En Memoria del Mayor Mario Lavanderos Lataste: Los “Otros Militares” Chilenos

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Mario Lavanderos Lataste, el oficial de ejército de 37 años asesinado en octubre de 1973 por liberar del Estadio Nacional a 68 presos uruguayos y bolivianos que entregó al embajador de Suecia Harald Edelstam, demostró que no todos los miembros de las fuerzas armadas compartían el brutal sesgo neo-nazi de la dictadura cívico-militar encabezada durante 17 años por Pinochet y sus más sanguinarios colaboradores.

La historia de “los otros militares” ha sido guardada cuidadosamente en silencio durante 40 años pero afloró de nuevo a la luz pública el 8 de noviembre cuando se supo que el juez Mario Carroza ordenó la detención, prontuariación y procesamiento del autor del asesinato de Lavanderos, el coronel David Reyes Farías.

Muchos altos oficiales de las cuatro ramas de las fuerzas armadas chilenas pagaron con su vida su adhesión a los principios democráticos pregonados por la Constitución de 1925, que fue abolida por la dictadura cívico-militar y reemplazada por la actual carta de Pinochet de 1980, refrendada por Ricardo Lagos. Justamente, la Asamblea Constitucional, o diversos matices para una nueva carta fundamental, hoy es una bandera transversal entre la mayoría de los 9 candidatos presidenciales que disputarán el sillón de O’Higgins el próximo domingo.

La primera víctima fue el comandante en jefe del ejército de 1970, general René Schneider Chereau, asesinado el 21 de octubre en el tercer intento de una banda terrorista de derecha capitaneada por dos generales pagados y proveídos por EEUU, Roberto Marambio Viaux y Camilo Valenzuela para provocar un golpe que impidiera la asunción de Salvador Allende el 4 de noviembre de 1973, tras ser elegido en las urnas el 4 de septiembre.

Precisamente, el sábado 2 de noviembre 2013 falleció por cáncer René Schneider Arce, destacado periodista y director de televisión que todavía luchaba en los tribunales para conseguir justicia por el asesinato de su padre, pero los grandes medios chilenos pasaron por alto esta noticia.

También murió (12 de marzo, 1974) en torturas el general del aire Alberto Bachelet Martínez por su adhesión a los principios legales que entonces subordinaban a los militares al poder civil emanado de las votaciones populares. Más tarde (30 de septiembre, 1974), en Buenos Aires, acabaron con la vida del general Carlos Prats González.

El coronel Gustavo Antonio Renato Canturrias Grandón, comandante del Regimiento de Alta Montaña de Los Andes, murió en un incidente nunca aclarado y presentado como «suicidio» el 3 de octubre de 1973, la misma versión que encubrió por décadas la muerte de Lavanderos.

El comandante de aviación Ernesto Galaz fue condenado a muerte en 1974 por el consejo de guerra “Contra (el general Alberto) Bachelet y otros”, junto al capitán Raúl Vergara, al suboficial Belarmino Constanzo y el civil Carlos Lazo, Presidente del Banco del Estado, pero por suerte los afiebrados acusadores desistieron de ese asesinato masivo.

Muchos otros militares, aviadores, marinos y soldados fueron víctimas del pinochetismo neo-nazi que impregnó a las fuerzas armadas y todavía sobrevive en distintos estamentos de la sociedad chilena contemporánea.

Soldados del pueblo pagaron con su vida por oponerse a la ideología totalitaria de los golpistas civiles y militares, como el conscripto Michel Selim Nash Sáez, fusilado, en Pisagua, a los 19 años, por negarse a disparar contra sus compatriotas, o el cabo segundo Carlos Carrasco Matus, asesinado a cadenazos, a los 21 años, en Villa Grimaldi, por tratar humanamente a las (os) prisioneras(os) políticas(os), según un reporte del activista Juan Araya.

Es larga la nómina de oficiales, suboficiales y tropas de las fuerzas armadas y carabineros que perdieron la vida por mostrar su disconformidad con el golpe. El ex embajador de EEUU Nathaniel Davis, informó a sus superiores que “supe de 50 oficiales leales que fueron detenidos el 10 de septiembre”. Toda esta gente merece un reconocimiento de la sociedad chilena, que sus vidas sean investigadas en libros como otras víctimas y que se les haga justicia.

¿Quién fue Mario Lavanderos?

El mayor Lavanderos inspiró el filme sueco “El clavel negro”, que mezcla la realidad con la ficción del arte. “Es para nosotros, el hermano y los sobrinos del mayor Mario Luis Iván Lavanderos Lataste, muy gratificante que, a través del film “El clavel negro” se dé a conocer este episodio desconocido de la dictadura del gobierno del general Pinochet y, con ello, la valiente y humana participación de nuestro tío en la liberación de los prisioneros uruguayos, en conjunto con el embajador Harald Edelstam”, escribió en junio de 2008 su sobrina Priscilla Lavanderos Contreras, quien también declaró ante el juez Carroza, al responder un cuestionario del periodista Rodolfo González Ulloa, de la revista EF de Costa Rica, con motivo del estreno de “El clavel negro”, un film que relata una historia de Chile pero es absolutamente desconocido en este país.

Relato completo de Priscilla

“Para nuestro padre –Víctor Hugo Lavanderos Lataste– y su madre –Olga Lataste Collin (QEPD)– y para nosotros, sus sobrinos, fue muy doloroso aceptar en esos años su muerte, ya que debido a la situación del país, a un mes del golpe militar, el mayor Lavanderos, de una intachable y brillante carrera militar, realizando el curso de Estado Mayor en la Academia de Guerra Militar, fue destinado alrededor del 12 de Octubre al Estadio Nacional, para reemplazar a otro oficial en la Sección de Extranjería, que se había creado en el Estadio, para darle el trato adecuado a los extranjeros.

Es ahí donde aparece el Embajador, persuadiendo con su energía y valentía a los que estaban a cargo del Estadio, el mayor Jorge Espinoza –a quien, por supuesto, no logró conmover– y, en su oportunidad, al mayor Lavanderos, quien estuvo a cargo de dicho recinto por algunas horas, y a quien sí logró conmover.

Poco sabemos, por supuesto, con seguridad de lo que aconteció, ya que nosotros, como familia, en ese entonces no tuvimos información de sus acciones por aquellos días, debido a que, obviamente, era parte de lo que no se podía informar como secreto militar y, además, por la prontitud de los hechos, la lejanía y la falta de medios de comunicación de esos años”.

“Sólo después de su muerte, acaecida el 18 de octubre de 1973, mi abuela y mi padre –como parte de la investigación del sumario y del juicio que se abrió– se pudieron informar de algunos detalles, que mencionaban la participación de él en la liberación de los uruguayos.

Demás está decir que el Ejército manejó muy bien la investigación sumaria administrativa y el juicio, en la 2° Fiscalía Militar, con una seguidilla de irregularidades que, debido a que ellos eran los investigadores y, al mismo tiempo, los investigados: sin prueba de testigos, sin la totalidad de las pruebas, sin investigar a cabalidad los hechos y –lo más importante– sin haber esperado al juez militar para el levantamiento del cadáver.

Se dio aviso a la familia cuando ya tenían todo arreglado: su cadáver vestido con su uniforme militar y un ataúd sellado; su velatorio fue en el Hospital Militar y sus funerales en el Mausoleo Militar, de tal manera que nadie sospechara nada de su homicidio, al que, inmediatamente, le dieron carácter de «suicidio», cosa que ni ellos mismos, con el Sumario, fueron capaces de demostrar; pero, tampoco se pudo comprobar homicidio, por «falta de pruebas»; pruebas que, por supuesto, no les convenía realizar.

“La investigación, con una serie de solicitudes por parte de mi abuela y de rechazos por parte del Ejército, duró tres a cuatro años y concluyó «temporalmente», por falta de pruebas y de testigos; cosa rara, porque esto se supone que ocurrió en dependencias del Ejército, precisamente en la Academia Militar, lugar de su residencia por ser un soltero militar, lugar donde se supone que había el máximo de seguridad y que sólo ellos tenían acceso

“Al ser sobreseído temporalmente y, luego, con el fallecimiento de mi abuela –el 19 de Julio de 1977– este juicio concluyó y se archivó por esos motivos y mi padre, amedrentado por pertenecer a la institución de Carabineros, tampoco pudo continuar.

“Los años pasaron para nosotros, pero siempre con el anhelo de esclarecer la verdad y dar a conocer su historia, su vida y su muerte. Siempre, en cada aniversario de octubre, nos reuníamos en familia, para colocarle flores en su sepultura, una tradición que ya lleva 35 años, tradición que nos ha hecho recordarlo y anidar la esperanza de dar a conocer al mayor que salvó vidas de personas extranjeras, desconocidas para él, sin ningún otro motivo que por humanismo cristiano y que, lamentablemente, las pagó con la propia.

“Hace aproximadamente cuatro años, una periodista escribió sobre el Estadio Nacional (Pascale Bonnefoy, Terrorismo de Estadio, Ed. Cesoc ,2005) y, por consiguiente, sobre el embajador Edelstam y el mayor Lavanderos, entre otros capítulos, todos relacionados al Estadio. Tuvimos la oportunidad de asistir al lanzamiento del libro –en 2005– y, desde ese entonces, me he preocupado personalmente de informarme y de informar sobre la muerte del mayor Lavanderos.

De ese modo, me enteré que filmaron en Chile el film ““El clavel negro”” y envié correo a los productores, con tanta buena suerte esta vez que justo se presentaba en México, donde viven actualmente mis padres y mi hermano Daniel, para participar en el Festival de Monterrey. Me contacté con los productores y nos invitaron al Festival, viajé a México y estuvimos en la inauguración de dicho evento que se iniciaba con “El clavel negro”. Fui entrevistada por un diario de la capital y por la revista Proceso, quienes publicaron sus artículos mencionando la historia con lo de la entrevista y de mis correos enviados antes de viajar. Eso fue en Agosto de 2007.

“Recién en este mes, en Chile se presentó en el Festival de Cine Europeo, organizado en la Universidad Católica de Chile y, por supuesto, que asistimos con mi otro hermano, Patricio; asistió la productora y tuve el placer de agradecer, en la rueda de preguntas que se realizó después de la exhibición del film.

“Ahora contestando, a sus preguntas, por supuesto que nos ha producido un impacto ya que nos hemos sentido orgullosos de él y que, al fin, se dé a conocer lo que sucedió. Obviamente que sí estamos conformes con la interpretación que se le dio al mayor Lavanderos en el film; puede estar seguro que hemos sentido que ha sido no sólo un homenaje al Embajador sino que a nuestro tío también; incluso, más aún: el Embajador siguió vivo, pero nuestro tío fue asesinado por esta acción. Y con respecto a la relación con su hija, eso no corresponde a la realidad, porque él no tuvo hijos y fue asesinado a la edad de 37 años, por lo cual mal podría haber tenido una hija de esa edad.

“Dada la información de la historia que tuvieron los productores, el desconocimiento de la verdad y el modo que tienen ellos de producir sus películas con una mezcla de verdad y de ficción, no podemos más que agradecer la oportunidad de haber dado a conocer este episodio y de darnos la oportunidad de ver realizado parte de nuestro anhelo, que es el reconocimiento al valor, la valentía y el humanismo que tuvo nuestro tío para con los uruguayos, a riesgo de ser dado de baja de la institución, o de ser fusilado, por traición hacia el Ejército.

“En varias páginas de Internet, usted podrá encontrar todo lo que se ha escrito oficialmente de él, ya que fue declarado víctima de las violaciones a los DD.HH., uno de los pocos militares muerto, por los propios militares, en dependencias militares.

“Por último y para inmortalizar su imagen, me permito decirle que fue una gran persona, un cariñoso y excelente hijo, al igual que como hermano y también como tío, de quien tengo los mejores recuerdos de mi niñez y, por supuesto, un correcto y respetuoso militar, tanto con sus superiores como con sus subalternos, quienes, en el momento de sus funerales, le reconocieron en siete discursos, dados frente al Mausoleo Militar, por haber pertenecido a la rama de andinismo –donde representó a Chile, en un Congreso de Andinismo en España, en 1968, del cual fue nombrado Presidente en la representación chilena–, siendo también instructor de esquí dentro del Ejército y realizando el curso de Estado Mayor, para continuar su brillante carrera militar.

“Mario Luis Iván Lavanderos Lataste: ¡Tío querido siempre estás en mi pensamiento y en mi corazón!

“Se perdió a un gran militar; pero, también, a un gran hijo, cuya muerte su madre Olga Lataste Collin jamás pudo superar, al igual que su hermano Víctor Hugo Lavanderos Lataste y personalmente yo, su sobrina y quien subscribe”. Priscilla Lavanderos Contreras.

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