Encuesta CEP: Festival para Carroñeros

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Esta semana la encuesta CEP correspondiente a julio-agosto de 2016 tomó el primer plano noticioso. Por primera vez, después de la dictadura, que un gobierno obtiene apenas el 14% de aprobación.

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Como siempre en los últimos tiempos, en todas las encuestas la delincuencia (o la seguridad) y la salud ocupan el primer lugar en los problemas de los chilenos. Lo que es más nuevo es que la corrupción ocupa el tercer lugar ya igualando a la salud con un 36% de personas que lo destacan.

En este sentido, la corrupción ya está en el imaginario colectivo molestando la vida cotidiana de las personas. Si esto fuese cierto, es probable que los políticos tradicionales y los que estén identificados con hechos sospechosos desde el punto de vista de la probidad van a obtener serias reducciones en intención de voto.

En efecto, que los más conocidos lleguen a 12% (Piñera); 5% (Lagos) o 3% (ME-O) de intención de voto es el descalabro de las figuras tradicionales a las cuales -de una u otra manera- se les ve comprometidos en el problema (la corrupción) más que en las soluciones. Resulta ridículo que el piñerismo salga a decir que son la primera opción en la presidencial con un resultado tan magro, como lo hizo una de sus voceras.

La percepción mayoritaria (80%) es que casi todos o bastantes políticos están involucrados en la corrupción. En esta misma lógica puede entenderse que el personaje político con mayor aceptación sea Alejandro Guillier que, por ahora, es percibido más como periodista que como político. Y, al contrario, Osvaldo Andrade es el personaje peor evaluado en esta oportunidad, seguramente por la jugosa pensión de su esposa que tardíamente la consideró exagerada.

El diputado Andrade terminará pagando muy caro todo esto -pese a que ni siquiera se sabe de su participación- porque se enemistó gravemente con su maestro Camilo Escalona y ha llamado a formar una tendencia en el PS lo cual ha tenido escasa acogida; en definitiva, está incluso arriesgando su cupo de diputado, en circunstancias que aspiraba a uno senatorial.

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Estos son los costos actuales de aparecer vinculado a actos de corrupción o abusos si se quiere usar un término elegante.

Resulta también inexplicable (o “carroñero”) que la derecha haya salido a despotricar contra la Nueva Mayoría, Bachelet y el gobierno cuando tiene como aprobación algo similar (10%) y el vocero y presidente de la UDI, Hernán Larraín, calificó de patético al gobierno por tener solo 14% de aprobación cuando él mismo aparece con 12% de evaluación positiva y 58% de evaluación negativa.

El burro hablando de orejas…

Es cierto que el gobierno desciende en la evaluación en todos los aspectos de la gestión alcanzando en la nota de 1 a 7 un muy modesto 3,3 como promedio. Dicho de otro modo: reprobado en todo. Ahora bien, si se escucha a la derecha el problema es que hay demasiadas reformas; a la izquierda con respecto a la NM es que hay reformas insuficientes; y la NM dice que se ha comunicado mal.

Entonces, lo que corresponde es saber quiénes critican al gobierno por una u otra cosa y no “apoderarse” espuriamente de un resultado a todas luces poco claro. Esto es típico de “carroñeros” que según el diccionario son animales que consumen cadáveres de animales sin haber participado en su caza.

Como sea, el gobierno ha tomado desde la reforma tributaria la “línea del medio” dejando con sabor amargo a la derecha y a su ala más progresista.

Extrañamente, la DC que se arrogó haber hecho la “cocina” de tal reforma tampoco la defiende y se ha venido desmarcando de todas las reformas pese a que se ha considerado esencialmente sus puntos de vista en cada una de ellas.

En suma, nadie defiende lo que se hace y allí los resultados.

Otro caso patético -símbolo de “carroñerismo”- es el ex ministro Burgos que se pasa 27 meses de ministro de Bachelet de los cuales 12 de Ministro del Interior y, repentinamente, se recuerda que no estaba de acuerdo con lo que se estaba haciendo ni cómo se estaba haciendo.

Asimismo, no puede dejar de influir en la evaluación del gobierno los problemas económicos y la percepción que de ello tiene la población.

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En efecto, cuando empieza este segundo gobierno de Bachelet un 24% creía que la situación económica actual era buena o muy buena; en agosto de 2016 solo un 4% mantiene esta idea mientras que los que creen que la situación económica es mala o muy mala aumentaron de 24% a 48%.

Lo peor es que el 68% cree que esta situación no cambiará en el futuro inmediato. Súmele a esto que el 68% cree que la situación política es entre mala y muy mala; y, que en el futuro cercano no cambiará (68%) o empeorará (21%).

Después de la encuesta se han escuchado las más diversas declaraciones de todos los encargados y voceros de los sectores políticos. Cada uno culpando a los demás; cada uno buscando explicaciones en que no se ha hecho lo que correspondía (léase lo que el declarante quiere).

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Ninguno hasta ahora ha dicho me equivoqué o nos equivocamos; ninguno ha insinuado dar un paso al costado; nadie reconoce que está en medio del lodazal y no en la tribuna.

En este “festival carroñero” la clase política no deja de auto perjudicarse.

Es Chile que perderá si se vuelve a personalismos extremos.

Algunos le llaman populismos pero que más populistas que los gobiernos y candidatos de la derecha y la NM que ofrecen lo que no han podido dar pero, cabe preguntarse si siquiera lo han querido dar.

Fuente: Primera Piedra

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