En entrevista al semanario El Siglo, Lorena Pizarro, Presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, aseguró que Álvaro Corbalán jamás ha mostrado algún grado de intención de colaborar: «él representa la esencia misma del terrorismo de Estado y la barbarie del genocidio que vivimos durante 17 años».

Lorena Pizarro Sierra es presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) desde el año 2003, hija de Waldo Pizarro detenido desaparecido y de la histórica presidenta de la agrupación, Sola Sierra. Su activismo en la política y en la búsqueda de verdad y justicia la comenzó desde muy joven lo que la posicionó como una de las voces más destacadas en esta labor.

En entrevista con El Siglo conversó sobre los últimos hechos acaecidos con uno de los condenados más emblemáticos en materia de Derechos Humanos (DD.HH), Álvaro Corbalán ex líder de la Central Nacional de Informaciones (CNI), además cuestionó a quienes han salido a la defensa de los represores de la dictadura que esgrimen como defensa la avanzada edad y las enfermedades que estos padecen.

– ¿Qué le parece la agresión que sufrió Álvaro Corbalán y el revuelo que causó el pequeño cabezazo dado a un hombre acostumbrado a generar todo tipo de violencia?

 Lo que ocurrió con Corbalán más allá del cabezazo que le dio el joven, tiene que ver con una situación que parte desde Corbalán y desde la situación de impunidad que tenemos en el país. Pero hay que señalar que estamos hablando de Corbalán, el jefe operativo de la CNI, no de un hombre que pueda hablar, que tenga la estatura moral para hablar de dejar atrás el pasado, la reconciliación, etc. Nunca hay que perder de vista quien es él y cuál es su responsabilidad en una cantidad innumerable de crímenes y torturas que son realmente ajenas a cualquier análisis humano.

Él es un permanente peligro para la sociedad por eso su presencia en la cárcel de alta seguridad y después de mucho romper las reglas, de las pocas que hay en Punta Peuco.

Solo decir que en su vida, Álvaro Corbalán jamás ha mostrado algún grado de interés en colaborar. Él representa la esencia misma del terrorismo de Estado y la barbarie del genocidio que vivimos durante 17 años.

La expresión  del joven es un gesto valiente y tiene que ver con lo que muchos quisieran expresar en repudio a los violadores de DD.HH que aunque estén condenados tienen un grado de impunidad  inaceptable».

– En la carta que escribe Corbalán, habla de rencores y de superación y tilda al joven de cobarde. ¿Qué le produce que este represor utilice esos conceptos?

Esas son provocaciones que nos hacen los violadores de DD.HH, ellos están muy conscientes de lo que hacen, son profesionales, máquinas de matar y de torturar física y psicológicamente. Si uno lee con detenimiento esa carta allí se observa la soberbia de un agente, frente situaciones que de verdad son tremendas, eso refleja que ellos jamás han tenido un grado de conciencia de la barbarie que cometieron, porque ideológicamente están convencidos de que lo que hicieron fue lo correcto. Yo creo que la carta es una provocación, no tiene nada más que un accionar que nos vuelve a someter a una especie de tortura psicológica porque quienes leemos esta carta sentimos una profunda ira y con justa razón.

– Finalmente en el escrito Álvaro Corbalán les entrega la responsabilidad a los otros, o sea, son ustedes quienes deben perdonar y terminar con el rencor, sin ningún tipo de autocrítica ¿Se podía esperar algo distinto?

Ellos no lo van a hacer nunca. Yo de verdad hace harto rato que creo que de los violadores de DD.HH no se puede esperar nada, porque no fueron excesos que cometieron, fue un adoctrinamiento ideológico criminal el que recibieron en la Escuela de las Américas, y que realizaron convencidos no porque fueran mandados, sino porque fueron parte de esa doctrina fascista de exterminio durante 17 años de dictadura cívico-militar, por lo tanto no estamos hablando de un tema particular que se quiere instalar de los pobres hombres que cometieron excesos, pero que en la vida hay que reivindicarlos, no estamos frente a eso y cuando se quiere instalar eso, estamos aceptando de que en Chile se construya una cultura de impunidad que esconde la verdad de lo que vivimos que fue una dictadura cívico-militar.

– ¿Qué le pasa cuando el sacerdote Fernando Montes trata de defender a estos condenados, argumentando que son ancianos enfermos a los cuales hay que tenerles misericordia?

Eso es lo mismo que pasa hoy con discusiones que se dan en el país que ellos llaman “váloricas”. El sacerdote Montes puede tener todas las opiniones que él quiera respecto a su doctrina religiosa, pero eso lo tendrá que hacer él, cosa que hace visitándolos y entregándoles la comunión. Pero una cosa distinta tiene que ver con las obligaciones del Estado y con las responsabilidades que tienen respecto a crímenes de lesa humanidad estos sujetos, además personas que están amparadas en los pactos de silencio, una operación de encubrimiento. Yo no creo que la vejez exculpe a alguien de sus delitos, por ejemplo yo no creo que si hoy un abuelo de 80 años viola a una niña, la gente diga «pobre hombre que se vaya para su casa mejor en vez de la cárcer», el ser mayor no te quita la culpa de nada.

Además en todo este análisis el señor Montes olvida que se trata de crímenes de lesa humanidad, que son condenados por el mundo entero después de la experiencia nazi.

– Pareciera ser complejo el escenario cuando este bien mayor que es la vida todavía se ve opacado por ideologías ¿Por qué seguimos viviendo esta situación?

El terrorismo de Estado es profundamente ideológico, es un flagelo que instalan quienes tienen el poder económico y que son aquellos que lo han instalado en las dictaduras latinoamericanas, como es el caso de Estados Unidos que defiende sus intereses económicos a costa de ello. Entonces en esa lógica nosotros como agrupación siempre lo reiteramos cómo se va a justificar algo que es injustificable, quien va a defender el horror de la dictadura, salvo quienes fueron parte de eso.  Pero como esto es ideológico, cuando se intenta generar justificaciones de las violaciones de los DD.HH -como ha intentado la UDI todos estos años-  diciendo que había responsabilidades de todos lados, se está avalando algo que no tiene parangón. El problema grave que quienes lo justifican están dispuestos a volver a hacerlo, entonces ahí la mirada del sacerdote Montes no puede tener asidero en un país cuya labor es no repetir estos crímenes.

– ¿Cómo ve la situación que actualmente vive Honduras, con el asesinato de los dirigentes Berta Cáceres y Nelson García?

Me parece grave, dolorosa. Los deseos libertarios de los pueblos y de las organizaciones y de quienes se organizan para lograr mejores condiciones de vida, siempre tiene costos humanitarios salvajes. La muerte de personas no significa un número, significan seres humanos a quienes se les coarta su vida, se les asesina por el solo hecho de pensar distinto y eso es terrorismo de Estado. Lo que pasa en Honduras es lo mismo que vivimos nosotros y lo que pasa en general en medio oriente y África.

Para hablar de violaciones de DD.HH, de terrorismo de Estado, hay que entender que son conceptos profundamente ideológicos de aquellos que ostentan el poder económico. Para ellos no hay otro bien que no sea el dinero, la vida no vale.Lo de Honduras es dramático porque tras los asesinatos hay personas, familias, pueblos que sufren y siguen siendo maltratados.

Fuente: El Siglo

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