La Red, la Nube y el Futuro

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Hoy, al hablar de computadoras, todo mundo se refiere a “la nube”. Subir (y bajar) datos a la nube, computación en la nube, servicios en la nube. Pero no siempre queda claro qué qué es la dichosa “nube”. A primera vista parecería que es, simplemente, internet: la red de redes que conecta a las computadoras de todo el mundo.

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Es la dichosa “nube”.

Pero en realidad, la nube no es exactamente lo mismo: contrariamente a lo que su etéreo nombre sugiere, “la nube” consta en realidad de algo bastante sólido. Más que la red misma, es el conjunto de millones de servidores (grandes computadoras, con inmensa capacidad de almacenamiento en innumerables discos duros) repartidos por todo el planeta (y que al estar conectados forman internet) donde se guardan los datos de los usuarios de servicios en la nube, como iCloud de Apple, Dropbox, Skydrive de Microsoft, Google Drive, Amazon Cloud Drive y todos los demás.

Gracias a esto, uno puede no sólo almacenar sus datos en “discos duros virtuales” y tener acceso a ellos desde cualquier parte (si hay conexión), sino también usar programas que residen en la nube, como Google Docs o Microsoft Office 365, además de una cantidad cada vez mayor de servicios.

En 2000 escribí que en el pasado las computadoras constaban de grandes procesadores centrales (mainframes, que ocupaban habitaciones enteras) conectadas a múltiples “terminales” con pantalla y teclado. El advenimiento de la computadora personal, y luego la portátil (laptop) permitió “desconectar” a las computadoras.

Pero el desarrollo de internet, y de los servicios “en la nube” está reconectándolas, ahora inalámbricamente. “El almacenamiento en un disco duro – escribía yo– posiblemente sea pronto sustituido en su totalidad por una simple conexión a la red”. Y añadía: “para que esto sea posible se requerirá que dichas conexiones sean más rápidas, confiables y baratas que ahora, de modo que uno pueda estar conectado permanentemente”.

No sé si la parte de “confiable” sea ya una realidad…

Mi artículo terminaba resumiendo lo que muchos especialistas ya decían: “Quizá pronto desaparezca la distinción entre computadora e internet: tendremos máquinas simples, sin disco duro, y todo el almacenamiento, e incluso gran parte del procesamiento de datos, se llevará a cabo en servidores de la red. Se regresará así, aunque en otro nivel, a la misma concepción con que comenzaron muchos sistemas de cómputo: una serie de terminales conectadas a un gran procesador central”.

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Como se ve, ya casi estamos ahí.

¿Es esto bueno?

Yo diría que sí, aunque tiene sus bemoles:

en un artículo en el número de febrero de 2014 de la revista Scientific American, David Pogue se queja de la tendencia actual de las grandes compañías de internet a apropiarse de nuestros datos, controlando qué información compartimos, imponiéndonos condiciones poco razonables (como el derecho a hacer uso de nuestras fotos), comerciando con nuestras direcciones de email y números de teléfono y poniendo cada vez más obstáculos para borrar nuestra información de sus servidores si así lo deseamos.

Además, señala Pogue, si todos nuestros datos están en la nube, cualquier falla, o un simple viaje a un sitio sin internet, nos deja indefensos.

Inevitablemente, la nube se cierne sobre nosotros.

Para algunos es tormentosa; otros le ven lado bueno (el famoso silver lining, en inglés). Pero eso sí: nuestro futuro en la nube es ya nuestro presente.

(*) químico farmacéutico,biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM. Desde 1990 se ha dedica a la divulgación de la ciencia.

Fuente: The Cult

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