El dirigente obrero del Partido Comunista, Víctor Díaz López, fue clave en la lucha clandestina contra Pinochet hasta su captura. Luego de sufrir torturas por seis meses, fue asfixiado con una bolsa plástica y su cuerpo, al parecer, arrojado al mar por sus victimarios. Su vida, la dramática odisea de su familia, y su asesinato forman parte de En Nombre del Padre, el último libro del periodista Fernando Villagrán.

Víctor Díaz, líder obrero del Partido Comunista, vivió en clandestinidad entre 1973 y 1976. Fue detenido por la DINA, torturado durante al menos seis meses y luego ejecutado por asfixia y, presuntamente, su cuerpo lanzado al mar. Para los servicios de represión de la dictadura, su captura fue considerado un triunfo por considerarlo el número 1 de la dirigencia del PC en libertad. Incluso, se afirma que Pinochet fue el cuartel de la DINA en calle Simón Bolívar para conocerlo.

La importancia de este dirigente en el combate clandestino contra la dictadura y sus meses en cautiverio, son relatados en el libro «En el nombre del padre», del periodista Fernando Villagrán.

Fernando Villagrán, periodista, es el autor de esta obra y quien recientemente publicó «Disparen a la Bandada», donde relata las torturas llevadas a cabo por personal de la FACH en la Academia de Guerra Aérea, incluidas las padecidas por el general Alberto Bachelet, padre de la presidenta electa Michelle Bachelet.

Este trabajo periodístico, es el resultado de una larga investigación enfocada y motivada a partir de la imagen de Viviana Díaz, confesó el autor, una joven que desde fines de los años 70 está luchando por conocer la verdad detrás del brutal homicido de su padre.

El autor, se manifiesta admirador de la familia Díaz, por esto decide utilizarla además de fuente, como un ejemplo. Victoria Díaz, su hija, luchó por la defensa de los Derechos Humanos y Víctor Díaz, el hijo, se convirtió con los años en uno de los fusileros en el atentado contra el dictaro Pinochet.

En Cambio21, conversamos con Villagrán, sobre la explosión creativa tras la conmemoración de los 40 años del fatídico 11 de septiembre, además nos reveló detalles de su obra, nos contó cómo fue el proceso de rescontrucción del caso y su relación con el circulo más cercano del asesinado dirigente.

– Se conmemoraron 40 años del golpe de Estado y coincidentemente se lanzaron una serie de libros relacionados a crimenes de la dictadura. ¿A qué atribuyes tú esta catarsis?

«Yo creo que este año se generó una condensación que cristalizó una historia contenida, fundamentalmente a través de los medios de comunicación. El impacto que provocó en la población no solo tiene que ver con lo que pasó en televisión.

Ese medio siempre ha sido egoista para expresar en una creación histórica o cultural, que da cuenta de la memoria de nuestro país. Hay una población influenciada por un movimiento social de los últimos años que ha abierto compuertas, lo que ayudó a que particularmente la televisión diera espacio a lo que antes era censurado. Entonces ha habido un impacto muy grande. Evidentemente hubo una mayor intensidad de obras audiovisuales, literarias y musicales, y demuestra que hay un trabajo de memoria, que las historias existen y que seguirán apareciendo».

-¿Crees que hay menos temor a contar las historias?

«Mira yo pienso que si hay alguien que no ha tenido temor de expresar y narrar sus historias, haciéndolas presentes en los momentos más duros como la propia dictadura, han sido los familiares de detenidos, ejecutados y torturados. Sin embargo, siempre se mantuvieron solo como un «lugar común».

Ellos han ido acumulando, haciendo y protagonizando esa historia, porque ellos se refieren a sus vivencias juveniles, pero jugaron un rol emblematico en forzar y luchar porque se haga más justicia. Pero yo creo que en algún grado esas historias se han ido haciendo más visibles. El temor no ha sido de parte de ellos, si la inhibición y autocensura con los medios.

Tengo la certeza que el mayor consuelo es poder tener algún dato, alguna pista de dónde fueron finalmente escondidos los restos. Hay que pensar que en el caso de detenidos desaparecidos son más de 1.000 los cuerpos no encontrados. Y cuando hablamos de cuerpos no encontrados, hablamos también de pequeños huesitos y vestigios de quiénes fueron. Porque la historia de los crímenes es tan brutal, que forzó a los familiares a impedirles juntarse con los restos de sus familiares».

– ¿Cómo lo haces tú para encontrar los restos de este caso y reabrirlo?

«En el caso de «En el nombre del padre», historia íntima de una búsqueda,  que tiene que ver con la historia de vida, clandestinidad y muerte de Víctor Díaz, fue un trabajo de acumulación, de investigación, que estuvo motivado principalmente por la imagen que provocaba en mí su hija Viviana Díaz, un personaje emblematico de los familiares de detenidos desaparecidos. Tengo su imagen de muy joven, a fines de los años 70, una mujer que quería saber la verdad de la historia de su padre y que recién en 2007 viene a saber una parte fundamental de la verdad, cuando se descubre el exterminio que ocurría en la calle Simón Bolivar.

Lo que yo quise hacer, fue reconstruir la historia de este personaje, Víctor Díaz. Esa investigación involucró un trabajo largo, porque yo quería remontarme no solo al episodio ya narrado, que además solo puede ser narrado por sus criminales, ya que no saliò nadie con vida de ahí, yo quería recuperar al personaje, quién era y por qué era importante. Entonces tuve que volver a sus orígenes, desde su nacimiento en el norte.

Su vida llega a la clandestinidad en el gobierno de González Videla, y se va transformando en un interlocutor desde un partido que va naciendo, con su incidencia en el mundo artístico. Se vuelve un personaje clave, en momentos que el Partido Comunista era muy importante en el país. Además de la relación que se genera con los movimientos obreros y la CUT. Volver a él y entender por qué su vida en la clandestinidad lo llevó a ser buscado. Obviamente lo más complicado fue eso mismo, su clandestinidad entre el 73 y el 76, poder llegar a cómo se fue forjando esa tragedia, donde las fichas claves fueron desaparecidas. Fue el líder más importante en clandestinidad».

-Víctor Díaz, estuvo alrededor de 6 meses en cautiverio viviendo una serie de torturas, ¿En qué momento ocurre el asesinato?

«Lo que cuentan los asesinos es que efectivamente Díaz llegó al cuartel de Simón Bolivar cerca de agosto del 76. Estuvo antes en Villa Grimaldi, donde también fue torturado, además de Casa de Piedra. Incluso relatan que Pinochet fue a verlo, porque representaba un cierto «trofeo». También está el testimonio que la DINA celebró la captura de este número uno, para ellos. Se narra un diálogo entre el dictador y Díaz, donde el dirigente le dice que no saca nada con intentar perseguir al PC, porque era como sacar agua del mar con baldes.

Se supone, por lo que declaran los incumpaldos, que estuvo hasta principios del 77 ahí. Todavía no hay una fecha exacta de cuándo fue ejecutado. Ahora, la forma fue bastante brutal, porque estuvo todo un periodo donde él sintió donde eran exterminados camaradas suyos, después de torturas.

De pronto hay una orden de la DINA de cerrar el centro, porque se dieron cuenta que el lugar no era secreto, porque Carabineros lo había descubierto. Y para eso, debían matar a Víctor Díaz. Da la orden Manuel Contreras, luego lo inyectan y se dan cuenta que él no muere. Entonces, frente a toda la gente, funcionarios de la DINA participan en asfixiarlo con una bolsa plástica. Luego borran las huellas digitales y lo suben a un vehículo para llevarlo a un avión militar que supuestamente lo lanzan al mar. Pero eso es lo que relatan los asesinos».

– ¿Qué pasa con los victimarios?

«En el caso de Víctor Díaz, los criminales han confesado cómo lo ultimaron. Aunque todavía, pese a declaraciones de estos tipos que están siendo procesados y van a ser condenados proximamente, a mí me quedan dudas de la fecha en que fue asesinado y si fue lanzado al mar como se dice. Pero al menos, la familia ha podido cerrar el caso de alguna manera.

En general en todos los casos, no hay ningún torturador que confiense que torturó. Se acusan entre ellos o dicen que vieron, pero no se atreven a reconocer que torturaron. Estamos hablando de gente desnuda, maltratada y atada sus extremidades, claro, llegar a confesar que además lo hicieron «en nombre de la patria», no es algo salvable para los victimarios. Ninguno de estos criminales reconoce. Entonces, yo puedo reconstruir la historia a través de lo que narran estos asesinos, pero me quedo con dudas. Y eso es lo más dramático de todo, porque nunca vamos a poder saber la verdad, porque no hay víctimas con las que se pueda confrontar lo que hicieron los victimarios. Pero hay un grupo que tendrá que pagar por lo que hicieron».

– El libro revela el relato del círculo más cercano del dirigente, ¿Cómo se logra ese vínculo con la familia?

«Lo principal es que ellos tenían la certeza del objetivo del libro. Yo quería contar que hubo personajes que en vida fueron muy valiosos para la historia de los movimientos obreros de Chile y la historia política del país. Gente que influenció en que el gobierno de Allende pudiera existir. Entonces, ellos sabían que no solo quería revelar sus confesiones.

Estaba también la historia de amor de él con su mujer, una historia muy singular, que siendo ella católica decidió seguir a Víctor y luego tuvo que enfrentar las presiones de la DINA, donde casi secuestraron a su hijo. Trataron de forzar el silencio de la familia para que no hubiera más revuelo internacional. Sin embargo, ella siempre denunció, incluso cuando operaba el terror en nuestro país.

Yo quería reevindicar a un hombre que para mí fue una pieza clave en la historia política de la dictadura. Y mostrar el ejemplo de su familia, su hija Viviana, Victoria y el menor Víctor, que era un niño al momento del golpe de Estado y que con los años se transforma en un joven rebelde frente a la dictadura. Ingresa al Frente Patriotico Manuel Rodríguez, he incluso es uno de los fusileros en el atentado a Pinochet. Estuvo preso, se fugó de la carcel y ahora vive en Francia. Personajes como él, han sido la clave para reconstruir la historia.

Me narraron crudamente lo que ellos vivieron desde niños hasta ahora adultos. Me dieron datos de personas para poder retratar la historia de la mejor forma posible. Entonces, busqué muchas fuentes y fui uniendo las diferentes historias, vinculando, demostrar que los desconocidos llevan una historia importantisima de contar. Fue doloroso, hubo momentos duros, pero creo que ambas partes quedamos conformes. Conocí la lucha por la verdad y la resistencia de vivir en el total desconocimiento e incertidumbre».

Fuente: Cambio 21

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