El domingo 29 de noviembre de este 2015, en el Cementerio de Colliguay, se llevó a cabo una Ceremonia de Agua y Humo para conmemorar los cuatro meses desde que José Manuel Lira falleciera a consecuencia de un cáncer vertiginoso.

Por qué conmemorar a los cuatro meses…

porque en prácticas de pueblos originarios que celebran el  culto a la vida que trasciende a la muerte, el espíritu de “nuestros muertos” sólo después de un tiempo inician la caminata por los cuatro lados sagrados de la tierra, por el Meli Witran Mapu Felei ,a decir en lengua mapuche.

Es así que, los que le conocieron saben que era una persona rigurosa y abierta.

Era un hombre de fe, de “fe revolucionaria “al igual que Mariátegui; saben que era un trabajador empedernido para conseguir “la restauración de Indoamérica” como lo proponía su maestro Alejandro Lipschütz; saben que era un Marxista profundo y serio “seducido por el indianismo” a decir de Willka Zárate sobre García Linera. (*)

Muchas militancias afectivas unidas a José Manuel creyeron entonces que, conmemorar estos 4 meses desde su partida era un momento sagrado para restaurar las emociones, tan sacudidas en los aconteceres neoliberales y por la ausencia de otro hombre bueno, “El mejor de los nuestros, el menos visible” como se refirió a él su Colega en la Antropología Crítica, Rodrigo Sepúlveda.

La ceremonia se llevó en ambiente poético, con música e ideas. Muchos testimonios nos acercaron otro poquito en el conocimiento de José, quien “no sólo era antropólogo, siempre hábil y polifacético, artesano de la madera, de la piedra y del papel”; que nos obligaba a la “apertura de los horizontes (…) posibilitando la intervención de la práctica creadora (…) la teoría como acción creadora (*)

“(…) la muerte no tiene la última palabra, sino la vida. Es la vida de José que hoy nos reúne (…). José vivió intensamente, no se dejó llevar por la mediocridad del ambiente y se puso al servicio de su pueblo. Por eso fue revolucionario y mariateguista, pero de los auténticos (…).

Así se refirió el Padre Luis Zambrano, párroco de Pueblo de Dios en Juliaca, Perú, amigo leal y respetuoso que le conoció en su exilio en Austria.

“(…) José, la verdad es que tú estás y estrás siempre con nosotros. Está tu risa, tu ironía, tu potencia intelectual, tu ejemplo. Estás cuando me voy a una tienda en Londres y en los 15 minutos que me quedan, compro tres libros de Eric Hobsbaum, entre ellos “Cómo cambiar el mundo” que fue el último que tú leíste.

José tú estás cuando juego con mis niñas y río con ellas. Estás en mi trabajo cuando me digo que se vaya al carajo la derecha (…).  Palabras de Philipp Müller, discípulo e hijo en las ideas, desde Lausanne en Suiza para Colliguay.

La Ceremonia conmemoraba los cuatro meses de su partida y era hora de poner una placa en su tumba del Cementerio Campesino.

El epitafio reza; Yo voy a reír cuando me muera”, que es el nombre de un poema del Padre Lucho de Juliaca. Compartimos algunos versos.

Yo voy a reír cuando me muera

Yo                                                                         
Voy a reír                                                            
Cuando me muera,                                           
Pues para entonces                                          
Ya habré llorado mucho. /       
Me reiré                                                             
De mis muchas discusiones                          
De la (música) que me gusta                         
Y del sol que hoy me quema. /                                                                                                 
Me reiré                                            
De mi casa sin sala
De mis sábanas usadas
De mi chalina de alpaca. /
Me reiré
De mis dolores estomacales
De mis viejos apuntes
De mi propia cara. /
Me reiré
Tanto, de tantas cosas,
Que ya al final,
Desde la lejanía
Por la ventana del recuerdo,
Asomará una lágrima.

“La muerte, como fin absoluto, como catástrofe, la hemos inventado nosotros, los hombres. Es decir la interrupción de la existencia individual como catástrofe es imaginable sólo desde el punto de vista  de una personalidad individual consciente.

(…) tenemos que hacer un esfuerzo para entender que la realidad física de la muerte, la que nosotros, los hombres, tanto lamentamos, porque a nosotros atañe, no encierra nada de catastrófico…”.

(A. Lipschütz, “Tres Médicos Contemporáneos…, pag.283)

“El cáncer lo realiza (la persona) a través de diferentes comportamientos.
El cáncer no es otra cosa que muerte celular, es decir, morir de a poco.
Mi cáncer es producto de mi vida…
Tener voluntad basada siempre en la coherencia, sin desesperar, tampoco deprimir; ni caer en estados de auto abandono.
Decisión activa (personal)… la vida ya se realizó. O se vive bien o se muere…
 SABER MORIR (…)”.

(José Manuel Lira, últimos escritos sobre la vida y la muerte)

Estos cuatro meses  de ausencia física han sido “tiempos y espacios donde la cabeza se une al corazón y sabotea la razón. Yo creo en las “palabras húmedas de misterio” (…). Cuando sabemos que las (personas) existen, pero no están, y sentimos la carencia “aquí dentro”, la palabra “AUSENCIA” es la “la palabra húmeda de misterio” que, contrario a satisfacción, genera dolor”. (*)

Por  todo lo aquí escrito, es que la Ceremonia para fortalecer los compromisos de acción con José  nos inspiraron para viajar a Colliguay.

En Colliguay,” (…) vi de cerca  el indomable espíritu luchador de José, su visión de futuro y su entrega  (a “mi pueblo” como decía), pues trabajó en la recuperación del patrimonio de la cultura campesina y la trascendente tarea de la Regularización de Derechos de Aguas Inmemoriales.” (Padre Lucho).

Durante la Ceremonia se anunció el Proyecto de re-edición de la” Nueva Antología de Alejandro Lipschütz” que José Manuel trabajará magistralmente en 2005.

Este Proyecto estará en manos LOM Ediciones junto al Colegio de Antropólogos, ICAL y María Leonor Rojas, su compañera y esposa por 30 años.

Levantamos nuestra copa real e imaginaria para hacer un brindis por José Manuel que lleno de vida en la muerte nos dejó  mucha teoría y sugerencia de mucha práctica para no perdernos en el espejismo neoliberal.

Noviembre 2015.

(*) Antología Hacia el Gran Ayllu Universal Álvaro García Linera”. “WIllka” Álvaro Zárate (compilador).Biblioteca Indígena; Universidad Arcis; Altepetl. México 2015.

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