Proponen Cambiar Dependencia de Rapa Nui a Protectorado

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Isla de pascua: moais, faldas polinésicas, corona de flores y un océano calipso. ¿O no? Rapa Nui es mucho más de lo que tenemos formateado en la mente y quien ha pasado una temporada o vivido en la isla, lo sabe.

Cristián Moreno Pakarati es heredero de dos culturas; su pasión por Rapa Nui se nota en su reflexión, pero guarda la calma de quien ha estudiado la isla en sus procesos históricos y en la cotidianeidad que conoce como guía especializado.

Cree que la última migración de continentales ha hecho que hoy Hanga Roa, el único centro urbano de la isla, luzca como un pueblo costero del continente, un Maintencillo en medio del Pacífico.

¿Y dónde quedó la identidad Rapa Nui?, ¿qué hacer para recuperarla?, se pregunta.

Las respuestas las busca en su experiencia y en su conocimiento y no, no son para nada descabelladas.

Nieto de Mónica Pakarati Tepano y de un agrónomo alemán que llegó a Rapa Nui en los años sesenta, Cristián, como la gran mayoría de quienes hoy viven en la isla, conoce profundamente ambas culturas.
Su madre nació allí, pero fue educada por sus abuelos alemanes en Santiago, donde conoció al padre de Cristián.

Nuestro entrevistado nació en la ciudad de Santiago y decidió estudiar Historia en la Pontificia Universidad Católica. Pronto supo que quería hacer su vida en la isla, así que se reencontró con sus raíces el año 2010.

Desde ese momento que vive en Rapa Nui, donde es guía especializado y hace capacitaciones de contenido histórico a quienes se están formando también como guías. Fuera de eso, que es su ocupación diaria, fundó un centro de estudios llamado Ahirenga Research, una asociación de rapanuis con inquietudes históricas que está en desarrollo.

Mantiene también una estrecha relación con el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert y es colaborador habitual de varias revistas académicas.

Lugares comunes que debemos formatear

Cristián cree que el gran problema que existe tras la precaria situación en que hoy se encuentra Rapa Nui respecto al continente, está en la educación. El conocimiento que tenemos la mayoría de los chilenos respecto a Isla de Pascua, su historia y su cultura, se limita a un par de actuaciones sau sau en el acto final del año preescolar, y a la insistencia de la profe de geografía al decir que Chile tiene la suerte y la gracia de ser “un país tricontinental”.

Y bueno, Iorana, sus torsos masculinos desnudos y su inolvidable intro. ¿Y qué más?, ¿qué hay de su historia antes de la llegada el primer europeo?, ¿de la cruenta historia posterior a ello?, ¿de la ecología de la isla?, ¿de sus recursos?, ¿de sus posibilidades futuras?

Casi nada, una hoja en blanco en los cuadernos de cada escolar continental.

De acuerdo a Cristián, estos símbolos sólo sirven “para potenciar una especie de chauvinismo colonialista, la gente ha quedado con una impresión sumamente superficial de Rapa Nui. Lo único que hay es la postal, la imagen del paraíso idílico y exótico en el Pacífico, Anakena y los moai. Hace 60 años era lo opuesto: piedras, moscas y lepra”.

Otro de los típicos lugares comunes, inculcados a todos desde la educación básica, es que Isla de Pascua pertenece a Chile.

“Esto deriva de la confusión entre los conceptos de soberanía y propiedad. En la frase `pertenece a Chile´ se deduce que la propiedad es del Estado. Lo correcto sería decir que la isla `es parte de Chile´, `parte del territorio nacional´, que denota más el concepto de soberanía”. Porque Chile no puede ser dueño de ninguna de sus partes, porque esas partes lo componen, Chile es soberano de cada una de sus partes, no propietario.

Un mundo aparte de Chile continental

Cristián nos cuenta que los rapanuis siempre “han mirado al oeste”, lo que los aleja algo de Chile y de la cultura latinoamericana:

“Los isleños se conciben como mundo aparte con una tradición y un legado cultural originado en la Polinesia. Y eso no ha cambiado pese al creciente e inevitable mestizaje. Es una cuestión de identidad, más que genética”.

Esto fue muy potente durante el siglo XIX y gran parte del XX, cuando la isla mantenía relaciones estrechas con Tahiti (uno de los centros urbanos más cercanos a Rapa Nui) y también con “la metrópolis colonial”, Chile.

Sin embargo, durante las últimas décadas esto se ha ido perdiendo, pues “hay una política sistemática del Estado (aunque quizás inconsciente) para chilenizar la isla y mantener lo polinésico sólo como algo estético. Pero desde los años 90, casi todos los aviones y barcos llegan de Santiago y Chile continental. Y sólo un avión por semana llega desde Tahiti”. Esto le ha restado identidad a la isla y la ha alejado de sus tradiciones, según Pakarati.

Desde hace unos 15 años ha llegado a Rapa Nui una ola de continentales que poco conocen sobre la cultura polinésica, en desmedro de los que antes arribaban desde el oeste.

“Eso también significa que hoy en día, Hanga Roa -el único centro urbano- no es muy diferente de un pequeño pueblo costero del continente. Los supermercados son atendidos por gente continental, los meseros de los restoranes son continentales, el tipo de la construcción es continental, los productos que se venden en tiendas y boliches son los mismos que se encuentran en Santiago y el idioma español, con acento chileno, se hace cada vez más omnipresente.

¿De Tahiti?

Hoy sólo quedan algunas perlas, pareos y tabaco tahitiano (Bison)”. Y podríamos agregar, el clásico Monoi Tiki Tahiti que trae la amiga que se va por cuatro días a la isla. Es cierto, ninguna cultura puede aspirar a permanecer encerrada como un gueto, sería absurdo pretender que Rapa Nui cerrara sus puertas para vivir intocada por las ideas occidentales, sin embargo, Cristián siente que la “chilenización” de su cultura ha sido algo abusiva.

El gran problema, como señala Cristián, es que ese énfasis en la chilenización trae como consecuencia una “reacción anti-neocolonial” de parte de los rapanuis, donde los isleños, “tozudamente, porfiadamente”, vuelven a colocar el acento en su identidad polinésica, pues de ahí proviene su cultura.

La lógica del protectorado

Según Cristián, para que el escenario actual de su cultura fuera el más deseado o ideal, existe un gran desafío que tiene que ver con la condición política y territorial en la que se encuentra la isla respecto a Chile continental. Asegura que lo que hace falta para que los rapanuis se sientan felices siendo parte del país, es que se establezca una lógica “más afín al Acuerdo de Voluntades de 1888”.

Y aquí hay que hacer un poco de historia: este acuerdo se suscitó cuando el Obispo de Tahití decidió cederle la isla al Arzobispado de Santiago de Chile, a cambio de 8 mil francos. La posesión oficial tuvo lugar cuando el Capitán Policarpo Toro viajó a Rapa Nui a hablar con los jefes de la isla y celebrar lo que se conoce como el “Acuerdo de Voluntades de 1888.

En él, se le concedía la soberanía del territorio a Chile, pero su espíritu no era para nada impositivo.

“Tu bandera puedes poner, pero en el mismo palo de nuestra bandera y en la parte baja, la alta es para la nuestra”, señaló en rey de Rapa Nui.

“Muy bien, así lo haré”, contestó el señor Toro, y el rey agregó:

“Al levantar tu bandera no quedas dueño de la isla porque nada hemos vendido: sabemos que el señor Obispo puso a la Isla bajo el protectorado de Chile, mas nada se ha vendido”.

Cristián cree que la lógica emanada de este acuerdo es la del protectorado, un sistema que funciona en muchas islas del Pacífico. En pocas palabras, se trata de una modalidad de administración de una entidad política (la isla, en este caso) en que se acuerda su protección en lo relativo a relaciones exteriores, defensa militar y mantenimiento del orden, a cambio de algunas obligaciones específicas para con el Estado protector, que varían conforme a cada acuerdo.

O sea, se mantiene en cierta medida la soberanía de ese territorio, con administración propia, pero se encuentra bajo los intereses estratégicos del Estado protector, debiendo cumplir ciertos deberes a cambio.

“Es la lógica de las Islas Cook con Nueva Zelanda. O la lógica de Samoa Americana con EEUU. Autonomía administrativa en todas las áreas donde sea posible y capacitación en las áreas en donde todavía no lo es. Asesoría y seguridad para que la isla pueda generar sus propios recursos. Apoyo técnico y de infraestructura en el ámbito energético y de servicios básicos. Estímulos para convertir a Rapa Nui en un ejemplo para otras islas del planeta en términos de energías renovables, de manejo de la basura, de servicios turísticos de primer nivel. Una ley de control migratorio con efecto inmediato. No es mucho, realmente. Todos los problemas de la isla tienen solución si existe voluntad. Ni siquiera se necesitan tantos recursos”.

Suena simple en el papel, otra cosa es que existan voluntades para hacer realidad un sueño que podría convertir a Rapa Nui en una isla modelo. Su extensión no es mucha (163 kilómetros cuadrados) y su población tampoco es numerosa: 5 mil habitantes.

Bastaría cambiar el paradigma a través del cual se entiende su condición de “isla chilena”.

“Bajo un escenario así, la cultura rapanui podría desarrollarse perfectamente en la diferencia, pero orgullosa de la decisión de nuestros ancestros de aceptar el protectorado chileno en 1888, y de la lucha de nuestros abuelos y abuelas por obtener derechos como ciudadanos chilenos en la década de 1960” agrega Parakati.

Si estamos de acuerdo con lo que propone Cristián Moreno Pakarati, estamos considerando otra solución a un conflicto que aún no está resuelto y que podría ser una vía para lograr que los miembros de esta cultura se sientan más cómodos al ser parte de Chile, porque se trataría de un país que les daría herramientas para llegar a ser lo que sueñan y que entendería la grandeza y la historia que hay detrás de lo que hoy es ese pedazo de tierra en medio del Pacífico.

Fuente: El Definido

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