera línea. Después de aprobar la nueva ley anti encapuchados propuesta por el gobierno y que nuestros parlamentarios, incluso del Frente Amplio, se apuraron en legislar y que criminalizaba las protestas, hasta “el que baila pasa”, veo que a nuestros jóvenes los dejamos solos.

Ellos que recibían los perdigones, apagaban las bombas lacrimógenas, para que los adultos y nuestros ancianos pudieran protestar libremente. Para que los demás pudieran protestar con actos artísticos y otros tomando cervezas. Ellos peleando solos, sin descanso y cuando eran detenidos los molían a palos sin ninguna misericordia.

Eran los ninguneados del sistema, los del Sename, los de los barriales, de la pobla, de las esquinas. Eran aquellos que no tenían dignidad, los excluidos del sistema, los indeseables. Aquellos que no tienen nada que perder, pero si mucho que ganar.

Nunca se rendían, seguían luchando sin descanso. Siempre nos daban aliento a los mayores cuando estábamos a punto de claudicar. Son y seguirán siendo los héroes de nuestro Chile. Son nuestros milicianos, nuestros guerrilleros, nuestro ejército rebelde, nuestros waichafes. Ellos son los que cada día entregan su sangre, su esfuerzo y sacrificio.

Recuerdo una anécdota que retrata fielmente a nuestros combatientes de la primera línea. Cuando los Carabineros dejaron ciego al joven Gustavo Gatica en la plaza de La Dignidad, no podían sacarlo de ese lugar para llevarlo al hospital, porque seguían reprimiendo y disparando balines sin ninguna misericordia.

Sin embargo, se acercaron algunos jóvenes de la primera línea y le preguntaron a su hermano que estaba junto a él “¿qué pasa hermano? y este responde: que deben sacarlo urgentemente de ahí para llevarlo al hospital porque le habían disparado perdigones a la cara, que está muy grave y los pacos seguían disparando.

Dicho esto los combatientes le dijeron: «ya hermano vamos, nosotros le abrimos el camino». Y así fue que se pusieron delante de los pacos como escudos humanos, recibiendo de todo, desde balines hasta bombas lacrimógenas y luchando con lo mínimo, piedras u otros objetos hasta hacer retroceder a los “valientes” Carabineros de Chile.

Debido a este combate desigual se pudo abrir una brecha por donde el joven Gustavo Gatica pudo salir de ese infierno y logró ser atendido en la posta Central.

Lamentablemente el resto de la historia es por todos conocida. Los médicos que lo atendieron dijeron que con media hora antes le habrían salvado por lo menos un ojo.

Vuelvo a insistir con esto de nuestros jóvenes.

Siento que nos han enseñado un camino de esperanza, de profunda generosidad y desprendimiento.

Cuando los veo en acción no dejo de emocionarme y siento que la semilla de la que hablara nuestro presidente Salvador Allende ha caído en tierra fértil.

Fuente: Piensa Chile

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here