La UDI y Novoa: La Doctrina de la Impunidad

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La decisión decisión del Tribunal Supremo del partido derechista, que liberó al “líder” de esa colectividad de sanciones tras condena judicial, instaura la impudicia en democracia. El doble estándar se enquista de manera peligrosa en la política nacional . La inercia ciudadana es garantía para quienes violan la ética y la ley. El voto, el antídoto más eficaz.  

Apenas explotara el caso Penta y en él aparecieran mezclados “insignes” dirigentes de la UDI, entre ellos dos de sus excandidatos presidenciales (Laurence Golborne y Pablo Longueira), su máximo mentor después de Jaime Guzmán (Jovino Novoa), varios de sus parlamentarios en ejercicio (Iván Moreira, Felipe de Mussy, Jaime Orpis, Ernesto Silva, Ena von Baer, etc.), algunos ex personeros de la administración Piñera (el exsubsecretario Pablo Wagner y otros) y varios cientos de militantes y funcionarios, el partido se excusó de sancionarlos porque estaban pendientes las causas judiciales que los involucraban. Había que esperar.

A la vez, los expresidentes Ernesto Silva y Javier Macaya y el actual timonel Hernán Larraín, en rimbombantes conferencias de prensa, anunciaban un “nunca más” y pedían perdón por los “errores e irregularidades” (involuntarios y de los otros) en que habían incurrido, a la par de que acusaban que se trataba de prácticas generalizadas en la política y que solo a ellos se les pasaba “la factura” (qué ironía).

De hecho, José Antonio Kast, su “presidenciable”, reconocía: “La UDI hizo una presentación formal con toda su directiva y ex presidentes pidiéndole disculpas a la ciudadanía por algo que había afectado a la política, en especial a la UDI, pero que también estábamos siendo objeto de una crítica que va más allá de lo que estimábamos razonable, por sectores que incurrían en las mismas acciones que nosotros”.

Palabras… tan solo palabras

Perdón, en su acepción griega, significa “dejar pasar”… en castellano, hacer como que nunca hubiera ocurrido y esa, es justamente –a la luz de los acontecimientos-, la verdadera intención de la UDI al pedir perdón. “Déjennos pasar esta y sigamos como si nada”.

Claro que ello se aleja del verdadero sentido del perdón, que implica un arrepentimiento o reconocimiento de lo indebido o injusto del actuar, un cambio de actitud, expiar (sancionar las malas prácticas) y la reparar el mal causado. Lejos parece ser esa la manera de ver el tema por la tienda de calle Suecia.

Y los porfiados hechos así lo demuestran. Llegó el 5 de diciembre de 2015, día en que cayó la sentencia judicial que condenó a Jovino Novoa por delitos tributarios, en los cuales confesó su autoría ¿y la UDI? Bien, gracias…

El Tribunal Supremo de ese partido declaró apenas 10 días después, en sesión extraordinaria, que había que distinguir “dos categorías de hechos, como son por una parte el abuso de cargos públicos y el enriquecimiento personal en base a influencias políticas, y por otra el financiamiento que se ha utilizado habitualmente en la política en Chile”, ¿qué tal?

Es decir, había que distinguir si se roba solo o si todos roban.

Así y sobre esa base, resolvió “Que en el caso del militante Jovino Novoa Vásquez se aplica plenamente lo dispuesto en el acápite octavo del referido acuerdo de fecha 2 de noviembre del presente año que dispone:

“En aquellos casos en que no haya existido ni se haya perseguido enriquecimiento personal y sin perjuicio de las responsabilidades legales individuales, este Tribunal Supremo entiende que no le cabe formular reproches a sus dirigentes o militantes que, para financiar la actividad política, se limitaron a actuar de esa forma que, hasta ahora, fue práctica generalizada, conocida y aceptada por todos los sectores.”

En otras palabras, si de manera generalizada muchos roban, bienvenido robar.

Mal de muchos…

Qué bien aplica la expresión “mal de muchos consuelo de tontos”, y ello porque la palabra consuelo (sustantivo que proviene del verbo consolar) significa, según la Real Academia Española, “descanso y alivio de la pena, molestia o fatiga que aflige (causa molestia o tristeza, preocupa) y oprime el ánimo”.

Así que, la UDI no siente ya ninguna aflicción por el entuerto en que está coludida, porque habiéndolo hecho varios, ya el tema no les molesta y menos aflige o preocupa. ¿Se da cuenta, estimado lector? Es decir, la UDI no le ha mentido al país en ningún momento, porque se consoló, le da lo mismo lo que han hecho ya que otros también lo hicieron.

Claro que algunos se pasaron de revoluciones y ahora deben echar marcha atrás, como el timonel de la UDI, Hernán Larraín quien afirmó antes de la confesión y sentencia en contra de Novoa quien aseguró que “a él, ni a nadie en su partido, (le correspondía) hacer un reproche a la conducta de los militantes sin que en forma previa un tribunal de la República hubiera acreditado el delito”. Ratificada la sentencia por la Corte que condena a Novoa a tres años de pena remitida (ese es otro escándalo) y encontrándose además el delito debidamente confesado por el delincuente, Larraín se olvidó de sus dichos anteriores.

El presidente del partido de Novoa enfrentó a la prensa señalando: “nos hacemos cargo del reproche efectuado y lo asumimos con mucha humildad. Sabemos que esta conducta ha sido una práctica común y generalizada, no solo en el ámbito político sino que en todo el espectro de las actividades profesionales (…) y que prácticamente nunca fueron sancionadas (…) Por ese motivo el Tribunal Supremo de la UDI decidió no sancionar a Jovino Novoa, fallo que respetamos. Pero ello no convierte a estas conductas en actos positivos, sino que merecen el reproche social”… cero aflicción, cero reproche ético, menos una sanción efectiva de carácter político.

Doble estándar

La mala práctica y el delito no necesariamente van de la mano en cuanto a la sanción. Si algo no es delito pero sí es una mala práctica, debe ser sancionada de manera ética o política, según el ámbito en que se dé. Por ejemplo, pedir anticipos de dieta parlamentaria o préstamos en la cámara, puede no constituir delito, pero repulsa la conciencia social el que quienes están entre el 1% más rico del país utilicen este sistema para obtener créditos sin reajustes e intereses y a sola palabra, mientras que cualquier trabajador para acceder a uno debe endeudarse por años y de manera que roza con la usura. No es delito lo actuado por los parlamentarios, sin embargo es cuestionable y sancionable ética y políticamente. Tanto así que terminaron suspendiendo la mala práctica. Pero para la UDI, si no es delito, pasa y no corresponde sancionar.

Ello, según el columnista Jorge Navarrete, “Se trata de un posición equívoca, por no decir deshonesta, por cuanto el pronunciamiento que hace la Justicia nada tiene que ver con las responsabilidades políticas y éticas que deben observar los servidores públicos, en especial aquellos que representan más visiblemente a sus partidos”. El antiguo aforismo latino “Quod licet Iovi, non licet bovi” (Lo que es lícito para Júpiter, no es lícito para todos) capta la idea de las relajadas normas de comportamiento que la élite inserta en la UDI aplica a sí misma y las normas más ásperas que aplica a los demás.

El doble estándar no solo lo vive la UDI en el financiamiento ilegal de la política,   también lo vivió en materia de derechos humanos, defendiendo la “obra” del dictador sin cuestionar la tragedia vivida por el pueblo chileno.

O enalteciendo el valor de la vida sin decir nada de los crímenes de lesa humanidad. O valorando el rol de la familia, pero sin cuestionar la depravación de Karadima o el cura John O’Reilly, sus líderes espirituales.

Quizás una de las acusaciones más fuertes de esta doble moral de la UDI, se reflejan en las denuncias de la experiodista de ese partido, Lily Zúñiga: “Dicen que su sello (la UDI) es el servicio público, pero sólo se dedican a hacer política y a defender intereses particulares, no a la sociedad. Cuando armaba una pauta sobre las AFP, me decían: acuérdate que no nos podemos meter ahí. Tampoco se podían tocar las Isapres ni nada, porque según ellos les podía traer problemas. Eso limitaba mi trabajo porque no se podía entrar en los temas que a la gente le importaban y que, se supone, ellos debían resolver”.

Fuego “amigo”

No ha sido la única que al interior de la colectividad levantó la voz, aunque al final terminaran matizando el tema. El líder de los alcaldes de la UDI, Francisco De La Maza, criticó la resolución del Tribunal Supremo del partido, sosteniendo que con la resolución que exculpaba a Novoa, se abrió un espacio para que “causas ilegítimas queden en la impunidad (…) más allá de las sanciones que se pudieron adoptar en contra de Jovino, hay un error conceptual en el fallo, ya que se rompe con la legalidad de un Estado al utilizar el argumento de que no lo sancionarán porque no hubo un enriquecimiento personal en un acto que por la justicia fue calificado de delito”, manifestó.

Ya antes la otra excandidata presidencial gremialista, Evelyn Matthei, había asegurado que, “es necesario que Jovino Novoa y todos los militantes involucrados en casos de corrupción abandonen el partido”. Como contrapartida, se le acusó de desleal por sus declaraciones que tocaban al “gurú” de la colectividad. “Ella es la mujer odiada de la UDI. Los comentarios son del tipo: “esta mujer está loca, no hay que pescarla, cómo la callamos”. Hay un constante control sobre su imagen. La odian, pero al mismo le temen porque es visceral”, sostuvo Lily Zúñiga al respecto.

También cuestionó el doble estándar el alcalde de Colina y militante UDI, Mario Olavarría, quien señaló que “no me parece el fallo del Tribunal Supremo, pues se genera un mal precedente para futuros casos”. Más suave fue el candidato a dirigir el partido, el diputado Jaime Bellolio, quien manifestó que “Novoa mecería un reproche”. Claro que hasta ahí quedó, porque a reglón seguido se manifestó férreo defensor de la institucionalidad de su partido, así que si el Tribunal Supremo dijo que no se le sancionaría, había que respetarlo.

Dime con quién andas…

Desde los aliados de la UDI, se deslizaron tibias críticas, pero en caso alguno una condena y ello es lógico… sería complicado, hay elecciones ad portas. Los presidentes de los partidos Renovación Nacional, Cristián Monckeberg y Evópoli, Felipe Kast, se lavaron las manos señalando que “cada colectividad tiene su propia autonomía”.

Ello a pesar se sostener que “en su lugar, hubiesen tomado otras medidas”. Uno de los que habló más duro fue el díscolo senador de RN, Manuel José Ossandón el que calificó de “impresentable” que no existiera una postura clara de Chile Vamos al respecto, ya que ello solo se afecta al conglomerado. Ossandón aseguró que “Jovino Novoa debió ser expulsado de la UDI”.

Complicado tema para nuestra feble democracia en el país, es la existencia de una derecha que avala la corrupción, la UDI y otra cómplice, Renovación Nacional (con excepciones que es necesario reconocer), que hoy, de acuerdo a las mediciones de opinión, se encuentran sumidas en el ostracismo más grande de la historia del país y que de hecho arrastran a todo el espectro político. Una democracia sólida necesita de una oposición íntegra que sea auditora de las autoridades y que actúe como un órgano fiscalizador, pero de manera consecuente con los principios que intenta fiscalizar, de buena fe.

La conducta oprobiosa de la UDI, no le hace bien a la política, denosta a Chile. Hace un año, por este medio señalábamos, quizás con un poco de inocencia, que “uno no puede dejar de celebrar y esperanzarse el que esta lección (caso Penta) les enseñe a la humildad política, les abra los sentidos del nuevo Chile, les muestre que hay que poner fin a los abusos y que deben «abortar», por razones terapéuticas, su malformado vínculo con el dinero sucio, que deben anteponer a Chile por sobre sus intereses mezquinos”.

Pasado un largo y tortuoso año, queda acreditado con el caso Novoa, que no han aprendido nada y que, por el contrario, mantienen una maledicente visión de lo ajeno sin mirar la viga en propio ojo. RN por su parte debiera darse cuenta de los signos de los tiempos y alejarse de la manzana podrida. Claro que pareciera ser otra “inocentada”.

Desde la otra vereda

El senador MAS, Alejandro Navarro, para nada se mostró sorprendido ante la resolución del Tribunal Supremo de la UDI que dejó a Novoa en la total impunidad. “No hay nada nuevo bajo el sol. Era de esperar que la UDI, un partido que no ha sido capaz de condenar las violaciones de Derechos Humanos en nuestro país, no iba a sancionar a su fundador y máximo jerarca por ser el recaudador de platas ilegales para sus campañas (…) La UDI hace con Novoa lo mismo que hizo la Iglesia Católica con Karadima: lo protege”, sostuvo.

Así de contundente fue el periodista Jorge Navarrete: “Puesto de esta forma, podemos sacar tres quemantes conclusiones. Primero, que se puede robar y defraudar bajo ciertas circunstancias. Segundo, que no se deben castigar aquellos delitos que se cometan de manera masiva y popular. Tercero, que específicamente tratándose de la actividad política, tanto para su financiamiento y desarrollo, es legítimo violar la ley siempre y cuando no exista lucro personal”.

Claro que estas conclusiones son válidas para todos los actores políticos, para la UDI, sus coludidos socios y quienes, en la vereda del frente, debieran dar testimonio de una actuación consecuente con la historia del país y el drama que le tocara vivir durante la dictadura. Los porfiados hechos han demostrado que no todos están a la altura de las circunstancias, pero eso, estimado lector, usted lo puede resolver con la poderosa arma que la democracia le entregó, el voto. No usarla para depurar la política, equivale a ser cómplice de aquellos que han mancillado la memoria de quienes dieron su vida, su libertad y su dolor para recuperarla.

Fuente: Cambio21

 

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