La Vida Loca de Maradona

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A?ngel para unos. Demonio para otros. La vida de Diego Armando Maradona no deja a nadie indiferente. Futbolista excepcional, fuera del campo mostro? a veces su lado más oscuro.

La pelota, un amasijo ya medio deforme, casi deshecha debido a la cantidad de golpes que habi?a recibido, se la habi?a regalado su ti?o Cirilo. Y con esa bola deshilachada, un nin?o llamado Diego Maradona, habi?a aprendido a regatear pedruscos y guijarros, a controlar ma?gicos planetas, a abandonar por unas horas su mi?sera vida en Villa Fiorito… para ser el duen?o de su mundo.

Un universo redondo, como una pelota, un mundo que e?l pensaba dominar. La noche le atrapo? una tarde en la que volvi?a a dominar en los potreros bonaerenses. Perdido, fue a caer a un pozo lleno de excrementos. Aterrorizado, empezo? a gritar, hasta que alguien acudio? a casa de su ti?o Cirilo, que vivi?a cerca del lugar. Cuando e?ste llego? al lugar, y mientras trazaba un ra?pido plan para salvar a aquel chaval flacucho, le espeto?: “¡Dieguito, la cabeza sobre la mierda. Ahora te sacamos!”.

Instantes despue?s, su ti?o le sacaba de ese agujero negro y se lo entregaba a su madre para que lo lavase y lo cambiase de ropa. Ese di?a, Diego Maradona conocio? el que seri?a su plan de vida el resto de sus di?as: super vivencia en la adversidad… pero con una pelota en sus pies todo seri?a distinto.

Tras despuntar en el Cebollitas, paso? al Argentinos Juniors y de ahi? a… Boca Juniors, porque la AFA no le permitio? salir hasta dos an?os despue?s, en 1982, obra y gracia de Ce?sar Luis Menotti, que entrego? una lista de jugadores intransferibles al extranjero hasta que no se hubiese disputado el Mundial de Espan?a 1982.

Argentina era la vigente campeona del torneo y debi?a acudir con sus mejores hombres al Campeonato espan?ol. Cuando llego? el momento, no sabi?a lo que le esperaba. Lo que e?l pensaba que iban a ser di?as de gloria y felicidad pronto se tornaron en hostilidades. Tras convertirse en una sensacio?n mundial, llego? su pri mer gran salto: fichar por el Barcelona. Palabras mayores.

Piso? el estadio di?as antes de comenzar el Mundial de Espan?a, pero lo que debi?a ser una fiesta, pronto se torno? en conflicto. Un duri?simo marcaje a cargo del italiano Gen tile le iba a ensen?ar la marrulleri?a en el deporte: Gentile le agarraba, le derribaba, le agredi?a… todo con la permisividad del colegiado rumano Rainea. Hasta 20 faltas le hizo sin que fuese expulsado. Diego empezo? a cambiar de mentalidad. De idea. Nadie le doblegari?a… Nunca ma?s…

Su primer gran choque en el Barcelona fue con su entrenador, el alema?n Udo Lattek. Se iba a disputar la segunda jornada de la Liga 1982-83, y era el primer partido del conjunto azulgrana en su estadio. Tras haber perdido ante el Valencia en la jornada inaugural, se esperaba la visita del Valladolid como agua de mayo para ahogar las primeras penas de la campan?a. La man?ana del encuentro, el te?cnico sen?alo? que toda la plantilla dari?a un paseo para relajar mu?sculos.

Diego dijo que e?l no iba a ninguna parte y se quedo en su habitacio?n. No contento con esa respuesta, Lattek se presento? en la habitacio?n del Diez y le insto? a prepararse para la pertinente vuelta. “Yo no paseo”, escucho? antes de que le puerta se cerrase. La brecha entre te?cnico y estrella comenzo? a abrirse de manera irrefrenable.

El segundo aldabonazo fue en París. Hasta la Ciudad de la Luz se  trasladó  el  Barcelona  para disputar un encuentro amistoso ante el PSG. Habi?a que sacar rendimiento al fichaje de un crack como el argentino. Aquella noche, los aficionados parisinos vieron un triunfo esple?ndido de los azul grana. Vencieron (4-1) dando toda una leccio?n de juego. Pero tras el partido… Ardio? Pari?s.
Maradona reunio? a un grupo de compan?eros y se dedico? a recorrer las mejores discotecas y tugurios locales. No faltaron cabarets y locales de strip-tease. Un nutrido grupo de paparazzi hizo su agosto vendiendo di?as despue?s las fotos de la juerga de los jugadores del Barc?a. Captaron todos y cada uno de los movimientos de aquella noche. Tras aquello, el Barc?a se midio? al Celta en el Camp Nou. Un triste empate hizo que la aficio?n estallase. Diego fue increpado todo el encuentro y su coche, atacado al te?rmino del encuentro.

Todo parecio? volver a la normalidad tras derrotar al Real Madrid de Di Ste?fano en el mismi?simo Santiago Bernabe?u. Pero se avecinaba un golpe demoledor: un me?dico del Barcelona, al que acudi?a para ser tratado de un esguince de rodilla, le vio algo raro y le mando hacerse unos ana?lisis me?dicos. Los resultados fueron crueles: hepatitis. Diego tendri?a que parar tres meses, 12 semanas sin jugar, aislado. Fue entonces cuando comenzaron los rumores de la vida dispersa que rodeaba a Maradona y a su se?quito en la Ciudad Condal: fiestas hasta altas horas de la madrugada en su casa de Pedralbes, alcohol, drogas, mala vida para un deportista…

La clase alta de la ciudad mediterránea no le perdonaba ni una. Es ma?s, se cebaba con la figura del astro argentino. Esa clase alta que se habi?a visto apartada de sus ambientes de esparcimiento por la llegada de Maradona. Esa burguesi?a que se habi?a sentido ridiculizada en los mismos sitios donde antes de la llegada del Pelusa eran tratados como personajes de alta alcurnia.

Ahi? tuvo otro punto de friccio?n, y esta vez no era con la aficio?n azulgrana, sino con una par te impor tante de la sociedad catalana. Ese desprecio que Maradona vivio? lo llevo? dentro de su interior…

Cuando Diego regreso? se encontro? con una grata sorpresa. Udo Lattek habi?a sido reemplazado por su compatriota Ce?sar Luis Menotti que, aunque no pudo ganar la Liga, si? vencio? al Real Madrid en la final de la Copa del Rey y en laCopa de la Liga.

La tem porada siguiente, Maradona parti?a de cero, pero con la idea de conquistar su primera Liga en Europa. Pero apenas tuvo tiempo de participar. En septiembre, y ante el Athletic de Bilbao, una escalofriante entrada de Andoni Goikoetxea fracturo? su tobillo. Fue una accio?n dura del zaguero roji blanco, que fue sancionado con 10 encuentros de castigo. Maradona no volveri?a a los terrenos de juego hasta enero de 1984… Con la idea de ganar la Liga. Seri?a una derrota ante el Real Madrid donde se desatari?an todas las hostilidades con Josep Lluis Nu?n?ez, el presidente azulgrana. E?ste acuso? al argentino de ser una de las razones de que el Barcelona no hubiese ganado el torneo liguero.

Tan so?lo le quedaba un clavo ardiendo: la final de la Copa de Es- pan?a.. ante el Athletic de Bilbao. Lo cierto es que no hubo partido y si? una batalla a lo largo de los 90 minutos de encuentro. Un solitario tanto de Endika desnivelo? la final… Hasta que Maradona, fuera de si?, arremetio? contra Sola al te?rmino del encuentro.

Le solto? un pun?etazo desata?ndose el infierno: pun?os por doquier, patadas voladoras, agresiones entre unos y otros… Y todo bajo la mirada del Rey de Espan?a… Y de la directiva del conjunto azulgrana. Maradona seri?a sancionado con tres meses de suspensio?n. Ya habi?a tomado su propia decisio?n: se iba.

Verano de 1984. “Ha?gase a la idea. Aqui? no vuelvo a jugar. Si me hacen quedarme, un di?a me lesionare?, y cuando me vaya a recuperar, recaere?”. Ma?s o menos es la frase que escucho? Joan Gaspart en su u?ltimo intento por convencer a Maradona para que continuase enrolado en la disciplina azulgrana. Eran esfuerzos baldi?os, puesto que la decisio?n estaba tomada ya de antemano.
Era el gran golpe de un equipo del sur de Italia, el Na?poles, ante los todopoderosos equipos del norte: el Mila?n, el Inter, la Juventus… que se podi?a traducir perfectamente tambie?n como un acto de rebeldi?a o de afirmacio?n. Asi?, el 5 de julio de ese mismo an?o, un abarrotado estadio San Paolo de la ciudad transalpina, esperaba la llegada divina de Maradona. Y si?, fue divina. Pasado el mediodi?a, un murmullo empezo? a recorrer las gradas del estadio: el tu?nel de vestuarios se empezo? a llenar de gente… hasta que de repente emergio? la figura de Diego ante una tremenda explosio?n de ju?bilo de los cerca de 70.000 tifosi que llenaban el coliseo napolitano… previo paso por taquilla. Cada uno habi?a tenido que pagar unas 10.000 liras (unas 1.000 pesetas al cambio por aquel entonces), algunos incluso triplicaron esa cantidad en una reventa controlada… por la Camorra.

¡¡Maradona era Maradona!!

Horas antes, en el yate que el presidente napolitano teni?a atracado en la isla de Capri, Diego habi?a recibido la bienvenida a la manera italiana de Corrado Ferlaino: sendos besos, uno por me- jilla. Acto seguido, se fundieron en un sentido abrazo para montarse en un helico?ptero y puesto rumbo al estadio napolitano. Comenzaba su aventura en el Na?poles… a la par que habi?a dado comienzo su vi?nculo con la Camorra… aunque e?sta ya se habi?a adelantado y dando rienda suelta a su negocio: merchandising con la imagen de Diego.

Todo marchaba segu?n lo previsto: alegri?a, felicidad, todo el mundo estaba contento, pero basto? un simple detalle para que Diego y su entorno se diesen cuenta de do?nde habi?an cai?do… y todo por una pregunta. La primera pregunta que recibio? en la rueda de prensa.

El autor, un periodista france?s, Alain Chaillou, que espeto?: “¿Usted sabe que parte de su fichaje ha sido pagado con dinero procedente de la Camorra?”. Ferlaino, enfurecido, le respondio? bruscamente: “¡Su pregunta nos ofende. Na?poles es una ciudad honesta y sus habitantes tambie?n. Le exijo una disculpa por ofender asi? a un pueblo entero. Y le pido que se marche!”.

Acto seguido, un sorprendido Chaillou era sacado de su asiento por dos trabajadores del club e instado a que abandonase la ciudad ipso facto. Chaillou cogio? un taxi, se marcho? al aeropuerto y se embarco? en el primer avión que salía rumbo a Francia.

Comenzaba asi? su aventura en Na?poles… y con el Na?poles. Los primeros di?as, de adaptacio?n, se convirtieron en di?as de fiesta: trabajo por la man?ana y diversio?n por la tarde… y noche. Cada di?a habi?a un restaurante nuevo al que acudir, un bar o una discoteca por la noche… Claro, era Maradona, el nuevo Santo de Na?poles, asi? que lo mejor de lo mejor estaba reservado para e?l. Lo mejor de lo mejor inclui?a cualquier cosa por menor que pareciera. Eso si?, siempre rodeado de las chicas ma?s bellas de la ciudad.

Jorge Cyszterpiler, adema?s, le habi?a sacado otro extra ma?s a Ferlaino: los gastos del mejor hotel, el ‘Royal’, de la ciudad para Maradona y todo su entorno… mientras encontraba una casa de su gusto. Cuando llegaron las primeras facturas hoteleras, Ferlaino llamo? a Cyszterpiler para que acudiese a las oficinas del club: “Esto es intolerable. Si quieren que esto siga adelante, Diego tiene que estar en condiciones de jueves a domingo. Si no, se anula el contrato”, le solto?. Y Diego cumplio? su parte.

El primer par tido de la temporada 1984-85 emparejo? al Verona (que ese an?o acabari?a ganando el Scudetto) con el Na?poles en su estadio, el Camilo Bentegodi. El encuentro se disputari?a el 16 de septiembre en la ciudad veronesa, la tierra de Romeo y Julieta. Pero lo que encontro? Maradona no fue amor precisamente. Nada ma?s entrar al campo, una gigantesca pancarta recibi?a tanto a los jugadores como a los miles de seguidores suren?os que se habi?an desplazado por tierra y aire hasta el Nor te: “LAVATEVI” (“Lavaos”).

De nuevo, el desprecio del Norte al Sur, pero para los seguidores napolitanos, su orgullo pronto iba a ser restituido por Maradona. Sin embargo, ese di?a, el Verona ganari?a 3-1, y Diego conoceri?a de primera mano el odio visceral que recorri?a las regiones del norte frente a sus homo?logas del sur: los defensas veroneses se turnaban para golpearle una y otra vez, sin piedad, sin misericordia.

Humillado, se adentro? en el vestuario y comenzo? a pensar si no se habi?a equivocado. Llegado a Na?poles, se ducho? y se disponi?a a irse a dormir, pero una llamada le saco? de su estado: “Diego, hay que bajar al hall. Hay una persona que quiere conocerte”, escucho? a trave?s del auricular. “No, no puedo. Hoy no. Discu?lpame. Dile que otro di?a quedamos para comer o para cenar. Hoy no puedo bajar”, respondio?.

La temporada futboli?stica del Na?poles no discurri?a placenteramente. Por mucho que se esforzara en derrotar a los rivales, e?stos aprovechaban cualquier despiste o fallo para sacar algo de provecho en sus enfrentamientos con la ‘squadra’ partenopea, algo que enfadaba enormemente a Maradona.

Cuando la cosa estaba a punto de explotar, por el mes de diciembre, Ferlaino obligo? a jugadores y cuerpo te?cnico, comandado por Rino Marchesi, a realizar un ‘ritiro’ (una especie de minipretemporada) en la localidad de Vietro. Ferlaino esperaba que todos analizasen en voz alta los pros y las contras de todo aquello que rodeaba al equipo. Pero lo que pareci?a iba a ser negativo, fue justamente lo contrario. Con el ambiente en el equipo a punto de estallar, Maradona se marcho? a Buenos Aires para pasar las vacaciones naviden?as en familia, lejos de su entorno.
Alli? y con la presencia tranquilizadora de su novia, Claudia Villafan?e, aparecio? otro Diego. Al regreso de las vacaciones, Maradona, mejor dicho, el Na?poles de Maradona so?lo perdera? dos partidos de Liga acabando en octava posicio?n.

Coincide esa racha con dos detalles par ticulares: el primero, el cambio de residencia. Dejaba el hotel ‘Royal’ donde se alojaba desde su llegada y su traslado a una villa en el barrio de Posillipo… y un romance con Heather Parisi, una bailarina americana que triunfaba en la televisio?n italiana… y a la que le falto? tiempo para correr a la revista ‘Oggi’ a contar con pelos y sen?ales sus aventuras amorosas con el ‘Pelusa’.

La primavera napolitana le sentaba bien. La llegada del calor, las continuas fiestas nocturnas, unidos a los buenos resultados del equipo le elevaron el espi?ritu. Los problemas pareci?an quedarse atra?s y todo pareci?a encarrilarse de la manera ma?s satisfactoria para Diego. Pero no para su amigo y representante, Jorge Cyszterpiler, que vei?a co?mo el dinero iba y veni?a en cantidades industriales… y el gran, perturbador y turbio asunto: el dinero que se movi?a en torno a su figura… y al que nunca podri?a tener acceso. Ni siquiera acercarse a escasos centi?metros. Era dinero de la Camorra, la mafia local.

El mismo Cyszterpiler se dio de bruces con dos ejemplos con apenas di?as de diferencia. El primer caso se produjo antes de que Maradona firmase por el conjunto napolitano. Llegado al aeropuerto partenopeo, se fijo? que un chico vendi?a unas cassettes de mu?sica cuya portada luci?a la figura de Maradona embutido ya en la camiseta azul napolitana.

Sorprendido, se acerco? al chaval y le pregunto?: “¿De do?nde has sacado eso?  Y si finalmente Diego no viene, ¿que? vas a hacer?”. El chico respondio?: “No pasa nada. He vendido 2.000 en apenas tres di?as”.

El segundo caso llego? en los primeros di?as de Maradona en Na?poles. Cyszterpiler acudio? a cenar cerca del puerto junto con el periodista y dirigente napolitano, Paolo Pauletti. Cuando ambos salieron del restaurante, un zagal se les acerco? vendiendo ‘cigarrillos Maradona’. Cyszterpiler, intrigado, le pregunto? que que? tipo de cigarrillos eran esos, a lo que el chaval le ensen?o? una cajetilla de una conocidi?sima marca americana.

“¿Co?mo vendes esa marca como ‘cigarrillos Maradona’?”. “¡Porque asi? se venden mejor!”, replico? el joven. Una vez solos, Pauletti le explico? la realidad: eran los negocios de la Camorra. El clan Giuliani.

No seri?a hasta comienzos de 1986, cuando el clan decidio? dar el siguiente paso. Si en septiembre de 1984 Diego, tras su primer partido en el Calcio, saldado con derrota ante el Verona, no quiso bajar al hall del hotel para conocer a una persona, en enero de ese an?o mundialista, no tendri?a escapatoria: dos miembros, emisarios, del clan se presentaron en las instalaciones de entrenamiento: llevaban una carta que debi?an entregar en mano al astro argentino. En la misiva se le invitaba tanto a e?l como a su entorno a una fiesta que uno de los jefes del clan, Carmine Giuliani, iba a dar en su mansio?n.

Comenzaba su descenso a los infiernos. Aquella noche, la fiesta fue todo un derroche de lujo por parte de los miembros del clan: no faltaba de nada, y si faltaba, bastaba un simple gesto para fuese repuesto de manera inmediata. Y para dar muestra de su potencial, varios foto?grafos repartidos por la mansio?n, con la misio?n de sacar instanta?neas de los miembros del clan con Diego: era la representacio?n ma?s clara del poder.

Poco a poco, Diego fue siendo ma?s asiduo a esas celebraciones. Cualquier motivo era va?lido para estar horas y horas de juerga y diversio?n. El ri?o de gasto no frenaba, pero Diego no se teni?a que preocupar. Si necesitaba dinero, alli? estaban sus nuevos amigos. Con ellos, nada le faltari?a.

Uno de sus primeros negocios con la Camorra fue la compra de una flotilla de coches… debido a su cara?cter caprichoso, Maradona se encapricho? de un ‘Ferrari Testa- rossa’ de color negro, similar al que luci?a su actor favorito, Sylvester Stallone. Era un modelo u?nico, perteneciente a una serie limitada. Su cara?cter caprichoso le llevo? a exigir que se lo comprasen.

El problema vino cuando supo que tardari?an casi cinco meses en conseguirle uno. Monto? en co?lera, organizando una bronca descomunal. Cyszterpiler tuvo entonces una ocurrencia genial. Hablo? con el mismi?simo Agnelli, proponie?ndole un trato publicitario: ¡Que? mejor que el mejor jugador del momento con el mejor coche del momento! No habi?a mejor anuncio para todo el mundo.

Dicho y hecho. Maradona tuvo su coche en apenas tres semanas… Pero ahora los enojados eran los miembros del clan Giuliani. ¡Co?mo era posible que el si?mbolo del sur que luchaba contra los oligarcas del norte le hubiera comprado un vehi?culo de superlujo a uno de sus ma?s encarnizados rivales! Asi? que Diego se vio abocado a comprarse una flotilla de coches… e incluso un yate.

Si en Barcelona, se consideraba un apestado, en Na?poles se senti?a como en casa… hasta que conocio? a Cristina Sinagra, una joven y guapa napolitana que representaba todo lo contrario a e?l. Ti?mida, guapa, humilde… Su personalidad encandilo? a Maradona hasta tal punto que entro? como un obu?s en su vida. Pero los problemas ra?pidamente aparecieron.

Don?a Tota, la madre del astro argentino, no queri?a que su hijo se ‘distrajese’ e hizo todo lo posible por sabotear dicha relacio?n. El problema se radicalizo? cuando Cristina se quedo? embarazada y ante las presiones del entorno, tanto empresarial como familiar, de Diego, decidio? tener a su hijo.

El clan maradonil la aparto? de su lado y la dejo? sola, abandonada, y en una ciudad en donde uno de sus dichos ma?s populares es ‘I figli so i figli’ (‘Los hijos son los hijos’), esa decisio?n fue como clavar un cuchillo a tus seres queridos.

Algo comenzo? a romperse entre los napolitanos y Diego. Cristina no se arredro? e inicio? una demanda para que Maradona reconociera la paternidad de su hijo, tambie?n Diego. Tras an?os de lucha, el 6 de mayo de 1992, despue?s de que Maradona se negara en tres oportunidades a realizarse la prueba de ADN, la jueza Mari?a Lidia de Luca confirmo? la paternidad, autorizando a Sinagra a utilizar el apellido y ordenando al jugador argentino a pasarle una mensualidad de unos 3.000 euros de la e?poca.

La e?poca de amor y fraternalidad entre el argentino y los napolitanos comenzaba a separarse, aunque au?n habri?a un u?ltimo intento de reconciliacio?n.

Durante el Mundial de 1990, celebrado en Italia, se las apan?aba para salir a escondidas de la concentracio?n argentina en Trigoria. En esas salidas, a veces con permisividad de Bilardo, Maradona se dedicaba a… cenar por segunda vez y divertirse en bares y discotecas.

Maradona llevari?a al Na?poles a ganar dos ‘scudetti’ (1986-87 y 1989-90), una Coppa (1986-87), una SuperCoppa (1990) y una Copa de la UEFA (1988-89). Todo marchaba bien. Maradona estaba contento. La aficio?n ma?s todavi?a… Pero Ferlaino no.

Ferlaino se vei?a superado por todo lo que rodeaba a Maradona. Estando ya rota la relacio?n, y cansado de los continuos gestos del argentino, Ferlaino ansiaba hallar un punto por do?nde romper la cuerda. Apretando a Guiilermo Coppola, nueva mano derecha del Diego, tras haber roto con Cyszterpiler (e?ste viendo lo que se aproximaba, decidio? poner pies en polvorosa, dejando a Maradona solo ante el peligro).

Y el peligro llego? de manera sucinta. En marzo de 1991, en un encuentro que el Na?poles teni?a que jugar ante el Bari, Diego fue seleccionado para pasar un control antidopaje. Todo el mundo sabi?a que Maradona no haci?a ni menos de 48 horas que habi?a estado de fiesta, bebiendo y esnifando cocai?na. Para e?l eso no suponi?a ningu?n peligro: desde que habi?a llegado a la ciudad partenopea, un nutrido grupo de amigos le ayudaban a superar esos controles. ¿Co?mo? Cambiando los tubos de la orina por otros que estaban completamente sanos, otros amigos napolitanos que trabajaban en la Federacio?n italiana modificaban los nombres de los jugadores que debi?an someterse al pertinente ana?lisis para que no apareciera el de Diego… Pero algo habi?a cam- biado.

Aquel reconocimiento hizo saltar todo por los aires: su orina mostraba trazas de cocai?na. Las autoridades italianas se le lanzaron a la yugular. Diego se marcho? a hurtadillas de una ciudad que se colapso? a su llegada en 1984. De repente, las ventanas se abrieron para escupir todas y cada una de sus fechori?as. De pronto, prostitutas napolitanas explicaban con pelos y sen?ales sus fiestas con el argentino.

Apenas tres semanas despue?s, un operativo policial allano? el depar tamento que Maradona teni?a en el barrio de Caballito, en Buenos Aires. El jugador se encontraba con dos amigos y fueron halladas drogas en su poder, por lo que fue detenido por la polici?a. Un di?a despue?s, tras el pago de una fianza de 20.000 euros al cambio, fue liberado.

Si bien no se le inicio? un proceso penal, le ordenaron someterse a un tratamiento de rehabilitacio?n. La justicia italiana lo condeno?, en septiembre de 1991, a 14 meses de prisio?n en suspenso por tenencia de estupefacientes. Su idilio con Italia estaba roto. Habri?a que inventarse otro ede?n.

Y ese ede?n aparecio? en la figura de un club espan?ol, el Sevilla, que de la mano de Luis Cuervas queri?a ser el centro del mundo. Transcurri?a el an?o 1992, Barcelona celebraba los Juegos Oli?mpicos y la ciudad andaluza ostentaba la Exposicio?n Universal. Su entrenador, un viejo conocido, Carlos Salvador Bilardo, le roneo? la propuesta al presidente: “¿Y si intentamos fichar a Maradona? E?l me conoce, soy su padre futboli?stico. Conmigo gano? el Mundial de Me?xico y jugamos la final del Campeonato de 1990?”.

La idea sedujo a Cuervas, que se lanzo? a por el astro argentino. Cerrado el acuerdo entre club y jugador, quedaba otra papeleta: romper su vi?nculo con el Na?poles, pero Ferlaino no estaba por la labor. Tras idas, venidas, reuniones y ma?s reuniones, FIFA mediante, se llego? a un acuerdo. Maradona jugari?a en el Sevilla.

El comienzo fue prometedor… a la par que tranquilo por parte de Maradona. Incluso se cor to? el pelo para ofrecer una imagen de seriedad. No seri?a hasta la segunda parte del campeonato cuando todo se volvio? a torcer: rumores de fiestas con compan?eros hasta altas horas de la madrugada, visitas a un burdel (La Casita) di?a si? y di?a tambie?n, carreras de un Porsche Jaguar por las avenidas sevillanas: un di?a fue parado por saltarse varios sema?foros en color rojo.

Cuan- do lograron detenerle, Maradona se explico?: llevaba tan alta la mu?sica que no habi?a oi?do las sirenas de los coches policiales, peleas con porteros de discoteca a la vez que espetaba una frase demoledora “¡Tu? no sabes quie?n soy yo!”.

El asunto acabo? con la salida del jugador en verano de 1993… tras ser atentamente vigilado por una empresa de detectives privados contratados por el club sevillano para que controlasen sus escapadas nocturnas.

Su u?ltimo acto acontecio? en el estadio Sa?nchez Pizjua?n, ante el Burgos. Tras el descanso, y con un Maradona con la rodilla reventada de dolores, Bilardo decidio? sustituir al Diez. Maradona, encorajinado, se dirigio? al banquillo, le espeto? un “hijo de p…” ante la mirada de todo el mundo, le tiro? el brazalete de capita?n a la cara y enfilo? el pasillo de los vestuarios dando patadas y pun?etazos a todo lo que se le interponi?a en su camino.

Esa noche, Bilardo acudio? a la casa del Diego para pedirle explicaciones: Acabo? con un pun?etazo y la nariz y la amistad rotas para siempre. Tres di?as despue?s, el club sevillano rompi?a cualquier tipo de relacio?n con el argentino, que decidio? regresar a su pai?s.

Tras lograr la clasificacio?n para acudir al Mundial de Estados Unidos, en 1994, los jaleos volvieron a su vida. El 2 de febrero de 1994, Maradona disparo? con un rifle de aire comprimido a un grupo de periodistas y foto?grafos que haci?an guardia en la puerta de su finca en las cercani?as de Buenos Aires. Por este hecho fue condenado a dos an?os de prisio?n en suspenso y a indemnizar a los periodistas agredidos.

Meses despue?s sufriri?a un duri?simo varapalo: tras el segundo partido del torneo, ante Nigeria, Maradona fue requerido para realizar el control antidopaje. Durante los di?as previos del partido frente a Bulgaria, su representante le comunico? que el control habi?a dado positivo, lo que seguramente lo dejari?a fuera del Mundial. En los ana?lisis se le detectaron cinco sustancias prohibidas: efedrina, norefedrina, seudoefedrina, norseudoefedrina y metaefedrina.

Fue suspendido por quince meses, por lo que tuvo que abandonar la concentracio?n argentina con una frase cruel: “¡Me cortaron las piernas!”. Pero segui?a manteniendo su carisma. En 1995, en una conferencia en la Universidad de Oxford, se autoproclamo? “El mejor jugador de fu?tbol”. Ese viaje a Inglaterra concluyo? con todo un vago?n de Metro solicita?ndole auto?grafos…

El motivo fue que Diego teni?a que coger un avio?n en el aeropuerto de Heathrow, y un estudiante argentino le recomendo? que era mejor ir en metro que coger un taxi debido al colapsante tra?fico existente. Diego acepto?, con una salvedad: deberi?a ir disfrazado para que nadie le pu- diese reconocer.

El plan marchaba segu?n lo previsto… hasta que a falta de tres paradas para el final, otro viajero le reconocio? y empezo? a gritar su nombre. Diego, asustado, se quedo? sin reaccio?n, hasta que la gente le envolvio? con abrazos y gestos de carin?o a la vez que le pedi?an decenas de auto?grafos. ¡¡¡Ingleses pidiendo auto?grafos a Maradona!!!

Una de las innumerables pruebas irrefutables de que siempre tuvo, tiene y tendra? eternamente el fer vor de una grandi?sima parte del pu?blico mundial.

Sin embargo, su carrera sin frenos continuaba. Al an?o siguiente, en 1996, protagoniza un esca?ndalo mayu?sculo en un hotel de Alicante. ‘Diegol’ habi?a aterrizado en la capital mediterra?nea para estar u?nicamente 48 horas… e intentar pasar desapercibido. El motivo de la visita era me?dica, pero resaltaba el motivo. Para gente de su entorno, habi?a llegado para reunirse con el doctor Jose? Jacobo Zubcoff, especialista en Psiquiatri?a y Ma?ster en Salud Mental, con el que estudiar y analizar una posible consulta.

Para otros, dicha cita era con otro me?dico, Guillermo Laich, especializado en medicina depor tiva y residente en la ciudad alicantina. Para terceros, veni?a a revisar las instalaciones de una cli?nica de desintoxicacio?n de drogas… Al te?rmino del primer di?a, y tras ofrecer una entrevista en una emisora local, Maradona llego? a su hotel, subio? a su habitacio?n, se ducho?, se cambio? y salio? a disfrutar de la noche, pese a las negativas de Coppola. Pero es Diego. Maradona.

Esa noche, el Pelusa comenzara? en un burdel (pagara? al duen?o para que expulse a unos hombres del local y le dejen campar a sus anchas) y acabara?… bien entrada la man?ana accediendo al hall del hotel rodeado de dos mujeres. Sera? el recepcionista el que describa el estado de Maradona:

 “Muy extran?o, entre exaltado y eufo?rico”. Lo peor vino despue?s. Mientras el tri?o sube por el ascensor hasta la habitacio?n del astro argentino, se produjo un corte de electricidad, queda?ndose encerrados en el cubi?culo durante un buen rato, hasta que la intervencio?n del Cuerpo de Bomberos acabo? con dicho encierro. Recuperada la normalidad, el ascensor regreso? al hall… donde se desencadeno? el infierno:

Maradona, fuera de si?, arremetio? contra todo y todos los que se interponi?an en su camino: sillas y mesas volaban, un cenicero de ma?rmol atraveso? la entrada del hotel, un par de puertas, el techo y la puerta del ascensor y unas rejillas de madera saltaron por los aires… Todo a base de patadas y pun?etazos mientras que sus pies y pun?os sangraban a la vez que chorreaba sudor y la?grimas, producto de su rabia e ira.

No era el primer altercado que Maradona produci?a en la ciudad alicantina. En 1982, y con motivo de la celebracio?n del Mundial, la seleccio?n argentina puso su lugar de concentracio?n en la misma ciudad. Una tarde, a la hora de la siesta, un aburrido Maradona, que compar ti?a habitacio?n con Ossie Ardiles, le propuso a e?ste salir a dar una vuelta por los alrededores. Su fama ya era imparable. Dicho y hecho, los dos jugadores se evadieron. Cuando Menotti cito? a los componentes para realizar la sesio?n, se encontraron con que faltaban los dos jugadores.

Algunos pensaban que habi?a sido un secuestro. Otros, una broma. Tras una intensa bu?squeda, la pareja aparecio?: habi?an estado en una iglesia viendo a unos nin?os recibir su primera Comunio?n.

En agosto de 1997 volvio? a dar positivo en otro control antidopaje. Fue su adio?s al mundo del fu?tbol. Su cuesta abajo prosegui?a: en 2000 tiene que ser sometido a una cura de desintoxicacio?n en Cuba, tras una bacanal en Uruguay, con prostitutas, coca y alcohol en abundancia.

Alli? se sometera? a una dura recuperacio?n: perdera? 25 kilos, olvidara? las drogas y adoptara? ha?bitos de vida sanos, pero un terrible choque entre el coche que conduci?a y una furgoneta casi acaba con su vida. En 2002, su hijo Diego le asalto? en un torneo de golf que se celebraba en Roma. Cuando le vio, entro? en pa?nico y salio? huyendo. Ma?s tranquilo, solicito? su presencia: estuvieron hablando un par de horas.

En 2004, y viendo en estado de trance a Boca Juniors, cayo? de rodillas en el palco donde estaba. Ra?pidamente, fue llevado en ambulancia hasta la cli?nica Suizo Argentina, donde estuvo diez di?as ingresado antes de recibir el alta, pero los problemas continuaban salpica?ndole.

Un diario mexicano, ‘Re?cord’, aseguraba que habi?a jugado un encuentro homenaje a Carlos Hermosillo “bajo el efecto de las drogas”, un partido que se habi?a celebrado en 2002… y en el que, de un elenco de figuras (Klinsmann, Zamorano, Palencia, ‘Conejo’ Pe?rez…), so?lo e?l habi?a cobrado por actuar (25.000 do?lares, unos 28.250 euros de la e?poca)… adema?s de pedir en una de las cla?usulas del contrato lucir el dorsal nu?mero 10, mientras que el resto de jugadores uso? el nu?mero 27, el habitual con el que jugo? Hermosillo toda su vida futboli?stica.

Segu?n dicho rotativo, 15 di?as antes del encuentro, Maradona se habi?a recluido en un balneario turi?stico en la ciudad de Ixtapan de la Sal, a unos 150 kilo?metros del Distrito Federal, para perder peso y jugar dicho encuentro. Se puso manos a la obra, pero la fiesta y su aficio?n por el tequila estuvieron a punto de provocar su expulsio?n del centro.

El di?a del encuentro, el exfutbolista argentino Daniel Brailowski, nexo de unio?n entre el ‘Pelusa’ y los organizadores del partido, y otra persona, llamaron a Maradona para viajar con e?l hasta la sede del encuentro.

Al no recibir respuesta a sus llamadas, irrumpieron en la habitacio?n, donde el panorama que encontraron fue dantesco:

Maradona estaba acostado semidesnudo, en una reca?mara llena de toallas empapadas en sangre, producto de hemorragias nasales provocadas por la inhalacio?n de cocai?na. Au?n asi?, Maradona jugo? dicho partido. Llego? al estadio en un helico?ptero privado… 20 minutos despue?s de haber comenzado dicho encuentro. Entro? al terreno de juego en medio de una sonora pitada, y apenas pudo par ticipar. Jugo? 38 minutos antes de ser sustituido. En el vestuario, tuvo un golpe de hambre y se comio? una pizza.

Pero su vida llena de esca?ndalos no paraba. En enero de 2006, mientras estaba de vacaciones en la Polinesia, fue acusado de romperle un vaso en la cabeza a una mujer despue?s de que e?sta hubiese tenido un altercado con su hija Gianina.

Fue solucionado extrajudicialmente. Como seleccionador argentino tiempo despue?s el sonoro “Que la chupen. Que la sigan chupando. Esta clasificacio?n va para todos los argentinos, menos para los periodistas” dedicado a la prensa al lograr clasificar a Argentina para el Mundial de Suda?frica de 2010 fue recibido por vi?tores de los aficionados albicelestes.

El penu?ltimo esca?ndalo fue un vi?deo emitido en el programa ‘Nosotros al Mediodi?a’, del canal de televisio?n argentino ‘El Trece’, en el que se ve a Maradona agrediendo fi?sicamente a su u?ltima pareja, Roci?o Oliva.

En las ima?genes se ve a Diego, visiblemente afectado por el alcohol, critica a la chica, de 24 an?os, por utilizar el mo?vil: “Segui? mirando el tele?fono vos”, dice el exfutbolista mientras se acerca cada vez ma?s a Oliva hasta que la golpea en varias ocasiones. Mientras, Roci?o (detenida el pasado mes de julio al ser acusada por el propio Diego de robarle dinero en Dubai), que esta? grabando la escena con su tele?fono mo?vil, le pide que deje de pegarle.

Sin embargo, lo que pareceri?a una nueva desfachatez del ‘Pelusa’ se convirio? en una sorpresa: su novia anunciaba su boda. Otro capi?tulo en la vida del Diego, que hace apenas unas semanas era cazado cenando con su novia y… una hija que tuvo hace 18 an?os, cuando militaba en Boca Juniors a su regreso del fu?tbol europeo. La joven, llamada Jana, es la cuarta hija y segunda no reconocida (la Justicia argentina determino? hace seis an?os que era hija suya) del ‘Pelusa’, y a la que Diego se esta? acercando para tener ma?s contacto.

Y es que asi? es Diego. Un cara?cter que nunca deja a nadie indiferente. Porque Maradona es Maradona. Y punto.

Reportaje publicado en la revista AS, N° 139, 20 de enero de 2015

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