Repudio al «Tío Emilio»: El Policía Ilegal del Periodismo Facilista

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“Revelamos sus engaños” y “vamos por ellos” son los eslóganes de la nueva temporada de “En su propia Trampa”, el programa conducido y protagonizado por el periodista/actor/policía ilegal Emilio Sutherland, el Tio Emilio. Para cerrar la promoción, el espacio que reporta el mayor rating semanal a Canal 13 festina con la frase “reincidimos”, burlando lo que significa el drama social de una reincidencia delictiva y dándole sentido de espectáculo al tema de la delincuencia, posicionado hoy como el más relevante para la derecha y sus medios, en el afán de desviar la atención de exigencia de cambios a las estructuras de la desigualdad. N. de la R.: El periodista Emilio Shuterland tiene una gravísima cuenta que el país aún no le ha cobrado: fue el autor del montaje, en el programa Contacto, de Canal 13, que contribuyó significativamente al asesinato de imagen mediante el cual los poderes fácticos lograron deshacerse del ex senador Jorge Lavandero, uno de los más brillantes defensores del cobre chileno, a la altura de Salvador Allende y Radomiro Tomic. También en esta nota, el análisis del profesor Héctor Toledo Nickels, en el que demuestra la obviedad de ese montaje.

 

Es en este proceso en que Sutherland, escondido en furgones o piezas acondicionadas; provisto de un personal de seguridad y cámaras ocultas, se presenta como héroe, habla con el tono de la condena que le correspondería a un juez de la inquisición, se salta todo tipo de procedimiento jurídico –pasando a llevar derechos constitucionales y cometiendo incluso delitos- para provocar una situación catalogable como delictiva y escandalosa, y terminar mostrándola en la tele a los millones de sedientos de morbo que lo salen a celebrar.

Pero, entendiendo que se trata de un profesional respaldado por cientos de millones de pesos en publicidad –el capítulo del 16 de agosto lideró su horario con 22 puntos de rating- y una maquinaria de fabricación de delitos, cabe preguntarse ¿Quién es más delincuente? ¿El adolescente de 16 años que secuestraron para exponer su vulnerabilidad social y aparentes acciones delictivas; o el equipo del programa cuyo rostro es el Tío Emilio, que con un criterio formado y frías horas de elaboración de la emboscada cometen el delito con mayor pena en la legislación chilena, el secuestro?

Así es, porque entre los capítulos de “justicia en mis propias manos” elaborados para “ayudar” a personas civiles a quienes no les han pagado una deuda, o a quienes sufren el no pago de casas en arriendo, el Tío Emilio conecta, con una autoridad moral y editorial en torno al tema de la delincuencia, severos golpes a la dignidad de personas muchas veces vulnerables en el amplio sentido de la palabra.

Es el caso del adolescente de 16 años de iniciales E.L.C, quien en septiembre de 2013 fue engañado por el equipo del periodista para subir a un furgón en el que presuntamente iban a perpetrar un robo. Una vez dentro del vehículo, lo mantuvieron a la fuerza y luego le hicieron creer que estaba frente a una pandilla violentamente armada. La defensora penal de Puente Alto acusó a Sutherland de tortura, ya “que estamos en presencia de un niño, un adolescente vulnerable, con serios problemas, y que lo que requiere es ayuda, y no estigmatización”.

Por esto, se conoció la semana pasada la formalización de cinco miembros del equipo, por los delitos de “grabación y difusión ilegal”. La madrastra de la víctima acusó que grabaron su casa sin autorización, ante lo que el director del programa, Rodrigo Leiva, respondió que están tranquilos porque “no hicimos las cosas a la mala” (?) O sea, pasar a llevar la privacidad de una familia pobre es no hacer las cosas a la mala.

Entonces ¿dónde queda la posición pedagógica de este hombre cuando su camino para demostrar la maldad de los delincuentes es cometer delitos aún mayores que un cartereo? Y si llevamos un poco más allá la reflexión ¿Con qué ética se puede perseguir a pendejos que pueden ser su nieto, que viven en un basural motivados por la desintegración social de su entorno; pero quedarse callado ante los verdaderos robos al bolsillo de los que luego lo aplauden?

Porque irrita ver la persecución a un exponente de Pepito Paga Doble, encarándolo represivamente, apuntándolo con el dedo, mientras se queda todo lo que es calleuque el loro cuando los dueños de las farmacias salen libres de polvo y paja, cuando las isapres discriminan a una mujer embarazada o cuando las AFP dejar en la ruina a una empleada del aseo. Pero claro, es más fácil ir a los basurales, los suburbios y a las peligrosas bandas de falsos sordomudos, que a las mansiones de los dueños de Fasa o AFP Provida.

¿Qué pasaría si en el mismo furgón en que torturaron a un adolescente mechero hubieran metido a Pablo Alcalde, el estafador de La Polar? Ese sería heroísmo, no correr detrás de Enzo Corsi para funcionar como intermediario de un conflicto que debiese ser conducido por la Justicia.

¿En qué momento este país permitió que dejara de ser un espanto que un periodista pintoresco ejerza como un poder del Estado paralelo al Judicial? Porque tentar con autos lujosos para atraer a ladrones, espiar día y noche a una madre que usa a su hija como enferma de leucemia para pedir plata en la calle, o “dar su merecido” a lanzas de Las Condes con un tramposo “grupo de rehabilitadores” no sólo es anular el valor de un proceso judicial y los derechos de los “peces atrapados”, sino también un acto de cobardía profesional, que se queda en la mera imagen que venda, en el puro show pa la tele.

En el periodismo, los crímenes y delitos se investigan, se publicar y se entregan a la justicia, en base a un estricto y riguroso proceso. Hacer lo contrario es poner una jugarreta morbosa al lado de investigaciones que han costado muertos y que han servido cientos de veces para esclarecer verdades en los temas más sensibles de los derechos humanos y políticos de un país.

Y Chile, un país tan lleno de injusticias, abusos, impunidad y burlas a la Ley lo que menos necesita es héroes a la busca de delincuentes aleatorios; ni tampoco defensores del pueblo haciendo casi una detención ciudadana a viejos marginales que fingen ataques epilépticos; necesitamos valor para denunciar lo que importa, necesitamos justicia que actúe, cumpla y respete, y necesitamos periodismo a la altura de una sociedad que se hartó del espectáculo de la miseria. No aceptemos de los justicieros morales la conversión de la justicia en un nuevo Morandé con Compañía.

Porque Tío Emilio y “En su propia Trampa”, sólo demuestran que en Chile sigue existiendo -con tele o sin tele- justicia para ricos y justicia para pobres.

Fuente: No es la Feria

Los trucos que usó el “Tío Emilio” Sutherland y el rol de Ricardo Lagos en el montaje contra el Senador Lavandero

Muchos recuerdan el reportaje que hizo canal 13 para el programa Contacto, dirigido por Mercedes Ducci y el periodista Emilio Sutherland, en el cual el exsenador Jorge Lavandero era acusado de abusar de la hija de una extrabajadora.
Era el 13 de enero del 2004 y Lavandero culpó a un montaje hecho por el periodista y donde incluso estaba metida la mano de Ricardo Lagos para destruirlo públicamente.

La niña en cuestión negó los hechos y Lavandero atribuye la responsabilidad a Canal 13, acá el vídeo en una de las conferencias en las cuales Lavandero se defiende.

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Analisis del Reportaje » Caso Lavandero» del Programa Contacto Canal 13 del periodista Emilio Sutherland..
Por Profesor Héctor Toledo Nickels. Master en Relations Industrielles, Universidad de Laval, Canadá.
Bachiller Mayor en Filosofía, Universidad de Concepción.Profesor de la Universidad de Santiago de Chile.

El factor Ricardo Lagos

Según Jorge Lavandero la  re-nacionalización del Cobre fue el inicio para su “pesadilla”

“Yo soy una persona que comenzó a luchar para rescatar la principal riqueza de Chile desde 1958, con Eduardo Frei Montalva, cuando la Chilenización del cobre (50 % de nacionalización del metal rojo). Después con Allende, para la nacionalización total. Luego, en tiempos de la dictadura, con Radomiro Tomic en contra de la concesión plena, o sea, la reprivatización de las empresas. El año 90 comencé a escribir libros porque la Concertación no quería hacerse cargo de este robo escandaloso que han cometido las multinacionales del cobre. Yo le entregué al Presidente Ricardo Lagos los antecedentes y mis libros al respecto cuando él era todavía candidato. Me dijo “Jorge, el cobre no está en mi agenda”.

Recordemos que en 1984, Jorge Lavandero Illanes era dueño del clásico Fortín Mapocho, era en un periodo de mucha censura y su publicación una de las pocas voces contra la dictadura de Pinochet. Fue en esas circunstancias en que Lavandero sufrió una emboscada de la CNI los cuales lo dejaron agonizando durante 14 días, debido a que tenía documentación contra la dictadura.  Por lo que ya sabía de ataques en su contra. En el caso de Ricardo Lagos la situación con la re-nacionalización del cobre tenía aun más antecedentes.

La Jugada de Lagos

“Yo había logrado una comisión especial para la tributación del cobre, que fue muy dura para las multinacionales cupríferas. A su vez, comencé a recorrer el país para explicar a los chilenos que ésta era la única nación del mundo que no cobraba royalty. Le planteé esto al presidente de la DC, y él me dijo que buscara apoyo en los demás presidentes de los partidos de la Concertación, y que si tenía su apoyo, le podríamos exigir una reunión a Lagos en La Moneda. El 2003 logré el apoyo que buscaba y le llevé el primer proyecto de royalty a Lagos. Era un proyecto sencillo, que modificaba el Código de Minería, y que sólo requería simple mayoría.

Y en La Moneda le puse la pistola al pecho a Ricardo Lagos. Le dije que el 85 % de la ciudadanía quiere el royalty, según las encuestas. Entonces, a regañadientes, Lagos se comprometió a enviar un proyecto de royalty. Pero la diablura de Lagos fue no recoger el proyecto que le enviamos con mayoría simple, sino que él elaboró otro, modificando una ley orgánica constitucional, con lo cual ahora se requería los dos tercios de ambas cámaras. Y, de ese modo, naturalmente, se perdió la propuesta inicial. Luego Lagos mandó un falso royalty para contentar a la gente, que consistía en que las empresas que tenían que pagar un 42 % -que no lo pagaban-, se lo rebajó a un 35 % y les colocó un impuesto adicional de royalty de un 4 %.

En rigor, Lagos les bajó a un 39 % los impuestos y les entregó invariabilidad tributaria al punto de que ahora los gobiernos se encuentran medio amarrados para cobrar un royalty y resolver los problemas de la reconstrucción por el terremoto. Esa fue la jugarreta de Ricardo Lagos.”

Extractos de una entrevista a Jorge Lavandero, realizada por Andrés Figueroa Cornejo para el periódico digital Rebelión.org

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