Psicólogos de la Universidad de Lund en Suecia han demostrado que las personas autoritarias y aquellas que perciben a su propio grupo como socialmente superior a otros, a menudo se sienten más inclinadas a aceptar el uso de la tortura.

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Lo que los caracteriza no es principalmente el ánimo de defender a su propio grupo, sino la fuerte tendencia a deshumanizar a las personas que no se parecen a ellos.

En psicología hay un desacuerdo sobre lo que hace que alguien cometa una agresión que no sea en defensa propia ante otra agresión.

Algunos afirman que es la situación la que crea al agresor.

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Otra posible explicación, que es la estudiada por el grupo de investigación de la Universidad de Lund, es que las características individuales hacen a ciertas personas más propensas a agredir que otras.

Magnus Lindén, coautor del nuevo estudio, argumenta que existen dos tipos de personalidad que hacen al individuo más propenso a aceptar la tortura que otros, y que aparentemente también lo predisponen más a llevarla a cabo por sí mismo.

Una clase es la de quienes tienden a actuar con autoritarismo. La otra es la de quienes perciben al grupo del que forman parte (una etnia, cultura, nación, religión, clase social…) como socialmente superior a otros grupos.

Las personas del primer grupo (Autoritarismo de Derechas) normalmente están dispuestas a someterse a las autoridades y pueden ser agresivas si se les ordena. Políticamente, son tradicionales y conservadoras. Las personas en el segundo grupo (Orientación hacia la Supremacía Social) están caracterizadas por su visión de la sociedad como una jerarquía, en la que se asignan a sí mismas una posición de alto nivel con el derecho a dominar a otros.

Lindén y sus colaboradores estudiaron las actitudes hacia las agresiones ejecutadas por militares contra sus prisioneros, en conexión con las operaciones actuales contra el terrorismo islamista internacional, y los resultados mostraron que el 18 por ciento de los estudiantes de educación superior piensan que está bien utilizar la tortura bajo ciertas circunstancias, y entre ellos había una conexión con las características mencionadas más arriba.

El ejemplo utilizado en el estudio fue el caso del abuso militar contra iraquíes en la prisión de Abu Ghraib en 2013.

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Los autores del nuevo estudio analizaron más de cerca cuáles son las causas de que las personas con tendencia al autoritarismo y a la defensa de la supremacía social tengan una tendencia mayor a aceptar la tortura.

Se tuvieron en cuenta factores como una fuerte identificación con su propio grupo (en este caso los suecos) y la tendencia a deshumanizar a los musulmanes.

“Descubrimos que ambos tipos de personalidades se hallaban muy arriba en la escala en cuanto a la deshumanización de los musulmanes”, ha declarado Magnus Lindén.

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Lindén cree que los resultados de su investigación deben interpretarse a la luz del hecho de que la tortura está convirtiéndose en una cuestión más actual desde los atentados del 11-S (11 de septiembre de 2001).

Los límites de lo que está considerado como permitido se han desplazado, y la tortura está siendo aceptada de forma más general que poco antes de ese gravísimo ataque terrorista.

Fuente: NCYT

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