Luis y Emilio son dos amigos que pertenecieron a una de las bandas mas violentas de Morelos, México. Después de pasar por el infierno han logrado reformarse. Quedo con ellos en el centro de Cuernavaca. Cuando les veo observo a dos muchachos bien diferentes. Me presento «Hola soy Jaime», «Yo soy Luis, un placer», «Yo Emilio». Me dan la mano con firmeza y al mirarles a los ojos parecen dos buenos chicos. Nos sentamos. Luis parece un niño bien, bien vestido y muy amable. Se le nota tranquilo. Emilio es más serio, mas oscuro de piel, es más callado y se le nota más nervioso. La foto corresponde al hallazgo del cuerpo desmembrado de dos niños, presuntamente sicarios, asesinados presumiblemente por una banda rival.

 

Lo primero que les digo es que estén tranquilos, que nadie les va a reconocer, que tengan la confianza de contestar las preguntas que quieran, con toda libertad, pero que ese testimonio puede ayudar y animar a muchos muchachos que están en su misma situación y que no saben cómo salir de ese mundo.

Asienten con la cabeza, les gusta pensar que pueden aportar luz a esas personas. Y con una mirada me dejan entrever que no tienen miedo a las represarías.

«¿Cómo comenzasteis en este mundo de las bandas?”

Luis: «Bueno, empezamos cuando teníamos 12 años. Nunca conocí a mi padre. Vivia con mi madre y mis hermanos. Eramos bien pobres. Dormíamos en casas de vecinos y otras personas. Recuerdo que una noche de mucha lluvia a las doce nos echaron a la calle sin mas.

Entonces, cuando no tienes nada intentas buscar una solución, porque a tu familia le da igual. No te dan trabajo, nadie se fía de ti y un simple plato de comida es algo imposible. Y un día alguien te pregunta si tienes hambre, si tienes dónde dormir y se preocupa por ti, te trata con respeto, más que tu familia, y eso empieza a ser importante para ti».

¿Y cómo empieza a ser tu vida desde ese instante?

Luis: «Cuando llegas eres el nuevo junto con otros chavos. El mayor, el líder del club, te dice que hay que salir a hacer esto o aquello. Que en un par de horas vas a conseguir más que en una semana de trabajo. Que te van a respetar y vas a poder tener todo lo que quieras y cubrir tus vicios, y entonces sales a la calle».

En todo momento es Luis el que habla, Emilio solo asiente y dice de vez en cuando un «Así mismo» para corroborar lo que Luis dice.

¿Cuál fue vuestro primer delito?

Emilio: «Atracamos un Oxxo». «

¿Un Oxxo?» les pregunto extrañado.

«Una tienda, un 24h» aclara Luis. Es la primera vez que veo a Emilio mas tranquilo y con ganas de hablar, aunque es Luis quien continua:

«Sales a atracar lo que sea. Una tienda, robar un carro, lo que sea».

Me explican que en ocasiones el lider del «Club», como ellos le llaman a la banda, hace competiciones para ver quien regresa a la casa antes con el dinero o con el carro. Entonces sales y te das prisa porque quieres ser el mejor, quieres que te recompensen.

¿Recordais violencia en vuestras familias?

Luis comienza a explicarme que su familia estaba desetructurada, que no te dan opciones, pero no quiere hablar de ese tema con detalle.

”A nuestra familias no les importamos. No les importa si comemos, donde dormimos, si vamos a la escuela o si somos delincuentes, les da igual y tus amigos son quienes están a tu lado, quienes te respetan, quienes cuidan de ti”.

Emilio tampoco parece estar comodo con ese tema, y a pesar de que asiente y parece conforme con la opinión de Luis, no insisto mucho y lanzo una pregunta nueva rápidamente:

“¿Y que clase de jerarquia había, quiénes eran los jefes, quiénes los de abajo?»

Me sorprende Emilio que mira a Luis pidiendo permiso para responder él:

“Esto es como el ajedrez. Unos son peones y otro es rey. Los peones son los que hacen el trabajo duro. Yo era frío, insensible, y salía a hacer mi trabajo”.

Ahora es Luis quien asiente. En su gesto veo el respeto que le tiene tambien a Emilio, atisbo incluso cariño en su mirada. Esa respuesta de Emilio me da que pensar por un momento, y decido ser mas atrevido en la pregunta siguiente.

«Se habla mucho de Mexico en noticias y películas, de los asesinatos y secuestros. ¿Vosotros habéis secuestrado o matado a alguien alguna vez?»

“Jamas hemos secuestrado a nadie” afirma con contundencia Luis, dejando en el aire el resto de la pregunta.

“Y matado?” insisto con tono suave.

«Bueno, sí, yo la verdad no, pero mandas hacer lo que sea necesario».

Miro entonces a Emilio a los ojos esperando su respuesta.

“Cuando te dicen que mates lo haces y punto”, afirma tajantemente Emilio.“Esto es como un trabajo. Lo haces sin hacer demasiadas preguntas, si no sería un caos”.

Me hablan de algunos casos, de personas que tuvieron que “despachar”, y que siempre supieron lo que hacían, que sabían que era algo malo, pero que tampoco tenian opción. Ya no.

“Si dejas de realizar un encargo entonces eres tú el siguiente, o van a por tu familia, así que no lo piensas demasiado”.

Miro ahora a Luis y a Emilio con algo de lástima. Son buenos chicos, pero hablan con claridad de asesinatos y delitos como de un juego de adolescentes. En sus respuestas consigo entender qué papel jugaba cada uno en la banda. Luis es el lider. Tiene una facilidad de expresion y claridad mental que me sorprende. Emilio es un soldado. Hace lo que tiene que hacer sin preguntar, sin dudar, sin pararse a pensar.

¿Qué sucede después?

Luis:»Bueno, entonces un día te arrestan. El mundo se te cae encima. Siempre pensé que yo era el mas listo. Soy muy inteligente, pero nunca lo eres tanto. Un día estas con tu “paquetito” de dinero, tu carro grande -que con esa edad es un lujo- con tus vicios,…»

«¿A que vicios te refieres?» le interrumpo.

Luis: «Pues de todo. Alcohol, Drogas. Coca, Mota. Eso es lo que te da la motivacion, lo que te da fuerza”. Emilio continua asintiendo, pero también añade :

«Las drogas te hacen estar como volando, te hacen ni ver ni sentir. Es como una venda en los ojos. Dejas de tener empatía».

Esta ultima frase me deja perplejo. Que bien expresado. Que buena palabra, empatía. Me explican, ahora sí entre los dos, cómo entran en la cárcel, un correccional para menores. Cuando llegan allí se dan cuenta que tienen que protegerse, que va a ser algo duro.

Luis averigua quien es el líder, el que controla la cárcel y va a por él el primer día. Piensa que ahí dentro más que en ningún lugar es necesario que lo respeten y sabe que el miedo es la mejor arma. Me explica que fue fácil, que a él le encantaba pelearse, disfruta con eso. Al mismo tiempo su «mano derecha» también da una paliza al segundo de la cárcel, y se hacen con el poder y el respeto de todos. “Poder y Respeto”, en numerosas ocasiones ya han aparecido estos términos en nuestra conversación.

Es algo que han buscado con desesperación en cada etapa de su adolescencia. Continuan explicándome como controlan la totalidad del correccional y cada uno de sus estamentos. Al resto de muchachos, al director y a los Custodios, la policía de dentro del correccional. Me hago el sorprendido ante este último dato…

«¿A la policía también?”

Luis:»Claro que sí. Pero en la calle también era así. Veíamos quién era la patrulla del barrio, y algún día cuando iba de paisano íbamos a por él y teníamos una reunión».

Sonrío claramente ante esta expresión y repito: «¿Reunión?»

Luis:»Bueno, ya sabes, hablábamos y dejábamos las cosas claras. Después de eso no había problema alguno».

Continuamos hablando de la vida en el correccional. Del poder que llegan a tener allí dentro y de los negocios y chanchullos bajo la mirada de la dirección y de los Custodios. Me hablan también de lo que allí dentro aprenden. Respeto hacia las personas y valores que fuera jamas vieron. Estando allí algunas personas empiezan a ayudarles sin importar su pasado.

Luis: «Jamás me prejuzgaron, eran amables y te hacían sentir que podías salir de esa vida, que merecías una segunda oportunidad». «Todos merecemos una segunda oportunidad», recalca Emilio.

¿Y cuándo os dais cuenta que quereis cambiar de vida?

Luis:»Un dia simplemente te cansas. Después de 5 años te cansas de la violencia. No puedes dormir por las noches. Es demasiado cansado todo eso. Entonces decides cambiar, te dejas ayudar y empiezas a ver que sí es posible, que solo quedan 3 años y ese miedo al rechazo de la sociedad que te hacía actuar muchas veces desaparece».

Emilio: «Cuando tienes un problema optas por no utilizar la violencia. Empiezas a defender a los mas débiles y a trabajar en los proyectos de la cárcel. Y comienzas a ilusionarte con la vida que puedes tener cuando salgas».

¿Y cuando llega el momento de salir, como lo encajais?

Emilio:»Mucho miedo. Miedo a volver a la calle. Dentro somos los reyes, tenemos todo y nos respetan. Cuando sales es difícil encontrar trabajo».

Luis:»Hay mucho desempleo y tu no tienes estudios ni nada. Así que todo se ve muy negro. Recibes llamadas para volver a lo que hacías antes, te dicen que tú no eres de los buenos, que eres lo que eres y que es mejor que sea así. Pero entonces aparecen esas personas que te ayudan, te facilitan las cosas y confían en ti sin motivos. Te miran sin ver tu pasado. Es emocionante ver que hay gente buena de verdad».

¿Y no os da miedo que la gente del Club vaya a por vosotros?

Luis:»A ver, una cosa es que elijamos el camino bueno y otra que seamos tontos. Ellos(los jefes de la banda) saben de lo que somos capaces, saben que somos buenos en lo nuestro, los mejores y que si tenemos que matarlos no dudaremos en hacerlo. El Respeto no se pierde jamas. Y si hice lo que hice entonces, ahora aun muchísimo más».

Emilio:»Me he esforzado mucho por lo que soy ahora y he logrado ser alguien que jamás fui. En la carcel conseguí ser esa persona que no fui en la calle, y si alguien intenta arrebatarme eso, que se prepare».

Esta frialdad de Luis y Emilio tiene un tono totalmente diferente que lo escuchado hasta ahora. Es un tono de sinceridad, de valor, de fuerza. Fuerza y valor por seguir por este desconocido camino, pero que para ellos es tan importante.

Emilio:»Antes era fácil conseguir las cosas, pero la sensación de conseguir algo por ti mismo, con tu esfuerzo, merecidamente, es lo mejor de todo».

Luis:»Yo siempre supe que era muy inteligente. Así que cuando salí y me consiguieron un trabajo me animaron a estudiar. Aprobe todo el primer año. El segundo también. Y así hasta la preparatoria. Ahora estoy en la universidad, y esa inteligencia que Dios me dio cobra mas sentido que nunca».

Me emociona lo que me cuentan. Les he mirado a los ojos durante toda una hora, y es la primera vez que les veo emocionados a ellos también. Se sienten orgullosos de lo que han conseguido. La verdad es que es para estarlo. Quiero concluir nuestra conversación preguntándoles por algo de actualidad, y obvio que viene a mi mente lo sucedido en el vecino estado de Guerrero. No obstante Iguala, donde desaparecieron los 43 estudiantes, está a menos de hora y media de donde nos econtramos. «¿Qué opinais de los 43 estudiantes desaparecidos en Guerrero? ¿Creeis que han muerto? ¿o no?»

Luis: «Bueno, es lamentable, una pena siendo chicos tan jóvenes. Méjico es eso, corrupción y muerte. Aunque también hay muchas cosas lindas». Apresura a aclarar.

Emilio:»Algunos habrán sido asesinados. Pero es posible que otros estén en las montañas, en grupos de entrenamiento, en diferentes estados repartidos. Suele suceder a menudo. Aquí es algo normal».

Les digo que ya es suficiente. Y les doy las gracias y la enhorabuena por lograr lo que han logrado. Siento una especie de orgullo por estos chicos y les acabo de conocer. Ambos estudian en la universidad y con certeza llegaran a ser personas de provecho.

Otros muchos niños continúan siendo obligados a delinquir y asesinar por culpa de una sociedad que no les da opciones. Y por culpa de unas familiar que han olvidado los valores que sientan las bases de hombres y mujeres de provecho. Ser un niño sicario o no serlo depende muchas veces de pequeños detalles y de la voluntad de personas que sí creemos que todo el mundo merece una segunda oportunidad.

Fuente: Neupic

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