La estrategia comunicacional de los poderes fácticos para el período está en pleno desarrollo. La “política del terror” económico para detener las reformas resultó un tanto exagerada ya que, ni la gente -ni la opinión pública expresada en los medios-, “compraron” esta línea argumental. La gente se da cuenta que hay problemas –cómo no! cuando el dólar ha crecido en casi 40% en 2 años- pero también que éstos no obedecen a las reformas internas aunque, como lo reflejan las encuestas, ayuda al desconcierto los múltiples enredos e inexactitudes que se han incorporado a las propuestas.

 

Desde hace algunas semanas el discurso de la derecha económica – que asumió el mando de la oposición hace algún tiempo ante la crisis de su representación política, especialmente de la UDI-, se ha centrado en decir que la actual Reforma Tributaria “es un error más” de los múltiples que presentaría la Nueva Mayoría en este año y medio de gobierno.

En realidad, las improvisaciones anteriores, especialmente en Educación en que, hasta ahora no se sabe cuál fue la estrategia del Ministro Eyzaguirre, concedieron argumentos para el diseño actual de la estrategia contra las reformas.

La madre de todas las reformas -dijo varias veces el ex ministro Francisco Vidal- es la laboral. Esto se debe a que finalmente es la única fórmula real con que cuentan “los de abajo” para amortiguar los abusos de “los de arriba”.

 De hecho, como la propia derecha se encarga de repetir, subir los impuestos no cambia la distribución de los ingresos… siempre y cuando no se traslade la carga fiscal a los trabajadores.
Esto no podría suceder si éstos tienen capacidades y derechos para evitarlo. Entonces, el empresariado conservador cambió el eje de lo comunicacional a dos aspectos diferentes a lo anterior.
El primero, que la reforma laboral intensificaría el desempleo y la lentitud en la recuperación económica. Pero, la mejor táctica, que la delincuencia se ha tomado el país.

Esto, que es una verdadera cortina de humo, es mucho más importante porque justamente incorpora al reclamo, a una clase media acomodada de manera muy directa, y a toda la población, en cierta medida.

El temor a la delincuencia que ha sido liderado por los medios comunicacionales especialmente televisivos, es similar al trabajo comunicacional que se realizó hace muchos años a propósito del desabastecimiento y que permite sumar sectores poblacionales que no están vinculados a los intereses reales de quienes preparan estas estrategias comunicacionales.

Un ejemplo reciente sucedió ante el anuncio de una escasez de abastecimiento de bencina y vimos “colas” durante una noche sin que hubiese razones objetivas.

Las portadas de los diarios en la semana han mostrado la dirección de estos mensajes: “apareció secuestro express”; “aumentan los portonazos”; etc.

Ahora bien, es más que sabido que un mensaje puede afirmarse en un caso parcial, siempre y cuando, cuente con el “apoyo” de los medios comunicadores en la población para transformar un caso, en generalidad.

Esta lógica comunicacional la usó y abusó la dictadura.

Esta estrategia, pareciera repetirse en la actualidad. Curiosamente, nadie pone en el tapete un debate serio en este aspecto por ejemplo, preguntándose por qué si el slogan que probablemente permitió la elección del presidente Piñera “delincuentes se les acabó la fiesta” no tuvo ningún resultado ni consecuencia.

En realidad, el objetivo de la derecha es crear un ambiente y una sensación de inseguridad porque, lo concreto, es que la derecha fracasó y no tuvo soluciones democráticas para mejorar la situación de la delincuencia.

Las personas –legos como yo- no pueden decidir acerca de la gradualidad de las penas que caben en cada caso, pero, en todo caso, es muy frustrante para un ciudadano –en el sentido más estricto- ver que quienes delinquen salen inmediatamente en libertad y que cuando repiten sus delitos no se siente que hay castigos equivalentes.

La derecha, en general, repudia la intervención del Estado en toda acción pública. Aun en ausencia de seguridad pública, los “mega-ricos” pueden obviar la participación del Estado porque pueden pagar agentes de seguridad personales que aseguren sus desplazamientos.

Sin embargo, la delincuencia está atacando a todos.

Los globos de vigilancia de Las Condes y Barnechea son una manera de hacer pensar a sus votantes que están “ocupados” del problema de la seguridad. No obstante, esto no resuelve el problema.

Chile, necesita un pacto social para reducir la delincuencia. Esto, para definirlo en cascada se trata de:

a) Reducir las desigualdades sociales y mejorar los ingresos mínimos. El actuar en la sociedad formal debe ser un incentivo tanto económico como moral.

b) Definir los tipos de delitos y los tipos de rehabilitación con sus respectivas medidas de evaluación

c) Asegurar que los castigos sean equivalentes entre los delitos típicos y los delincuentes de “cuello y corbata” porque esto genera reacciones de gran frustración.

d) Ampliar la infraestructura de establecimientos penales para evitar que éstos sean escuelas de delito. En concreto, establecer un impuesto antidelictual a las grandes empresas – son los principales beneficiarios de la seguridad- que aporten una proporción adicional de sus ingresos para la infraestructura necesaria para estos efectos. La derecha quiere más cárcel sin poner más impuestos y esot es imposible.

e) El Estado debe disponer del personal para que los nuevos establecimientos tengan el personal suficiente en los nuevos establecimientos.

En definitiva, combatir la delincuencia es una prioridad pero aportemos a que esto sea una solución sostenible y que integre todos los factores que llevan a la delincuencia. La visión meramente represiva –más cárcel y más rápido- no se sostiene ni moral, ni social, ni política ni económicamente. Pero, no olvidemos que, comunicacionalmente, el real objetivo es horadar la legitimidad del gobierno para rebajar la reforma laboral.

Fuente: Primera Piedra

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