El torneo de fútbol más importante de Europa ha estado cruzado por el neoholiganismo ruso e inglés. El nacionalismo, la xenofobia y las huelgas se colaron en la Eurocopa 2016.

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En el centro de Marsella, los hinchas rusos cantan Katyusha, un clásico soviético de la Segunda Guerra Mundial que se convirtió en un himno popular para varias generaciones: una contraseña nacional. Los soldados del Ejército Rojo la entonaban para motivarse en los combates contra los nazis; los hinchas, en plena Eurocopa 2016, como se ve en los videos que circulan por YouTube, la cantan entre las peleas cuerpo a cuerpo con los fanáticos ingleses, una furia que tuvo su éxtasis el Stade Velodrome.

Los rusos -cuerpos de patovicas, tatuados, super entrenados y organizados para cada ataque- son la sorpresa para un gobierno francés más preocupado por los posibles ataques terroristas durante los partidos, y por las huelgas que enfrentan el ajuste y la reforma laboral.

“¿Quiénes son los hooligans rusos?”, tuvo que preguntarse el principal diario deportivo de ese país, L’Equipe. “Actúan como comandos”, explicó Ronan Evain, un politólogo francés que estudió el fenómeno.
“En Rusia –contó- se citan para batirse en las calles. Aquí se han juntado para la caza del hooligan. Para ellos es como un deporte”. Ese deporte es una especie de “club de la pelea” en la nieve. Alejados de las ciudades, entre los bosques, los hinchas rusos se encuentran para pegarse. Para reventarse a golpes. Pueden ser de los Orel Butchers (seguidores del Lokomotiv) o de los Gladiator Firm 96 (el grupo más radicalizado entre los hinchas del Spartak).

Aunque en Francia no importa. Fuera de Rusia, los unifica la nacionalidad.

“No tiene que ver sólo con el fútbol. A los rusos les gusta pelear, lo tienen incorporado en la cultura, y además tienen un gran estado físico; saben artes marciales, saben de lucha, tienen una buena preparación desde la escuela”, dice Matías Varela, un periodista argentino que vivió en Moscú, la capital, donde trabajó para el canal Russia Today. “Y también –agrega Varela- es una cuestión de nacionalismo exacerbado. Odian a todo lo que no sea ruso”.

La batalla de Marsella, tres días de piñas, botellazos y sillas volando, revivió los días del Mundial de Francia 98, cuando los hooligans ingleses, que todavía dominaban la escena de violencia en Europa, cruzaron el Canal de la Mancha y coparon esa misma ciudad. Se habló, entonces, de una reaparición de los hooligans, un fenómeno que parecía liquidado de los grandes eventos del fútbol.

“Pero el hooliganismo nunca desapareció”, dice desde Francia, donde cubre la Eurocopa, Javier Cáceres, periodista chileno del diario alemán Süddeutsche Zeitung. “El fútbol europeo se convirtió en un espectáculo para masas pudientes y marginó a los sectores populares. Si hay violencia, es lejos de los estadios”, explica.

Acaso otros Mundiales y Eurocopas, agrega Cáceres, ofrecieron terrenos menos propicios para las peleas.

“A Brasil 2014 –cuenta- no tuvieron manera de llegar. Sudáfrica 2010 tampoco fue fácil. Alemania 2006 estuvo muy controlado. La Eurocopa de 2012, en Polonia y Ucrania, tenía distancias muy largas. Y en la de 2008, en Austria-Suiza, hubo algunas peleas entre serbios y croatas”.

Francia 2016, según está previsto, será la última con sede fija: desde 2020, la Eurocopa se jugará en diferentes países. Pero el próximo Mundial será en Rusia. Y ahí también hay un aviso.

Si los rusos se arengan con Katyusha en Marsella, los ingleses siguen cantando en los bares de la ciudad que “había 10 bombarderos alemanes” y “la RAF de Inglaterra los derribó”. O provocan a los franceses diciéndoles que “si no fuera por los ingleses, serían alemanes”.

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Que la Segunda Guerra esté presente en los hinchas europeos no es tan distinto a que esté presente Malvinas en los cantos los hinchas argentinos cuando, por ejemplo, se juega contra Inglaterra. Pero no fueron esta vez los ingleses los que promovieron los combates.

“Si veinte ingleses borrachos se paran en el puerto de Marsella a cantar ‘¿dónde estaban ustedes durante la segunda guerra?’ y nadie les da bola duran veinte minutos, todos siguen tranquilos con sus vidas. Pero si a eso se suman los locales, los rusos, y la policía entra con los gases, entonces se convierte en ‘el retorno de los hooligans’”, dice Marcela Mora y Araujo, periodista argentina residente en Londres, para remarcar el morbo con el juega un sector de la prensa.

Kevin Miles, director ejecutivo de la Federación de Hinchas de Fútbol, una organización que defiende los derechos de los aficionados ingleses, apuntó también al uso de gases lacrimógenos. «La actuación policial –le dijo a ESPN FC- ha sido tal que se ha intensificado en lugar de calmar las cosas”.

Los hooligans, borrachos y más panzones, algunos por arriba de los 50 y hasta 60 años, sin entrenamiento, se encontraron con los rusos, que fueron a Francia a marcar un territorio. Además de multar a la Federación Rusa con con 150 mil euros, la UEFA le advirtió que un incidente más dejaría afuera a su selección.

Y en Lille, donde el miércoles Rusia perdió con Eslovaquia por 2-1, hubo más peleas –esta vez contra los eslovacos, pero también contra ingleses y hasta españoles- continuando con la promesa de sus camisetas, que anuncian una “Tormenta sobre Europa 2016”.

“Somos verdaderos luchadores, no putos gordos tomadores de Guinness”, dijo sobre los ingleses uno de los ultras rusos, citado por el Daily Mail.

“Vinimos a demostrar que los ingleses son unas niñas”, le dijo otro, llamado Vladimir, al diario español El Mundo. “Se agarran a piñas por la camiseta, por una cuestión de honor, como quizá pasaba acá muchos años atrás. Sin armas, con los puños”, explica Varela, uno de los periodistas argentinos que mejor conoce el fútbol de Rusia. El aguante, en clave rusa. Es un honor a las piñas.

Pero Vladimir, el hincha ruso que habló con El Mundo, contó que después de pelear con los ingleses se unieron a ellos para pegarle a los árabes que iban por las calles. La xenofobia es otra marca de agua de los ultras, enmarcado en un contexto en el que la extrema derecha europea gana terreno, y en el que se persigue a refugiados e inmigrantes.

También en el país donde se juega la Copa América Centenario, Estados Unidos, el candidato republicano Donald Trump agita un discurso xenófobo. Trump intenta sacar su rédito después de la masacre en Pulse, el club LGTB de Orlando, un ataque homofóbico que el empresario y varios sectores de poder adjudican al terrorismo islámico.

Un ataque como el de Orlando o, en rigor, como los que ocurrieron el año pasado en París, uno de ellos cerca del Stade de France, donde incluso se detuvo a un supuesto terrorista, es lo que temía –teme- el gobierno francés durante la Eurocopa.

Pero ahora tiene que lidiar con el hooliganismo. Y no sólo con eso. Una enorme movilización ganó el martes las calles de París en pleno torneo.

Las luchas contra la reforma que intenta imponer Holland se acrecientan desde marzo. Hubo paros de aeronáuticos, ferroviarios y recolectores de residuos. La Torre Eiffel y el Palacio de Versalles estuvieron cerrados por la adhesión de los trabajadores del museo a la resistencia contra la denominada ley del trabajo.

El gobierno francés, acorralado y desesperado por cuidar su imagen de autoridad durante la Eurocopa, respondió con represión y hubo una decena de heridos. Las protestas aparecen imparables. Ni siquiera las frenan la Eurocopa. No sólo los patovicas rusos resultan incontrolables para Hollande.

Fuente: La Izquierda Diario

Dos años de prisión para líder de hooligans rusos

Las fuerzas del orden francesas han detenido a 323 personas por actos de violencia, robos y ataques a la propiedad privada desde el inicio de la Eurocopa, dio a conocer ayer el Ministerio del Interior, mientras en Marsella se informó de la condena a 12, 18 y 24 meses de cárcel a tres rusos acusados de participar en los enfrentamientos del fin de semana en el partido entre Rusia e Inglaterra.

«De los detenidos, 196 quedaron arrestadas para averiguación de antecedentes, ocho fueron condenados a penas de prisión efectiva y tres a prisión en suspenso», añadió el Ministerio del Interior francés en un comunicado de prensa, sin dar más detalles.

Veinticuatro personas, entre ellas 20 aprehendidas en Marsella y otras cuatro en Lille, fueron expulsadas de territorio francés, según la información oficial.

Desde el inicio de la Euro el torneo se vio manchado por disturbios y actos violentos de los hooligans, principalmente, como el pasado sábado en Marsella al margen del Inglaterra-Rusia (1-1), que dejó 35 heridos y varios detenidos.

La fiscalía había pedido penas de entre un año y 30 meses de prisión efectiva y dos años de prohibición de entrada en el territorio contra los tres hinchas detenidos, de edades entre los 28 y 33 años. Ellos fueron detenidos el pasado martes junto con 40 compatriotas en un autobús en el sudeste de Francia. Veinte de ellos serán expulsados próximamente y otros 20 ya fueron liberados.

La condena más larga fue para Alexei Erunov, de 29 años, «director de relaciones con los hinchas» del Lokomotiv de Moscú, según la web oficial del club, quien admitió su presencia en unos videos en los que se ve a un grupo de rusos golpear a ingleses con sillas y barras de hierro.

«Ofrezco disculpas. Reconozco que estaba allá pero no golpeé a nadie. Tengo las manos limpias», declaró Erunov mediante un intérprete en el tribunal correccional de Marsella.

Serguei Gorbachev (33 años), quien dirige un grupo de fanáticos del Arsenal Tula, de la segunda división rusa, recibió una pena de 18 meses, y Nikolai Morozov, de 28, hincha muy activo del Dínamo de Moscú, fue condenado de 12 meses.

Tras los disturbios en Marsella la semana pasada, la dirección de la UEFA dijo que Inglaterra y Rusia enfrentaban una posible descalificación del torneo si había más incidentes violentos fuera de los estadios.

La detención de los 43 rusos provocó una minicrisis diplomática entre Francia y este país, que convocó al embajador galo para advertirle sobre una «agravación» de las relaciones entre las dos naciones.

En Berlín, Alemania, la policía local impidió la salida de varios hooligans reconocidos, como parte de un dispositivo con motivo del partido de ayer entre Alemania y Polonia, considerado de alto riesgo.

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