El 1 de julio de este año, entrará en vigencia el decreto de la Superintendencia de Pensiones por el que se aumenta la expectativa de vida de las chilenas y chilenos, con el objeto de recalcular sus pensiones por parte de las Aseguradoras de Fondos de Pensiones (AFP), llegando la esperanza de vida de las mujeres a 90 años y a 85, la de los hombres.

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Efectivamente Chile acaba de romper otro record a nivel americano, pues pasamos de ser indiscutidamente el país de la región con más altas expectativas de vida, incluso superamos a los países más desarrollados del mundo en nuestras cifras, sobrepasando a Japón, que es el líder en esperanza de vida a nivel mundial.

Ahora bien, cuando recibí la noticia de que ocurriría esto, la situación me causó bastante extrañeza, pero definitivamente terminé por convencerme de que algo anda mal con esta medida cuando, haciendo un simple ejercicio de búsqueda virtual, me di de bruces con los siguientes datos.

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE), estima que recién al año 2025 la expectativa de vida de nuestras mujeres será de 83,36 años y la de los hombres de 77,19.[1]

Es más, según los datos de la OMS, las mujeres con mayores expectativas de vida en el mundo, como aludí anteriormente, son las japonesas, quienes alcanzan los 87 años de vida en promedio.[2]

De acuerdo a los datos ofrecidos en 2015 por el informe World Population Prospects: 2015 Revision, llevado a cabo por Naciones Unidas, recién al año 2050 en Chile la expectativa de vida llegará a los 87,8 años en promedio. Y solo en 2100 habremos alcanzado una esperanza de vida de 93,5 años.[3]

Luego de constatar esta información ¿cómo se pueden considerar “serios” los datos que hoy mediante un decreto que quiere imponer la Superintendencia de Pensiones?, ¿cómo ha llegado a ese cálculo?

¿Cómo es que se aleja tanto de las estadísticas que órganos, que en mi opinión son más competentes en la materia, ofrecen?

Alguien podría pensar  que este tremendo salto en nuestra expectativa de vida, debiese alegrarnos a todos, como escuché decir a un periodista que entrevistaba al Superintendente hace unos días. Y sería lógico ponernos felices si así fuera, pero la verdad es que no sólo dudo de que estos datos no tienen un correlato con la realidad, si no que estoy seguro que no es así.

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Así como también sé que logrará todo lo contrario a una situación de alegría, pues constituye una situación nefasta para miles de chilenos y sobre todo para aquellos más desposeídos. La verdad es que con el aumento en la esperanza de vida las pensiones de las chilenas y chilenos se verán reducidas en un 2,2% en promedio. Es decir, las mismas pensiones que ya son miserables, se reducirán aun más.

Creo que solo me queda concluir que  los únicos beneficiados con este “tan alentador” pronóstico de la Superintendencia, serán los directorios de las AFP. Por supuesto que para ellos estas es una noticia muy positiva.

En fin, en mi opinión esta situación no es aceptable. Como legislador, soy un convencido que se deben adoptar dos medidas prontamente.

Por una parte modificar el Decreto Ley 3.500, que faculta a la Superintendencia para realizar este tipo de estudios, en el sentido de otorgar esta responsabilidad al Instituto Nacional de Estadísticas, que es un organismo mucho más capacitado para esta labor.

Además, es urgente que el Gobierno envíe un proyecto de ley mediante que de inicio a una discusión estructural y de fondo sobre nuestro actual sistema de pensiones.

O hacemos algo, o simplemente podemos creernos los datos de la Superintendencia y ponernos muy felices de que un montón de chilenos podrán tener el privilegio de ver a Chile jugar la copa Bicentenario, en cien años más.

(*) Diputado por el Distrito N° 25

Fuente: Radio Cooperativa

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