Una Vocación Reiterada

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Se quiere el Partido Comunista, desde su fundación hace ya más de un siglo, exponente y promotor de los derechos de los trabajadores, de su dignidad y de su papel protagónico en la sociedad chilena.

Su insignia, en la que se cruzan la Hoz y el Martillo, simboliza con elocuencia su vocación unitaria: obrera y campesina en lo social, así como de izquierda en lo político, de lo que fue expresión por largos años su privilegiada unidad con el Partido Socialista. Desde allí surge, también, la adhesión continua y proclamada a la figura de Salvador Allende.

Es cierto que con el devenir de los años y los datos aportados por la cambiante realidad, se amplía el horizonte del Partido Comunista para incluir en sus referentes, militantes y adherentes, a otras capas y sectores sociales.

De larga data, la intelectualidad, los artistas, así como las mujeres, los jóvenes y todos quienes representan las nuevas demandas surgidas precisamente de los cambios sociales.

Vocación unitaria, congregadora, que es en tanto constante de su accionar social y político un rasgo que ni siquiera ha requerido de explicitaciones: su absoluto rechazo –o más bien, repugnancia- a cualquiera pretensión de “partido único”, en la izquierda y en el conjunto de los actores políticos; así como también su respeto inclusivo hacia todas las expresiones ideológicas y políticas que se inscriben en los marcos de la democracia.

No estuvo el Partido Comunista, único entre las formaciones políticas de la época, en el Congreso Termal de Ibáñez del Campo, como no ha estado en intentona alguna contra la democracia y los derechos ciudadanos. Cualquiera mirada, por somera que sea, a nuestra historia reciente, así lo confirmará.

No ha habido en estos 100 de su existencia causa justa en la que no haya participado, y las más de las veces como promotor y activo propagandista. Así fue con el voto femenino, en el Bloque de Saneamiento Democrático para combatir las formas que en su tiempo, fines de la década de los 50 del siglo pasado, adoptaba el cohecho.

Víctima frecuente de las persecuciones contra las mayorías laboriosas, así como contra los luchadores por la ampliación de los derechos sociales y políticos, pocos como el PC conocen el valor de las mayorías concientes, de la importancia capital de los programas transformadores y de los amplios acuerdos para hacer avanzar las causas de la democracia y la justicia social.

Por largos años, luchó el PC en forma hasta “impertinente”, por conformar una mayoría social y política que abordara en profundidad las transformaciones que hicieran de Chile un país realmente “emergido” de la noche dictatorial.

La Nueva Mayoría, que ostenta hoy  incuestionables títulos de legitimidad ciudadana tras el amplio triunfo de la candidata presidencial Michelle Bachelet, y de la mayoría parlamentaria que concurrirá al cumplimiento de su programa, es obra conjunta de los partidos que gobernaron el país en 4 administraciones concertacionistas, el propio PC y la Izquierda Ciudadana.

Al proclamar su disposición a formar parte del nuevo gobierno, en los espacios y niveles que determine la futura Jefa de Estado, el Partido Comunista no hace sino confirmar su vocación y la lealtad con su propio historial.

Es la reiteración de una sostenida vocación unitaria, en los marcos irrenunciables del servicio a los intereses superiores de los trabajadores y del pueblo.

(*) Editorial semanario El Siglo, edición N° 1695

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