La Necesaria Degradación

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No es la venganza la que invita a la degradación, sino la necesidad de que nunca más nadie, por alto que sea su cargo, se vea tentado a seguir similar camino. Para que las actuales y futuras generaciones de uniformados sepan con meridiana claridad, qué es lo que les honra, y qué los deshonra.

Por estos días, como nunca antes, se está planteando la degradación militar y la pérdida de todos los grados, honores y reconocimientos, al menos, del innombrable y de su brazo ejecutor, el Mamo. Se podría afirmar, que el día que ello ocurra, sería uno de los componentes a favor del fin de una transición que parece interminable.

La razón es muy simple: el innombrable, por haber conducido a las FFAA por un camino de locura, imponiendo una política de terrorismo de Estado en contra de sus conciudadanos, y el Mamo por haber implementado tal política.  Una política absolutamente reñida con la ética y moral que hizo posible los horrores.

La degradación vale más que mil palabras y perdones. No caben las frases de buena crianza. La degradación supone que las FFAA, como institución, se avergüenza de haber sido desviada de su destino, por quienes tenían la responsabilidad de hacer honor a los grados que ostentaron. La degradación es una señal contundente, clara, nítida para las actuales y futuras generaciones de chilenos, pero sobretodo, para quienes integran las FFAA, y en particular, para quienes la dirigen.

Esta degradación no puede provenir sino de las propias FFAA, señal del fin de una doctrina de seguridad nacional que permitió a los militares discernir por sí mismos cuando la seguridad nacional está siendo afectada por factores externos o internos.

No es la venganza la que invita a la degradación, sino la necesidad de que nunca más nadie, por alto que sea su cargo, se vea tentado a seguir similar camino. Para que las actuales y futuras generaciones de uniformados sepan con meridiana claridad, qué es lo que les honra, y qué los deshonra.

Los involucrados, uno fallecido, y el otro pavoneándose como Pedro por su casa en un penal de privilegio, sin que a la fecha se arrepienta de lo realizado. En estricto rigor, la degradación debiera hacerse extensiva a quienes los respaldan al interior de las FFAA.

Recién ahora, habiendo transcurrido 40 años desde el golpe y sus consecuencias, surgen voces en esta dirección. Han tenido que transcurrir 40 años para que se esté perdiendo el miedo. Un miedo instalado a punta de bayonetas, exilios, desapariciones, relegaciones, torturas y pérdidas de trabajo que la instalación de la democracia protegida de los 90 no fue capaz de eliminar, aunque sí de ir disminuyendo aceleradamente.

La historia está poniendo las cosas en su lugar. Está la posibilidad de que emerja un nuevo Chile.

(*) Ingeniero Civil Industrial y Master en Informática, académico de la Escuela de Ingeniería en Informática Empresarial de la Universidad de Talca

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