Los Desafíos del Servicio Nacional de la Mujer

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Por primera vez en la historia del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), creado en 1990, sus dos máximas autoridades no solo pertenecen al movimiento de mujeres, sino que se declaran feministas y de izquierda, lo que tiene a las activistas chilenas celebrando con un nivel mucho mayor de expectativas. Claudia Pascual, ministra del SERNAM, pertenece a la Comisión Política del Partido Comunista y fue la encargada de género del comando de Michelle Bachelet. Con su nombramiento, los comunistas vuelven al gobierno luego de 40 años.

Al mismo tiempo, la Subsecretaria recientemente designada, Gloria Maira, es una reconocida feminista, actualmente vicepresidenta de Izquierda Ciudadana y que en el pasado trabajó activamente dentro del movimiento feminista en contra de la violencia hacia las mujeres.

Ambas representan al ala más izquierdista de la Nueva Mayoría, en contraste con las figuras mayoritariamente conservadoras y con una visión familista que han comandado al SERNAM durante el gobierno derechista de Sebastián Piñera y en los 20 años de la otrora Concertación, coalición con la que gobernó Bachelet en su mandato anterior y en la que usualmente fueron designadas ministras demócratas cristianas para este Servicio.

Soledad Acevedo, integrante de la Articulación Feminista por el Derecho a Decidir, reconoció a SEMlac que a su agrupación le tocan desafíos nuevos. «Estaremos trabajando por primera vez -y como hemos propuesto en muchas ocasiones- muy en sintonía con este servicio; aunque también tenemos presente nuestra labor de observancia y seguimiento».

Las nuevas autoridades del SERNAM enfrentarán enormes desafíos y críticas por parte del movimiento de mujeres y feminista en cuanto a sus intervenciones y también desde sus propios trabajadores y trabajadoras, quienes denuncian malos tratos laborales en los Centros de la Mujer y temor a organizarse sindicalmente. Uno de los ámbitos más criticados es el tratamiento de la violencia contra las mujeres.

Los Centros de la Mujer

El trabajo local del SERNAM respecto a la violencia contra las mujeres se focaliza especialmente en los Centros de la Mujer; sin embargo, quienes laboran en estos programas intentan organizarse en la Agrupación de Trabajadores y Trabajadoras de los Centros de la Mujer en la región Metropolitana; con el fin de denunciar los problemas que viven a diario.

En enero, dos trabajadores del Centro de la Mujer de la comuna de Cerro Navia fueron despedidos, lo que despertó la indignación del resto del personal, que alega que el despido fue arbitrario y es parte de una seguidilla de problemas y acosos laborales en ese espacio laboral financiado por el SERNAM, pero administrado por el ejecutor al cual el Ministerio le entregue los recursos.

Las denuncias indican que, para externalizar sus recursos, el SERNAM entrega de la administración de los recursos a un tercero que pueden ser municipalidades, gobernaciones o fundaciones, pero el Ministerio continúa a cargo de la intervención, por lo cual se termina teniendo una doble jefatura.

«Ninguno de los dos se hace responsable de sus trabajadores, pero ambos te violentan y presionan para cumplir con las metas», indicó a SEMlac Daniela, profesional de uno de estos Centros.

Los convenios que este 2014 firmó el SERNAM con ejecutores locales explicitan aun más que quienes trabajan en estos espacios locales no son responsabilidad del Ministerio, al señalar que «el SERNAM no tendrá (…) ninguna relación contractual, laboral ni previsional con el personal que la entidad ejecutora destine al cumplimiento de este convenio».

Esto, pese a que los profesionales de los Centros no son electos solo por los ejecutores, sino también por el propio SERNAM, que además constantemente dirige el programa.

Supuestamente, en caso de despidos, la directora regional de este Servicio es quien puede intervenir; sin embargo, en las cesantías recientes en Cerro Navia y El Monte no hubo cuestionamientos. No es primera vez que sucede: en 2011 un equipo completo fue desvinculado en la misma comuna de Cerro Navia.

«Lo más grave es que, en este caso puntual, se denuncia algo que ocurre comúnmente para quienes trabajan en estos Centros: ser despedidos por ‘falta de compromiso político’ de los profesionales respecto a las actividades político partidistas emanadas del municipio», como se señala en la carta abierta que profesionales de estos centros y de las casas de acogida hicieron pública para denunciar el trato injusto recibido por sus compañeros en Cerro Navia, pero también por todo el resto.

La misiva dirigida al alcalde derechista Luis Plaza señala: «Rechazamos el criterio utilizado, por cuanto representa una práctica nefasta en la implementación de una política que debiera favorecer y cuidar a los equipos especializados en atender el grave problema social de la violencia contra las mujeres. Frente a los despidos, no existe evaluación técnica ni en el municipio, ni en el Servicio Nacional de la Mujer. Denunciamos que no es la primera vez que sucede esta situación en su comuna y en otras comunas de la región».

Frente a la actitud pasiva del SERNAM, la carta argumenta: «Denunciamos la desprotección emanada del Servicio Nacional de la Mujer, institución que ha permitido la ocurrencia de estos despidos irregulares, atentando contra el equipo de Cerro Navia y contra las usuarias de ese Centro de la Mujer, dando la violenta señal de que avala tales escenarios».

Carmen, también profesional de uno de estos centros, indicó a SEMlac que «el SERNAM pudo haberse opuesto o haber trasladado el convenio a otro ejecutor, pero decidieron seguir con el municipio y volvieron a despedir gente».

Precariedad laboral

La mayor parte de quienes trabajan en los Centros de la Mujer están contratados a honorarios, no importa la cantidad de años que lleven realizando las mismas funciones; por tanto, no tienen seguridad laboral ni derechos sociales como jubilación y salud o seguro de accidentes, aunque reiteradamente el trabajo en terreno conlleva riesgos.

Flor, profesional de uno de estos Centros, indica: «No tenemos seguros de accidentes, previsión social ni nada. Si salimos de una población de noche, haciendo trabajo en terreno, y nos pasa algo, nadie responde por eso».

El contrato a honorarios en Chile está pensado para quienes realizan un trabajo puntual, por un lapso corto de tiempo y sin horarios ni lugar fijo; sin embargo, en este caso las trabajadoras y trabajadores de los Centros pasan años en esta situación que implica precariedad laboral: ningún derecho, pero obligación de cumplir con todos los deberes, jornadas de ocho horas o más, un horario y una oficina en la que deben presentarse a diario.

Es más, aunque el convenio 2014 con los ejecutores indica que se debe cumplir con el derecho a licencia pre y post natal, a continuación se indica que el ejecutor asegurará que «el financiamiento de pre y post natal provenga directamente de la entidad de salud correspondiente, sin que pueda imputarse como gasto a este convenio».

Sin embargo, al estar contratadas a honorarios, las trabajadoras no cotizan, necesariamente, para tener derecho a cobertura en salud, por lo cual esta solución no resulta en un derecho para todas.

Luego el documento señala que estas licencias podrían ser financiadas por el SERNAM, pero solo si existen los recursos y si se determina que las funciones de la profesional son vitales de ser reemplazadas. Por tanto, no hay obligación de reemplazar ni de financiar las licencias pre y post natal en un servicio que fue creado, precisamente, para luchar porque se respeten los derechos de las mujeres.

El contrato a honorarios implica, además, que hasta este año las horas extras no eran pagadas ni compensadas. Cada año los equipos dejan de recibir sueldo los meses de enero y febrero, cuando se tramita el convenio SERNAM-ejecutor; y lo perciben en marzo, lo que resulta un problema para personas que viven mensualmente de sus remuneraciones.

Hasta ahora las autoridades actuales del SERNAM no le han dado mucha importancia a estas demandas.

En noviembre de 2012 se le envió una carta a la ministra para solicitarle una reunión a fin de tratar estos problemas; sin embargo, esta apenas se concretó casi un año después, en octubre de 2013. En esa oportunidad, la titular se comprometió a que se trabajaría conjuntamente en el nuevo convenio 2014 para mejorar algunas de las condiciones laborales que son desiguales respecto a la gran mayoría de trabajadores y trabajadoras del SERNAM.

Sin embargo, los nuevos convenios llegaron y los cambios son pocos e insuficientes, según indican las trabajadoras de estos Centros. Para ellas, no es casualidad que sea justamente en este espacio, donde la gran mayoría son mujeres, que se incumpla con los derechos laborales básicos, por los que el Estado supuestamente aboga.

Familismo y esterotipos

Una de las mayores críticas al SERNAM es su marcado acento familista y conservador, lo que «discrimina a la diversidad de las mujeres que somos y las encasilla en el ámbito doméstico y como ‘madres de familia’. Es por esto que todos los programas y políticas impulsadas desde este servicio carecen de una mirada integral de las problemáticas que aquejan a las mujeres por condición de género», opina Soledad Acevedo.

Para Acevedo, «las problemáticas que afectan cotidianamente a las mujeres no reciben una respuesta eficiente y no consideran la real magnitud del fenómeno, es así que las tasas de violencia han ido en alza y los feminicidios cada vez muestran mayor ensañamiento».

«Los derechos sexuales y reproductivos han sido considerados desde el sesgo de los roles tradicionales para las mujeres: madres, cuidadoras, aun sean estas adolescentes. La diversidad sexual tampoco es parte de los lineamientos del SERNAM, las lesbianas no cuentan para este servicio», indicó la integrante de la Articulación Feminista por el Derecho a Decidir.

Una de las mayores críticas al SERNAM desde el movimiento feminista y de mujeres es que las campañas contra la violencia realizadas desde el ministerio han reducido este fenómeno al ámbito doméstico y mostrado a las mujeres de manera pasiva y homogénea.

Por eso Soledad, quien trabajó activamente en el movimiento feminista para detener la violencia contra las mujeres, insiste en la necesidad de nuevas campañas.

«Deben hablarles a las mujeres, en primer lugar, y a la sociedad en su conjunto, no se debe reforzar el rol de víctimas pasivas y sin poder de decisión: El lenguaje debe ser directo y no caer en estereotipos ni discriminaciones a ningún grupo particular. Y, sobre todo, debe considerar la diversidad de las mujeres: de todas las edades, lesbianas, con o sin marido, trabajadoras, estudiantes, migrantes, indígenas, con capacidades diferentes, entre otras».

Intervención en violencia

Los problemas que aquejan a quienes se desempeñan en los Centros de la Mujer también inciden en la respuesta poco eficiente que reciben las mujeres violentadas, según explica Carmen, profesional de uno de ellos, a SEMlac: «La flexibilidad laboral repercute en la política de intervención porque hay rotación de personal y los programas no pueden ejecutarse».

Al respecto, añade Flor: «Además resulta en una fuga de profesional altamente especializado. Finalmente, las grandes afectadas son las mujeres que reciben una intervención bastante deficiente».

Los convenios de este año para ejecutar los programas de los Centros de la Mujer tienen cambios que, según estas especialistas, serán nocivos para las propias usuarias de los Centros y la comunidad.

De partida se modificó el equipo, convirtiendo el trabajo de dos monitoras de terreno en una trabajadora social. Esto significa el mismo gasto en cuestión de remuneraciones para el SERNAM; sin embargo, implica un cambio radical en la política de intervención.

Nora, otra trabajadora, explica a SEMlac: «Así se centra el programa en la atención, anulando el trabajo de prevención realizado con la comunidad y disminuyendo el de capacitación a las instituciones, puesto que solo habrá una monitora para hacerlo».

Para Flor, ese es un problema de estos programas locales: una política cortoplacista centrada en los ingresos y luego los egresos deben realizarse en seis meses: «Lo que importa es que se ingresen usuarias, se les hagan los seis seguimientos y que luego se egresen. Para egresarlas basta que mantengan el nivel de violencia que viven, no es necesario que la hayan disminuido». Solo no se permite egresar a una mujer en caso que el nivel de violencia vivido haya aumentado.

El otro cambio del convenio 2014 es que «este año los convenios solo se harán cargo de mujeres mayores de 18 años violentadas por parejas hombres. ¿Qué hacemos en el caso de una mujer que esté siendo violentada por una pareja mujer o que tenga menos de 18 años? ¿No la atendemos?», se pregunta Nora.

Hasta el año pasado se recibía a mujeres desde los 16 años y nada se indicaba sobre el sexo de la pareja violentadota. Nora precisa que actualmente tienen usuarias que han ingresado tras ser violentadas por parejas mujeres.

Esto es incoherente, además, con estudios y campañas del propio SERNAM que apuntan a las altas tasas de violencia en parejas jóvenes, momento en el cual se aprenden dinámicas de relaciones violentas.

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