Con el paso de los días y las semanas se va diluyendo el conflicto de la marea roja. Las demandas de la isla de Chiloé solo quedan como un recuerdo de banderas negras, y así como el conflicto de Atacama que se extendió por meses, la ciudadanía empieza a olvidar lo que sucedió y lo que sigue sucediendo.

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Estos fenómenos de estallido social en los cuales existe un apoyo transversal a una demanda en particular suben tan rápido como bajan. Esto sucede, entre otras cosas, porque durante el proceso mismo del conflicto se van sumando una serie de demandas ya sean históricas, nuevas, mayoritarias u oportunistas. El caso es que en la Región de Los Lagos el lamentable hecho de la marea roja vuelve a poner en el debate una serie de problemas estructurales en la forma en que funcionamos como país, la cual va mucho más allá de la afección de pescadores y militicultores (cultivadores de mariscos).

Un poco de contexto…

Es importante comprender bien las etapas que se han cursado y, sin pretender escribir un artículo científico, es necesario primero contextualizar sobre el fenómeno de la marea roja, pues no es menor el grado de desconocimiento de los fenómenos naturales que continuamente afectan a nuestro país.

La marea roja es un fenómeno natural que se produce por un aumento de micro algas en zonas oceánicas. Este aumento de micro algas produce toxinas que se concentran en los moluscos (bivalvos). Se le denomina marea roja porque estas micro algas poseen pigmentos que causan la coloración del agua, los cuales pueden ser de distintos colores, siendo el rojo el más común.

Cabe mencionar que los moluscos no sufren ningún efecto por estas toxinas, sino que es en el consumo humano cuando se presentan los graves problemas de intoxicación, por tanto es el sector militicultor el que se ve absolutamente afectado, pues no pueden recolectar la materia prima de su trabajo.

Sobre el por qué se produce el aumento de estas micro algas en algún determinado lugar, responde a condiciones favorables de luz, temperatura y nutrientes en dicha zona. Por tanto, al mejorar las condiciones para la proliferación de estas, su población crece de forma explosiva, produciéndose las consecuencias planteadas.

Como se mencionó, esto es un fenómeno natural que sucede cuando se dan las condiciones propicias. El tema en particular de Los Lagos es que se ha indicado que la industria salmonera sería responsable de modificar las condiciones de la zona contribuyendo nutrientes a través de toneladas de desecho orgánico que vertieron en el mar.

También se ha planteado que las décadas de explotación de salmón en la región cambió la composición del océano factor que sin duda aporta a las irregularidades de este fenómeno que afectó y sigue afectando durante estas semanas. Si bien esta teoría pudiese tener alguna relación, hasta el día de hoy no existe ningún estudio que pueda afirmar o desmentir dicha suposición. Para ello, el comité de científicos está recorriendo 525 millas náuticas investigando las razones de la marea roja.

Por el momento sería irresponsable desde cualquier postura emitir algún juicio sobre las eventuales responsabilidades, pero lo que sí es pertinente, y hasta necesario, es analizar las causas, efectos y consecuencias del fervor social que se centralizó en la isla grande de Chiloé durante estas semanas.

Aunque no deja de ser interesante el debate que incluso traspasó nuestras fronteras, y en donde los medios de comunicación se posicionaron desde las distintas tesis mencionadas respecto a la causa de la marea roja.

El efecto de la marea roja

Más allá de interpretaciones, en términos concretos hubo un fenómeno que afectó una de las actividades fundamentales de la región, la militicultura, la cual no solo es sustento de grandes empresas sino también, y de forma importante, de pequeños productores, trabajadores  independientes formales e informales. Lo cual dio un golpe a la economía local que causó la inmediata reacción de los afectados.

Esta cesantía obligada de miles de personas fue la punta de lanza que empezó a mediatizar el conflicto, visibilizando condiciones laborales precarias de trabajadores dependientes, que simplemente quedaron sin trabajo cuando la empresa lo requería. Por otra parte los trabajadores independientes, cuyo sustento es la ganancia diaria de su labor, quedaron imposibilitados de seguir extrayendo sus productos del mar.

Es necesario evidenciar que el efecto de la marea roja ataca directamente a quienes dependen de la extracción de las especies afectadas, y por tanto a sus familias. En tal sentido la cuestión ahora recae sobre el resto de las demandas sociales que aparecieron a lo largo de este conflicto, que si bien pueden tener total legitimidad social y efectivamente representar el sentir de la comunidad Chilote, van mucho más allá del problema de la marea roja.

Mucho más que moluscos

Se evidencian dos situaciones muy complejas en medio del escenario de conflicto y paralización de la isla grande. En primer término el conflicto y los afectados no se limitaban exclusivamente a la provincia de Chiloé, sin embargo, la prensa de cobertura nacional centralizó su trabajo en la situación de la isla, invisibilizando a la gran cantidad de comunas del continente afectadas, trabajadores y familias que veían paralizada su fuente laboral inmediata.

Por otra parte, está la situación de las demandas sociales que van más allá de los problemas suscitados por la marea roja. En algún momento éstas se pusieron como condición de bajada para las movilizaciones chilotas, en donde movimientos como la Asamblea Social de Castro, planteaba la necesidad de poner sobre la mesa las demandas históricas que ha tenido al isla, como son su conectividad, la calidad ambiental, la matriz productiva basada en extracción de materias primas o la inversión estatal, entre otras.

Estas demandas responden a problemas estructurales del país, lo cual requiere descentralización efectiva y cualquier ciudadano que vele por el bien de la población debiese apoyarlas, pero tampoco es menor el hecho de entender el momento político por el cual se atraviesa y tratar de posicionar demandas a expensas de la lamentable situación de pescadores y militicultores es a lo menos cuestionable.

Si bien quedó en evidencia el apoyo transversal de la comunidad en Castro a las demandas y más de algún resquemor habrá causado el acuerdo de fin de conflicto no es menos cierto que la población directamente afectada por la marea roja requería soluciones inmediatas, pues ya pasaban semanas sin ningún ingreso económico producto del lamentable fenómeno, y es por tanto sobre esta emergencia sobre la que se actuó.

Sin ánimos de generar enfrentamientos con el movimiento social que ponía como base las demandas históricas de la isla se hace necesario repensar y reorientar los esfuerzos para que no sigan apareciendo como demandas reaccionarias ante una catástrofe puntual.

Los desafíos que nos deja la marea roja

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En síntesis, el conflicto de la marea roja sigue vigente pues aún no se sabe la causa certera de esto y si las salmoneras tienen algún grado de responsabilidad. Lo que sí es certero es la necesidad de repensar el país desde sus regiones, en donde situaciones de postergación como los que ha vivido la isla de Chiloé (y otro gran número de lugares en nuestro largo país) no pueden seguir posponiéndose en el tiempo, se requiere de una descentralización efectiva que permita a las regiones plantearse un modelo de desarrollo desde lo local para confluir en un proyecto país pensado desde todas sus latitudes.

Así también se hace imperioso reformas laborales que brinden protección a los trabajadores del sector, pues se ha evidenciado la brutal flexibilidad laboral que sufren las y los trabajadores del mar, en donde es de suma importancia encontrar una fórmula que resguarde sus derechos y les garantice los ingresos necesarios en caso de catástrofes similares.

La duda sobre el origen de la marea roja, pone en evidencia la falta de fiscalización que tiene el Estado en todas sus instituciones, pues de contar una capacidad adecuada no podrían caber dudas de que se cumplen con las normas ambientales establecidas. Esta mayor fiscalización debe ir acompañado de los recursos necesarios para dichas operaciones, pues resulta dantesco que las fiscalizaciones a las salmoneras sean con citas convenidas con la misma industria y en los medios que esta misma dispone (sus propias lanchas).

Está claro que la mayor fiscalización no es la respuesta absoluta, pues también es urgente modernizar nuestra normativa ambiental, con estándares más altos y rígidos, que velen por un ecosistema sustentable y que ponga como prioridad la bienestar del ecosistema por sobre los intereses económicos de ciertos grupos empresariales.

Finalmente, y como propuesta inmediata, es necesario que el comité de científicos que hoy se encarga de averiguar sobre el origen de la marea roja en las regiones afectadas, pueda tener capacidades propositivas, para que se genere la serie de reformas legislativas que permitan mejorar la calidad de vida de las y los chilenos, y conservar un ecosistema sustentable para las generaciones venideras.

(*) Encargado Programa Municipio y Territorio ICAL

Fuente: ICAL

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