Tal como hace años, hoy suena en muchas partes la idea de “Farkas Presidente”. De hecho, en una encuesta reciente, apareció cuarto como alternativa a ocupar La Moneda, lo que a algunos les parece la reacción lógica de una ciudadanía ante la crisis política que vive el país, mientras a otros nos resulta simplemente una barbaridad antidemocrática.

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Pero sobretodo la consecuencia de una despolitización peligrosa que no distingue entre las malas artes de algunos políticos y lo dañino que puede ser para un país renunciar a la política.
    
Y es que eso es Leonardo Farkas: la renuncia a la política y el debate de ideas. Incluso, en más de alguna cuña televisiva, ha dicho no aspirar al cargo al que mucha gente quiere que llegue, argumentando que si fuera mandatario sería “un dictador blando” y que cerraría en Congreso, cosa que parece no importarle a nadie.

Esto lo digo porque sus palabras no causaron alerta en la gente que aún lo levanta como carta presidencial o le pide dinero. No les parece peligroso que haya un millonario que reparta billetes en las calles y al mismo tiempo lance frases populistas con tinte autoritario.

Pero sobre todo- lo que tiene un trasfondo sumamente ideológico- no les alerta que una persona, con su dinero, nos haga creer que el Estado es inservible no porque no esté haciendo su trabajo, sino porque su existencia es casi innecesaria.

Como digo, esto pareciera no incomodar a nadie. Su peinado alborotado, su risa resplandeciente, y su spanglish rodeado de lugares comunes, ilumina los rostros de gente pobre a la que les han quitado su conciencia de clase para así convertirlos en recipientes de la caridad de este hombre que se pasea por los barrios populares lanzando el dinero que encuentra en sus lujosos bolsillos.

Y lo más triste es que muchos trabajadores, que deberían estar organizándose o expresando sus demandas, prefieren marchar tras el magnate mientras éste los deja oliendo la estela que dejan sus billetes.
Es como si sintieran que el progreso o el cambio de las estructuras de poder no fueran importantes si es que hubiera miles de Farkas repartiendo limosna. Como si las sociedades debieran construirse sobre la base de la generosidad de los ricos, y no así con el cumplimiento de sus responsabilidades ante el Estado debido a la cantidad de dinero que ganan.

A algunos les puede parecer que estoy poniendo el grito al cielo de manera gratuita, pero lo cierto es que lo que intento es ver más allá de la construcción de realidad de ciertos medios con respecto a algunos personajes. Y no lo hago con el afán de molestar, sino con la convicción clara de que la respuesta hacia lo que sucede hoy en día en la política se resuelve precisamente con más política.

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Con políticos y personas que tengan conciencia de cómo funciona una democracia y un estado de derecho.

Es antojadizo y un suicidio colectivo construir campañas políticas por el actuar particular de personas. El ejercicio público es más que eso y trae consigo ideas y perspectivas país que vean a una sociedad como un conjunto, como una colectividad en la que deben imperar las leyes y el respeto hacia justas instituciones.

Lo otro son solo aventuras personales que tienen que ver con el tamaño del ego de quien se hace llamar “filántropo”, y no con el futuro de los ciudadanos.

Fuente: El Quinto Poder

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