Esta debe ser una de las preguntas en que muy pocos conocen la respuesta. Pero que de seguro no pareciera ser muy cercana a la “verdad oficial”. Sin embargo basta revisar algunas declaraciones y actitudes para poder desentrañar cuáles pueden ser las motivaciones de uno de los sucesos más inexplicables acontecidos en el caso de la mayor defraudación político empresarial de nuestra historia democrática.

 

Hace solo unos meses, una cinta filtrada y que se encuentra como evidencia en poder de los tribunales, daba cuenta de una bastarda conversación entre dos de los personajes de este bullado caso, en que se ufanaban de engaños y marrullerías y en donde además vaticinaban acerca de qué hacer con el fiscal Carlos Gajardo.

En la grabación se quejan amargamente del fiscal, quien los ha descubierto y pareciera ser que sabe más de aquello que a los confabulados Carlos Lavín y Hugo Bravo, hasta septiembre de 2014, fecha de la cinta, aún amigos les convenía que supiera. Uno de los participantes de la cita clandestina, el dueño de Penta, le informó a Bravo que se estaba desarrollando un plan para «pararle el poder» a Gajardo.

Lavín presumía que el fiscal tenía gran peso, al punto de señalar que éste «tiene un «manejo» sobre Impuestos Internos. Según Carlos Lavín, Gajardo chasca los dedos y el tata fisco corre a presentar denuncias. «Es que es loco el fiscal, es ambicioso», dice el controlador de Penta.

Han pasado solo unos cuantos meses desde aquella oportunidad y el augurio se hace realidad. Han sacado a Carlos Gajardo del tema Penta, trasladándolo solo a ser un «apoyo» a la indagatoria. Las teorías acerca del motivo son muchas, pero en todas no dejará de recordarse lo aseverado por Lavín… «se está desarrollando un plan para pararle el poder». ¿Con quién se fraguó el plan?

Locuras de verano

Pareciera ser la mejor manera de describir la ocurrencia, en lo formal, de la brillante fiscal Solange Huerta, quien adoptó en la calidad de fiscal nacional subrogante, la decisión de desmembrar el caso Penta-UDI de su arista Soquimich (SQM), pero lo peor, decidió sacar a Carlos Gajardo para nombrar a Alberto Ayala, su jefe, a cargo del tema. No contenta con ello, designo a Andrés Montes en la arista SQM. La destacada profesional mostró que en el derecho se mueve como pez en el agua, pero en materia de políticas de estado, lo hace como un elefante en una vidriería.

Lo anterior pues Carlos Gajardo en silencio pero con acuciosidad, había logrado doblarle la mano a la dirección del SII durante la administración Piñera, obligándolos a denunciar los delitos asociados al caso Fut, a pesar de la reticencia que lindaba con la complicidad de dichos funcionarios, quienes no trepidaron en despedir a la abogada que denunció el hecho y en falsificar la fecha de la denuncia.

También con sigilo y excelencia profesional, Gajardo había logrado desentrañar la participación de Penta como uno de los beneficiarios con el fraude Fut. Y aún fue más allá, al descubrir cómo desde esa empresa se había financiado ilegalmente a la UDI, quienes eran los parlamentarios y dirigentes de ese partido involucrados y cómo se trató, mediante facturas y boletas falsas, de tapar el caso.

Con criterio y sin aspavientos, fue construyendo un sólido caso judicial que llevó a los involucrados a tener que reconocer los ilícitos. Pero había más. También abrió otras aristas y descubrió que Penta no era la única empresa relacionada con financiamientos ilegales, cayendo en la lista SQM, Alsacia, Ripley, Corpbanca y otras compañías. También abrió algo más, el apetito por tomar su lugar.

El factor Ayala

El jefe de la Fiscalía Oriente, Alberto Ayala, durante años estuvo fabricando una carrera brillante para llegar a transformarse en Fiscal Nacional. No dio puntada sin hilo. Primero fue fiscal regional allá, pero renunció antes de vencer el plazo para hacerse cargo de otra regional y así hasta llegar a la Oriente. En pocos meses sale Chahúan el actual titular y él es o se considera un firme candidato. No solo deambuló en la «escala del éxito», sino que además tejió redes políticas a diestra y siniestra.

Varios fueron sus intentos por ningunear a Gajardo, quien a pesar de todo siguió adelante contra viento y marea en la investigación. Recordada es aquella declaración de Ayala que buscó bajarle el perfil a la arista política, cuando comenzaron a trascender nombres. Es más, llegó a firmar que no necesariamente constituían delitos tales conductas. Es decir, para él no era delito pedir y entregar boletas y facturas falsas ideológicamente, por trabajos que nunca se hicieron y que respaldaban millonarias cifras entregadas a candidatos y parlamentarios UDI.

Llegada la oportunidad, la arista SQM le abrió la puerta tras el discurso de «subirle el nivel» a la investigación, pues ahora se hacía cargo un fiscal de mayor grado que Gajardo. Si usted pone en cancha un equipo ganador que se encuentra invicto, ¿para qué lo cambia al final del torneo? No hay razón jurídica ni lógica que avale el golpe con guante blanco del que fue víctima Gajardo y junto a él la credibilidad en el sistema.

El factor político

Las suspicacias también se han orientado en ese sentido. Desde las reuniones de Ayala con la directiva de la UDI, marginando a Gajardo, hasta el nombramiento en la arista SQM del hijo del senador PS Carlos Montes, cuando justamente allí, con o sin razón, se deberá investigar a un senador de ese partido.

¿Es que está en marcha un acuerdo por echarle tierra al tema político? Es la pregunta que late en toda conversación social y corroe las redes sociales.

De paso se lanza innecesariamente una mancha sobre la exitosa carrera del fiscal Andrés Montes, acusado de parcialidad sin siquiera haber asumido. Que se inhabilite, vociferan en la derecha rasgando vestiduras, las mismas que no han rasgado cuando de sus militantes se trata. Y eso que varios de ellos están confesos de delitos, a los que llaman con eufemismo «errores involuntarios».

Mala idea, aunque sea ajustada a derecho, la de provocar un cambio innecesario y un nombramiento imprudente, señalan desde moros a cristianos. Los hechos recientes siguen beneficiando a la UDI, que aleja la «papa caliente» de sus manos lentamente. Se pierde el foco acerca de lo que realmente importa, la incestuosa e ilegal relación entre política y dinero. Y que quede claro, hoy la pelota está radicada en la UDI, pero si mañana aparecen antecedentes así de claros de la participación de otros actores, se encuentren donde se encuentren, se debe aplicar una misma vara.

Fuente: Cambio 21

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