Elección Presidencial: Neoconservadurismo o Variaciones Sofistas del Fascismo (Parte I)

0
344

La posibilidad de que un gobierno de centro izquierda encabezado por Michelle Bachelet implemente un programa que recoge aspiraciones sociales insatisfechas por más de dos décadas en la post dictadura (1989), es motivo para relanzar la veja artimaña del horror socialista desde los círculos de derecha y extrema derecha en Chile. Chile está habituado a esa reacción desde 1958 cuando el socialista Salvador Allende estuvo a punto de vencer al derechista Jorge Alessandri, Rodríguez, que 20 años más tarde contribuiría a redactar la Constitución de Pinochet.

Esta Constitución es el principal factor de la enfermedad política del país. Un país infeliz políticamente por el exceso de concentración de poder, tremendamente injusto en lo social y muy vulnerable por la ausencia de cohesión sociopolítica, exceptuando en la estupidez de negarle la salida al mar a Bolivia por una absurda “doctrina” instalada en el subconsciente de algunos chilenos acerca de la integridad territorial.

Una doctrina que no se aplica a la hora de ceder espacio en el extremo Sur de Chile a ciudadanos Israelíes, situación que ha sido denunciada por el Senador del Partido Por la Democracia, Eugenio Tuma, por la presencia de turistas israelíes que por antecedentes correspondería a conscriptos realizando labores de cartografía para el Ejército de Israel con motivos desconocidos.

A pocos días de un voto decisivo, en medio de estas contradicciones sobre la integridad territorial de Chile, aparecen las declaraciones de una profesora de historia y figura mediática de reconocida trayectoria pinochetista, diciendo que el programa de Michelle Bachelet, “es un paso al socialismo”.

El mejor desmentido provino de un sector de la izquierda que presumiblemente tiene una versión más exacta de lo que es el socialismo. La candidata que representa a la coalición de centro izquierda que probablemente salga victoriosa en la elección del 15 de diciembre ha sido criticada por sectores de la izquierda anticomunista y antisocialista, de que el programa es otra fase de la consolidación del modelo neoliberal.

Conscriptos Israelíes en la Patagonia, profesores de historia anunciando el socialismo en Chile, son variaciones del Tea Party republicano de Estados Unidos aplicados a la chilena. También puede ser el neoconservadurismo criollo con las variaciones sofistas del fascismo que ya lleva más de cuatro décadas de trayectoria en Chile.

La palabra fascista asusta, neoconservadurismo no. Aunque no se comprenda a cabalidad la naturaleza más contemporánea del fascismo, se aplica con liviandad para describir situaciones de autoritarismo generalmente proveniente del estado.

La empresa privada y el libre mercado desregulados aunque maltraten a los trabajadores y se relacionen con ellos en todos los estamentos y profesiones en un sistema cercano a la esclavitud curiosamente no es asociada con el fascismo. De allí que el término neoconservadurismo suena como una vuelta de tuerca más a la sofisticación del fascismo siglo 21, e inclusive prepóstero para disimularlo y ni siquiera califica de eufemismo.

Por décadas el neoconservadurismo se ha impregnado en los intersticios de la política mundial y el esfuerzo para desprogramar su agenda debe ser colectivo. Aunque hay que estudiarlo y comprenderlo para recién pensar en desprogramarlo. No se va a extirpar fácilmente porque reside en la esencia del capitalismo, aún así su impacto se puede contener y revertir para hacer que el presente sistema que predomina en las sociedades sea menos totalitario.

La comprensión más global del fenómeno es una necesidad en este proceso. Desmantelar la agenda neoconservadora y su totalitarismo, implica en esencia desmantelar los principios de la supremacía que están instalados como ethos de la política. Supremacía y totalitarismo van de la mano y son antídotos contra la verdadera integración de sistemas, países o sociedades.

La doctrina neoconservadora se puede atribuir dos victorias políticas de consecuencias fundamentales en apenas una década: 1982-1992.

La primera, a comienzos de los años 80, es la instalación del régimen económico del ajuste estructural a la economía mundial con sus tres ejes principales: privatizar servicios y recursos estratégicos; reforma institucional y reducir la regulación del estado hasta el límite máximo para la expansión de la libre competencia; y apertura de los mercados.

Se le denominó precisamente neoliberalismo por sus autores para esconder su raíz fascista y neoconservadora.  Al introducir “liberal” se le acomodaba un concepto atractivo, casi ecuménico, (¡quién no profesa de liberalismo para prosperar en política!), y allí residía el gran señuelo.

Este diseño provino de la crisis económica de los años 70 que venía incubándose desde los años 60 del siglo anterior. Los sistemas políticos adoptaron el régimen económico sin ofrecer mayor resistencia. En su momento consistió en un “todo o nada y en un ahora o nunca”, para sostener un sistema económico y político en profunda crisis en sus expresiones locales y globales. En algunos lugares se impusieron con dictaduras militares cuyos casos más insignes fueron Chile, Ghana, o regímenes políticos autoritarios al límite del totalitarismo en los llamados tigres asiáticos.

Donde anduvo operando la doctrina conservadora encarnada en el ajuste estructural a las economías, se impuso con un giro político hacia el totalitarismo, que funcionaba a la perfección en un clima de guerra fría. Bajo un clima de confrontación y con un capitalismo debilitado, su rol transversal en las políticas de estado apenas se notaba y la lucha contra el comunismo la hacía todavía más relevante.

La segunda victoria fue el desplome de la ex URSS en 1991. A partir de este hito, surge “el decreto” del fin de la guerra fría, siendo que preservaba la ideología neoconservadora que la sustentaba. La agenda neoconservadora fue fundamental para detener la expansión de la Ex Unión Soviética y la idea del comunismo porque presentaba un filo más agresivo y punzante que el liberalismo degradado en su ambigüedad de contener el comunismo con cierto grado de tolerancia y aspiración pluralista.

La ideología neoconservadora en ambos frentes, en el político-bélico y en el económico, proveyó el sustento doctrinario que se movilizó transversalmente en las sociedades por el mundo con diferentes caparazones.

Formó una simbiosis compacta con las elites del poder que intentaban contener al comunismo y combatir a la expansión soviética por una parte y entregarle una vía operativa al capitalismo. En esa simbiosis se fusionaron misteriosamente operativos del neoconservadurismo con miembros ingenuos o deliberados que instigaron el espíritu anti Soviético que fue esencial durante la guerra fría para la supremacía del modelo ideológico que impera hoy.

Al estar instalada desde el mismo fin de la segunda guerra mundial, desmantelar la guerra fría y su ideología de la confrontación, pareciera ser el desafío esencial en cualquier intento por re-humanizar el planeta haciéndolo un espacio de diálogo e integración.

El neoconservadurismo se acopló al mandato de la guerra fría, y es incuestionable que como fenómeno ideológico facilitó su crecimiento y legitimación como la herramienta más eficaz para combatir la desestabilización del sistema.

Nota: Para una definición integral de neoconservadurismo: Avital Bloch en “Política, Pensamiento, e Historiografía en el EEUU Contemporáneo; 2005.Universidad de Colima México.

DEJA UNA RESPUESTA