Interrogantes, Hipótesis y Lecciones de la Segunda Vuelta Presidencial 2017

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por René Leal Hurtado (*):

De 14.347.288 electores con derecho a voto, un 48% del universo total, esto es, 7.032.585, concurrieron a las urnas. Como es ya habitual, poco más de la mitad no lo hicieron. Hasta que el voto no sea obligatorio, esta pareciera será una constante a reproducirse en el tiempo.

En segundo lugar, varios mitos y apuestas – tal como en la primera vuelta – se desvanecieron bajo el calor del día de las elecciones. Algunos de ellos señalaban que, usualmente, en las segundas vueltas, en un régimen de voto voluntario, sufraga menos gente, y qué si llegarán a votar más personas que en la primera vuelta, crecerían las posibilidades de triunfo para Guillier; que las demandas centrales, como Asamblea Constituyente y nueva Constitución, como gratuidad en la educación, fin a las AFP y al CAE, que enarboló persistentemente el Frente Amplio en la primera vuelta, eran patrimonio de la Izquierda y suficiente munición para derrotar a la derecha, si es que Guillier las ratificaba explícitamente. Piñera no podía, por ningún motivo, asumir la continuidad del proceso de reformas.

Sin embargo, los porfiados hechos dijeron lo contrario. Votaron 331.839 personas más que en la ronda anterior. Piñera, obtuvo más de 800.000 votos por sobre la suma de su propia votación y la de Kast en el proceso que precedió el balotaje. La Nueva Mayoría (NM) necesitaba al menos un 27, 4 % de votos extras para asegurar su victoria. Sólo obtuvo un excedente de 23.73% respecto a la anterior.

Debe señalarse que Piñera, en una hábil y vivaz actuación en el debate presidencial de ANATEL, del 11 de diciembre, marco el punto de inflexión de estas elecciones, ayudado por una dubitativa intervención de Alejandro Guillier, asediado por asesores que no atendían o contradecían sus intervenciones.

El candidato del CHILE VAMOS no sólo planteó que el aseguraba el tan deseado crecimiento económico, el combate más decidido a la delincuencia y trabajos dignos para la gente, sino que abrazó la gratuidad en la educación (especificada en el ámbito técnico profesional, pero gratuidad al fin y al cabo, que antes rechazó); habló de educación como un derecho; avanzó  por sobre concepciones conservadoras de su sector respecto a temas valóricos, de género y sexualidad, y trazó una carta de navegación para aliviar las consecuencias del cobro del CAE para los estudiantes y sus familias.

Se planteó a favor de remedios baratos, al alcance de la gente, celebró las farmacias populares, incluso, un poco forzado, las de Recoleta. Fue, en definitiva, empático respecto a la necesidad de reformas.  Sumó a Guillier en esto, mostrando qué en estas cosas, no existían tantas diferencias entre uno y otro.

Al parecer, ese efecto cursó después del debate. Que realice o no todo lo que dijo, está por verse. Lo decisivo para este trance histórico, es que el 17 de diciembre pareciera revelar que ese discurso caló en los votantes.

Su recorrido sería como sigue: primero, más allá de la entrada en escena de la campaña del terror centrada en una pavorosa ‘Chilezuela’, la derecha movilizó a su electorado para al menos asegurar el piso básico que le permitía seguir en carrera, esto era, sumar a los seguidores de Kast y Ossandón. Segundo, que éste último, impuso a Piñera la agenda de una ‘derecha Social’ por sobre el énfasis de una ‘derecha Económica’ que caracterizó el discurso de campaña de la primera vuelta.

De esta forma, fue posible mostrar a la opinión pública que aspectos candentes de las demandas sociales podían ser gestionados por la dderecha, y en forma más eficiente y menos conflictiva que por la Izquierda.

De aquí, surge una hipótesis central:  se experimentó un cambio en el patrón de la campaña, un golpe de timón. La derecha no sería un retroceso, como la NM y el FA planteaban. El ‘todos contra Piñera’ habría comenzado a carecer de sentido para mucha gente, a ser inoficioso, hasta odioso.

Pero salta la pregunta ¿Por qué esto fue posible? ¿Por qué pareciera que parte de la ciudadanía creería que la derecha puede dar respuesta a sus demandas de vida?

Una probable respuesta podría ser que, para ellos, sus demandas no tienen un carácter político e ideológico. Sus reivindicaciones son más de carácter individual que social. Se asomaría entonces una actitud clientelista de parte de la gente, ‘quien me resuelva el problema, con ese estoy’.

Se revelaría por lo tanto que persiste una fuerte penetración del neoliberalismo, como una ideología, en muchas chilenas y chilenos. Esas demandas, voceadas por varios años en las calles y en los medios de comunicación, no estarían garantizadas como patrimonio de la centro-izquierda, la izquierda, o el progresismo, como se les quiera llamar.

Profundizando esa respuesta, se podría esgrimir que el carácter de clase de una Asamblea Constituyente, de la gratuidad en la educación, de no más AFP, del fin al CAE y de una salud pública y digna para todos, si bien cuenta con un contingente social que la valora como tal, coexistiría con aquellas/os que no lo hacen. O sea, alguien podría seguir siendo hegemonizado por el modelo neoliberal, incluso si sale a la calle a levantar esas banderas, pues lo haría por su propio interés y fines individualistas.

Este fenómeno se expresaría así, porque existirían diversas formas y niveles de conciencia en la sociedad, algunas de las cuales, en lo social, de clase y de género, se seguirían reproduciendo en forma precaria, y eso se representa en el espectro político, principalmente en apoyos a la derecha como este, pero no sólo hacia ella, también hacia sus adversarios. En otras palabras, de una manera utilitaria, clientelista.

Por otro lado, la coalición oficialista y su candidato, no resolvieron jamás su impase entre alzar o no las banderas que han movilizado a la gente todos estos años, ya sea a aquellos que se sentían como parte de un movimiento, o a quienes lo hacían por motivaciones meramente individualistas. Seguramente esto no fue un error exclusivo de Guillier.

Pareciera ser que el candidato fue ‘tironeado’ con más fuerza hacia el conservadurismo por los sectores neoliberales que subsistían en la NM, que por aquellos que lo hacían hacia la Izquierda. El ‘cantinfleo’ retórico que llevó a una torpe resolución del dilema de Hamlet – hecho explícito en repetidas ocasiones por Guillier – terminó por allanar el camino a Piñera hacia el triunfo. En el epilogo, la NM, ya muy a mal traer desde principios de año y con una DC escindida de la alianza, yace y agoniza en su drama shakesperiano.

¿Qué hacer? ¡Esto sí lo dijo Lenin!

Lo cierto es que la derecha derrotó a sus contendores de la NM e independientes en forma rotunda, incluso podría haberlo hecho con un eventual apoyo total del FA a Guillier, cuestión que era extremadamente difícil de conseguir en un 100%. Pero apoyo hubo, aunque es difícil cuantificarlo.

Sin embargo, durante los próximos cuatro años, la derecha se enfrentará con la realidad y tendrá que demostrar que no hay contradicción entre la palabra y el acto. Cuestión más difícil de lograr que explayarse en demagogia y verborrea en un debate televisivo como un encantador de serpientes, como efectivamente ocurrió. Piñera podrá aplicar algunos cosméticos de mala calidad a sus políticas educacionales de gratuidad parcial, a como levanta una AFP estatal, o a cómo resolver lo del CAE.

Pero difícilmente lo podrá hacer sin causar molestia entre sus pares del empresariado, incluido en su hermano, y sin recibir el rechazo de aquellos que esperan impulsar un cambio social profundo en Chile. Esto debido a que precisamente él, es uno de los más conspicuos impulsores de las políticas neoliberales en el país, las que se ubican en las antípodas de las reformas, y sobre todo, de su profundización y perfilamiento en defensa de la clase trabajadora y la mayoría del país que vive de un sueldo, sea como asalariada/o, funcionaria/o público, o como parte del pequeño empresariado y PYMES, o campesino o dueña de casa.

Pero la razón más de peso para proyectar que lo dicho en esta elección estará muy lejos de lo que se va a realizar, radica en el énfasis por desplegar el crecimiento económico, que está basado en el corazón de la contradicción entre capital y trabajo, al estar articulado, fundamentalmente, en la conflictiva interacción entre grandes ganancias para la gran empresa y malos sueldos y condiciones laborales para la mayoría de las mujeres y hombres en Chile.

Se debe agregar que algunos han concebido la peregrina idea de que el gobierno de Piñera, representará lo que hizo la Concertación en el pasado, esto es, social democracia combinada con mercado. Sin embargo, si la versión Concertacionista podría entenderse como una versión neoliberal moderada, en los hechos, fue todo lo contrario, una administración que busco desatar acumulación y concentración de capital como nunca antes. Esa versión alambicada pero voraz de gestión de gobierno ya se agotó y sufrió la crítica y protesta social de rechazo más grande desde la vuelta a la democracia.

Incluso, el mismo Piñera tuvo que morigerar su sed y ambición en sus discursos finales de campaña para lograr la victoria electoral. Por lo tanto, ni un modelo sin límites como el de los ochentas, ni la versión Concertacionista que lo sucedió y continuó, podrá gobernar sin esperar una intensa lucha política y social entre los años 2018 y 2022.

Como buen predicador neoliberal, Piñera usará la ideología en el sentido de distorsionar la realidad para ocultar las verdaderas contradicciones que cruzarán la sociedad. Hará esto para blanquear la implementación de un modelo que debe continuar privatizando empresas y servicios, desregulando el trabajo y liberalizando el mercado si espera que sus índices de crecimiento económico superen, al menos, el 3 por ciento en promedio en los próximos cuatro años.

Por eso no es difícil predecir que la protesta social revelará el verdadero propósito de su gestión y, como ayer, la calle será su peor enemiga. Si no ocurriera esto, será porque Piñera se reconvirtió y el dinero y la acumulación ya no será para él su fin último, sino más bien, la filantropía. Pero ese es un mundo de fantasía, una quimera.

Por ahora, dos días después de la segunda vuelta, pareciera que la hegemonía de la clase dominante en Chile y de su representación política en la derecha, se ha reforzado. Que la representación neoliberal en la NM ha desaparecido o está en extinción; que la DC viaja como polvo en el Big Bang; que la Izquierda resiste a la intemperie el fuerte temporal que azota al páramo. Pero, como en otras circunstancias, desde esa llanura, debemos reposicionar y reforzar su utopía, acudir al encuentro y reconstrucción de la lucha social, asumir los nuevos tiempos y los nuevos actores que emergen y cambiar nosotros mismos dentro de las nuevas configuraciones histórico – sociales y culturales en las que nos insertamos, en las cuales los procesos globales y locales son cada vez más interdependientes.

Todo lo anterior implica trazar en conjunto las avenidas para la articulación política, económica y cultural de la constitución y acción de una nueva alianza contra hegemónica, porque la lucha continúa y quizás con mayor fuerza, para pesar de quienes hoy día celebran, y para satisfacción de quienes persisten en lograr equidad, justicia social y bienestar para la gran mayoría de las chilenas y chilenos.

(*) Doctor en Sociología
Santiago de Chile,
19 de diciembre de 2017

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