Enrique Correa: El Cuento del Lobby, o con Dios y con el Diablo

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“El ex ministro Longueira prestó grandes servicios al país” afirmó el también ex ministro Enrique Correa en entrevista en The Clinic. Dos grandes protagonistas de las maneras en que se manejó Chile en los últimos 26 años se mandan saludos desde la adversidad que afecta a uno de ellos pero que ya salpica al otro.

El actualmente primer lobbista de la plaza, E. Correa, por propia confesión estimó que luego de su cargo de Ministro Secretario de Gobierno de Aylwin no tenía más que hacer en los cargos públicos. Prefirió sus múltiples asesorías a personajes de la política desde Isabel Allende, hija del Presidente Allende, a Ponce Lerou yerno de Pinochet; desde el General Cheyre (sospechoso de participar en flagrantes delitos contra los derechos humanos) hasta el ex ministro del Interior de la Presidenta Bachelet, Rodrigo Peñailillo.

Esta selecta clientela, le dan una aureola de amplitud e incombustibilidad indiscutible. En el mundo del marketing se diría que tiene una cartera de clientes envidiable. Desde el punto de vista de los negocios no cabe duda que su “cifra de negocios” debe ser espectacular; entre sus triunfos puede también contarse que el Partido Socialista siendo presidente Gonzalo Martner, lo expulsó por asesorar a las empresas mineras que se oponían al royalty pero, en un par de años, por propia invitación del posterior presidente, Camilo Escalona, se lo reinscribió en el Partido con todos los derechos.

Para algunos, allí nació un amistad entre Correa y Escalona que a éste le ha dado posibilidad de acceder a medios de comunicación y que incluso lo haga considerarse –quizás ingenuamente- como parte del selecto club de “los hombre de Estado” de este país.

Ser hombre de Estado pareciera que en el último tiempo se entrega al igual que los títulos nobiliarios, es decir, se otorga entre pares, como una suerte de cooptación por comportamientos adecuados y servicios rendidos lo cual conduce al beneplácito del elegido.

Enrique Correa se encuentra entre los pocos que se permiten insistir que todos los imputados o condenados son “hombres de Estado”; Correa expone pública y tranquilamente que el problema es simplemente que no existe una ley de financiamiento y que eso explica todas las denuncias actuales; Correa se permite –aunque no es el único- decir que Contesse, el ex gerente general de Soquimich, es “su amigo” (valga anotar que Soquimich está en su cartera de clientes).

 Ciertamente, hay muchos amigos de Contesse que no quisieran que se les pusiese en la disyuntiva de reconocerlo o desconocerlo.

Correa se vanagloria de asesorar a Soquimich y pertenecer al Directorio de la Fundación Salvador Allende; a moros y cristianos simultáneamente. La culpa quizás sea de sus clientes que debiesen darse cuenta que no se puede defender a dos partes antagónicas.

Esto lo saben los abogados, pero Correa es sociólogo lo cual le da una visión mucho menos estricta de la ética.

Asesorar a Penta como él lo hace en el marco de un fraude en favor de la UDI, no es un problema para un empresario, pero podría ser un poco exagerado para alguien que, de todos modos, se reclama de izquierda y que dice votar socialista. El exmilitante del Mapu con sus declaraciones en The Clinic termina de confundir a quienes tienen poca formación ideológica y de principios.

Sus declaraciones hacen pensar que no hay problema en defender a Dios y el Diablo… simultáneamente.

Fuente: Primera Piedra

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