La Piojera es tal vez el único lugar donde el cliente nunca tiene la razón y en donde todos somos iguales. Miles de compipas peregrinan año a año a la gran meca del pipeño, perniles y terremotos. Esta picá, es, sin dudas, la estación fundamental y el paradigma para reconocer la forma en que se actualizan más genuina y alegremente los vínculos populares. Un lugar de eternos brindis, conversaciones junto al sabor de sabrosas pichangas, y una fraternidad a toda prueba, donde no existen diferencias. En la Pioja, somos todos iguales.

 

En el año 1916 el local fue adquirido por la familia Benedetti, pero funcionaba como bar desde 1896. Su nombre original ha oscilado entre varios: Santiago Antiguo o el Bar Democrático, han sido algunos de ellos.

Según las propias palabras de Hubert Bernatz, su actual dueño y patriarca de la tercera generación de los fundadores, la leyenda cuenta que “había una ceremonia de Investigaciones, y era por aquí cerca, entonces el director le dice al presidente de entonces, Alessandri Palma, que le va a mostrar una picada donde va el pueblo para que la conociera. Y lo trae para acá el año 1922, y al llegar exclamó ‘¿Y a esta “piojera” me trajeron?’. Yo el 81 dije, es una tontera seguir renegando, el negocio es conocido como La Piojera en todos lados, en todo Chile la ubican así. Entonces puse el letrero en el frontis y creo que le achunté”

El año 2003 se intentó construir un mall donde está emplazado este local, proyecto impedido por el clamor popular. Ese mismo año es nombrado “Monumento de los Sentimientos de La Nación” por el movimiento Guachaca, impidiéndose tamaño crimen al corazón republicano. “Era como sacarle la estrella a nuestra bandera”, indicaron los guachacas.

Por este lugar, han pasado por lo menos cinco presidentes: Arturo Alessandri Palma (1920-1925, 1932-1938), Juan Antonio Ríos (1942-1946), Eduardo Frei Montalva (1964-1970), Salvador Allende Gossens (1970-1973) y Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000), además de otros célebres escritores que fueron sus fieles parroquianos, como los poetas nacionales Jorge Tellier (1935-1996) y Pablo Neruda (1904-1973) así como el escritor magallánico Francisco Coloane (1910- 2002).

Ha sido inspiración de diversos textos, estando presente en la literatura contemporánea a través del personaje “Heredia” del escritor chileno Ramón Díaz Eterovic (1956- ).

Todos ellos contribuyeron a crear el ambiente mágico que alberga este lugar, concitando entre sus paredes a abogados bien vestidos, universitarios y por supuesto a los guachacas más duros que pasan a tomarse una cañita. Allí, se han escrito un sinfín de historias, muchas plasmadas en sus paredes. Son miles los santiaguinos que han reído y se han enamorado, bajo quizás el único parrón que hay en el centro de Santiago.

“¿Y se acuerda así rapidito de alguna anécdota compipa?”, le preguntamos a Hubert, el dueño.

Él se sonríe y responde:

“De la que más me acuerdo es que una vez vino un viejito con muletas, y estuvo tomándose unos terremotos, luego se paró y se fue. Pero los garzones después encontraron las muletas. No sabemos si se mejoró acá o era pura chiva. La cosa es que a los dos días apareció el hijo, diciendo que el papá había dejado acá las muletas”.

Extraído de la guía Patrimonial: Santiago en el Corazón, Recovecos de la Patria Popular. Elaborada por la Fermentación Guachaca y el Ministerio de Bienes Nacionales.

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