El Oportunismo de Piñera

0
358

El cierre del Penal Cordillera por parte de esta administración, ha sido uno de los grandes temas de los últimos días. Muchos hablan de lo importante de esta acción y felicitan a  Piñera por haber demostrado su convicción con la democracia y el respeto hacia los derechos humanos. Esto, tratando así de situar  a los ex presidentes concertacionistas como parte del miedo que reinó en el pasado y que, hace pocos años, se ha ido diluyendo junto a las nuevas generaciones.

Si analizamos estas afirmaciones, tal vez es cierto que el miedo-que luego derivó en acomodamiento- reinó en los gobiernos de la Concertación. A lo mejor no carece de veracidad que esa convicción que alguna vez tuvieron, se haya vuelto pálida y haya desembocado en gobiernos complacientes con quienes fueron parte de la dictadura. Sin ir más lejos, el hecho mismo de que el entierro de Pinochet haya sido decorado por bellos discursos, y hasta con la presencia de la entonces titular de Defensa, daba cuenta de ese pánico que les gustó, que les comenzó a ser cada vez más confortable y cada vez más conveniente.

Sin embargo, lo que no parece creíble es que podamos atribuir al Presidente una característica democrática en particular, ni tampoco un cierto ánimo de luchar en contra de quienes hicieron y deshicieron en años de dictadura. Al contrario, esta determinación tomada por La Moneda tiene más rasgos del accionar empresarial de don Sebastián, que de aspectos morales de su personalidad, o de una cierta coherencia con la mantención de la principios básicos que deben tener los establecimientos carcelarios: es decir, garantizar la igualdad ante la ley. Lo de Piñera es más bien una especulación como tantas que hizo en sus años de empresario. Es la manera de invertir dinero -o mejor dicho capital político en esta oportunidad- en lo que cree conveniente.

Esto es claro, porque el actual Presidente de Chile no es un hombre de principios, sino de oportunidades, por no decir que es un oportunista al que muchas veces le salen bien las cosas. Es un hombre que puede apostar en lo que no cree, con tal de que esto resulte favorable a su persona,  ya que, en definitiva, no cree en muchas cosas.

Si nos remitimos a su historia, encontraremos un sinfín de hechos que nos hablan de una persona que se mueve según sus propias coordenadas. No está de más recordar que mientras su sector lucía su pinochetismo a los cuatro vientos, sin pudor alguno por haber sido parte de una dictadura macabra, Piñera se oponía y se mostraba reacio a mostrar  alguna cercanía con el depuesto régimen. A algunos eso nos parecía valioso, ya que, mientras muchos de los que hoy son sus ministros aparecían sin el mínimo rubor en sus mejillas homenajeando al dictador, el entonces senador Piñera se oponía a aquello. Hasta ahí todo bien. Pero la historia no se construye solamente con hechos puntuales, sino que con todos los accionares de los personajes en cuestión a lo largo de su vida, por lo mismo sería un error determinar al mandamás de La Moneda solamente por hechos como los señalados.

Ya hacia 1998, y con miras hacia la primera magistratura de Chile, don Sebastián apareció en un acto en favor de Pinochet una vez que éste fue tomado detenido en Londres. En un encendido discurso, Piñera habló de la falta de respeto hacia nuestro país por haber detenido a un ex mandatario, como si el viejo dictador hubiera sido elegido por alguien.

¿Lo hizo porque creía en Pinochet y su legado? No. Claramente lo hizo para ganarse a un sector,  y para que en un futuro éste votara por él. Es decir: apostó, especuló y, con el tiempo, finalmente ganó.

Lo de hoy también es eso. El cierre de esa especie de hotel cinco estrellas en el que vivían los mayores genocidas que ha tenido nuestra historia, es una manera de apostar en una nueva empresa: su candidatura para volver a Palacio en cuatro años más.

La diferencia entre el ex accionista de LAN y los anteriores presidentes es que estos últimos traicionaron muchos de sus valores en pro de la popular y cuestionada Transición, mientras Piñera nunca los ha traicionado, porque nunca los ha tenido y nunca los tendrá. Lo suyo es apostar y ganar. Nada más. Por lo mismo nunca apoyará fervientemente a Matthei ni defenderá nada con suficiente ahínco.

Esta buena decisión del Presidente, y que no  llevó a cabo ninguno de sus antecesores, responde a ello. Por lo que, junto con felicitar la acción, también hay que aterrizar las observaciones y los excesivos aplausos a una persona que, si bien realizó un acto de estadista, no lo hizo con una mentalidad de tal. Al contrario, lo hecho fue a base de pura especulación.

(*) Periodista, columnista en medios como Puroperiodismo, Extravaganza Indie.cl, The Clinic y Cáñamo, entre otros.

Fuente: El Dínamo

DEJA UNA RESPUESTA