Economía Mundial: Entre el Estancamiento Prolongado y las Burbujas Permanentes

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La teoría economía dominante esta debatiendo si las principales economías capitalistas han entrado en un estado de «estancamiento prolongado». Como indiqué en una nota anterior , en la reciente conferencia especial de investigación del FMI, el ex Secretario del Tesoro y candidato fracasado a gobernar la Reserva Federal, Larry Summers, planteó el tema de si las economías se deslizaban hacia una inflación baja o incluso deflación, pesar de las tasas de interés bajas o nulas. Se preguntó si los ciclos de burbujas crediticias se habían convertido en una característica necesaria de las economías modernas para evitar la deflación. Summers, y más tarde Paul Krugman, decano de la economía keynesiana moderna, caracterizaron la situación como de «estancamiento prolongado».

Esta caracterización tiene su origen después de la Gran Depresión en economistas post-keynesianos como Alvin Hansen inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. La idea es una interpretación bastarda de la visión a largo plazo de Keynes de las economías modernas.

Keynes había argumentado que las tasas de interés a largo plazo tenderían a cero y que habría una gradual «eutanasia del rentista” de modo que la inversión y el crecimiento dependerían únicamente de la «eficiencia marginal del capital», es decir del riesgo-recompensa de nuevas inversiones. Pero los Hansen en aquel entonces, y ahora los Krugman, Summers, Wolf, etc, han hecho una interpretación bastarda de aquella idea y la han transformado en una teoría del “estancamiento prolongado” basada en la idea de que las economías se encuentran actualmente en un entorno de tipos de interés que tienden a cero en el que la eficiencia marginal del capital es también cero.

Por lo tanto, debemos esperar y, de hecho, debemos aplicar, políticas que promuevan tipos de interés negativos (reales o nominales) con el fin de estimular los «espíritus animales» o las «burbujas» que puedan reactivar las economías estancadas.

Alvin Hansen pensó que las economías modernas se estancarían a partir de 1945 debido a la falta de demanda de los consumidores. Pero no ocurrió. ¿Por qué? Porque Hansen había asumido que lo que importaba era el nivel de la demanda interna, en particular la demanda de consumo. Pero lo que realmente importaba era el nivel de rentabilidad del capital, que en
realidad era alta en la mayoría de las economías, en particular en los países derrotados de Alemania y Japón. Lo que siguió, con alguna sensata reactivación de la inversión (Plan Marshall, etc), fue un largo boom, no un estancamiento. La abundancia de mano de obra (resultado de la urbanización de la mano de obra rural, el aumento de las tasas de natalidad, la desmilitarización de trabajadores, etc.) además de la considerable innovación tecnológica desarrollada durante la guerra, aún no explotada comercialmente, consiguieron elevar la rentabilidad y la inversión productiva, provocando un crecimiento muy rápido, no estancamiento.

Y como consecuencia también creció la demanda de consumo.

Esta edad de oro no duró, como sabemos, porque el capitalismo finalmente se enfrentó a una tasa decreciente de ganancias a partir de mediados de la década de 1960 y entró en un período clásico de crisis, pero, de nuevo, no de estancamiento. En su lugar hubo una recesión débil en 1969-1970 y luego dos depresiones muy profundas y prolongadas en 1974-5 y 1980-2, que finalmente permitieron que la rentabilidad remontase de nuevo.

El relativo auge desde mediados de la década de 1980, de nuevo, no fue resultado del aumento de la demanda de consumo y la deuda de los hogares. Lo que evitó la caída de la rentabilidad fue una mayor explotación de la fuerza de trabajo (la media de los salarios reales en EE.UU. se congeló y la participación del trabajo en el valor cayó), la introducción de innovaciones de alta tecnología (internet, etc) y, sobre todo, la globalización (tecnología más mano de obra barata a nivel mundial en la medida que el capital se deslocalizó a los mercados emergentes para contrarrestar la tendencia a la caída de la tasa de ganancias).

Pero a partir de mediados de la década de 1990 (como he demostrado en mi trabajo, “Una tasa de ganancias mundial” ), la rentabilidad de las principales economías capitalistas comenzaron a
disminuir de nuevo.

Los Ben Bernanke al uso, y quienes lo repiten como Martin Wolf, nos dicen que el problema del estancamiento prolongado actual es causado por un «exceso de ahorro global» en los países con superávit, e incluso en los países del G-7. En otras palabras, había demasiada superávit (valor) para ‘absorber’. Pero esto es una falacia. No había un «exceso de ahorro», sino una «falta de inversión», tanto en Asia como en el G7. Al caer la rentabilidad, la inversión disminuyó y el crecimiento tuvo que ser impulsado por una expansión del capital ficticio (crédito o deuda) para impulsar el consumo, la improductiva especulación financiera e inmobiliaria.

La razón de la Gran Recesión y la posterior recuperación débil, al menos en la OCDE, no se ha debido tanto a una falta de consumo (el consumo como porcentaje del PIB en los EE.UU. se ha
mantenido cerca del 70%), como al colapso de la inversión.

La débil recuperación se debe en parte a la anterior acumulación de deuda de los hogares en un boom inmobiliario alimentado por el crédito hipotecario (una burbuja que explotó) y el exceso de deuda del sector privado y público que todavía lastra la inversión empresarial. Basta con mirar a los últimos datos proporcionados por el Banco de Inglaterra en su Informe sobre la  Estabilidad Financiera de noviembre.

En todas partes, el nivel de deuda en relación a la producción anual se ha multiplicado por dos o por tres. Y la mayoría de las economías todavía no han «desapalancado» la mayor parte de esa deuda. Si se analizan las cifras de la deuda del sector público en el gráfico (barra verde), se puede ver que la deuda del sector privado se ha reducido desde 2007 solo en los EE.UU., y que esa reducción es el resultado de una disminución de la deuda de los hogares en la medida que la gente renegocia sus hipotecas. La deuda de las empresas (PNFC – morado) no cambia, en el mejor de los casos.

La débil recuperación de la producción a partir de 2009 parece ser sólo el resultado de una nueva «burbuja» en los sectores productivos de la economía. Nada es más ilustrativo de la naturaleza absurda y desequilibrada del ‘revival ‘ de la economía del Reino Unido este año que la noticia de que en los primeros diez meses de 2013 los comerciante de vinos Bordeaux Index vendieron más de 11 millones de libras esterlinas de champán, casi el doble que el año pasado. La compañía atribuyó el suntuoso aumento de las ventas de champán al «aumento de confianza del consumidor y la recuperación económica del Reino Unido”. Pero, ¿quién consume champán habitualmente? No desde luego la gran mayoría del pueblo británico.

Lo más probable es que sea la élite rica, en sus grandes oficinas y viviendas en el centro de Londres. Una vez más, la Autoridad Bancaria Europea ha publicado cifras que muestran que
Gran Bretaña tiene 12 veces más banqueros que ganan más de 1 millón de euros (£ 856.000) que cualquier otro país de Europa.

Más de 3.500 banqueros en Europa ganaron 1 millón de euros o más el año pasado, un 11 por ciento más que en 2011. Gran Bretaña aportó 2.714 y el siguiente país, Alemania, 212. 2.188 de los banqueros mejor pagados de Gran Bretaña trabajan en la banca de inversión, 62 en la banca minorista, 198 en gestión de activos y 266 en otras áreas.

Los bonos para los banqueros británicos que ganan más de 1 millón de euros aumentaron el año pasado y ahora representan casi cuatro veces su salario de media. El salario promedio total, incluyendo salarios y bonos fijos, de los banqueros que más ganan en el Reino Unido creció de 1,4 millones de euros en 2011 a 2 millones de euros el año pasado.

Las últimas cifras del PIB del Reino Unido, que ahora crece a una tasa interanual del 1,5%, muestran que la inversión empresarial se mantuvo prácticamente estable durante 2013 y que las exportaciones han caído. La principal contribución al crecimiento es del mercado inmobiliario. Comienza a inflarse otra “burbuja” inmobiliaria, como demuestra el Banco de Inglaterra en su último informe.

Y el Banco de Inglaterra advierte: «Los hogares y balances de las empresas en el Reino Unido son muy sensibles a las fluctuaciones en el precio de la propiedad inmobiliaria y a la capacidad
de los hogares para pagar los intereses de su deuda. En el sector de los hogares, los activos inmobiliarios constituyen la mitad de su riqueza y la deuda hipotecaria tres cuartas partes de
los préstamos totales. En el sector empresarial, el 40% de todos los préstamos de los bancos tiene como garantía bienes raíces comerciales. En total, la propiedad inmobiliaria representa el
70% del valor de los activos no financieros en el Reino Unido».

Las economías del G7 siguen luchando para crecer y reducir el desempleo, ya que la tasa de ganancias no se ha recuperado, la deuda de las empresas sigue siendo alta y la inversión está
de capa caída. La propuesta de Summers-Krugman de inflar burbujas de crédito de manera permanente ¿va a superar el problema o simplemente crear las condiciones de otra gran
crisis? Como lo ha resumido el economista Jeffrey Sachs, un economista “ortodoxo” que recientemente mereció la ira de los keynesianos por sus opiniones:

«En general, los neo-keynesianos piensan en «estímulos»- es decir, en la demanda agregada – sin tener demasiado en cuenta las diversas necesidades y usos del gasto público y privado, o las consecuencias a largo plazo de las políticas presupuestarias … Sin embargo, nada de ello funcionará. La economía de EE.UU. y la economía mundial, no se pueden recuperar de forma sostenible alentando a los consumidores a que se sumerjan en otra borrachera crediticia“.
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(*) Reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession
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Fuente: Sin Permiso

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